Examen ante la Junta Directiva Nacional

Casado somete a debate ante los barones del PP su estrategia de oposición dura

En Génova, atribuyen a consignas de la Moncloa la campaña para calificar de extremista a Casado y disimular así la radicalidad de los pactos de Sánchez con "comunistas y golpistas"

Foto: El presidente del PP, Pablo Casado. (EFE)
El presidente del PP, Pablo Casado. (EFE)

Pablo Casado tiene clara su estrategia de oposición, en la misma línea de contundencia con que se expresó en la investidura de Pedro Sánchez y en todos los frentes políticos y judiciales, pero quiere escuchar la opinión del partido en pleno, según fuentes del PP. Con ese fin, ha convocado al máximo órgano de la formación entre congresos, la Junta Directiva Nacional, para que este lunes se exprese quien quiera, empezando por los presidentes autonómicos como Alberto Núñez Feijóo o dirigentes regionales como Alfonso Alonso, preocupados ante una posible pérdida de la imagen de moderación.

El sucesor de Mariano Rajoy se enfrenta ya al mismo argumentario sobre 'la crispación' y 'la derecha extrema' con que los socialistas y los medios gubernamentales respondieron a su predecesor cuando José Luis Rodríguez Zapatero gobernaba con el apoyo de ERC e Izquierda Unida, respaldado desde la Generalitat de Cataluña por el tripartito de Pasqual Maragall.

Formado el primer Gobierno de coalición de la democracia, entre los socialistas y populistas o comunistas con el aval de independentistas catalanes, el PNV y Bildu, el principal partido de la oposición ha decidido calificarlo de radical, "ultra" o de "moción de censura contra España". Son los términos elegidos por Casado ante los pactos de Sánchez y sus aliados, que denuncia como contrarios al marco constitucional y de convivencia heredado de la Transición. Y desde la sede de Génova comentan que la consigna emanada del nuevo Gobierno es devolverles la pelota y acusar de extremismo a los demás para "disimular sus vergüenzas".

Esa respuesta del actual inquilino de la Moncloa y sus portavoces, ahora el papel de José Blanco lo lee Adriana Lastra, es negar a la derecha la condición de demócrata hasta que no colabore con el poder socialista. Las grandes novedades con respecto a la época de Zapatero son la presencia evidente de los extremos en el Ejecutivo y la oposición y la factura de los separatistas aceptada para engrasar la legislatura: referéndum, amnistía (impunidad judicial) y proceso 'desconstituyente' hacia "la plurinacionalidad".

Lastra, portavoz, vicesecretaria del PSOE y muñidora principal de los pactos con Podemos y ERC, concretó este fin de semana desde Galicia el mensaje sanchista. "El PP tiene que intentar volver a ser una derecha democrática, liberal pero democrática, o dejarse llevar y arrastrar por la ultraderecha neofranquista", sostuvo sin pararse a distinguir entre duros y moderados, casadistas y centristas, como hacen en medios gubernamentales. Y para la dirigente socialista, Alberto Núñez Feijóo es "el más de ultraderecha de todo el PP".

Si el peso de la extrema izquierda y los compromisos con los secesionistas no tienen precedentes en el Gobierno, parecidos ingredientes se dan en la oposición de centro y derecha más atomizada de la democracia, con tres grupos parlamentarios. A diferencia de Rajoy, que en la oposición sí acertó a mantener unida a la derecha, Casado se enfrenta ahora a la obligación de frenar al Ejecutivo de Sánchez mientras tiende la mano y ofrece ayuda a sus socios de Ciudadanos en la mitad de la España autonómica, pero siente a su derecha la competencia directa de Vox.

El equipo de Casado salió satisfecho de la sesión de investidura con el contundente discurso de su presidente, al dejar claro, a su juicio, quién es el jefe de la oposición. El presidente del PP también dejó sin sitio a Santiago Abascal, quien solo pudo añadir al debate sus conocidas posiciones en contra de los inmigrantes, el feminismo oficial y la Unión Europea. Son los tres ingredientes de la nueva derecha populista que marca diferencias con el PP.

"Llevar la voz de la calle al Parlamento"

Fuentes de la dirección del Partido Popular aseguran que Casado explicará con detalle sus planes para hacer una oposición contundente en el fondo y moderada en las formas, de la que no cree que discrepen sus principales dirigentes regionales. Pero insisten en que el objeto de la Junta Directiva Nacional es escuchar las opiniones de los presidentes autonómicos, parlamentarios y cargos provinciales y locales.

Mientras Vox tantea las movilizaciones ciudadanas como primera respuesta al Ejecutivo de Sánchez, el PP se propone "llevar la voz de la calle al Parlamento". También convertirse desde las comunidades autónomas y ayuntamientos que gobierna en un contrapeso de poder y "dique de contención" frente a los proyectos que vayan contra la unidad de España y el marco constitucional.

El reto de Casado, según reconocen en todos los sectores de la formación, es encontrar la medida de su respuesta como representante de "un partido de Estado" frente a un Gobierno de izquierda apoyado por ERC y, al mismo tiempo, competir con una derecha básicamente populista que Sánchez está decidido a alimentar.

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