Crónica negra

Jefa de recursos humanos, simuladora de orgías y asesina. La vida lunática de Angie

Mató a una amiga (y exempleada) para cobrar el seguro. Un juzgado canario planea reabrir el misterioso suicidio de su marido 11 años antes. Angie, del elevado tren de vida al asesinato

Foto: Angie, segunda a la izquierda, con Juan Antonio (i) y unos amigos
Angie, segunda a la izquierda, con Juan Antonio (i) y unos amigos
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Ana Páez, diseñadora de moda de 35 años, apareció muerta en un piso turístico en Barcelona el 19 de febrero de 2008. Desnuda y con una bolsa de plástico en la cabeza. La autopsia halló restos de semen de dos hombres en su cuerpo. De dos gigolós. ¿De qué murió Ana Páez? a) Crimen sexual. b) Juego sádico que se le fue de las manos. c) Las apariencias engañan.

Nadie podía relacionar entonces la muerte de Ana Páez con un suceso ocurrido 11 años antes en Maspalomas (Gran Canaria). El 22 de noviembre de 1996, apareció muerto el empresario argentino Juan Antonio Álvarez, dueño de varias discotecas. Se quedó seco en la cama de su chalet tras jugar un partido de pádel. ¿Causa de la muerte? Versión oficial: Suicidio. Se envenenó con detergente/fosfato. Versión alternativa: Fue asesinado por la misma persona que liquidó a Ana Páez (esta versión intenta abrirse ahora paso en los tribunales 23 años después).

Angie durante el juicio. (EFE)
Angie durante el juicio. (EFE)

A Ana Páez la mató María Ángeles Molina, Angie para los amigos (y para los anales de la crónica negra en España). Ana y Angie se conocieron trabajando en una empresa textil catalana. Angie era la jefa de recursos humanos. Se supone que eran amigas, pero Angie utilizó la documentación de Ana para suplantar su identidad. Abrió cuentas de banco, pidió préstamos y contrató varios seguros de vida a nombre de Ana. Un día quedó con ella para cenar, la llevó a un piso, la asfixió y le inyectó el semen de dos gigolos —que había comprado en un club— para que la muerte pareciera el resultado de una orgía descontrolada.

Los Mossos acabaron pescando a Angie. Juzgada y condenada a 18 años de cárcel, cumple pena en la prisión de Can Brians.

Caso abierto

Pero volvamos a Maspalomas en 1996. O cómo un caso cerrado —el supuesto suicidio de Juan Antonio Álvarez en 1996— se activa de rebote. Al fin y al cabo, Angie era su esposa...

A la muerte de su marido, Angie se llevó cuarenta millones de pesetas (herencia y venta de acciones y propiedades), aunque pudo ser más. No logró cobrar el seguro de vida al tratarse de un suicidio, aunque lo intentó... Sugirió a la policía que Juan Antonio, bien había ingerido el fosfato por error (al confundirlo con sal de frutas), bien había sido asesinado tras un atraco. Angie aseguró, por ejemplo, que la cartera de su marido había desparecido. ¿Robo? La cartera —con la documentación y las tarjetas de Juan Antonio— fue encontrada 11 años después... en la casa barcelonesa de Angie (tras su detención).

Félix Ríos, criminólogo de la asociación Laxshmi, investigó la muerte de Juan Antonio Álvarez a instancias de la familia. Acumuló los suficientes indicios como para que la policía volviera sobre el asunto y un juzgado reabriera (2016) y cerrara el caso (2018). La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Las Palmas de Gran Canaria estudia ahora de nuevo si llevar a Angie a juicio. "La policía inició una investigación a raíz de nuestros informes forenses. Concluyeron lo mismo que nosotros y, además, encontraron otros elementos extra de sospecha", cuenta Félix Ríos, cuya asociación ejerce de acusación popular.

Vergüenza de clase

¿Cómo cayó Angie en la espiral criminal? La respuesta fácil (e incompleta) sería: por dinero. Le gustaba llevar un alto tren de vida. Suena a tópico, pero es así. Presumía de coches caros. Conducía un Hummer por Barcelona cuando nadie había visto nunca semejante tanque en España. Cambiaba de Porsche cada dos por tres. Gastaba mucho en ropa de lujo y bolsos de Louis Vuitton. Ahora bien: ¿A qué venía ese gusto con la opulencia?

En 'Desmontando el crimen perfecto', libro reciente sobre el caso de la periodista Mayka Navarro, varias personas del círculo íntimo de Angie hablan sobre su obsesión por ocultar sus orígenes proletarios. Hasta el punto de generar situaciones absurdas.

"Cuando murió la madre de Angie, yo estaba bajando en coche con mi familia a Zaragoza para asistir al entierro. A medio camino me telefoneó para decirme que se había equivocado con la hora y que la ceremonia había sido a las nueve y no a las once como me había dicho. Evidentemente, cuando llegamos el funeral se había terminado y allí no quedaba nadie, solo ella. Angie nos llevó a casa de una familia en Zaragoza, que me presentó como sus tíos y sus primos. Pero ¿quiere que le diga una cosa? Ahora tampoco tengo muy claro si realmente aquellas personas eran miembros de su familia... Cuando su madre estuvo de visita en su casa de Barcelona la escondía cuando venía gente, como si se avergonzara de ella", cuenta una expareja de Angie en el libro.

"Angie decía venir de un familia muy adinerada, con títulos nobiliarios y tierras con frutales por algún sitio de España. Mi hermano no tardó mucho en comprobar que todo aquello no eran más que mentiras. La relación avanzaba y Juan Antonio quiso conocer a los padres de Angie. Eran dos personas humildes. Creo que el papá era taxista y la mamá una señora de su casa. Mi hermano se enfadó y tuvieron la que debió de ser su primera crisis", recuerda la hermana del exmarido de Angie.

Preguntado por el perfil criminológico de Angie, Ríos ahonda en dos puntos: frialdad y camuflaje de clase:

1) "Es una persona fría y calculadora, que utiliza a los seres cercanos en su máximo provecho de manera premeditada y meticulosa, que planifica cada paso con meses de antelación, que se documenta antes de mover ficha, y que una vez puesta en marcha, tras tomar una decisión determinante, es implacable".

Tiene una necesidad enfermiza de poseer cosas materiales que la hagan aparentar nobleza y estatus

2) Tiene un "complejo abrumador por la carencia de una posición social acomodada, negando su origen humilde… Fantasea sobre su origen, aludiéndose un pedigrí familiar del que carece, y sobre todo se caracteriza por una necesidad irrefrenable y enfermiza de poseer cosas materiales que la hagan aparentar nobleza y estatus social".

3) "El descontrol en la opulencia la hace meterse en situaciones rocambolescas, que van creciendo como una bola de nieve, donde no hay marcha atrás y el desencadenante criminal es la única alternativa viable para ella. Matar, o dejar de ser quien quiere aparentar ser, por el terror de encontrarse a sí misma", añade Ríos.

El atestado policial

El atestado policial, enviado al juzgado en 2017, apuntaba directamente a la culpabilidad de Angie. He aquí algunos de los indicios de la Brigada Local Policial Judicial de la comisaría de Maspalomas:

"Juan tenía conocimiento de que María Ángeles le era infiel y ejercía la prostitución, para ello contrató un detective que habría obtenido fotografías que guardaba en la caja fuerte. Por tal motivo Juan amenaza con dejar a María Ángeles e intentar conseguir la custodia de su hija en común".

"En la casa no se localiza el envase del tóxico ni otro indicio que indique que se trata de un suicido… [Angie] mantenía una relación… mientras vivía aún con Juan… con un ingeniero químico, pudiendo este asesorarla o incluso facilitarle el tóxico que utilizó para acabar con la vida de Juan".

"Los días previos al fallecimiento de Juan, María Ángeles [Angie, que estaba de viaje en Barcelona] llamaba a la casa y hablaba con la empleada de la limpieza para preguntar por el estado de Juan, llamadas que en viajes anteriores nunca se habían producido y por ese motivo le resultaba extraño a la empleada del hogar, y una vez María Ángeles se enteraba de que su marido se encontraba bien, alargaba la fecha de regreso… En 2008 asesinó a una compañera de trabajo en Barcelona e intentó fijar como coartada que se encontraba de viaje para ir a recoger las cenizas de su madre, coartada similar al caso que nos ocupa".

Ilustración del dibujante forense de Félix Ríos que reconstruye su teoría del crimen
Ilustración del dibujante forense de Félix Ríos que reconstruye su teoría del crimen


"María Ángeles declara casi un año después, porque no sabe si el seguro cubre los casos de suicidio, que su marido no se quitó la vida y que la posible causa de la muerte fue un accidente por consumo de Calgón".

"Era una persona fría, distante y a la que le gustaba mucho el dinero, y tras la muerte de su marido no se le vio afectada".

"A su amiga Lidia le dice que su marido murió de enfisema pulmonar agudo debido posiblemente a un sobresfuerzo por un partido de pádel. Y a su amiga Patricia… le dice 'me lo he cargado' y tras volver a preguntarle, cambia su tono de voz y dice 'me lo he cargado… ya sabes, mis gastos, mis disgustos' con risa sarcástica".

"Era una persona ambiciosa, que le gustaba mucho tener dinero y alardear de él, así como llevar una vida de alto poder adquisitivo, hecho que motivaba la mayoría de las discusiones entre ella y su exmarido, según las declaraciones del entorno de la pareja", concluye el atestado policial.

Segundo dibujo con la posible reconstrucción del crimen
Segundo dibujo con la posible reconstrucción del crimen

Colofón inquietante

He aquí el posible método del hipotético asesinato: Juan Antonio tomaba siempre un Pharmaton Complex —en tableta o cápsula— cada vez que volvía de hacer deporte. Angie pudo haber introducido el 'veneno' en una de las cápsulas e irse luego de viaje a esperar acontecimientos.

¿Mató Angie a su marido? "Eso lo determinará la justicia. Nosotros, la familia de Ana Páez y la de Juan, y creo que la policía, lo tenemos claro", afirma Félix Ríos.

Como colofón negro al artículo, un extracto del libro de Mayka Navarro que sintetiza el comportamiento gélido de Angie:

"Las dos mujeres cenaron. La asesina durmió a su víctima y modificó la escena. Tumbó a Ana en el sofá y la desnudó sin desprenderla de sus joyas. Colocó semen de los dos gigolós en la boca y en la vagina, por separado, y le ató una bolsa de plástico en la cabeza, bolsa que selló con cinta aislante para provocar que la joven muriera por asfixia. Limpió el apartamento y se llevó la ropa de Ana. Ajena al dolor, sin remordimientos, y actuando una vez más como otros asesinos, acudió al entierro de su víctima".

El pésame del terror.

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