LE SUSTITUIRÁ CELAÁ

Sánchez planea eludir a la prensa también en fin de año escudándose en la investidura

El presidente no prevé hacer balance del año y rompe una dinámica instalada desde 2006, y que solo quebró Rajoy en 2011, nada más resultar elegido. La Moncloa alega que no tiene sentido ahora

Foto: Pedro Sánchez, en su última comparecencia en la Moncloa, el pasado 11 de diciembre. (EFE)
Pedro Sánchez, en su última comparecencia en la Moncloa, el pasado 11 de diciembre. (EFE)

Pedro Sánchez seguirá en silencio. El presidente del Gobierno en funciones no tiene previsto comparecer en la Moncloa este viernes, el último con Consejo de Ministros del año, para hacer balance de 2019 y plantear sus retos y objetivos para 2020. En su lugar, lo programado es que dé cuenta de la reunión semanal de Gabinete la portavoz del Ejecutivo, Isabel Celaá. En el equipo del líder advierten de que el "sentido" lleva a que no ofrezca ninguna de rueda de prensa de final de curso puesto que aún está gestándose su investidura, y por tanto conviene respetar la discreción y la prudencia que los socialistas se han impuesto. Pero esa decisión no deja de ser algo insólita, pues en los últimos años se ha respetado la tradición, no escrita —y que se remonta al menos a 2006—, de que los presidentes comparezcan a últimos de diciembre para dar cuenta de su gestión durante todo el año y fijar las metas para el siguiente ejercicio. Solo en 2011, con Mariano Rajoy recién investido, no hubo una rueda de prensa previa a la Nochevieja. Pero sí la mantuvo en 2015, después de las elecciones generales del 20 de diciembre que le dieron la victoria pero no una mayoría para gobernar y que supusieron la apertura de un ciclo de inestabilidad política que aún no ha concluido.

Sánchez contestó por última vez a los medios el pasado 13 de diciembre. Fue en Bruselas, al término del Consejo Europeo en el que se estrenaban los nuevos representantes de las instituciones comunitarias y justo al día siguiente de las legislativas del Reino Unido que concedieron mayoría absoluta al conservador Boris Johnson. Contestó entonces cuatro turnos de preguntas, ni uno más. Dos días antes, en la Moncloa, compareció después de ser postulado por el Rey como candidato. Solo atendió a dos periodistas. El primero de ellos le hizo llegar, en nombre de todo el colectivo de reporteros que cubren información del Gobierno, su malestar por la limitación de las preguntas. Una actitud contraria a la que había mantenido el resto de líderes políticos que habían desfilado por la Zarzuela en la preceptiva ronda de consultas. Pero Sánchez no cambió de plan, no improvisó: escuchó educadamente la queja del informador, respondió según la plantilla que llevaba en la cabeza —no dar concreción alguna sobre las negociaciones con ERC, porque tenían que estar amparadas por el manto de la "discreción"—, replicó a una segunda cuestión y se marchó. No hubo tampoco una conversación informal con los periodistas.

Entre la comparecencia en la Moncloa del miércoles 11 y la de Bruselas, del viernes 13, hubo otra pequeña rueda de prensa en la capital belga, a su llegada al Consejo Europeo. Unas declaraciones rápidas —que en el argot se denomina 'canutazo', y en este caso, como se hicieron a la entrada de la reunión de los líderes, 'doorstep'— a un total de ocho preguntas. Sánchez procuró ser algo más generoso que la víspera en sus respuestas a la prensa, consciente de que había suscitado la indignación en el colectivo.

La última vez que Sánchez respondió preguntas a los medios fue tras el Consejo Europeo, el pasado 13 de diciembre. Antes había generado malestar


De hecho, tanto la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) como la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) mostraron su solidaridad con los redactores encargados de la cobertura informativa del Ejecutivo, y recordaron que "la imposición de ruedas de prensa sin derecho a preguntas o con límites que escapan a lo razonable [...] es una manera de hurtar a los ciudadanos la explicación de las decisiones y de negarles la respuesta a sus preocupaciones y problemas". La APM solicitó incluso una reunión con el secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver, petición a la que este accedió.

Quejas de las asociaciones profesionales

La semana pasada, a estas dos protestas de la APM y de la FAPE se sumó la de la Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP), que lamentó que el PSOE no permitiera que reporteros gráficos tomaran imágenes de los encuentros que fueron manteniendo en el Congreso la portavoz parlamentaria, Adriana Lastra, y su número dos, Rafael Simancas, con los pequeños grupos. El partido se encargada de grabar esas imágenes y distribuirlas, pero lógicamente seleccionó los "planos y el enfoque" que consideraba "oportuno". Aunque la APP reconoce a las formaciones políticas su derecho a facilitar los recursos a aquellos que lo requieran, también les pide "que se respete el trabajo de los medios que cubren información parlamentaria día tras día, que favorezcan el derecho a la información y que no limiten el trabajo de los periodistas ofreciendo una visión interesada y única de lo que ocurre". Pese a la queja, Ferraz no corrigió su actitud en los días siguientes.

Desde el Gobierno se subraya que no tiene lógica que comparezca ahora cuando el proceso de investidura, delicado y discreto, no ha culminado

Tras el último Consejo de Ministros, Celaá fue preguntada si no creía que el Gobierno tiene un problema en su relación con los informadores. La portavoz remarcó que el Ejecutivo sí "cree en la libertad de prensa, en las ruedas de prensa con preguntas", y considera que política y medios se precisan mutuamente. "Yo necesito su pluma, su cabeza, su voz, que escriban y digan a la ciudadanía lo que nosotros hacemos". Sí alegó que los ritmos de política y prensa son diferentes, y el ejemplo actual es la prueba palmaria, pues el PSOE está construyendo un espacio de confianza con ERC en medio de unas negociaciones que son "complejas". Y por eso se requiere que las conversaciones sean "discretas", aunque el resultado, el acuerdo con los republicanos, sea público y "transparente". Celaá sostuvo que no hay un "déficit democrático", sino un "decalaje", una "disfunción". Añadió que todo puede ser "susceptible" de mejora, pero el Gobierno ha intentado ser "transparente" en todo momento.

Sánchez planea eludir a la prensa también en fin de año escudándose en la investidura

Precisamente a esa "discreción" se aferra la Moncloa para justificar que no haya comparecencia del presidente este 27 de diciembre. Fuentes del Ejecutivo señalan que la "lógica" impone que Sánchez dé explicaciones cuando se tenga la certeza de que la investidura sale adelante, y no ahora que todo está abierto. El proceso de negociaciones "no ha culminado", indican, por lo que lo razonable es que dé cuenta de los acuerdos del Consejo de Ministros la portavoz. No obstante, las mismas fuentes advierten de que el presidente es libre de cambiar de plan en el último momento: podría comparecer, obviamente, si así lo deseara.

Sin embargo, no es previsible que Sánchez se exponga a los medios. Al menos, si mantiene la dinámica que se ha impuesto desde las elecciones generales del 10-N. De una campaña en la que estaba omnipresente, con una saturación de actos y entrevistas, pasó a limitar al máximo sus apariciones en público y más aún las preguntas. Es más, desde las últimas generales no ha concedido una sola entrevista a ningún medio. No ha explicado extensamente su giro respecto a la campaña o su posible pacto con ERC. Los medios se encuentran prácticamente a ciegas porque tampoco hay comparecencias de portavoces del partido, ni convocatorias en Ferraz. El hermetismo es total y rotundo. Y sostenido desde hace casi dos meses. Ahora, por ejemplo, tiene abierto el melón de la Abogacía del Estado, cuyo escrito es fundamental para que los republicanos despejen la investidura. Pero el documento no estará listo probablemente, como adelantó este diario, hasta el lunes.

Sin entrevistas desde el 10-N

Son contadas las comparecencias del presidente en funciones desde el 10-N. No aceptó preguntas el 12 de noviembre, tras firmar su preacuerdo con Pablo Iglesias —pasó del "no dormiría" si hubiera aceptado el planteamiento de Gobierno de coalición que le ofrecía Unidas Podemos a suscribir en menos de 48 horas un Ejecutivo bicolor del cual no se conocen aún los detalles—. Dos días después, el 14 de noviembre, aceptó cuestiones de dos periodistas tras su reunión con el entonces presidente electo del Consejo Europeo, el belga Charles Michel. Esa es la convención que ha venido funcionando desde hace años cuando los presidentes se reúnen con mandatarios extranjeros en la Moncloa o en el exterior: para que las ruedas de prensa no se eternicen, se suelen reservar dos turnos para el representante del país anfitrión y otros dos para el del Estado invitado.

Desde el 10-N, Sánchez solo ha aceptado preguntas ante los micros, y nunca de manera ilimitada, en seis ocasiones, tres de ellas fuera de España

Después hubo que esperar 18 días para volviese a contestar a los informadores. Fue el 2 de diciembre, en la apertura de la cumbre del clima (COP25), del lado del secretario general de la ONU, António Guterres. Entonces aceptó solo dos turnos, pese a que cuando se trata de citas internacionales multilaterales no suele utilizarse un formato restringido. El miércoles 4 compareció en solitario desde Londres, al término de la cumbre de la OTAN, y atendió cuatro turnos. El viernes 6, Día de la Constitución, hizo una pequeña intervención a su llegada al Congreso y luego, ya en la recepción, sí respondió en conversación informal a los periodistas durante bastante tiempo. Las últimas veces que atendió a la prensa fueron los días 11, 12 y 13 de diciembre. Y, desde entonces, el presidente no ha vuelto a responder a preguntas, aunque sí ha mantenido una agenda (limitada) de actos. Este martes, 24 de diciembre, se dirigió a las tropas destacadas en el exterior por videoconferencia para felicitarles las fiestas.

Sánchez planea eludir a la prensa también en fin de año escudándose en la investidura

El jefe del Ejecutivo no dará la cara ante los medios, por tanto, este viernes y romperá así una tradición de más de una década. Fue José Luis Rodríguez Zapatero quien, durante su primer mandato, se comprometió a protagonizar dos comparecencias largas semestrales en la Moncloa. Una en el verano y la otra a final de año. En ambas, para hacer balance y desgranar las iniciativas que se impulsarían en los siguientes meses. El 29 de diciembre de 2006, el entonces presidente recordaba su propia promesa y pronunciaba una frase que muy pocas horas después se le vino encima: hablaba del fin de ETA y aseguró que España estaba "mejor" que hacía un año, cuando arrancó el proceso de paz —una situación delicadísima y bastante más excepcional que un proceso de investidura, que se repite cada legislatura, por mucho que en la actual la fragmentación política complique los pactos—, y podía afirmar que "en un año" el país estaría mejor aún. Al día siguiente, 30 de diciembre, la banda terrorista cometió el atentado en la terminal T-4 de Madrid-Barajas que acabó con la vida de dos personas.

Zapatero compareció desde 2006 hasta 2010, y Rajoy mantuvo la costumbre no escrita desde 2012 hasta 2017. En 2011 acababa de ser investido

Zapatero compareció a finales de diciembre de 2007, 2008, 2009 y 2010. En 2011, no hubo rueda de prensa. Mariano Rajoy había sido investido presidente el 20 de diciembre (un mes después de las elecciones que ganó con mayoría absoluta), y el 21 juró su cargo ante el Rey en la Zarzuela. El 23, Soraya Sáenz de Santamaría ofrecía su primera rueda de prensa como vicepresidenta y portavoz del Ejecutivo, y el 30, la segunda, en la que anunció duros recortes y subidas de impuestos para atajar el déficit.

Ni copa de Navidad ni viaje con las tropas

Rajoy sí mantendría la tradición en 2012, 2013, 2014, 2015, 2016 y 2017. Se podía considerar que la situación de 2015 era algo análoga a la actual, ya que el presidente estaba ya en funciones y pendiente de la investidura. Pero aún no se había celebrado la ronda de consultas del monarca y el líder del PP no había declinado la postulación. En 2018, Sánchez mantuvo el hábito: compareció ante los periodistas el 3 de agosto, dos meses después de acceder al cargo —porque Zapatero también impulsó la rueda de prensa de final del curso político, antes de las vacaciones de verano—, y el 28 de diciembre. La instauración de este formato, largo y sin restricciones en la Moncloa, obligaba al resto de líderes a salir ante los periodistas y hacer su propio balance, interno y a favor o en contra del Ejecutivo.

En 2018, Sánchez sí se atuvo a la tradición, y compareció tanto en el balance de verano como en diciembre. También aprovechaba sus viajes

Además, a lo largo de su intensa gira por Latinoamérica, en agosto de 2018, Sánchez compareció a diario. Y estaba más a disposición de los periodistas precisamente por sus viajes al extranjero, en los que la atención a los periodistas es obligada. En este mes, ha esquivado al máximo los contactos con los informadores, no solo porque no hará balance del año. Tampoco ha ofrecido la tradicional copa de Navidad en la Moncloa —no la ha habido abierta a los redactores tampoco en Ferraz, aunque el partido sí organizó el pasado día 18 de diciembre el llamado 'vino obrero', la fiesta para sus trabajadores—, ni ha visitado a las tropas: hace un año, se llevó a los periodistas a Mali, si bien no respondió preguntas ni mantuvo corrillos con los periodistas en el avión.

En 2019, sin embargo, el líder socialista se ha prestado menos a las ruedas de prensa ilimitadas en España, de ahí el malestar de los periodistas. No hubo balance de mitad de ejercicio en el verano precisamente porque coincidió con la investidura fallida y después con la ronda con colectivos que desplegó para intentar convencer a Unidas Podemos de que era mejor un Gobierno en solitario con acuerdo programático mediante. Según los cálculos del secretario de Estado de Comunicación, ofrecidos la pasada semana, el presidente ha comparecido en estos 18 meses unas 70 ocasiones: 44 ruedas de prensa, "numerosos 'canutazos', corrillos variados, largos, comparecencias cortas (depende como se analice), declaraciones sin preguntas…". De esas 44 comparecencias, el propio Oliver señalaba que 29 habían tenido lugar fuera de España, y el resto, 15, en el país. Solo 15, por tanto, a lo largo de año y medio, y en ese cómputo incluía aquellas con preguntas limitadas.

Según los cálculos de la Secretaría de Estado de Comunicación, Sánchez ha dado 44 ruedas de prensa, 29 de ellas fuera de España, y 15 aquí

El responsable de la estrategia de Comunicación del Ejecutivo advertía hace unos días de que no eran tan factibles las ruedas de prensa sin tope. "¿De verdad piensa alguien que se hacen ruedas de prensa ilimitadas? ¿Ilimitadas? ¿Pero dónde se hacen ruedas de prensa ilimitadas? ¿Cuántas preguntas son ilimitadas?", se preguntaba, antes de contar que Sánchez incluso pretendía hacer una declaración institucional, sin responder cuestión alguna, el pasado 11 de diciembre, tras recibir el encargo del Rey. Oliver había señalado, en ese foro organizado por KPMG al que había sido invitado, que los periodistas que cubren la información de la Moncloa son "todos" tertulianos y "activistas" políticos y se han integrado en una "dinámica enfermiza" de preguntar a todas horas. Después, pidió disculpas, en tanto que secretario de Estado, por si hubiera ofendido a los reporteros, aunque como colega invitaba a los medios a hacer una reflexión.

Sánchez escapará de 2019, en un momento crítico, sin atender a los periodistas, de los que en ocasiones intentaba asimismo huir cuando era secretario general o cuando fue defenestrado. Ahora tiene entre manos una investidura que le está costando amarrar. Las preguntas en la Moncloa y en Ferraz se suceden sin que hallen respuesta, al menos por ahora.

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