los toreros han expuesto más que nunca

La temporada de toros más sangrienta: ¿por qué ha habido tantas cornadas?

Las cornadas de Caballero (Madrid) y de Mariano de la Viña (Zaragoza) cierran una campaña extremadamente cruenta

Foto: Cogida del banderillero Mariano de la Viña en la Feria del Pilar de Zaragoza. (EFE)
Cogida del banderillero Mariano de la Viña en la Feria del Pilar de Zaragoza. (EFE)

Puede que la imagen más estremecedora y poética de la temporada sea la de Miguel Ángel Perera limpiando con un rastrillo el reguero de sangre que había manado de la cornada de Mariano de la Viña. Era un homenaje al torero exánime, un gesto de pudor. Y una nefasta premonición. También Perera caería herido en la misma tarde del 13 de octubre.

No daban de sí los médicos de la plaza de Zaragoza entre hemorragias y sobresaltos, aunque la prioridad consistía en salvar la vida de Mariano de la Viña: tres veces se le paró el corazón al banderillero de Enrique Ponce. Le sonaron los tres avisos, como se diría en el argot.

Ha salvado la vida el torero de plata. Perera se recupera en casa del último costurón. Y se equivocaba El Cordobés cuando decía que más 'cornás' da el hambre. Más cornadas ha dado el toro en una temporada feroz. Empezando por la plaza de Las Ventas, cuya enfermería parece haberse convertido en un hospital de campaña. El último mártir, Gonzalo Caballero, se fue al hule el 12 de octubre con unas heridas de pronóstico gravísimo. Le arrancó la femoral el ejemplar de Valdefresno. Seis bolsas de sangre se necesitaron para devolverlo a la vida.

Allí estaba el doctor García Padrós, expuesto otra vez al desafío de un ultimátum. Toda la vida lleva en Las Ventas, como toda la vida estuvo su padre y lo hará su hijo, pero no alcanza a recordar una temporada tan cruenta como la de 2019.

Cogida del banderillero Mariano de la Viña. (EFE)
Cogida del banderillero Mariano de la Viña. (EFE)

El verano sangriento del que hablaba Hemingway se cobró la sangre de Javier Cortés y de Arturo Macías en el mes de septiembre, aunque el mayor ajetreo de la enfermería sobrevino en la feria gore de San Isidro: 11 toreros acabaron en el quirófano, sin distinción de categorías, edades ni nacionalidades. Cayeron las figuras (Roca Rey) y las revelaciones (Pablo Aguado); los veteranos (David Mora) y los jóvenes (Luis David); los expertos (Manuel Escribano) y los inexpertos (Juan Leal); los españoles (Gonzalo Caballero) y los extranjeros (Sebastián Ritter); los toreros de oro y los de plata (Pablo Saugar).

Ninguna cornada fue tan grave ni tan impactante como la de Román Collado. Él mismo se percataba de que se moría. El viaje a la enfermería a hombros de sus compañeros le hizo acordarse de Iván Fandiño. No solo porque fuera el último matador de toros que falleció en una plaza —17 de junio de 2017, Aire-sur-l’Adour— sino porque lo hirió de muerte un ejemplar de la misma ganadería —Baltasar Ibán— que corneó al propio Román en Las Ventas.

¿Qué está pasando?

¿Por qué ha habido tantas cornadas en 2019? El motivo más evidente y el más abstracto radica en la accidentalidad en el azar o en la mala suerte, pero hay otros argumentos que identifican la excepcionalidad, más allá de un golpe de aire, de un descuido. Se diría que los toreros han expuesto más que nunca, acaso estimulados por la 'tiranía' de Roca Rey. El diestro peruano ha cruzado todas las líneas rojas. Ha explorado todos los límites del peligro. Ha creado un estado de psicosis del que él mismo ha sido víctima, aunque no fue la cornada de Madrid la que le retiró de la temporada, sino una lesión cervical de atleta.

Roca puso a cavilar al escalafón. El diestro limeño hizo pedagogía del arrimón, aunque la sanguinolencia de la campaña que termina oficiosamente este fin de semana —feria de Jaén— también puede relacionarse con la situación de necesidad de muchos toreros.

El diestro peruano Roca Rey ha cruzado todas las líneas rojas. Ha creado un estado de psicosis del que él mismo ha sido víctima

Madrid es elocuente al respecto, porque Las Ventas relanza o neutraliza una carrera y porque muchos toreros se juegan todo a una sola carta, pero la ferocidad de la temporada no ha discriminado a las grandes figuras. Perera cayó en la última gran feria de 2019, Zaragoza, del mismo modo que Enrique Ponce fue gravemente cogido en la primera, Valencia.

En medio de tanta sangre y cloroformo, ha sido noticia la brutal cornada de Joaquín Galdós en Bayona (Francia), como lo fue el 'reventón' de Paco Ureña en Palencia. Ha sido el diestro murciano el triunfador de la temporada. Y tiene mucho mérito la proeza, no ya por la competencia del escalafón, sino porque reaparecía en 2019 después de haberse recuperado de la cornada que le costó un ojo de la cara, el izquierdo, en la feria de Albacete de 2018.

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