Psicosis en Candelario: la muerte de un vecino por coronavirus desata la locura
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CRISIS DEL COVID19

Psicosis en Candelario: la muerte de un vecino por coronavirus desata la locura

El alcalde se defiende de las acusaciones de acoso a la familia: "Solo pedí tranquilidad, calma y atender a las recomendaciones de las autoridades sanitarias"

Foto: Psicosis en Candelario: la muerte de un vecino por coronavirus desata la locura
Psicosis en Candelario: la muerte de un vecino por coronavirus desata la locura

En la madrugada del sábado al domingo, varios coches en las calles de Candelario aparecieron con las ruedas pinchadas. La localidad salmantina, de apenas 906 habitantes censados, se despertó trastocada por los actos vandálicos. Tanto, que el alcalde tuvo que llamar a la calma. Un comunicado del ayuntamiento condenó unos actos sin "ningún tipo de justificación" y que "degradan la convivencia en nuestro municipio". Fueron 11 vehículos, la mayoría aparcados en enclaves turísticos y pertenecientes a viajeros de fuera del pueblo. Una de las propietarias, una ciudadana británica residente en Almuñécar que había decidido pasar el fin de semana en el pueblo, atribuyó el incidente a la psicosis que vivía Candelario desde esa misma mañana: "Toda la gente está muy nerviosa por el coronavirus", declaró a 'La Gaceta de Salamanca'. Y es que esa misma mañana, la del sábado 14, había fallecido uno de los vecinos del pueblo, dando positivo por coronavirus. Y entonces llegó la psicosis, hasta el punto de que la familia del difunto ha tenido que pedir públicamente que tanto instituciones como vecinos dejen de acosarlos. Al parecer, algunos vecinos de Candelario están muy nerviosos —"por miedo y desconocimiento"— tras enterarse de la muerte y se ha creado un clima de psicosis y desconfianza.

Todo comenzó el 9 de marzo. Andrés Elena Domínguez, de 72 años, guardia civil jubilado y aquejado de un problema de insuficiencia respiratoria crónica por la que necesitaba oxígeno a demanda durante 14 horas diarias, era trasladado al Hospital Clínico de Salamanca después de que la familia llamase al servicio de urgencias del 112.

En la madrugada del sábado al domingo, aparecieron 11 coches con las ruedas pinchadas

Como antiguo miembro de la Guardia Civil, pertenecía al Instituto Social de las Fuerzas Armadas (ISFAS) y contaba con un seguro dependiente de Adeslas, por lo que no asistió al Centro de Salud de Candelario y fue trasladado directamente a Salamanca, donde le hicieron las pruebas del coronavirus, con resultado negativo. "Sobre las 22:00 horas, los especialistas que le trataban nos comunican que tras hacer una segunda analítica las enzimas coronarias estaban elevándose y decidieron trasladarlo de urgencia a la Unidad de Coronarias, porque estaba infartado. Sobre las 23:00 horas mi padre, con todo su conocimiento, firmó una autorización para que al día siguiente se le realizase una intervención conocida como cateterismo", reza el comunicado emitido este martes por uno de sus hijos.

El 12 de marzo, tras la intervención y con la neumonía y la fiebre sin remitir, volvieron a practicarle las pruebas de detección del coronavirus, esta vez con resultado positivo. "A las 5:30 horas del día 14 se nos comunica el fallecimiento y medicina preventiva nos comunica que podemos ir a despedirnos de él en aislamiento, llegando allí sobre las 09:30 con máscaras y guantes para evitar contagios. Se nos dice que lo llevarán a una cámara frigorífica 24 horas y posteriormente se trasladará al cementerio de Candelario para la inhumación. A las 12:30 horas del día 15 se procede a la inhumación en el cementerio de Candelario. Solo pudimos ir a despedirle, tras la autorización de medicina preventiva que llevaba el seguimiento de la cuarentena, tres personas: mi hermano, un hermano de mi padre y yo. También acudieron dos hermanos y una hermana de mi padre, bajo su responsabilidad pero siguiendo todas las medidas de seguridad recomendadas por sanidad", prosigue el texto enviado por la familia.

El paciente, con una insuficiencia respiratoria crónica, murió el 14 de marzo

"Con este comunicado, queremos recalcar que no se ha seguido la trazabilidad del positivo de mi padre. No sabemos en qué momento se contagió. En su casa no, porque Candelario no es zona de riesgo y mi padre, a pesar de sus afecciones, llevaba una vida normal; durante el traslado, en el hospital Clínico de Salamanca, no lo sabemos, pero sí estamos sufriendo la negligencia de no sabemos quién", lamentan.

El bando emitido por el alcalde. (Ayuntamiento de Candelario)
El bando emitido por el alcalde. (Ayuntamiento de Candelario)

La atmósfera del pueblo comenzó a enrarecerse, según los familiares, después de que el alcalde de Candelario, el socialista Pablo Antonio Hernández García, publicase un bando en el que comunicó "la existencia de un caso positivo" en el pueblo. "Hacemos un llamamiento a la TRANQUILIDAD e instamos a los contactos directos de dicho paciente a quedar en cuarentena en sus domicilios, según el protocolo", rezaba. Y es que se ha acusado al fallecido de llevar la enfermedad al pueblo. Pero la familia insiste en que el contagio ha sido fruto de una negligencia durante el traslado y tratamiento del paciente en Salamanca, no en Candelario.

Hernández García, en declaraciones a El Confidencial, se defiende. "En el pueblo no ha habido pintadas. No es cierto", insiste. "Además, todas las declaraciones que yo he hecho están en un bando en la web municipal y a esas me he querido remitir desde un primer momento. En el bando lo que se pedía era tranquilidad, calma y atender a las recomendaciones de las autoridades sanitarias, y ni yo ni el equipo del ayuntamiento hemos hecho ninguna otra declaración. Lo que se hayan sacado de la manga algunos y algunas compañeras de los medios de comunicación es asunto suyo. Yo respeto el dolor de la familia. Es un tema que está acabado. Habrá habido la incomprensión que sea y ya está. No quiero darle más vueltas. La vida aquí es muy normal. La vida sigue".

Se ha acusado al fallecido de llevar la enfermedad al pueblo. Pero la familia insiste en que el contagio ha sido fruto de una negligencia

Candelario es un pueblo tranquilo. A pesar de su cercanía a Béjar, al estar situado a 1.126 metros de altura en medio de la sierra, está acostumbrado al aislamiento. Hace seis años, en plena crisis, Caja Duero desmanteló la única sucursal bancaria del municipio y hasta que se implementó la cuarentena forzada para frenar el contagio del coronavirus una furgoneta visitaba la localidad una vez a la semana, con un conductor, un empleado y servicio de seguridad. Ahora, como no puede haber más de una persona en un mismo vehículo, los vecinos no pueden sacar dinero. En definitiva, lo habitual de los pueblos más pequeños de la España vaciada.

Según la familia, han convertido "a Andrés Elena Domínguez en un apestado, obviando que ha sido un intachable marido, padre, hermano, cuñado, abuelo y vecino, que ha dedicado su vida a los demás a través de su trabajo en la Guardia Civil, pero que en su camino se ha encontrado con este destructor virus que, además de acabar con su vida, le ha estigmatizado a él y a todos sus familiares, que estamos, según nos han recomendado las autoridades sanitarias, en auténtica cuarentena".

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