LOS PRIMEROS PASOS DE LA COALICIÓN

Sánchez pasa a la ofensiva para recuperar la iniciativa política ante una legislatura bronca

El presidente despliega una estrategia distinta para situarse en el centro: cambio del Consejo de Ministros, refuerzo inédito de su jefe de Gabinete y comparecencias periódicas de su Gobierno

Foto: Pedro Sánchez, acompañado por sus vicepresidentes y ministros, se dirige a la escalinata de la Moncloa para la foto de familia. (Reuters)
Pedro Sánchez, acompañado por sus vicepresidentes y ministros, se dirige a la escalinata de la Moncloa para la foto de familia. (Reuters)

Por delante, una legislatura plagada de obstáculos, en la que la oposición será durísima y en la que la coalición gubernamental, además, no tiene mayoría suficiente para sacar adelante sus proyectos. Son dificultades objetivas, pero Pedro Sánchez quiere intentar sobreponerse a ellas pasando a la ofensiva. Exprimiendo al máximo los "1.400 días" que restan de mandato, casi cuatro años. Ocupando espacios, restando foco al Parlamento, haciendo que sus iniciativas avancen terreno, explicando. Y para ello está dispuesto, de la mano de su socio, con quien busca asentar una alianza duradera, estable y funcional, a cambiar dinámicas y desplegar una estrategia distinta. Todo ello, diseñado por un hombre de su máxima confianza, que gana y gana peso hasta convertirse en el guardián absoluto de la Moncloa, su 'superjefe' de Gabinete: Iván Redondo. Todo girará, ya de manera oficial, en torno a él.

Superada la investidura, Sánchez ha buscado recuperar la tierra perdida, expandirse y situarse en el centro de la agenda política. Primero, con el goteo calculado de sus ministros, después con la presentación de su Gabinete con Unidas Podemos. El lunes, con un nombramiento polémico pero del que no se retracta, la extitular de Justicia Dolores Delgado como fiscal general del Estado. Y este martes, también de manera escalonada, él y su equipo fueron lanzando anuncios que hablan más de estrategia que de contenidos concretos. Pero que son muy relevantes e indican, como confirmaban posteriormente en la Moncloa y en Ferraz, la pretensión del presidente de pasar directamente a la ofensiva después de meses de parálisis, entre campañas, escondido en ocasiones y debilitado por una reelección que no llegaba y unos resultados en las urnas que le obligaron a abrazarse y tejer un bipartito con Pablo Iglesias. Las condiciones han cambiado y ahora desea aprovechar el viento a su favor.

Sánchez dirigió una carta a sus 22 ministros el día en que el Gabinete se reunía por primera vez. Escrito que la Moncloa divulgaba a los medios después del desfile de llegadas al palacio presidencial, la foto de familia en la escalinata y las risas y comentarios de café en una mesa del Consejo en la que no cabe ya un alma más. El líder socialista les pedía "acción" y les anunciaba su decisión de cambiar de día la reunión semanal de los Consejos de Ministros. De los viernes, la fecha habitual que Gobierno tras Gobierno había respetado, a los martes. Para "planificar y anticiparse a los acontecimientos", para responder a ellos con "premura y eficacia". Actuar, explicó después durante su rueda de prensa, como hacen las empresas, para programar "qué es importante". Eso obliga a que la Comisión General de Secretarios y Secretarios de Estado pase a celebrarse los jueves (y no los miércoles).

Desplazar el Consejo no es inocuo, porque Sánchez consigue opacar el foco informativo del Parlamento y hacer que luzca más el del Gobierno


No es una decisión inocua. No es un mero cambio de día de la semana. Los viernes tenían hasta ahora una ventaja evidente: que no había más actividad política que el Consejo de Ministros, por lo que ha servido a los distintos ejecutivos para atraer el foco informativo. La pega que observaba la Moncloa es que los temas que salían del horno "languidecían" por el fin de semana. Morían, no cogían vuelo. Los martes, sin embargo, son jornadas habitualmente más apretadas de agenda. Reuniones de Mesa y Junta de Portavoces en Congreso y Senado, comisiones parlamentarias, ruedas de prensa de los primeros espadas de los grupos. Todo eso por la mañana. Por la tarde, plenos en la Cámara Baja para la aprobación de iniciativas y, en el Senado, sesión de control al Gobierno, una vez cada quince días.

"Una misma palabra"

Sin embargo, al situar la reunión de los Consejos de Ministros por la mañana, que concluyen con la rueda de prensa de la portavoz, María Jesús Montero, la gran parte del foco se desplaza a la Moncloa. Es el Gobierno quien lleva la iniciativa, el que tiene conferido el impulso legislativo, como le reconoce la Constitución. De modo que las comparecencias de la ministra de Hacienda opacarán, con mucha probabilidad, las ruedas de prensa de los portavoces parlamentarios en el Congreso. Cayetana Álvarez de Toledo o Inés Arrimadas tendrán que competir con Montero.

El presidente quiere que sus ministros expliquen "cada cien días" los "progresos" que van haciendo pero también los "obstáculos" que se encuentran

La presidenta de la Cámara Baja, Meritxell Batet, según fuentes de su entorno, no tiene por ahora previsto cambiar la dinámica de trabajo, por lo que todo seguirá, salvo que se decidan cambios, como hasta ahora. El traslado de día hará que las iniciativas del Gobierno tengan un mayor recorrido temporal, a lo largo de toda la semana, lo que permitirá al presidente ir marcando la agenda. Llevar el pulso, algo básico con un Parlamento tan fragmentado y en una coalición en la que los dos socios 'combaten' para sacar la cabeza.

Sánchez pasa a la ofensiva para recuperar la iniciativa política ante una legislatura bronca

Sánchez también quiere que el Gobierno esté muy presente. En las últimas semanas, no se ha cansado de repetir que desea que el método sea el de un Ejecutivo "resolutivo", "activo", que sea plural, con varias "voces, pero con "una misma palabra", una misma "dirección", una misma "meta". Unido, pese a que las dos almas que lo componen sean bien visibles y no sean inmunes a los roces, teóricamente controlados por un férreo protocolo de coordinación. El presidente adelantó que su Gabinete rendirá cuentas "regularmente de los avances en cada una de las áreas, de los departamentos, de los ministerios". Explicar con periodicidad los "progresos" en cada uno de los ejes de actuación del nuevo Gobierno —crecimiento económico y empleo de calidad, diálogo territorial, justicia social, lucha contra la emergencia climática y la despoblación, y plena igualdad de hombres y mujeres—. Contar los avances, sí, pero también "los obstáculos" que el Gabinete se encuentra "en el camino para poner en marcha y lograr esos objetivos". Es decir, que utilizará de manera regular una plataforma para narrar lo hecho y también culpar a la oposición si hay obstrucciones.

Pedro Sánchez posa con todos sus ministros de este primer Gobierno de coalición en las escalinatas de la Moncloa, este 14 de enero. (EFE)
Pedro Sánchez posa con todos sus ministros de este primer Gobierno de coalición en las escalinatas de la Moncloa, este 14 de enero. (EFE)

Esas comparecencias, apuntó, se producirán "cada 100 días". Y no serán en el Parlamento. Se hará "por departamentos", y en la Moncloa, porque ya la oposición se encargará, dijo, de pedir un pleno para que dé explicaciones "cada cien segundos". Dio a entender, por tanto, que no será necesariamente él quien salga en rueda de prensa, sino sus ministros. En todo caso, es una labor que antes no se hacía, y que abunda en la idea de construir relato, argumentación. Algo en lo que siempre ha incidido, por cierto, su gurú, Iván Redondo.

Redondo y Bolaños, mano a mano

Él es el protagonista del tercer gran cambio anunciado este martes. El director de Gabinete pasará a ser el jefe absoluto del complejo de la Moncloa. Una especie de 'presidente adjunto'. Más incluso que un 'ministro 23'. Todo ya pasaba por él, solo que ahora Sánchez le da todos los galones y todo el poder. Ya era primer secretario de Estado y secretario del Consejo de Seguridad Nacional. Ahora concentrará, dentro del Gabinete, todos los departamentos de asistencia al presidente, "como asuntos nacionales, institucionales, internacionales, comunicación con los ciudadanos, la Secretaría General de la Presidencia, la Dirección General de Asuntos Económicos, el Departamento de Seguridad Nacional y las diferentes unidades de análisis". Hasta ahora, la Moncloa se sustentaba sobre dos pilares fundamentales, la Dirección de Gabinete, que él conducía, y, colgando de ella, la Secretaría General de la Presidencia, en manos de Félix Bolaños, el asesor fiel, discreto y leal que es el custodio y hacedor de los papeles importantes de Sánchez y de organizar todo el engranaje administrativo y logístico del complejo. Ambos, Redondo y Bolaños, 'Oliver y Benji', como se les conoce, seguirán trabajando mano a mano. Juntos. El segundo bajo la dirección del primero.

Redondo se convierte en un 'superjefe' de Gabinete, casi como un 'presidente adjunto' que conducirá la comunicación, decisiva en esta nueva etapa

La gran novedad es que la Secretaría de Estado de Comunicación y su titular —lo es, salvo que sea relevado, el periodista Miguel Ángel Oliver— quedará bajo la tutela de Redondo. Esto quiere decir que toda la estrategia de comunicación del presidente y del Gobierno será controlada por el hombre clave de la Moncloa. No es un dato menor, puesto que Redondo es un apasionado de la comunicación que ahora tendrá que medirse bien con otro experto en esta materia como Pablo Iglesias, que tiene a una organización, Unidas Podemos, muy aleccionada en la relación con los medios. La comunicación, uno de los ejes que marcarán la convivencia entre el PSOE y los morados, será clave en esta nueva etapa.

Iván Redondo promete su cargo como director de Gabinete del presidente del Gobierno, junto a Félix Bolaños (i), secretario general de la Presidencia, y Miguel Ángel Oliver, secretario de Estado de Comunicación, en presencia de Pedro Sánchez, el pasado 11 de junio de 2018. (Pool Moncloa | JM Cuadrado)
Iván Redondo promete su cargo como director de Gabinete del presidente del Gobierno, junto a Félix Bolaños (i), secretario general de la Presidencia, y Miguel Ángel Oliver, secretario de Estado de Comunicación, en presencia de Pedro Sánchez, el pasado 11 de junio de 2018. (Pool Moncloa | JM Cuadrado)

Redondo verá ampliada su estructura y su equipo en la Moncloa, dado que se creará la primera Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de País a Largo Plazo, llamada Foresight Unit. Una especie de laboratorio que iguala a España con otros países y que tiene la misión de dibujar los retos y oportunidades del futuro con una mirada "transversal", para lo que contará con un comité de expertos que aún no han sido designados.

En el PSOE, había dirigentes de lealtad indiscutible hacia Sánchez que no salían de su asombro. Porque no pocos en la cúpula y en los territorios culpaban a Redondo de haber empujado al líder a embarcarse en unas segundas elecciones, pese a todas las advertencias que lanzaba el partido de que aquello era un riesgo que podía salir mal. Y salió mal. Cuando tras el 10-N hubo quien le señaló, se pensaba que quizá podía ver mermado su poder en la nueva etapa. Pero Redondo, que siempre negó que él maniobrara para buscar nuevos comicios, se redimió al cabo de muy pocas horas al amarrar, por encargo de Sánchez, un preacuerdo con Unidas Podemos en muy pocas horas. Él actuó en coordinación con la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, a quien el presidente delegó las negociaciones con todos los grupos que procurasen su investidura.

"Ni un minuto que perder"

El refuerzo de Redondo no era muy bien comprendido en el partido. Algunos dirigentes consultados decían no tener más explicación que una: pura decisión del presidente, sin más. Su voluntad de marcar territorio y de guiarse por su estricto criterio y de aupar a quien entiende que es su máximo colaborador. En el PSOE, según indicaban en el aparato, sí sentó mal el movimiento del líder porque Redondo "no deja de acaparar poder", sin hacer al partido "partícipe" de su estrategia. Pero el director de Gabinete quiere operar así, como se ha comprobado en los últimos días: de manera sigilosa, descubriendo cartas poco a poco, buscando "sorprender". Atrayendo la atención. Porque eso, entiende, sitúa a Sánchez en el centro de la escena.

Algunos en el partido no entienden el refuerzo de Redondo, a quien culpan de ir al 10-N, pero creen que es un premio a su máximo hombre de confianza

El presidente configura así un núcleo de poder con distintos espacios. En la Moncloa, el peso gira en torno a Redondo y Bolaños. En su Gobierno, la mujer fuerte es Carmen Calvo, la vicepresidenta primera. En el partido, el protagonismo recae en los números dos y tres, Adriana Lastra y José Luis Ábalos, más Santos Cerdán, el 'fontanero' que cuida de la organización y que está en diálogo con los territorios. Pero, de todos ellos, el que es depositario de toda la estrategia y de todas las decisiones del presidente, ahora que la balanza se ha vuelto a inclinar hacia la Moncloa, es Redondo.

Sánchez pasa a la ofensiva para recuperar la iniciativa política ante una legislatura bronca

Sánchez insistía este martes en que quedan 1.400 días. 1.400 días por delante, 200 semanas, para ir avanzando en esas cinco grandes transformaciones que piensa que necesita España. Y no hay "ni un minuto que perder". El jefe del Ejecutivo pretende ocupar el espacio. Pero también dosificar sus anuncios. Ayer ya lanzó la revalorización de las pensiones conforme al IPC, un 0,9% para este 2020, y de manera retroactiva. Luego llegarán las alzas a los funcionarios y del salario mínimo. Cucharada a cucharada. Los planes sobre el papel encajan. Pero la realidad, y así ha sido para todos los presidentes, suele ser también más dura.

Primera tanda de nombramientos

El Consejo de Ministros de este martes aprobó una primera tanda de nombramientos. El más relevante fue el refuerzo en el organigrama de Iván Redondo y también la designación de Miguel Ángel Villarroya como nuevo jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD). 

Pero también se nombró a los primeros secretarios de Estado (los que continúan en sus puestos en los mismos departamentos no han de ser renombrados por el Gobierno). Entre ellos, a Ione Belarra y Nacho Álvarez como responsables de Agenda 2030 y Derechos Sociales -dependientes de la Vicepresidencia Segunda de Pablo Iglesias-, Noelia Vera como número dos de Igualdad, Joaquín Pérez Rey como secretario de Estado de Trabajo y Economía Social, Pedro Saura para Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Alejandro Tiana para Educación o Israel Arroyo como dos de Seguridad Social. Además, Nadia Calviño nombró a dos nuevos secretarios de Estado en sustitución del ya cesado Paco Polo: Carme Artigas para Digitalización e Inteligencia Artificial, y Roberto Sánchez para Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales. 

Los ministros procedieron asimismo a nombrar a sus directores de Gabinete. El más significativo es el exjefe del Estado Mayor de la Defensa Julio Rodríguez como el máximo asesorde Iglesias. 

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