"En un momento perdí el conocimiento"

El sospechoso del crimen de Marta Calvo llevó al borde de la muerte a dos mujeres más

Desde un punto de vista jurídico estas declaraciones sirven para establecer que el sospechoso de haber acabado con la vida de Marta Calvo siempre seguía el mismo patrón

Foto: El sospechoso de la muerte de Marta Calvo, Jorge Ignacio P. J., de 38 años. (EFE)
El sospechoso de la muerte de Marta Calvo, Jorge Ignacio P. J., de 38 años. (EFE)

Ignacio Palma Jácome, sospechoso de haber acabado con la vida de Marta Calvo y luego haberse deshecho de su cuerpo, estaba obsesionado con mezclar droga y relaciones sexuales. Contrataba los servicios de prostitutas de Valencia y, en contra de su voluntad, les introducía cocaína en sus partes íntimas y en el ano. Así lo han confesado seis nuevas mujeres. Dos de ellas narran que estuvieron al borde de la muerte y otras dos que, presas del pánico, fueron a urgencias para ser atendidas. Este es el testimonio de la primera joven que pudo morir a manos de Ignacio Palma:

"Quedé con él una madrugada. Me recogió en un coche pequeño de color negro y me llevó a su casa de Manuel. Durante toda la noche se mostró muy interesado en que consumiese cocaína, de hecho, me mostró una bolsa que contenía una gran cantidad de esta sustancia. Yo nunca había visto tanta junta". Al llegar a su domicilio, los dos van directamente a la habitación. "El servicio que me había contratado era de una hora. Cien euros. Me hice unas rayas y, a partir de ese momento, todo lo que recuerdo es muy difuso". La joven reconoce que estuvo consumiendo reiteradamente cocaína. "Él no paraba de invitarme: 'Hazte más rayas, las que quieras'. En un momento dado yo ya las rechacé: 'Deja de insistirme que no quiero más'".

El estado de la joven no era el mejor y el sospechoso de acabar con la vida de Marta Calvo lo aprovechó para poner en práctica su obsesión: "Mientras manteníamos relaciones, noté que en reiteradas veces intentó introducirme cocaína en el interior de la vagina y del ano sin pedirme permiso. Me negué, pero él insistía y yo volvía a decir que no. Al rechazar esta práctica me puso cocaína en los labios de mis genitales, en los pies y en la boca y él se la embadurnó". Es en este instante cuando la joven recuerda con pánico lo que sucedió a continuación: "Llegó un momento en que perdí el conocimiento. Me desperté de repente y vi que él estaba encima de mí, con la cara descompuesta y claramente asustado. Noté que no tenía fuerzas en las piernas. Al levantarme de la cama estuve a punto de caerme al suelo".

Agentes buscan el cuerpo de Marta Calvo en el vertedero de Dos Aguas (Valencia). (EFE)
Agentes buscan el cuerpo de Marta Calvo en el vertedero de Dos Aguas (Valencia). (EFE)

Con su ayuda, logró ponerse en pie y se dio una ducha. "Al salir estaba mejor. Fue entonces cuando me confesó: 'Has estado inconsciente un buen rato, como unos 20 minutos. Te han cambiado las facciones de la cara, estabas rígida y hasta convulsionando'. Enfadada le pregunté que por qué no había llamado a una ambulancia. Trató de quitarle importancia y dijo que en realidad la situación tan solo había durado cinco minutos. Me llevó de nuevo a Valencia y me pagó los cien euros que acordamos, sin embargo, luego me di cuenta de que me faltaban cien euros del bolso. Creo que durante el tiempo que permanecí inconsciente me robó el dinero que utilizó para pagarme". Esta joven pasó tanto miedo que actualmente confiesa haber dejado de ejercer la prostitución y de consumir droga.

Otra de las prostitutas cuenta que tras mantener durante una hora relaciones sexuales agresivas con ella, contrató una segunda hora. Aceptó, pero aunque él la invitaba reiteradamente se negó a consumir ninguna raya. "Entonces me puso cocaína en pechos y abdomen. Luego hizo algo muy raro: me frotó axilas y la parte interior de las rodillas y de los pies. A partir de ese momento me empecé a sentir bastante aturdida". Cuando terminó la segunda hora, la joven se sentía fatal. "Él quiso una tercera pero me negué porque empecé a tener miedo".

"Él insistió y ya tuve que advertirle que si no se iba me pondría a gritar y a llamar a los vecinos. Eso hizo que cambiara de actitud. Cuando se largó noté como me temblaban las piernas. Casi no podía andar. El corazón parecía que se me iba a salir del pecho. Jamás me había sentido así. Llegué a la cama y me tumbé. Pensé que me iba a morir. Solo tenía activo el cerebro, sobre el resto del cuerpo no tenía control. Traté de mantener los párpados abiertos porque sabía que si los cerraba ya no despertaría jamás. Cuando logré recupérame me duché y sentí que tenía algo dentro de mis zonas íntimas. Al final acabe sacándome lo que yo creo que es cocaína. Por aquel episodio me pasé 32 horas sin comer y 37 sin dormir".

Los demás testimonios de las presuntas víctimas de Ignacio Palma son tan aterradores como estos dos. Desde un punto de vista jurídico, estas declaraciones sirven para establecer que el sospechoso de haber acabado con la vida de Marta Calvo siempre seguía el mismo patrón y que conocía el riesgo vital que corrían sus víctimas al introducirles cocaína en sus genitales. Para los investigadores de la Guardia Civil eso convierte la muerte de Marta Calvo en un homicidio doloso.

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