Conversaciones probables con un sacerdote

Vicente Martín: "Cuanto más tarda un país en abrir un puerto seguro, menos digno es"

Este extremeño lleva 25 años ejerciendo de sacerdote reconoce que gusta la política, pero no tanto la que vemos hoy, reducida "a los partidos y a los profesionales"

Foto: Vicente Martín. (José Álvaro Manzano)
Vicente Martín. (José Álvaro Manzano)

En contraposición a las entrevistas "Basado en hechos no reales" de la misma autora, todas estas conversaciones sí han tenido lugar. Los personajes escogidos son protagonistas, voluntaria o involuntariamente, de esta campaña electoral: gente de la calle que, al final, sufrirán o gozarán de lo votado.

Vicente Martín Muñoz tiene 50 años y lleva la mitad ejerciendo como sacerdote. Un puñado de ellos los pasó en el barrio de Los Colorines, en Badajoz, uno de los afectados (si no el que más) por la pobreza. “Es un barrio muy estigmatizado, en el que es muy difícil tener acceso a un empleo. A los niños, por ser de allí, ya se les considera semidelincuentes. Cuando me destinaron me dijeron: ¡Qué le habrás hecho al obispo!”, explica con una media sonrisa. De esa etapa aprendió muchas cosas, sobre todo a asumir la propia vulnerabilidad y que “los más frágiles son capaces de recomponerse”.

Habla bajito pero rotundo, vocalizando despacio y con un inconfundible acento extremeño, región en la que, además de ejercer, también nació. Lleva unos meses en Madrid, mezclando su trabajo en una parroquia madrileña con el de delegado episcopal de Cáritas. A ratos esto parece una entrevista, a ratos un mitin del que renegarían muy pocos.

Martín lleva unos meses en Madrid, mezclando su trabajo en una parroquia madrileña.
Martín lleva unos meses en Madrid, mezclando su trabajo en una parroquia madrileña.

Le gusta la política, pero no tanto la que vemos hoy, reducida “a los partidos y a los profesionales”. Es un espectáculo, afirma, también puro escaparate, con programas electorales diseñados en función de los sondeos. Y debería (insistirá en ello en varias ocasiones posteriores) “ponerse a la persona en el centro y desde ahí diseñarse medidas, programas y en definitiva la política”.

Vicente sostiene en las manos un puñado de papeles. En ellos tiene apuntadas frases y datos, como ése que dice que el 75% de los pobres y víctimas de la exclusión social no votan. “Por eso no se les tiene en cuenta”, dice con algo de resignación. La política debería estar al servicio de la justicia, comenta, y no de los grandes grupos económicos.

Se nos ha olvidado que el Estado del Bienestar nació de una decisión moral

No da nombres ni siglas, pero se le entiende todo. “Cuanto más tarda un país en abrir un puerto seguro, menos digno es. Cuanto menos se ocupa de los desahucios, menos digno es. Se nos ha olvidado que el Estado del Bienestar nació de una decisión moral”, cuenta. Y al hacerlo eleva el tono, y se remueve en el sillón envejecido en el que está sentado. Le preocupa la feminización y la mercantilización de los cuidados. “Antes cuatro abuelos cuidaban a un nieto, pero hoy será ese nieto el que tenga que cuidar de los abuelos”, señala. Y habla de la tribu, tan necesaria para educar y salir adelante. Se ríe al recordar el revuelo organizado cuando dijo algo parecido Anna Gabriel, ex dirigente de la CUP.

“A la ciudadanía le falta formación sociopolítica. Nos movilizamos por tonterías, en vez de por la indecencia del mercado laboral. El trabajo hoy no garantiza la dignidad de la persona”, explica.

Su discurso se parece bastante al de formaciones políticas que parecen en las antípodas de la religión católica que profesa. Hace una mueca, como si se esperara el comentario, como si se lo hubieran dicho muchas veces: “Cualquiera compraría la doctrina social de la Iglesia, pero ningún partido puede apropiarse de ella. Y ahí se dice que una misma fe puede conducir a diferentes opciones políticas”.

Y tras lo formal, tras lo correcto, el dardo. Le preocupa el miedo que va calando en la sociedad, como peligrosa lluvia fina, a lo extraño, al extranjero, “por culpa de la narrativa tóxica de los movimientos populistas y de los medios de comunicación”. Tira de chuleta. Afirma que solo el 4% de la población presa es inmigrante, y que son ellos, los que vienen de fuera, los que aportan el 10% de la Seguridad Social.

Solo ha faltado una vez a su cita con las urnas por culpa de un viaje. Votará este 10 de noviembre.
Solo ha faltado una vez a su cita con las urnas por culpa de un viaje. Votará este 10 de noviembre.

Solo ha faltado una vez a su cita con las urnas por culpa de un viaje. Votará el 10 de noviembre, aunque entiende la desafección de la gente por la política, a la que sigue considerando, a pesar de todo “un noble arte”. Ojalá, como los vecinos de Los Colorines, los políticos sean alguna vez capaces de recomponerla.

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