Discusión interna sobre la Mesa del Congreso

Casado desconcierta al PP al abrir el debate después de 30 años de ordeno y mando

Casado presume de haber introducido en la dirección del Partido Popular un nuevo estilo donde cabe el debate interno, y hasta la discrepancia, como signo de liberalismo

Foto: Pablo Casado, al recoger su acta de diputado en el Congreso. (EFE)
Pablo Casado, al recoger su acta de diputado en el Congreso. (EFE)
Adelantado en

Pablo Casado presume de haber introducido en la dirección del Partido Popular un nuevo estilo donde cabe el debate interno, y hasta la discrepancia, como signo añadido de un liberalismo ajeno a los demás partidos que también es una novedad en la historia de su formación. La respuesta al intento de Pedro Sánchez de formar Gobierno con Pablo Iglesias y los independentistas catalanes más el PNV y las negociaciones para formar la nueva Mesa del Congreso son los dos asuntos que evidencian la diversidad de criterio previo en el PP a falta de que su presidente diga la última palabra. Los parlamentarios veteranos hablan del desconcierto propio y de las bases después de casi 30 años de trabajar con la fórmula contraria: la del silencio general hasta que el presidente de turno, José María Aznar primero y Mariano Rajoy después, marcaba la unidad de mensaje.

"Rajoy preguntaba y consultaba mucho, no contaba nada y luego decidía por su cuenta", recuerdan en medios del PP sobre el proceder de su antiguo jefe de filas. También admiten que, mientras tanto, convenía guardar silencio "para no meter la pata" y aunque no hubiera instrucciones sobre ello. Rajoy tomaba nota.

Casado también pide opiniones y consejo a su alrededor, incluso fuera de su círculo de íntimos y hasta a los pocos representantes de la anterior etapa que quedan en primera fila. La diferencia es que escucha y discute abiertamente con el interpelado en privado y asegura que tampoco le incomoda que haya 'versos libres' en su partido, alguno directamente fichado para ello, como es el caso de Cayetana Álvarez de Toledo.

El primero entre los barones autonómicos populares, Alberto Núñez Feijóo; la portavoz en el Congreso, Álvarez de Toledo, y el secretario general, Teodoro García Egea, han avanzado en los últimos días opiniones discrepantes y hasta encontradas sobre el papel del PP ante una próxima investidura de Sánchez. El presidente de la Xunta de Galicia se destacó en la propuesta del Gobierno de unidad constitucionalista con el PSOE, la delegada de Casado en el Parlamento, en denunciar la traición de los socialistas al marco constitucional y el número dos del partido, en pedir la renuncia del aspirante a seguir en la Moncloa.

Fuentes de la dirección niegan que se pueda hablar de enfrentamiento interno ante la decisión que pueda tener que tomar el partido para evitar unas terceras elecciones si al final los independentistas no quedan satisfechos con las cesiones de Sánchez. Es más, insinúan que Casado quiere ese debate, que demuestra una diversidad de opiniones y de libertad de expresión como señal de los nuevos aires que trae al partido.

Después de las elecciones del 10-N, el presidente del PP sí pidió a sus principales dirigentes que se abstuvieran de hablar en público del asunto hasta que se debatiera en la reunión del comité ejecutivo del martes 12. A Álvarez de Toledo le pilló la noticia del abrazo entre Sánchez e Iglesias cuando defendía ante la dirección del partido la conveniencia de ofrecer al socialista alguna salida que le impidiera justificar su 'modelo Frankenstein' de gabinete.

El preacuerdo entre el autoproclamado candidato y el jefe de Podemos segó el debate en el PP en el mismo instante en que iba a brotar

El preacuerdo entre el autoproclamado candidato y el jefe de Podemos segó el debate en el PP en el mismo instante en que iba a brotar. Y si esa semana ningún dirigente popular se atrevió ya a hablar de la abstención 'patriótica' ante un posible Gobierno 'social-comunista' o de 'Frente Popular', como lo llaman en la sede de Génova, a la siguiente el anuncio de las conversaciones con ERC cerró cualquier vía discusión.

Las presiones para que Casado frenara a Sánchez siguen desde fuera sin que dentro del partido alcancen a entender su responsabilidad, y menos su margen de maniobra visto el plan del socialista. Como ha explicado varias veces el sucesor de Mariano Rajoy, el inquilino de la Moncloa ni le devolvió su llamada del 10-N y su partido no puede abstenerse para que Sánchez gobierne después con Iglesias y el visto bueno de Oriol Junqueras. "Entonces el traidor, y a España, sería el PP", repiten en el principal partido de la oposición, convencidos además de que Sánchez se saltaría cualquier acuerdo o condición que le pudieran poner a cambio de facilitar su investidura.

El episodio de la formación de la Mesa del Congreso también refleja una disparidad de criterios en el PP, esta vez internos, que Casado no quiere zanjar hasta el último minuto, en concreto hasta las votaciones de este martes para elegir a sus miembros. En el grupo parlamentario, prevalece el criterio de que toca volver a pactar con quien sea con tal de obtener el mayor número de puestos posible, "como se ha hecho siempre", mientras que en Génova insisten en 'cuidar' a Ciudadanos y en no chocar con Vox.

El PSOE ha cerrado toda vía de entendimiento para un pacto global que respete el criterio de proporcionalidad entre los grupos. Según fuentes de la oposición, los socialistas solo parecen interesados en su operación antiVox para dar protagonismo a Santiago Abascal, en la que saben que el PP no puede participar. "Así —dicen en los mismos medios— podrán culpar al PP de que 'la extrema derecha' entre en el órgano de gobierno de la Cámara Baja como si no tuvieran 52 escaños y fueran los terceros en el Congreso". Esta vez, Casado se reserva una última baza personal antes de imponer su criterio en el PP, como es la relación con Abascal.

España

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
22 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios