¿quiénes eran estos espías españoles?

'Destrucción masiva': los sueños y las frustraciones de los ocho mártires del CNI

Fue el atentado más mortífero contra la presencia española durante la guerra de Irak. Y después de 17 años todavía quedan muchas cuestiones sin resolver

Foto: Fotografía de los ocho agentes horas antes de ser asesinados. (Cedida)
Fotografía de los ocho agentes horas antes de ser asesinados. (Cedida)

Lo nuestro duró
lo que duran dos peces de hielo
en un whisky on the Rocks.
En vez de fingir
o estrellarme una copa de celos,
le dio por reír.
De pronto me vi
como un perro de nadie
ladrando, a las puertas del cielo (...)

'19 Días y 500 Noches', de Joaquin Sabina

Un casi imperceptible Sabina sale de una de las ventanillas de un viejo taxi iraquí. Dentro del coche, Carlos Baró con su teleobjetivo no le quita el ojo a la fachada de un edificio de dos pisos de uno de los mejores barrios de Diwaniya. Se impacienta, según el soplo que había recibido estaba en el sitio y la hora correcta.

La puerta del edificio se abre y sale un hombre vestido con vaqueros y una camisa ancha. Enfoca la cámara y le saca varias fotos. Después aparece un segundo hombre, más elegante, con pantalones blancos y camisa azul. Más fotos. Los dos se despiden y una ranchera verde en muy buen estado recoge al primer hombre que salió.

Baró arranca el taxi y lo sigue. No sin antes subir la voz del radiocassette. Escuchar a Sabina le ayuda a concentrarse. Incluso, se anima a canturrear mientras hace lo que mejor se le da: seguir a un ‘pepe’.

José Antonio Bernal (i), Alfonso Vega (c i), Carlos Baró (c d) y Alberto Martínez (d).
José Antonio Bernal (i), Alfonso Vega (c i), Carlos Baró (c d) y Alberto Martínez (d).

Después de veinte minutos de persecución por las calles de Bagdad, el conductor de la ranchera, que en ningún momento se ha pispado de que le sigue un agente operativo del servicio secreto español, se detiene en una casa de tres pisos de un barrio más pobre. Baró desde una distancia prudente saca más fotos. Más tarde se reuniría con su equipo para enviar el material y la información a la sede del CNI en Madrid. Su trabajo y el de sus compañeros era fundamental para garantizar la seguridad de los 1.300 soldados españoles que el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, había destinado a Irak.

En su vuelta, desde el taxi, veía cómo el país estaba sumido en la confusión. Las carreteras en mal estado eran lo de menos. El olor a sangre y humo invadía todo. Los arcenes estaban plagados de coches calcinados y cuerpos en descomposición que nadie se había molestado en retirar. La invasión de Irak llevada a cabo en 2003 por El trío de las Azores: Bush, Blair y Aznar, había modificado radicalmente al país y a sus gentes.

Tony Blair, George Bush y José María Aznar durante la reunión en las Azores en marzo de 2003. (Reuters)
Tony Blair, George Bush y José María Aznar durante la reunión en las Azores en marzo de 2003. (Reuters)

Desde que había pisado suelo iraquí, él y sus cuatro compañeros no podían quitarse la sensación de peligro acechante. Estaban en medio de una guerra. Las amenazas y los ataques que habían recibido cada vez hacían más mella en ellos, pero eso no les impedía hacer su trabajo. Les tranquilizaba que en menos de un mes iban a ser reemplazados por otro equipo y podrían volver a España.

Con la llegada del segundo equipo la tensión se rebajó y el trabajo pendiente pasó a un segundo plano. Esa semana iba a ser para que el primer equipo enseñase al segundo todo lo que debían saber. Los ocho hombres de formación militar percibieron esa semana como unas breves vacaciones.

Pasaron el día 29 de noviembre recorriendo Bagdad, visitando organismos e instituciones y terminaron celebrando una comida en la residencia del encargado de Negocios de la embajada española. Reinó el buen rollo, no se hablaba de trabajo y mucho menos de la guerra.

Luis Ignacio Zanón mientras Bernal le fotografía dos días antes de ser asesinado. (Cedida)
Luis Ignacio Zanón mientras Bernal le fotografía dos días antes de ser asesinado. (Cedida)

Decidieron volver a sus respectivas bases en Diwania y Nayaf. El territorio por el que iban a viajar estaba controlado por la brigada Plus Ultra, pero aún así no habían olvidado que estaba ubicado en territorio hostil.

Emboscada en Latifiya

Los agentes se repartieron entre dos vehículos todoterreno, cada cual con un teléfono satelital Thuraya. Uno era un Nissan Patrol blanco, que conducía Alberto Martínez González y le acompañaban Luis Ignacio Zanón, José Lucas Egea y José Merino. En el otro, un Chevrolet Tahoe azul que conducía Alfonso Vega, acompañado de Carlos Baró, José Carlos Rodríguez y José Manuel Sánchez Riera.

A las 15.20, a unos 30 kilómetros al sur de Bagdad, un grupo de insurgentes les estaba esperando para tenderles una emboscada en Latifiya. Fue una masacre de la que solo logró escapar el suboficial Sánchez Riera. Se salvó, pero sufrió heridas que todavía aún le acompañan.

Fue el atentado más mortífero contra la presencia española durante la guerra de Irak. Y después de 17 años todavía quedan muchas cuestiones sin resolver. ¿Por qué no llevaban escolta al igual que los agentes americanos y británicos? ¿Por qué sus coches no estaban blindados ni tampoco tenían una baliza de localización? ¿Por qué no disponían de armamento para poder defenderse de ametralladoras y lanzagrandas? Días antes de la masacre, un convoy americano sufrió una emboscada en esa misma carretera. ¿Por qué la CIA no compartió esa información con el CNI?

‘Destrucción masiva, nuestro hombre en Bagdad’ de Fernando Rueda
‘Destrucción masiva, nuestro hombre en Bagdad’ de Fernando Rueda

'Destrucción masiva, nuestro hombre en Bagdad’ es una narración de Fernando Rueda, basada en hechos reales, de todo lo que vivieron los ocho agentes antes, durante y después de la invasión de Irak. Con especial énfasis en profundizar acerca de quiénes eran estos espías españoles.

El relato arranca en Irak a mediados del año 2000 con la llegada del agente secreto Alberto Martínez y posteriormente, José Antonio Bernal. En ese momento todavía Osama bin Laden no había ordenado que se derrocaran las Torres Gemelas, George Bush aún no había acusado a Saddam Hussein de fabricar armas de destrucción masiva, José María Aznar no se imaginaba que algún día pondría los pies sobre la mesa del presidente estadounidense... Rueda charla con nosotros antes de la publicación de su libro.

***

Pregunta: ¿Cómo se escribe una historia en la que las piezas no encajan?

Respuesta: Es un libro complicado, para mí supone un 'shock' tremendo, hace 17 años, primero cuando matan a Bernal y posteriormente en la trampa a los siete agentes. Yo estaba obsesionado con esta historia, porque yo veía lo mismo que tú me has preguntado. Yo veía que ahí no encajaba nada, no encajaban datos, no encajaba la historia, no encajaba nada. Estuve durante mucho tiempo investigando, pero desde el principio. Cada vez que veía algo, lo leía, lo recortaba, lo analizaba.

Cuando se cumplió el décimo aniversario dije, joder pues voy a escribir un libro sobre esto. Pero voy a hacer algo que no se hace en los libros de España. Que es saber quiénes eran los ocho agentes asesinados, por qué coño fueron ahí, qué les impulsaba, de donde venían, qué prototipo eran de agente, a qué se dedicaban. ¿Tenían familia? ¿Cómo se llevaban con la familia? Esa historia me interesaba mucho, porque quería comprender qué es lo que había pasado. Entonces cogí y me fui, ya había salido de ‘Interviú’, tenía cierta libertad. Entonces con mi tiempo y dinero, me dediqué a recorrer toda España visitando a los familiares y amigos de los ocho agentes.

Fernando Rueda. (A.M)
Fernando Rueda. (A.M)

P: ¿Pero antes pediste permiso al CNI?

R: Bueno, antes pedí permiso al CNI… No pedí permiso al CNI, yo lo que hice fue… Mira a ti te lo voy a contar. Yo hablo con Mikel Lejarza (El Lobo) y le digo lo que quiero hacer. “Oye Mikel, quiero hacer esta historia sobre esto. Y me responde: joder, pues le va a interesar mucho al CNI, les va a beneficiar".

Yo le digo, no me harán ni caso, entonces Mikel hace una gestión con el CNI y de allí me dicen que llame al jefe de prensa. Bueno pues si ya está colocado, llamo y se lo digo. El jefe de prensa me dice que sí, pero que cambia la cosa… No me van a ayudar, pero que tampoco me lo van a impedir. ¿Pero me vais a dar teléfonos? le pregunté, me dijo que no. Y bueno, yo me fui haciendo lo que llamo conversaciones de brasero, que son conversaciones tremendas. Es decir, fue una temporada malísima porque hablar con padres y amigos en un ambiente tranquilo para mí fue enriquecedor, pero durísimo. Y más duro fue para las personas con las que hablé.

P: ¿Cómo eran realmente estos espías?

R: Algo que trato de reflejar en el libro es que todos estos espías eran personalidades muy distintas, pero son reales. Por ejemplo, hablo sobre la relación de Bernal con Zanón, todo eso es real, yo sabía que Zanón era un personaje muy divertido.

Se llegó a decir que eran agentes que no estaban preparados… Carlos Baró y Alfonso Vega eran dos auténticos James Bond

Zanón es un personaje vital, igual que Baró y Vega. Porque estos dos últimos la gente no sabía que eran así. Se dijo y se publicó mucho que eran mentira. Lo digo como autocrítica también, que a veces los periodistas… Ser profesor y periodista te ayuda a alejarte de las cosas. Lo ves todo de una forma más crítica.

Se llegó a decir que eran agentes que no estaban preparados… Baró y Vega eran dos auténticos James Bond, es decir su similitud con los espías de campo es total. Eran tíos especialistas en comandos especiales con una larga experiencia dentro del servicio secreto. Es decir, cuando llegan son puñeteros James Bond que están siguiendo a los de Al Qaeda. Alquilan un taxi, le cambian la matrícula para que dé más el pego… Utilizan las técnicas de cualquier gran espía.

P: ¿Y Zanón?

R: Claro, frente a eso, ahí está Zanón que es un radio telegrafista que no tiene experiencia, porque no le han podido formar porque le han dicho que vaya de un mes para otro. Pero el tío va y llegado el momento clave, demuestra tener la misma valentía que sus compañeros que están preparados para la acción.

"Martínez le llamaban a su casa y colgaban, para saber si estaba ahí. Era la Mujabarat para tenerlo localizado y decirle 'te tenemos controlado'"

Y luego están Martínez y Bernal que son otro tipo de espías muy distintos a ellos. Martínez es un delegado del CNI, no un agente operativo como Baró y Vega. Martínez es un oficial de inteligencia que obtiene la información sin utilizar los medios especiales. Cuando va a allí lleva una preparación y aprende determinadas técnicas para poder trabajar en un país hostil. Cómo detectar a los que te siguen, tienes que prepararte, porque te va a seguir la Mujabarat (policía política de Saddam), te van a estar controlando y presionando. Fíjate lo que le hacían a Martínez: le llamaban a su casa y colgaban, para saber si estaba ahí. Era la Mujabarat para tenerlo localizado y decirle "te tenemos controlado".

Luego se suma Bernal, que es otro telegrafista. Lo que pasa es que el otro le da marcha y joder se convierte en un agente de calle, ojo no operativo, y entonces claro forman un equipo de puta madre. Para mí estos cinco tienen la historia más importante, que es la historia humana.

P: Según lo planteas, Martínez y Bernal se dejaron la piel por descubrir si Saddam tenía armas de destrucción masiva o relaciones con Al Qaeda. Luego resultó que no y que no fueron escuchados por el presidente de su país…

R: Eso es, con un muy buen trabajo consiguieron información de calidad. Una información que efectivamente decía que Saddam no tenía armas de destrucción masiva, ni relación con bin Laden.

Fernando Rueda. (A.M)
Fernando Rueda. (A.M)

¿El problema sabes cual es? que el CNI avisa a Aznar de que no había armas de destrucción masiva, de que no hay relación con bin Laden. Aznar adopta una decisión política que es muy simple. Yo voy a apoyar a Bush. Hay una frase de Aznar en su reunión en el rancho de Bush en la que dice: “Estamos cambiando la política española de los últimos 200 años”. Es decir, Aznar toma una decisión política, muy legítima para él. Lo que pasa es que él se ampara en que hay claramente armas de destrucción masiva y ¿eso quien lo dice? Lo dicen la CIA y el MI6.

"Hay una frase de Aznar en su reunión en el rancho de Bush en la que dice: "Estamos cambiando la política española de los últimos 200 años"

Claro, tiempo después Jorge Dezcallar va a comisión parlamentaria y ahí dice la verdad. Lo ha escrito en sus memorias, eh. Te lo voy a decir textualmente (coge su carpeta para buscar la declaración) "Saddam las había tenido —refiriéndose a las armas de destrucción masiva— de eso no había duda. Pero, ¿las seguía poseyendo? Yo no lo tenía claro y así se lo dije al gobierno".

P: Tras el asesinato de José Antonio Bernal, en noviembre de 2003, en Diwaniya, Miguel Sánchez, en ese momento director del CNI, visita a los cuatro agentes y les pregunta qué pueden hacer para mejorar su seguridad. Ahí dices que Irak los había pillado fuera de juego. Los protocolos para que los agentes trabajaran en conflictos bélicos no estaban actualizados.

R: Lo que les faltaba se ve en el momento clave, en la trampa. Ahí quedan en evidencia las cosas. Primero, no tenían coches blindados. El general de las tropas españolas tenía esos coches. Segundo, todas las armas que llevaban eran pistolas. Claro, cuando te atacan con fusiles y metralletas, es ridículo. Los teléfonos satelitales tan buenos que tenían, no funcionan. Intentan pedir ayudar y no funcionan.

"Antes de la invasión se van a España. Después el CNI los vuelve a enviar, sabiendo que la Mujabarat pasa a la insurgencia y esa gente les odia"

Había una cuestión, los agentes ingleses y americanos iban con escoltas. Los españoles se buscaron su propia escolta, pero no de forma oficial, porque no estaba establecido. Ese día no iban con protección y luego, un detalle que para mí es el más importante, Martínez y Bernal, antes de la invasión, hacen su trabajo perfecto. Habían hecho muchas fuentes de calidad, pero en el momento en que Aznar decide unirse a los americanos, todas esas fuentes empiezan a odiarles.

Antes de la invasión se van a España. Después vuelven, sabiendo que la Mujabarat pasa a la insurgencia y esa gente les odia. Ahí el CNI decide enviarles a pesar de los peligros.

Alrededor de los meses siguientes se demuestra el riesgo, matan a Bernal incluso y el informe de seguridad del CNI dice que hay que sacar a Martínez inmediatamente y no le sacan. Más aún, Martínez recibe llamadas amenazantes y no le sacan. (Se echar a reír) ¡No le sacan porque Martínez es básico y priman la información sobre su riego! Es una decisión y pasa lo que pasa.

P: En el momento del ataque el teléfono de emergencia estaba conectado con Alonso, nombre ficticio del jefe de la operación, de hecho, dices que cuando están siendo atacados y llaman con los teléfonos satelitales, la llamada le pilla a Alonso de compras en el Corte Inglés

R: Esa es una de las preguntas que me he hecho muchas veces. La primera llamada de ese teléfono la recibe él. Yo creo que era más cosa del propio jefe de la operación, que de alguna forma ejercía un control máximo. Es mi opinión después de 17 años.

P: ¿Por qué Baró llama a su madre en medio de la trampa?

R: Otro asunto sin resolver. Cuando yo estoy en 'Tiempo', la primera historia que hacemos, mi compañera Silvia Gamó trae esa información. Siempre he tenido dudas, pensaba que era un gesto muy infantil, no era normal, pero poco a poco he ido encontrando respuestas a esto.

Llama a su madre como desesperación porque no consigue hablar con nadie. Y llama a su madre porque ella trabaja en el CNI. Su última llamada era para que su madre pusiera en marcha los mecanismos, porque nadie hacía nada. Es uno de los montones de dudas, no quería meter esta información hasta que dos fuentes me lo confirmaron.

Fernando Rueda. (A.M)
Fernando Rueda. (A.M)

P: En el momento del ataque hay un hecho que mencionas y es que días antes los americanos habían sido atacados en esa misma carretera. De haber conocido los españoles esto, todo podría haber sido distinto. ¿Cómo era la relación entre la CIA y el CNI?

R: Había una colaboración, lo que pasa es que cada uno iba a su bola. En el mundo de los servicios secretos tú colaboras en lo que puedes y en lo que te interesa. Había una colaboración, pero era mala. Martínez era el que más sabía sobre Saddam, les llevaba tres años de experiencia, pero no quisieron escucharle cuando les dijo donde podía estar localizado.

P: Esto marcó un antes y después. ¿Cómo ha cambiado el CNI después de esto?

Mikel Lejarza me dijo una vez una cosa: “No olvides que estos son los mártires del servicio”. Todos servicios tienen sus mártires y estos son los del CNI. Esa imagen queda dentro de La Casa. La gente que entrega la vida por el servicio. Había habido otros caso antes, pero esto era demasiado público. A posteriori se cambian los protocolos, después de la tragedia claro…

Fuera de eso, ellos quisieron investigar y resolver. Buscaron al delator y fueron a por Al Mayani, el traductor de Martínez (con el que compartía una muy buena amistad). Después de interrogarlo no consiguieron nada.

Por lo tanto, lo que conocemos al final de la historia es una puta mierda. Y yo cuando estaba escribiendo este libro, lo estaba viviendo y me decía: "Fernando, esta historia no puede terminar así". Por eso escribí un epílogo de 100 páginas en el cual invento un final. Pero claro, como me dijo Joaquín Llamas, el director de cine, "quién te dice a ti que eso no es lo que pasó?".

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