Arrimadas marca su hoja de ruta lejos de Rivera: vuelta al centro sin veto a Sánchez
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DIFERENCIAS EN FONDO Y FORMAS

Arrimadas marca su hoja de ruta lejos de Rivera: vuelta al centro sin veto a Sánchez

El bastón de mando interino de Arrimadas coincide con una estrategia que tiene poco que ver con la de los últimos meses de Rivera. Las diferencias son enormes en las formas y en el fondo

placeholder Foto: El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y la portavoz de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados. (EFE)
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y la portavoz de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados. (EFE)

Solo cinco días después de que se cumpliera un mes de la dimisión de Albert Rivera, la portavoz parlamentaria de Ciudadanos, Inés Arrimadas, ejerció como verdadera líder del partido reuniéndose con el presidente en funciones en el Congreso. Pedro Sánchez se citó con ella y con Pablo Casado este lunes en el marco de los contactos iniciados de cara a su futura investidura. La aspirante a dirigir el partido naranja dejó clara su postura: en ningún caso prestará sus escaños para permitir un Gobierno de socialistas y Unidas Podemos, pero insistió en que otra vía es posible. El camino de "los 221 escaños", que tantos llaman hoy la 'vía Arrimadas' y que se refiere a un entendimiento PSOE-PP-Ciudadanos.

Arrimadas insiste en el pacto entre constitucionalistas para evitar un "Gobierno del insomnio"

El desastre electoral del 10 de noviembre (el partido naranja tiene hoy 10 escaños y es la sexta fuerza en el Parlamento) y el pretendido nuevo liderazgo de Arrimadas (que, con seguridad, se confirmará en la asamblea general que el partido celebra en marzo) han coincidido con una nueva estrategia, una hoja de ruta que tiene poco que ver con la de los últimos meses de Rivera. Las diferencias son notables en las formas y en el fondo. También los objetivos.

Ciudadanos busca ahora reconstruirse como opción política tras la recuperación del PP y el auge de Vox, y sabe que esa tarea pasa necesariamente por recuperar la posición del centro. La portavoz, igual que sus dirigentes más cercanos, es consciente de que tienen que visualizar una alternativa útil que evite a Unidas Podemos y a los independentistas hacerse con la llave del Gobierno central. Ser una fuerza capaz de "unir al constitucionalismo" a pesar de su escaso peso parlamentario porque, sin el 'pegamento naranja', populares y socialistas no podrán entenderse. Las formas también son importantes. En la fase de autocrítica, que no se ha hecho especialmente pública, hay mucho de eso. "Al final, dimos la sensación de un partido antipático que no se reunía con el presidente, que no escuchaba, que no se movía...", repiten con resignación en el cuartel general naranja.

Foto: La portavoz parlamentaria de Ciudadanos, Inés Arrimadas. (EFE)

Ahora sí hay reuniones con Sánchez

Es probablemente el cambio más evidente. Rivera se reunió con Sánchez por última vez el 11 de junio en el marco de la ronda de consultas abierta por el candidato socialista tras las generales de abril y las autonómicas y municipales de mayo. Entonces sí hubo un encuentro en el Congreso. Duró apenas 40 minutos (la reunión de este lunes con Arrimadas superó la hora de duración) y sirvió únicamente para que Rivera dejara claro que su posición era inamovible. Un no rotundo sin más alternativa. No volvió a verse con Sánchez.

Dos semanas después, el 25 de junio, saltaba la noticia de que el socialista había pedido un nuevo encuentro unos días antes en Moncloa. Rivera lo había rechazado. A la semana siguiente, el 2 de julio, y ya con la fecha del debate de investidura encima de la mesa para el día 22, el exlíder naranja volvió a declinar la misma oferta. No tenía nada que hablar con él, insistían desde su entorno. "Sánchez no debe perder más el tiempo. Que deje de marear la perdiz y se reúna con sus socios para formar Gobierno", insistía.

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La portavoz de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados, Inés Arrimadas. (EFE)

A los pocos días de que Arrimadas tomara —aunque de forma interina— el bastón de mando como presidenta y portavoz del grupo parlamentario, su primera decisión fue pedir a Sánchez una reunión a tres en la que estuviera también Casado. Aunque iba en línea con la demanda de Rivera sobre un acuerdo constitucionalista cuando supo que habría repetición electoral, el cambio resulta más que evidente. La dirigente lo repitió una y otra vez en cada intervención, inaugurando el nombre de los '221 escaños'. "PSOE, PP y Ciudadanos sumamos juntos esa mayoría que estoy convencida de que es lo que quiere la inmensa parte de los españoles". A los pocos días, oficializó su propuesta con una carta dirigida a Sánchez. Aunque tardó dos semanas en responder, el presidente finalmente puso fecha y hora a esa reunión.

La "obligación moral" de llegar a un acuerdo

Más allá de las formas, la nueva hoja de ruta tiene evidencias en los mensajes. A pesar de que Arrimadas ha ido defendiendo con vehemencia el acuerdo alternativo —"no me puedo quedar tranquila sin decir que la alternativa existe"—, este lunes elevó el tono y la exigencia tras su encuentro con el socialista. Tuvo varias afirmaciones llamativas. "Como no quiero un Gobierno del insomnio, hago una propuesta constitucionalista. Tenemos la obligación moral de intentar buscar un acuerdo", llegó a decir en su defensa de que Sánchez aparque el acuerdo con Unidas Podemos para sentarse a negociar con PP y Ciudadanos.

Foto: Adriana Lastra, durante su rueda de prensa en el Congreso, este 16 de diciembre. (EFE)

No solo eso. Arrimadas dejó claro que no cejará en su empeño mientras ese Gobierno de socialistas y morados no se consume. "Si el acuerdo Frankenstein fracasa, porque aún no lo tiene cerrado, hay una oportunidad", aseguró, advirtiendo de que no parará de insistir mientras exista una sola posibilidad. El empeño por intentar alcanzar ese acuerdo chocaba frontalmente con la postura mantenida por Rivera en el mes de junio, dos meses después de las elecciones generales que dieron a Ciudadanos 57 escaños.

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Entonces, el líder de Ciudadanos no salía de un mismo argumento: "Ciudadanos no puede formar Gobierno y asumimos que los españoles nos han mandado a la oposición". Ahora, con solo 10 escaños y claramente en la oposición siendo sexta fuerza, Arrimadas recupera un lenguaje posibilista que en los últimos meses no existió.

Con este "plan" no, con Sánchez puede ser

El "plan de Sánchez" y su "banda" fue uno de los titulares que dejó el debate de investidura de julio. Rivera elevaba el tono firmando uno de sus discursos más duros desde la tribuna. A pesar de que Arrimadas ha repetido alguno de estos términos —"Si Sánchez sigue empeñado en esos socios y esa sopa de letras de Podemos, Más País, Compromís, BNG y los independentistas, toda España sabrá que este es el plan que siempre tuvo y que teníamos razón", decía la semana pasada en una entrevista en televisión—, el tono ha cambiado por completo. Y lo más importante: Arrimadas asume con naturalidad que Sánchez no es ahora el problema, sino los socios elegidos.

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Pedro Sánchez y Pablo Casado, reunidos este lunes en el Congreso. (Reuters)

De ahí el empeño por seguir escenificando esa alternativa y pedir una reunión a tres con Sánchez, Casado y la portavoz naranja. Arrimadas sabe que su apuesta es casi imposible, pero también es consciente de que unas terceras elecciones no son viables. Si el pacto con Unidas Podemos y el consentimiento de ERC naufraga, Cs habrá señalado un camino, el único posible si quedara agotada la vía de la izquierda. La portavoz asume y no pone en duda que Sánchez sería investido, dejando a un lado aquella frase de "Sánchez es un peligro para España", y centrando el discurso en que lo que hay que evitar es que "populistas y nacionalistas" —los socios del "plan"— tengan en sus manos el futuro del país.

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