PASIÓN POR LAS INHUMACIONES

Hay un cadáver famoso muy cerca de ti: la guía definitiva del necroturismo en España

Además de cientos de españoles ilustres, tenemos también las tumbas de extranjeros ilustres como Walter Benjamin o dictadores como Ante Pavelic o Fulgencio Batista repartidas por todo el país

Foto: Uno de los visitantes estos días en la Almudena. (Marta Silvera)
Uno de los visitantes estos días en la Almudena. (Marta Silvera)

Hay vida más allá del cementerio de Mingorrubio. E incluso muertos.

Noviembre es la temporada alta de los camposantos españoles. No solamente por las visitas de familiares para renovar las flores o disponer de un momento de recuerdo frente a sus finados en el Día de Todos los Santos. El turismo necrológico, actividad cada vez más en auge en España, tiene en estos días tempranos del otoño su escenario ideal.

Todas las visitas guiadas al madrileño cementerio de la Almudena están agotadas desde hace tiempo y la lista de espera para los próximos tres fines de semana supera las 72 personas. En 2018, cuando comenzó el programa, las entradas gratuitas volaron en una semana.

A diferencia de los grandes cementerios europeos, como el Père Lachaise en Paris, el judío de Praga o el cementerio central de Viena, la mayor necrópolis madrileña, con más de cinco millones de personas inhumadas desde el siglo XIX, no ha sacado aún partido a su vertiente más turística.

Las lápidas de sus inquilinos más célebres, como Lola Flores, Ramón y Cajal o Pío Baroja, están repartidas entre decenas de miles de tumbas de gente corriente sin especial distinción. Como suele ocurrir, muchos desconocidos suelen tener panteones espectaculares mientras el Nobel de Medicina en 1906 descansa bajo una discreta losa con rastros de vandalización.

La tumba de Enrique Tierno Galván tiene unas cuantas flores de plástico sueltas sobre las que alguien ha puesto piedras para que el viento no se las lleve.

Atravesar la Laguna Estigia en un bus de la Empresa Municipal de Transportes. (Marta Silvera)
Atravesar la Laguna Estigia en un bus de la Empresa Municipal de Transportes. (Marta Silvera)

La Almudena, el mayor cementerio de Europa Occidental, está hecho a imagen y semejanza de la ciudad que lo hospeda. Caótico, acogedor y donde pasan los coches y hasta un autobús de línea, el 110, circulando a escasos centímetros de las tumbas en dirección a la plaza de Manuel Becerra.

Según lo definió Dámaso Alonso —que, por supuesto, también está enterrado aquí—:

"Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)

A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,

y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna".

La gente acude estos días a adecentar las tumbas de sus familiares, pasar un paño por la lápida polvorienta o adornarla con flores frescas. Se nota en la frenética actividad de los vendedores de flores, que levantan agresivamente los brazos a los coches en la avenida de las Trece Rosas para colocar un ramo al visitante antes de que llegue a los puestos 'oficiales', situados frente a los majestuosos arcos de la entrada.

Una estampa habitual en estos días otoñales en la Almudena. (Marta Silvera)
Una estampa habitual en estos días otoñales en la Almudena. (Marta Silvera)

En otros panteones familiares, sin embargo, hace mucho tiempo que no entra nadie. A través de los cristales rotos de uno de ellos se observan los cuatro sarcófagos de mármol de una familia de principios del siglo pasado, con una figura de cristo a tamaño natural que mira en dirección a un reclinario descolorido.

Muertos célebres con tumbas modestas y muertos modestos con panteones tremebundos. En los muchos siglos de historia de nuestro país, hemos acumulado un buen número de ambos. Algunos forman parte de la historia, otros de la historia del arte fúnebre. Por ello, para paliar este déficit de necroturismo que arrastramos con respecto a otros países de Europa, en El Confidencial hemos preparado un mapa interactivo con más de 300 tumbas de personajes históricos.

La guía definitiva

El mapa muestra no solo el inevitable destino de muchos de nuestros reyes, políticos o artistas, sino también el de muchos extranjeros ilustres que, por avatares del destino, acabaron enterrados dentro de nuestras fronteras. Para estimar la relevancia de cada protagonista, hemos empleado la herramienta Pantheon, desarrollada por el Instituto de Tecnología de Massachussets.

Uno de los casos más llamativos es el del intelectual alemán Walter Benjamin, que huía de los nazis y al cruzar la frontera franco española fue retenido por la policía en el municipio ampurdanés de Portbou. Antes de ser devuelto a la Gestapo, Benjamin optó por una sobredosis de morfina para suicidarse en septiembre de 1940. Su cuerpo permaneció durante cinco años en un nicho del cementerio municipal, pero hoy es uno más en el osario común del camposanto.

En otro cementerio de Madrid, el de San Isidro, es posible visitar también los últimos pasos de dictadores extranjeros como Fulgencio Batista, derrocado en 1959 por los revolucionarios cubanos encabezados por Fidel Castro y que huyó de la isla para asentarse en Marbella. También Ante Pavelic, canciller del llamado Estado Independiente de Croacia. Tras colaborar con Mussolini o Hitler, tuvo que huir de Zagreb en 1945 y acabó entrando en España disfrazado de monje. El régimen franquista le protegió y acabó muriendo en el hospital alemán de la capital a finales de 1959.

"Está claro que la gente cada vez aprecia más el valor cultural de los cementerios, además de su gran valor emocional, por lo que cada vez más gente los visita cuando visita una nueva ciudad", explica David Rebollo, fundador de Kolaboo, un comparador de actividades turísticas donde el necroturismo está haciendo cada vez más acto de presencia.

El cementerio de Mingorrubio, por motivos evidentes de actualidad, ha registrado un aumento de un 400% de búsquedas

Según los datos que maneja esta plataforma —disponen de una base de datos propia complementada con fuentes como Google Trends o Semrush—, los cementerios con más volumen de búsquedas y más crecimiento "este año, de momento, son el cementerio de Mingorrubio, que por motivos evidentes de actualidad ha registrado un aumento de un 400% de búsquedas, el de Torrero, en Zaragoza, el cementerio más grande de Aragón y también prolijo en arte fúnebre, el cementerio de San Isidro o el cementerio de Valencia, donde está enterrado Joaquín Sorolla.

Otros cementerios muy populares, según Rebollo, son "el cementerio de Comillas, muy bonito, por encontrarse muy cerca del mar y ser visible desde gran parte de Comillas, el cementerio de Poblenou, que junto con el de Montjuic forma la ruta de los cementerios de Barcelona, el cementerio del Masnou y el de Lloret de Mar, ejemplos de arquitectura fúnebre indiana", detalla el fundador de la aplicación.

Para recorrer la Almudena, lo mejor es una motillo. (Marta Silvera)
Para recorrer la Almudena, lo mejor es una motillo. (Marta Silvera)

También están en la lista el espectacular cementerio de Luarca, en Asturias, ubicado en un acantilado frente al mar, y donde está enterrado Severo Ochoa, y por último el cementerio Inglés en Málaga, que es también a la vez jardín botánico.

Y entre medias, cientos de localidades donde encontrarse con la sepultura de Francisco de Quevedo, Santiago Bernabéu o María Zambrano. De cara al turismo, hay sitios en España que no tienen mar y otros que no tienen montaña, pero hay algo que todos tienen: un personaje célebre de nuestra historia enterrado cerca.

Nota

Algunos de los puntos en el mapa pueden aparecer en otras ubicaciones o ligeramente desplazados.

Si detecta algún punto que no está situado donde debería y quieres avisarnos para que lo corrijamos, puedes ponerte en contacto con nosotros en datos@elconfidencial.com.

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