Un proyecto de

El Confidencial

2000-2007

Madrid

El estafador de los mil nombres

Enrique Irazabal, alias Henry Hughes, alias Luis Rivera, alias Luis Braun, alias Josef Guzman, alias Roberto Urrutia, alias Heuk Labazh, alias José Goicoechea, alias Henry Hellinger, alias Carlos Suárez, alias Equirne Labazari (su nombre escrito al revés)... sale del chalé que habita por la exclusiva zona de Arturo Soria de Madrid.

Este timador de altos vuelos, nacido en San Sebastián hace 73 años, viste un chaquetón azul, lleva unas gafas de montura fina y el pelo y la barba un poco desaliñados.

-¿Enrique Irazabal?

-¿Quién es usted?

-Soy periodista.

-¿Por quién pregunta?

-Por Enrique Irazabal. Es usted.

-No soy yo. Déjeme en paz.

Texto:

Rafael Méndez

Formato:

Carmen Castellón

Pablo L. Learte

Laura Martín

Pablo Narváez

Fotografía:

Jorge A. Manzano

Texto:

Rafael Méndez

Formato:

Carmen Castellón

Pablo L. Learte

Laura Martín

Pablo Narváez

Fotografía:

J. A. Manzano

Persecución por Madrid
Enrique Irazabal Serrano, en Madrid el pasado 30 de octubre. Foto: Jorge Álvaro Manzano

Irazabal se da la vuelta y regresa a su adosado de ladrillo rojo custodiado por cuatro cámaras de seguridad. Las cámaras y los cristales de espejo en las ventanas denotan que no es una más de las casas que rodean un coqueto parque.

Está condenado en firme por el Tribunal Supremo, que lo sentenció en marzo pasado a tres años y cinco meses de cárcel por una estafa con la que decía que iba acabar con el hambre en el mundo: es el último capítulo de 40 años con timos en tres países. Tenía que entrar en la cárcel el pasado 16 de septiembre, pero ‘El Ingeniero’ ha alegado que está enfermo, ha recusado a los jueces y sigue paseando tan campante por la capital.

Esta es la historia de un personaje fascinante, timador millonario en tres países durante décadas, con un ritmo de vida de lujo y mucho ingenio para simular inversiones industriales con las que llegó a convencer a grandes empresas.

La justicia de EEUU contó 26 alias a Irazabal

Mapa de España

2000-2007

España

España

Capítulo 1

etrocedamos a los años 2000 en España, a su último golpe. Antes de la gran crisis, Enrique Irazabal Serrano decía haber encontrado la piedra filosofal: un negocio redondo que acabaría con la desnutrición en el mundo y salvaría millones de vidas. Su empresa, Scinet Corporation, iba a instalar fábricas para montar unas miniplantas del tamaño de un contenedor de barco que se podían transportar a países en desarrollo y allí producir pan, potabilizar agua o servir como hospital de campaña a un precio competitivo.

“Las Mini-plantas de producción en contenedores móviles son el único sistema del mundo que puede proporcionar hasta seis productos de primera necesidad, por un dólar al día, a un segmento de población entre 850 y 4.000 millones de personas. Sirva de ejemplo el hecho de que el precio de un kilogramo de pan en España oscila entre tres y cuatro euros y el producido en una Mini-planta de panadería (en cualquier lugar del mundo) es inferior a 0,10 euros/kg. Otro caso significativo es el agua: el litro de agua potabilizada en una Mini-planta resulta de 40 a 50 veces más barata que la producida por los procedimientos convencionales”, explicaba a los inversores.

Aparentaba tener un capital social de 300 millones de euros y tenía folletos y power points cuidados y en varios idiomas. Se presentaba como heredero de una saga industrial del País Vasco y con intereses en México aunque sus estafados aún dudan si había un ápice de verdad en ello.

flecha¿Heredero de una saga industrial centenaria?
Irazabal decía haber diseñado unas miniplantas que darían productos de primera necesidad en cualquier parte del mundo a más de 850 millones de personas por menos de un dólar al día

Operaba desde su chalé de lujo en Madrid. El salón tenía dos sofás amarillos frente a una pantalla enorme. Allí proyectaba sus presentaciones sobre los 13 corredores que iba a establecer en África para llevar las miniplantas a cualquier rincón del continente. Impresionaba a los interesados con fotos de uno de sus hijos con Bill Clinton o de su hija con la reina.

“Cuando iba a hacer una presentación te daba la charla y de repente te decía: “¿Ves esa esquina?”. Y señalaba un contador en la pantalla que iba avanzando. Tic, tic, tic. ‘Esos son los niños que están muriendo en África en este rato. Pero tú tienes la posibilidad de cambiar eso. Yo no tengo prisa. Tú verás si quieres entrar como proveedor, cuanto antes nos pongamos a trabajar antes erradicamos esto’. La gente salía corriendo a darle un talón. Les tocaba el corazón”.

Audio: “Tenía un contador con los niños que morían en África”

“Tenía un contador con los niños que morían en África”

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Vestía siempre parecido porque decía, como Bill Gates, que gastar el tiempo y el dinero en ropa era algo superfluo. En los armarios tenía una fila de camisas azules colgadas todas iguales. No llamaba la atención, no conducía un deportivo sino un gastado Range Rover. Él iba de austero industrial del norte.

El chalé, de 336 metros cuadrados, tenía todo el atrezo. Había vaciado la piscina y la había techado: ese era su búnker, al que se entraba desde el garaje con dos puertas consecutivas con un ojo de buey y con contraseña, como si el vaso de la piscina fuese un lugar blindado. Lo llamaba el Modular Data Center Operations (MDCO) aunque apenas tenía actividad.

flechaUn búnker en la piscina

Antonio Yoldi, encargado de conseguir inversores, afirmó después ante el juez que había quedado “abducido” por la personalidad de Enrique en una de sus presentaciones. Declaró “que se quedó asombrado y alucinado por la personalidad de esta persona, ya que tenía un nivel cultural altísimo y grandes conocimientos técnicos, siendo extremadamente pulcro, ordenado y con gran capacidad memorística”.

Cuando José I. Córdoba, un ingeniero al que Enrique intentaba convencer de las bondades del negocio, dudó de que en ese búnker hubiera realmente gente trabajando, Irazabal salió rápido al paso. “Le dije: ‘Enrique, aquí no trabaja nadie’. Se veía que era artificial porque no había ni post it ni fotos ni papeleras. Me miró lentamente y se quedó callado, como diciendo qué hijo de puta listo eres. Y entonces se rió con cara de ‘me has pillado’: ‘Están todos haciendo un cursillo desde hace quince días”. Córdoba acabó siendo clave en la historia.

Irazabal operaba desde un chalé de lujo cerca de Arturo Soria. Simuló tener un búnker y usaba un proyector en el salón para impresionar a los inversores

Irazabal aseguraba tener industria en Rotterdam y un nuevo sistema que iba a reordenar el comercio mundial al que llamaba ‘The world trade system’. Visto hoy cuesta creer que colara. Presentaba una fotografía en blanco y negro de una familia con 19 miembros posando y decía que era la Familia Hughes-Irazabal en 1930. Según él, entre 1926 y 1960 tuvieron la Unión Comercial Packers, con la que se dedicaban a la fundición de hierro y a producir alimentos en el País Vasco.

Los que lo sufrieron creen que lo que le movía era demostrar su inteligencia y conseguir dinero de gente de nivel, de industrias consolidadas, no dar el palo a meros inocentes. Según algunas fuentes, era aparejador. Sin embargo, se presentaba como arquitecto e ingeniero. Fue consiguiendo inversores entre lo más selecto de Madrid ofreciendo el negocio como una oportunidad muy exclusiva, casi como haciendo un favor. “Era una idea espectacular. Era absolutamente convincente e iba a lo grande, daba la imagen de empresa multinacional capaz de crear dos fábricas en España, de tener una firma de comercio internacional que ponía lo que hiciera falta en el mundo”, explica Santiago Mora Velarde, que puso y perdió 30.000 euros. Otros le confiaron hasta 20 veces más.

flechaInversores en lo más selecto de Madrid

Buscaba industriales a los que ofrecía acciones a cambio de participar en la construcción. Miguel Sevilla, un empresario catalán, puso 150.000 euros y a cambio su empresa iba a poner los rótulos en las plantas de Scinet, el acrónimo de Science Network. “Era un crack. Hablaba muy rápido y muy bien. Te metía en el rollo personal de que quería ayudar a los pobres”. Él se informó y pasó todos los filtros. Afirma que fue al despacho Roca Junyent y le animaron a entrar en el negocio.

"Hay que tener una imaginación de Spielberg para esto y él la tenía"

“Era un hombre muy reservado, al que costaba ver. Cuando al final aparecía, lo hacía como una estrella fulgurante que te daba la oportunidad de estar contigo una hora”, recuerda Santiago Mora Velarde en su despacho. “Montaba un espectáculo y querías participar de ello. Hay que tener una imaginación de Spielberg para esto y él la tenía. Mezclaba fantasía, realidad y técnica”, explica con cierta pena.

En 2006, en la España precrisis, y a la vez que captaba socios, Irazabal recorrió pueblos ofertando inversiones millonarias a alcaldes que deseaban llevar industrias a sus vecinos. Gallur (Zaragoza), Villa del Río (Córdoba), Santa Elena de Jamuz (León), Guadix (Granada), Boceguillas (Segovia), Trebujena (Cádiz), Monforte de Lemos (Lugo), Puertollano (Ciudad Real)... todos recibieron la visita de Irazabal y muchos le ofrecieron ayudas.

Cronología del estafador
Mapa de Aragón

2007-2010

Gallur

Gallur

Capítulo 2

l final, la localidad elegida fue Gallur, un pueblo de 2.700 habitantes a 50 kilómetros al norte de Zaragoza en el que anunció una inversión de 50 millones de euros. “Todo era convincente. Era encantador”, explica Antonio Liz, entonces alcalde de Gallur, ante la sede del consistorio.

En 2007, Irazabal se dirigió a un salón de actos del Ayuntamiento abarrotado para presentar su proyecto industrial. Medio pueblo estaba allí. A su derecha se sentó el alcalde, al que se dirigió como “estimado amigo”, y a su izquierda, José I. Córdoba. “Precisamente hoy, 30 de abril, se cumplen 25 años de la inauguración de las obras del parque industrial de mi familia en México. Yo tenía 36 años. Soy hijo, nieto y bisnieto de industriales, aquellos industriales de verdad”, arrancó Irazabal.

Audio: “A mí nunca me pides un papel y te lo agradezco”

“A mí nunca me pides un papel y te lo agradezco”

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Voz: Enrique Irazabal

Irazabal fue leyendo un discurso en el que presentaba la personalidad que se había cincelado. “Trabajo 18 horas diarias, todos los días del año. [...] Leo un libro cada semana, de los más de 12.000 que me dejó mi abuelo en la biblioteca que tengo en Aldudes (pirineo vasco-francés), donde también tengo a mi fiel Firpo, un pastor alsaciano ya mayor como yo”. Llegó incluso a decir que era agnóstico y que había dedicado su vida “a la lucha por la inteligencia y la libertad de millones de seres humanos”.

En sus folletos destacaba entre exclamaciones que la planta de Gallur iba a salvar la vida a 15 millones de niños gracias a sus 220.000 miniplantas de panadería y que las 160.000 minipotabilizadoras evitarían la muerte de 12 millones de personas. Al terminar, los asistentes se acercaban a pedir uno de los 350 empleos prometidos.

flecha
Irazabal decía proceder de un linaje industrial del País Vasco

Irazabal fue consiguiendo papeles que daban imagen de seriedad. Presentó ante el Ministerio de Industria su proyecto y el sello del registro de entrada lo usaba como prueba de que iba a recibir una subvención. El Barclays certificó su solvencia. Decía que tenía a Francesc Homs, exdiputado de Convergencia, como consejero en una de sus empresas y acuerdos con el despacho Roca Junyent. La tramoya era impecable.

El Gobierno de Aragón licitó la mejora de los accesos al pueblo y parecía tener todas las bendiciones oficiales. Presentaba un negocio boyante. “El carácter único y sin competencia en el ámbito mundial de los citados sistemas (por otra parte, de supervivencia y primera necesidad) ha originado durante los últimos años una oleada exponencial de pedidos acumulados, que actualmente superan las 380.000 Minis-plantas, con un valor FOB superior a los 20.900 millones de euros”.

“Íbamos a ganar dinero y a dar agua potable, pan y suministros. Pero empezó a oler medio mal y luego mal”, cuenta un empresario que pide el anonimato. Relata la historia en una nave industrial y es el prototipo de estafado, alguien que conoce su materia. “Irazabal conocía el lenguaje de la industria. Yo puedo ser listo o medio tonto, pero entraron empresas grandes con despachos de abogados que revisaron todo. Si ha engañado a mucha gente es que lo hacía bien”.

Persecución por Madrid
Arriba, Irazabal paseando por Madrid. Está condenado en firme pero ha logrado retrasar el ingreso en prisión. Abajo, el chalé de lujo de 336 metros custodiado por cámaras de seguridad

A los socios industriales les ofrecía un 3% de las acciones de la empresa matriz mientras Irazabal se quedaba con el 51% y los inversores serían además los contratistas de ese negocio fabuloso. “Lo peor es que con la crisis hubo gente que pensó que esa era su salvación y buscó dinero de donde no lo tenía para meterse”.

El dinero entraba, los socios hacían cola y metían a familiares pero no se movía un ladrillo. “Fui a verlo porque me empezó a escamar. Entonces comenzó a hablar mucho para que yo no abriera la boca. ‘Fíjate la que estoy montando, ya tengo implantación en Rotterdam, vamos cuando quieras”, recuerda Sevilla, otro de los afectados. “No sé cómo caí”, reflexiona ahora. El polígono industrial de Gallur sigue hoy yermo.

“Es una tontería que te dé ahora los 25.000 euros si en un año vas a ganar 250.000"

Audio: “Barclays nos dio buenos informes”

“Barclays nos dio buenos informes”

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Cuando alguien le pedía que le devolviera el dinero sacaba el talonario de cheques y lo ponía sobre la mesa, como recuerda uno de los estafados, y se tiraba un farol: “Es una tontería que te dé ahora los 25.000 euros si en un año vas a ganar 250.000, pero como quieras’. Al final la gente se cortaba”.

Irazabal contó con la ayuda del Barclays, ya que algunos de sus empleados le dieron cobertura hasta el punto de llegar a invertir en el negocio. Juan Antonio Aguado, un ingeniero dueño de una empresa de movimiento de tierras que puso 120.000 euros, cuenta que se informó antes de meter el dinero. “Lo vestía fenomenal. Presentó unas cartas del Banco de España donde decía que habían solicitado una inversión de miles de millones. Yo consulté a Barclays y nos dieron buenos informes, que era una multinacional y conocían el proyecto. Él tiene gancho, tiene carisma, lo vende fenomenal y ha engañado hasta a un notario”.

flechaEmpleados del banco llegaron a invertir

Las empresas de Valladolid Valdecigayo e Industrias BC pusieron 150.000 euros cada una. “Pregunté en el Barclays si debía entrar en el negocio y me dijeron que me había tocado la lotería. Sin el banco no hubiera podido enganchar a tanta gente”, cuentan desde estas firmas. El 18 de mayo de 2006, un directivo de Barclays firmó una certificado: “Scinet Corporation Limited es cliente de esta entidad, manteniendo en su cuenta saldos estables, habiendo demostrado en este tiempo seriedad y solvencia suficientes”. Los empresarios se frotaban las manos y a alguno llegó a recomendarle que se abriera una cuenta offshore de todo el dinero que iba a entrar. “Me dijo que tendríamos que producir 24 horas al día 365 días al año. Empezaba la crisis y en esos casos te agarras a un clavo ardiendo. Y claro, sales lesionado”, confiesa un empresario.

El Barclays garantizó la solvencia de Irazabal por carta. En la imagen, Irazabal (centro) al presentar el proyecto en Gallur junto al alcalde Antonio Liz (a la izquierda) y José I. Córdoba.

La gestión del banco permitió que dinero que entraba saliera inmediatamente al extranjero. Scinet en realidad tenía la matriz en Panamá. Un ejemplo: en 2000, ingresó 653.000 euros en sus distintas cuentas. Un día de agosto entraron 329.500 euros de golpe. “Dicho ingreso es rápidamente desviado en salidas en moneda extranjera y al resto de sus propias cuentas”, según un informe policial. Ese año tuvo unos gastos corrientes de 188.000 euros para mantener su tren de vida.

El milagro Scinet estaba tan bien montado que en 2010 un profesor de Empresariales del IESE, Tomás Tomeo, llegó a presentar un proyecto de tesis. “El desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial: El mercado de la base de la pirámide y Scinet corporation”. Al final, eliminó la alusión a Scinet al defender la tesis. Tomeo, que también invirtió, no ha querido hablar para este reportaje.

La planta de Gallur iba a costar 50 millones

Según el Supremo, así consiguió más de cuatro millones de euros. “Existe un gran desvío de dinero en forma de transferencias en moneda extranjera de pequeño importe, siendo, probablemente, el destino de dicho capital su familia residente en EEUU, los cuales residen en zonas de alto nivel de Miami”, afirma la policía en un informe en la causa. El Supremo sentencia que “el vaciado” de las cuentas tenía como “finalidad no sólo garantizar su disfrute sino también de ocultar y encubrir el dinero obtenido sustrayéndolo de cualquier medida de intervención”. Los afectados insisten en que la cantidad era mayor, que mucha gente no denunció y que otros pagaron en negro y dieron por perdido lo puesto.

Todo se tambalea

Pasaban los años, el dinero entraba pero nunca llegaban las máquinas. Irazabal siempre esgrimía algún problema de última hora, un permiso que se había caído y, sobre todo, culpaba al Ayuntamiento de Gallur de retrasar los trámites. Liz, el exalcalde, empezó a pensar que algo iba mal. Scinet no terminaba de pagar al Ayuntamiento los 951.000 euros acordados por el terreno pero exigía que le dieran la titularidad, a lo que el edil siempre se negó. “En un viaje a Londres con mi mujer me acerqué a la dirección en la que decía que tenía las oficinas pero allí no había nada. Trataba de separarme de los concejales que desconfiaban pero yo estaba como abducido por este señor”, recuerda.

Artículo del Sarasota Herald Tribune
Una noticia del Sarasota Herald de 1994 sobre una condena de Irazabal en EEUU dio la alarma

En 2010, el Ayuntamiento de Gallur rescindió el acuerdo y el castillo de naipes se empezó a venir abajo. La clave fue José I. Córdoba, un ingeniero obstinado que iba a participar en el proyecto pero que se sintió engañado. Córdoba, que había comparecido junto a Irazabal en el salón de actos de Gallur, sentía que tenía una misión: parar la estafa de Irazabal. “Yo no era el más tonto de la clase y me propuse desmontarlo, que no picara más gente porque él no iba a parar”.

Córdoba recuerda que Irazabal era frío. “Un día fuimos a dar los últimos trámites de la planta de Gallur. Era un negocio de casi 50 millones, algo importante. Llegué y le pregunté: ‘¿Cómo estás, Enrique?’. Y se quedó mirándome: ‘Mal. Llevo todo el día dando vueltas a que no recuerdo cuándo fue la última vez que di la mano a mi padre’. Ese era Enrique”.

flechaEl ingeniero que lo desenmascaró

En un trabajo detectivesco, Córdoba rehizo las aventuras de Irazabal. En una búsqueda en internet encontró un pdf del Sarasota Herald Tribune. “Artista del timo condenado a cinco años de prisión”, explicaba la escueta noticia publicada en inglés el 30 de septiembre de 1994. Pese a no hablar inglés, y con la ayuda de un antiguo abogado de Irazabal en Miami, localizó la Administración Nacional de Archivos, en Georgia, y reclamó el sumario. Como ya se estaban organizando los afectados para denunciarlo, juntaron los 2.000 euros que les pidieron para recibir los papeles.

Dos cajas que desmontan todo

En noviembre de 2010, recibieron dos cajas de cartón atestadas de documentos, miles de folios con el pasado de Irazabal. Allí estaba todo. Fotocopias de pasaportes falsos con distintos nombres, documentación de estafas de años anteriores en España, México y EEUU…. Un guión de película diseminado en miles y miles de fotocopias agrupadas en tomos con una cinta roja y el sello dorado oficial de la Administración de EEUU.

Mapa de México y EEUU

1981

México Miami

México Miami

Capítulo 3

razabal comenzó los años 80 viviendo a caballo entre España y México. Un recorte del diario ABC de 1981 resume una visita de trabajo de Leopoldo Calvo Sotelo, entonces presidente del Gobierno, a México. “También andaban por México hombres de empresa del País Vasco, encabezados por don Enrique Irazabal, quien ha declarado a la prensa que España desea constituir en México un grupo de 30 empresas en las ramas de la metalurgia, alimentación, madera y del transporte”.

Es difícil cuadrar las fechas porque las versiones no encajan del todo. En un escrito en EEUU, Irazabal afirma que en 1980 una de sus empresas fue premiada por el Gobierno español como líder exportador y que ya tenía un complejo industrial en México. Añade que en 1983 fue seleccionado “por un importante grupo de empresarios y representantes gubernamentales entre los que estaba Rodrigo Borja, hasta hace poco presidente de Ecuador, para diseñar e implementar el Centro para el Desarrollo Industrial y Tecnológico en seis países latinoamericanos”.

flechaYa salía en los periódicos de 1981
Recortes de ABC
Irazabal comenzó los años 80 viviendo a caballo entre España y México. Un recorte del diario ABC de 1981

Tres décadas después, él mismo usaba para promocionarse un recorte del diario ‘El Universal’ de 1982 en el que un joven Irazabal con gafas de sol asiste a la firma de un acuerdo entre sus empresas y el entonces presidente de México, José López Portillo.

Pero los documentos judiciales de EEUU muestran una realidad bien distinta. Irazabal había tenido antecedentes por estafa en España, México y EEUU en los años 80 y 90 y lo había hecho usando diversas identidades: 26 alias le contó la justicia americana, entre ellos nombres famosos en la época en España como Manuel Fraga o Carmen Romero.

flechaIba jugueteando con una nuez de oro

Una sastrería de San Sebastián lo había denunciado en España por haberse llevado en 1984 ropa valorada en 2,39 millones de pesetas (unos 12.000 euros). “Se presentaba como un industrial con grandes negocios en México. Al principio pagaba los trajes a medida. Iba con una nuez o una peladilla de oro jugueteando en la mano, la tiraba arriba y la recogía. Un día recibió una serie de trajes mientras el chófer le esperaba fuera. Él mismo le ayudó a meterlos en el maletero. Cuando se iba, desde la ventanilla, volvió a encargarle nuevos trajes”, explica Córdoba. No volvieron a verlo. En la sastrería Ramón Hernández, hoy reconvertida en una fábrica textil, nadie afirma recordar el caso.

Recortes
Una sastrería de San Sebastián y el Banco Exterior en Barcelona lo tenían denunciado por estafa ya en los 80

No solo tenía cuentas pendientes con la justicia en San Sebastián, sino que en 1986 dos juzgados de Madrid dictaron orden de búsqueda contra él por fraude. El 15 de febrero de 1988, Antonio Serra Brunet, director de la oficina del Banco Exterior de España en la calle Balmes de Barcelona, acudió a la policía a denunciar a Irazabal, que esta vez se presentaba como el mexicano Josef Guzmán. Este había ido días antes a la sucursal a invertir tres millones de dólares en Barcelona para abrir una fábrica de componentes electrónicos bajo el nombre de Kalos Company.

La documentación de EEUU suponía un guión de película diseminado en miles y miles de fotocopias

Irazabal/Guzman abrió dos cuentas con la promesa de depositar medio millón de dólares en cada una desde el banco Commerce Bank. El dinero procedía de la compañía Goldplan Servicios Financieros Internacional. Irazabal inmediatamente pidió un talonario de cheques y antes de llegar a ingresar ningún dinero solicitó medio millón de pesetas (3.000 euros).

Pero no coló. El banco preguntó a su delegación en Nueva York y respondieron que no conocían ni el Commerce Bank ni la Goldplan. Cuando llamaron a Guzmán por teléfono respondió que iría a Barcelona a arreglar el malentendido y que tenía reserva en el hotel Presidente. Aunque no llegó a sacar dinero del banco, la entidad denunció que le había dado dos talonarios de cheques. La policía acudió al hotel y, efectivamente, Josef Guzman, nacido en Apizaco (México), el 3 de junio de 1946, estaba hospedado allí. Era Irazabal usando otro de sus nombres con el mismo año de su nacimiento.

Después de esos casos se mudó a México. Él esgrimió como detonante de su marcha una carta de ETA fechada en 1984 dirigida a Enrike Irazabal. Lo hizo junto a su esposa, Ángeles Cosio Posada, y sus cuatro hijos. En Ciudad de México también acabó en la cárcel tras una turbia historia no del todo aclarada. Fue detenido en 1985 y condenado a seis años de prisión, según contó años más tarde a Interviú a raíz de otro arresto. Allí dio su versión: que los hermanos Serra Palme, unos empresarios que denunciaban que les había estafado 403.894 dólares, ordenaron su detención y le partieron el brazo izquierdo con malos tratos. Según esa historia, después de nueve meses en prisión, cuando la reina Sofía fue a México para llevar ayuda tras el gran terremoto de México, se interesó por él y fue liberado el 30 de enero de 1986.

flecha¿La reina Sofía lo liberó en México?

Entonces se trasladó a Miami con su familia, y adoptó el nombre de Henry Hughes. “Alquila por 750.000 pesetas mensuales (4.500 euros) una mansión en la zona exclusiva de Coral Gables y gana mucho dinero, según su versión, ejerciendo como consultor”, señala el reportaje de Interviu.

De nuevo la historia que sale de la boca de Irazabal/Hughes y los documentos judiciales dan versiones radicalmente distintas. El servicio secreto de Estados Unidos detuvo a Irazabal y a su esposa en 1991 por un fraude masivo.

La documentación que la justicia americana envió a la justicia española pidiendo ayuda en 1993 resume la acusación. “Los hechos: Enrique Irazabal Serrano y su esposa, María de los Ángeles Cosio Posada, han sido acusados en el distrito sur de la Florida por haber defraudado a más de 200 individuos residentes en México, América Central y Sudamérica. Desde marzo de 1988 hasta más o menos el 4 de octubre de 1991 Irazabal controlaba y manejaba una institución financiera ubicada en los Estados Unidos denominada Incobank. Incobank no es una institución financiera legítima; de hecho, Incobank no posee bienes materiales, instalaciones u otras capacidades de explotación legítimas aparte de la búsqueda de clientes. Irazabal, empleando varios nombres ficticios, se hizo pasar por ejecutivo o socios de varias empresas”.

La justicia de EEUU pidió ayuda a la española

Estados Unidos le contabilizó 26 identidades distintas

Pasaportes falsos
Su detención en Miami reveló el uso de distintos pasaportes falsos

Irazabal ponía publicidad en medios de toda Latinoamérica destinada a empresarios que buscasen financiación: “Inversionistas. Corporación financiera y de inversiones estaría interesada en proyectos de inversión inmobiliaria y turística”. Periódicos de todos los países latinoamericanos reprodujeron el mismo anuncio en el que Intcobank prometía responder en inglés y en español. El anuncio, por ejemplo, apareció en El Nacional de Venezuela el 15 de noviembre de 1988, sobre una convocatoria para “el gran mitin de la victoria con el presidente Carlos Andrés Pérez”.

Buscó inversores con anuncios en prensa de toda Latinoamérica

Cuando algún empresario escribía, él le pedía entre 3.600 y 6.700 dólares como depósito inicial antes de otorgar el préstamo. Después se quedaba esa fianza sin llegar a dar nunca el crédito. Así lograron 1,4 millones de dólares de 200 personas. “En realidad, los fondos de las víctimas fueron utilizados para el tren de vida extravagante de Irazabal y Cosio Posada”, según se lee en la documentación que envió la justicia de EEUU a España.

Para que los que daban el ingreso a cuenta no pudieran localizarlos después, Irazabal usaba un sistema de buscas, faxes, distintas cuentas y códigos postales entre Estados Unidos y España.

En 1991 denunció en Interviú haber sido maltratado por el Servicio Secreto

En la era preinternet, montó su propia red de comunicaciones. En Miami había alquilado tres oficinas distintas que pagaba por adelantado. Estaban a nombre de José Guzman, Joseph Goodman y Manuel Fraga. Las líneas de teléfono figuraban a otros nombres como el de Carmen Romero (la entonces esposa de Felipe González). “En estos emplazamientos, el sistema de los acusados convertía llamadas entrantes y comunicaciones de fax en señales de radio que transmitían hasta la base de operaciones de los acusados”, afirma un informe policial. “Estos lugares alquilados estaban completamente vacíos salvo por los equipos de comunicación”. Además servían como base para recibir correo.

Un empresario de Granada que vio uno de esos anuncios en un viaje a Caracas se puso en contacto para financiar proyectos inmobiliarios en Andalucía. Ramiro Pérez Aguilar recibió la visita de Luis Braun Reichrberger -uno de los alias de Irazabal- en Granada y las empresas le entregaron 82.896 dólares pero Commerce Data Network, una tapadera de Irazabal, no dio después señales de vida. El juzgado de instrucción 1 de Granada abrió una investigación por estafa contra Luis Braun sin saber que buscaba a Irazabal.

La Comunidad Europea replicó con anuncios contra el fraude

El fraude llegó a tal nivel que la delegación de las Comunidades Europeas en Latinoamérica publicó un anuncio en prensa para desmarcarse. “Una ficticia sociedad europea radicada en Bélgica denominada Intcobank ha dirigido correspondencia a varias personas físicas y jurídicas de la región centroamericana, proponiendo créditos preferenciales bajo una fraudulenta vinculación a la Comunidad Económica Europa y al Banco Europeo de Inversiones”. El anuncio advertía de que Intcobank no estaba registrada y que “las autoridades competentes del Reino de Bélgica han iniciado acciones judiciales por fraude contra los directivos de la autodenominada sociedad Intcobank”.

Confesó en 1991, pero luego alegó que lo hizo bajo maltrato

Confesiones
La confesión de Irazabal en el sumario de Miami

Tras su detención, Irazabal confesó en castellano ante agentes del servicio secreto. “El nombre mío es Enrique Irazabal…. Yo estoy en este país ilegalmente. Yo uso los siguientes nombres: Luis Rivera, José Guzman, Carmen Romero, Carlos Suárez…. Yo usé estos nombres para representar las siguientes compañías: Intcobank, Commerce Databank Network, GSFI, Euro Commerce… que son compañías que con engaño le quitaban dinero ilegalmente a los clientes”. El listado de afectados incluye empresarios de Costa Rica, Colombia, Honduras, Argentina...

Llegado el juicio, denunció que todo fue producto del maltrato del servicio secreto, que sufría una persecución y que firmó al dictado porque temía que sus hijos estuvieran secuestrados. Los agentes se incautaron de 256.491 dólares y joyas. “Me dijeron: ‘Sabes que la cárcel te espera así que, ¿por qué nos haces perder más tiempo?’. Les dije que no iba a firmar nada”, declaró Irazabal en la vista. Según él, hubo amenazas de que sus dos hijos menores acabarían bajo custodia del Gobierno y de tanta presión confesó. En un momento, la acusación le preguntó si usaba el apellido Hughes para presentarse como hijo ilegítimo del magnate de Hollywood Howard Hughes, algo que él siempre negó.

En 1994 alcanzó un acuerdo con la fiscalía de EEUU

Al final, el 23 de marzo de 1994, Irazabal alcanzó un acuerdo con la fiscalía de Estados Unidos. Su empeño era dejar fuera a su esposa, que fue condenada a 10 meses de arresto domiciliario, y a sus hijos, que entonces ya estaban estudiando y tenían entre 10 y 20 años. A cambio, él fue condenado a cinco años de cárcel pero arrancaba el compromiso del fiscal del caso de que no pondría pegas a que cumpliera parte de la condena en España.

Se empeñó sin éxito en cumplir condena en España

flechaNo le dejaron cumplir condena en España

Sin embargo, llegado el momento, EEUU se opuso al traslado. Un representante diplomático de España en Washington durante aquella época no ha olvidado el caso. “Irazabal escribía todos los días a la embajada y en un tono insultante. Fuimos al departamento de Justicia para pedir que cumpliera la pena en España pero los americanos nos dijeron que era imposible, que no lo dejarían”, cuenta hoy ya en Madrid.

Interviú lo entrevistó en 1991 para denunciar maltrato

Mapa de España

1996-2000

España

España

Capítulo 4

l 31 de julio de 1996, tras cumplir condena, volvió a Madrid. Su esposa e hijos se quedaron en Miami. En febrero de ese año, el Consejo de Ministros había autorizado a que estos cambiaran de nombre. La esposa pasó a ser Katherine Weyler Goicoechea. Ocho años antes, en 1988, Irazabal abrió una cuenta con el nombre de Katherine Weyler Goicoechea como autorizada con lo que el cambio de nombre le daba el acceso oficial y sin falsificar documentos a ella, según fuentes del caso.

“El real decreto [que autorizó el cambio de nombre] era consecuencia de la tragedia que habíamos sufrido mi familia y yo, en México y EEUU desde 1984 a 1996”, escribió más tarde Irazabal a un juzgado español. Allí enumeraba “los graves y terribles sucesos, delitos e injusticias” que había sufrido y explicaba que el cambio de nombre demostraba que no era un estafador, porque ningún Gobierno lo habría concedido a un delincuente.

Audio: “Vinieron dos años trágicos: policías, estafador…”

“Vinieron dos años trágicos: policías, estafador…”

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Voz: Enrique Irazabal

“Enrique llegó en 1996 de Estados Unidos con una mano delante y otra detrás. Llamó a un amigo al que conocía de los 80, Francisco Escorial, dueño de Almerimar [un gran complejo en Almería], que le dejó un despacho. Allí se cruzón con Antonio Vicario, un empresario hotelero y vicepresidente de la patronal al que encandiló. Le dijo que tenía la forma de acabar con el hambre en el mundo pero que los americanos le habían cortado las alas. Allí empezó a hablar de las miniplantas”, explica una persona que lo trató en esa época y que acabó enfrentado con él.

Durante años, Antonio Vicario, que falleció en 2008, le fue adelantando dinero para su proyecto colosal. Iba vendiendo locales que tenía alquilados por Madrid para dar gasolina al proyecto de Irazabal. Al fin y al cabo, esas miniplantas iban a acabar con el hambre en el mundo. Fue el primero de los inversores que captó.

Irazabal describió cómo en su regreso retomó el proyecto de miniplantas que decía que había empezado a desarrollar en los 80 y que abandonó al ser detenido. “Durante los meses de agosto y noviembre de 1996 recuperé parte de la copia de seguridad que mantenía en España incluyendo los programas, más de 700 sistemas tecnológicos de producción industrial en contenedores móviles, así como el Sistema Operativo del Comercio Mundial (The world trade system)”, que permitía reorganizar todo el transporte mundial de mercancías.

flechaReorganizar el transporte mundial

Tras regresar a Madrid logró que el Consejo de Ministros autorizase el cambio de nombre de su esposa e hijos

Enrique siempre había demostrado tener una personalidad altiva. En unas cartas de 1997 ya dejaba ver el alto concepto que tenía de sí mismo. “Carta a mí mismo. Los errores no vendrán de aquellos más brillantes que tú, vendrán de los pobres y simples de espíritu, de los insectos arañando en los frenéticos nidos del beneficio, de los mansos y pacientes, de los bienaventurados; de los mediocres. Tu desprecio por la mediocridad te ciega dejándote a merced de su gran poder primitivo. A veces, permaneces en el resplandor de tu propio brillo, incapaz de ver en los oscuros rincones y de dilatar tus ojos para apreciar los peligros potenciales de la masa. Te cuesta creer que hombres inferiores, sea cual fuere su número, puedan vencerte”.

Pero 36 de esos “hombres inferiores” se habían agrupado para querellarse contra él por estafa. No era sencillo y abogados a los que consultaron les dijeron que había poco que hacer, que negocios fallidos en esa época había muchos y que al fin y al cabo ellos eran en su mayoría industriales, no analfabetos. Además, todos los contratos firmados remitían a un procedimiento de arbitraje, no a la jurisdicción ordinaria.

En unas cartas de 1997 ya dejaba ver el alto concepto que tenía de sí mismo. “Te cuesta creer que hombres inferiores, sea cual fuere su número, puedan vencerte”
flechaLa operación Queso, ¡qué cachondos!

Al final, algunos siguieron con la acción judicial. Por separado, un juzgado de Zaragoza y otro de Madrid comenzaron a investigarlo. Al final todo se unió en Zaragoza y la policía montó la operación Queso -un juego de palabras con su apellido y el queso idiazabal-. En su declaración ante el juez, en enero de 2012, insistió en que su negocio no estaba descarriado. Declaró “que actualmente no tiene ninguna maquinaria ensambladora en España, sino que tiene en Brasil, Rotterdam y en Singapur”. Añadió “que en España han recibido miles de pedidos de miniplantas y los han servido”. Enrique colaboraba y acudía a sus citas con el juez. En ocasiones respondía a los que le acusaban con extensísimas querellas que, tras hacer imposible la vida a los afectados durante un tiempo, eran archivadas.

El 25 de septiembre de 2012, los agentes irrumpieron con orden judicial en el chalé de Irazabal. Entonces, los denunciantes mostraron al juez los pasaportes falsos que habían conseguido en la documentación de Estados Unidos y el magistrado lo mandó a prisión provisional bajo fianza de 300.000 euros al entender que había riesgo de fuga. Irazabal parecía caído, atrapado por el pasado que le acechaba desde esas cajas de cartón de EEUU, pero solo había tropezado. Desde la cárcel de Soto del Real llamó intentando mantener sus negocios, esta vez con empresarios de Ghana y Mozambique. “No cometamos ningún error. Eso ha sido una puñalada tremenda que me han dado”. Tres semanas después estaba en la calle tras abonar la fianza.

El banco ha pagado la estafa porque no controló el dinero de scinet

En otra ocasión, justo antes de ir a juicio, Irazabal declaró que toda esta causa judicial es una "canallada" y una "infamia" y la investigación está llena de "calumnias", según publicó el Heraldo de Aragón, que siguió los avatares de la nonata planta de Gallur. El juez lo mandó a la cárcel antes del juicio para que no se fugara. Allí pasó un año, hasta que, en septiembre de 2017, la Audiencia de Zaragoza lo condenó a más de seis años y cuatro meses de prisión por estafa, falsedad, blanqueo y le imponía una multa de 2.095.700 euros y le obligó a indemnizar a los afectados con 4,137 millones. Junto a Irazabal fueron condenados algunos de los que trabajaban para él captando clientes. Estaba Elisabeth Mamontoff, una francesa al que algunos de los estafados recuerdan vestida con una túnica, o Elsa Andrés, la responsable de informática y de mantener cuidada la presencia de Scinet en Internet.

En un caso sin muchos precedentes, el tribunal consideró que Barclays había sido negligente y le condenó como responsable civil subsidiario porque no había vigilado el trasiego del dinero y había emitido certificados de solvencia. En 2019, el Supremo rebajó la pena a tres años y medio, de los que le queda más de uno por cumplir. Barclays España pertenece actualmente a Caixabank, que ha ido devolviendo el dinero con intereses a los afectados.

Los pasaportes falsos de EEUU fueron clave para que entrar un tiempo en prisión provisional

El plazo para ingresar en prisión cumplió el 19 de septiembre, pero Irazabal sigue en la calle alargando el proceso. Envió un escrito al juzgado alegando que padece alzheimer, ha cambiado de abogado, pedido el indulto, recusado a toda la sección de la Audiencia de Zaragoza y querellado contra todos los jueces por su “justicia errática y arbitraria” y sus “fallos ostensiblemente irregulares y arbitrarios”. La querella no ha sido ni admitida pero ha comprado tiempo porque ahora tiene posibilidad de plantear un último recurso.

Mientras él pasea por Madrid, entra y sale de su casa y las cámaras en la puerta del domicilio le avisan de cuando se acerca alguien. A veces se asoma con una cámara de fotos con teleobjetivo a buscar curiosos que puedan estar husmeando. El chalé está hipotecado varias veces y pendiente de un proceso entre varios acreedores porque desde la cárcel la vendió sin tener en cuenta que tenía un embargo. Mientras se dirime, él conserva la posesión.

flechaAcusa a los jueces de 'erráticos y arbitrarios'

Irazabal sigue siendo un electrón libre con reglas propias. En uno de sus escritos comparó a las personas con la oruga procesionaria: gregarias, incapaces de tener iniciativa. “En la actualidad, la marioneta procesionaria se ha impuesto como fuerza social dinámica. Se le denomina el hombre de la calle, la mayoría silenciosa, hombre masa, hombre medio o consumidor”, alguien “despojado de su imaginación, su creatividad, su herencia, sus sueños y su singularidad personal”. “Reglas, reglamentos, leyes y estatutos controlan al individuo e invaden cada vez más aspectos de su vida. [...] Se valora la competencia en términos de no infringir las reglas. De cumplir el horario. De no entrometerse. De no tomar riesgos. Ni iniciativas”. Él es todo lo contrario. En un mundo de orugas, Irazabal es una avispa.

Si tiene más información: rmendez@elconfidencial.com

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