conversación con una persona sin hogar

Elena: "Ninguno tiene plan de viabilidad. Es como si les dieran un guion, lo leen y ya está"

Las cifras retratan que los excluidos no votan, pero se rebela. “La política nos tiene que interesar, es una obligación, porque de ella dependen un montón de cosas”

Foto: Elena, durante la entrevista. (Jorge Álvaro Manzano)
Elena, durante la entrevista. (Jorge Álvaro Manzano)

En contraposición a las entrevistas 'Basado en hechos no reales' de la misma autora, todas estas conversaciones sí han tenido lugar. Los personajes escogidos son protagonistas, voluntaria o involuntariamente, de esta campaña electoral: gente de la calle que, al final, sufrirán o gozarán de lo votado.

“Como cabalgar un tigre”. Así resume Elena su estancia de tres años en prisión. Acaba de salir hace un mes, no tiene casa ni trabajo, tampoco una familia a la que acogerse. O sí, porque los residentes del centro de Cáritas donde se celebra la entrevista lo son. “Necesito un empleo y reincorporarme a mi vida social, si no fuera por ellos, no sé qué habría sido de mí”, explica.

Foto: Jorge Álvaro Manzano.
Foto: Jorge Álvaro Manzano.

Es puro nervio, tiene 53 años, las manos frías y un miedo que plantea desde el principio, el de salir en la foto. “No quiero que me perjudique en mi futuro laboral”, insiste. Pide perdón al fotógrafo. Al acabar, le pedirá que le enseñe las imágenes. “Es que me he arreglado para veros”, comenta. La charla estará repleta de intentos por parte de la entrevistada de dominar su flequillo.

Elena tumba los estereotipos y los prejuicios al contar su historia. Tiene una madre con alzhéimer a la que ha ido a ver durante los permisos. Tenía trabajo como auxiliar de enfermería en un hospital de Madrid. También una pareja de la que se acabó separando. Y ahí, cuenta, empezaron los problemas. Asumió unas deudas que no podía pagar y un riesgo que acabó con sus huesos en la cárcel. “Conste que todo esto que ha pasado es por mi culpa”, dice.

Elena, durante la entrevista. (Jorge Álvaro Manzano)
Elena, durante la entrevista. (Jorge Álvaro Manzano)

Ha pedido ayuda a algunos miembros de su familia, con la que reconoce que nunca ha tenido mucha relación, y se la han negado. “Me he sentido como una lacra”, protesta algo enfadada. Está como loca por empezar de nuevo a vivir. Pero para eso todavía queda, teme. Porque faltan cosas.

Falta que los candidatos que se presentan a las elecciones de este domingo se tomen en serio las políticas de vivienda. “Necesitamos vivienda social, alquiler social… ¿Qué pasa con esa cantidad de pisos que se quedaron los bancos con la crisis del ladrillo?”, afirma. Sin esto, personas como ella se ven abocadas a la exclusión. “Nadie nos pregunta, a nadie le interesamos, y somos muchos”, protesta.

Huele a guiso caliente en el comedor de Cáritas cercano al metro Laguna, próximo a la Casa de Campo. Decenas de personas, con rostro de cansancio, deambulan por los pasillos. Algunos piden un teléfono móvil, el tutor les pide paciencia. Elena coge en sus manos un café caliente. Las cifras retratan que los excluidos no votan, pero se rebela. “La política nos tiene que interesar, es una obligación, porque de ella dependen un montón de cosas”, insiste.

Elena, durante la entrevista. (Jorge Álvaro Manzano)
Elena, durante la entrevista. (Jorge Álvaro Manzano)

Pero claro, el plantel que se presenta le produce hastío. “Ninguno tiene un plan de viabilidad. Es como si les dieran un guion, se lo leen y ya está. A mí me basta con escuchar a la gente en el metro para saber que muchos no están bien, y que a muchos nos preocupa lo mismo: la vivienda, los salarios, la comida. ¡Escuchen al pueblo!”, protesta.

“Siempre he votado y volveré a hacerlo”, dice. Pero aún no sabe a quién. ¿Izquierda, derecha o centro? “No sé muy bien, pero los dictadores no me gustan, eso lo tengo claro”, cuenta. Y vuelve a protestar por las opciones que se presentan el 10-N: “A veces tengo la sensación de que esto es un circo, pero soy peleona, sé que saldré adelante. Aunque también sé que para eso necesito una vivienda y un trabajo dignos. Y me pregunto, ¿esos de ahí son políticos o marionetas?”.

"A veces tengo la sensación de que esto es un circo, pero soy peleona, sé que saldré adelante. Aunque para eso necesito una vivienda y un trabajo dignos"

—Alguno habrá que te decepcione menos…

—Sí, claro. Izquierda Unida.

El café, como las manos, se le ha quedado frío.

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