el acoso de los menores en la frontera

Colarse a toda costa en un camión para entrar en España

El acoso al que cientos de menores someten a camiones y autobuses que entran en Melilla pone en peligro la seguridad del tráfico fronterizo. La policía marroquí permanece de brazos cruzados

Foto: Camiones en la frontera de Beni-Enzar. (EFE)
Camiones en la frontera de Beni-Enzar. (EFE)

Son menores de edad, han venido de todo Marruecos y llevan semanas o meses en Beni Enzar, la localidad marroquí fronteriza con Melilla, esperando una oportunidad para poder entrar en España, donde creen que les espera una vida mejor. El camión español de la empresa J. Cuenca parece brindársela. Corriendo grandes riesgos, se suben a él, intentan colarse en sus bajos o entre la cabina y el tráiler, según se puede apreciar en el vídeo grabado hace unos días y puesto en circulación este miércoles.

Colarse a toda costa en un camión para entrar en España

Hace tres días, empezó a difundirse otro vídeo similar en el que el objetivo de los chavales eran dos autobuses de la empresa melillense Cooperativa Omnibus que regresaban a la ciudad española con turistas que habían pasado el día en las playas de Saidia (Marruecos).

Colarse a toda costa en un camión para entrar en España

El chófer del camión de J. Cuenca circula muy lentamente y hasta se detiene, porque probablemente teme atropellar a alguno de los muchachos que acorralan su vehículo. Toca la bocina con la intención, quizá, de atraer la atención de la policía marroquí desplegada en un puesto fronterizo situado a un centenar de metros del lugar de la escena. Aparentemente, esta no reacciona.

Estos dos vídeos difundidos en las últimas 72 horas muestran el calvario que supone para muchos cruzar las fronteras de Ceuta y Melilla, las más transitadas de África, pero probablemente también las más caóticas. “¿Dónde está la corresponsabilidad de la policía marroquí en la frontera?”, se preguntó el domingo Eduardo de Castro, presidente de Melilla, nada más ver el primer vídeo. “España hace lo que está en su mano para controlar su lado de la frontera, pero difícilmente puede dar resultado si Marruecos no hace lo propio”, añadió.

“¿Qué turistas se querrán meter en un autobús que a su regreso a Melilla va a ser retenido y asaltado por esos muchachos?”

Al margen del drama humano que supone la concentración de menores abandonados a su suerte y de los riesgos que conlleva para su seguridad, su presencia en la frontera contribuye a asfixiar económicamente a Melilla. “¿Qué turistas se querrán meter en un autobús que a su regreso a Melilla va a ser retenido y asaltado por esos muchachos?”, se preguntaba un policía español destinado en Beni Enzar.

Su comentario puede ser ampliado a los camioneros que trasladan mercancías desde Marruecos a Melilla. También padecen con frecuencia el acoso de los menores apostados en la frontera. Las autoridades de Marruecos cerraron hace 14 meses, sin comunicárselo al Gobierno español, la aduana comercial de Melilla, por la que se exportaban anualmente algo más de 47 millones de euros, pero España mantiene abierta la suya. La ciudad autónoma importa productos, sobre todo materiales de construcción y alimentos frescos, por valor de algo más de dos millones de euros.

Pronto o tarde, los menores logran colarse. En Melilla hay más de 1.300 menores, casi todos marroquíes, tutelados en diversos centros, es decir, el 1,55% de la población de la ciudad (85.000 habitantes). A finales de agosto, las comunidades autónomas se hacían cargo de unos 14.000 menores, según reveló la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo.

El objetivo de estos muchachos —hay muy pocas chicas entre ellos— no es quedarse en Melilla sino dar el salto a la Península y, a veces, de ahí a Europa. Por eso, el año pasado se registraron unas 16.000 intrusiones en el recinto portuario, de donde zarpan los ferris rumbo a Andalucía. La mejora de la seguridad ha provocado una caída en picado de esas 'intrusiones', como se las llama en el lenguaje policial, que se elevan a solo 1.800 desde principios de año.

Los últimos vídeos han animado al Partido Popular a intentar sacar partido del desbarajuste fronterizo. Su senadora por Melilla, Sofía Acedo, denunció el miércoles no solo “la pasividad de la policía marroquí” sino que exigió al presidente en funciones, Pedro Sánchez, una acción “contundente, clara y explícita” frente a Marruecos instándolo a “respetar su frontera con Melilla”.

La semana pasada, el líder del PP, Pablo Casado, se desplazó hasta Melilla, donde anunció que lo primero que hará si logra ser elegido presidente será solicitar a Marruecos la reapertura de la aduana comercial. El Gobierno español no protestó ante Rabat en agosto de 2018, cuando se produjo el cierre unilateral de la aduana. Anunció entonces la creación de un grupo de trabajo que se ha reunido dos veces en 14 meses y que no ha conseguido ningún resultado.

La concentración de menores en las fronteras y el cierre de la aduana marroquí con Melilla son solo dos factores, entre otros muchos, que contribuyen a asfixiar económicamente a Ceuta y más aún a Melilla. Las restricciones al contrabando con el país vecino, que ceutíes y melillenses llaman 'comercio atípico', son cada vez mayores, así como las trabas puestas por Rabat para que muchos marroquíes, empezando por los funcionarios, puedan acceder a ambas ciudades españolas, que a ojos de Marruecos están 'ocupadas' por España.

Este miércoles, la Delegación del Gobierno en Ceuta anunció, por ejemplo, que suspendía 'sine die' el porteo, es decir, el traslado de mercancías por las porteadoras a Marruecos. Estas decisiones se suelen tomar a instancias de las autoridades marroquíes. El contrabando, que llegó a rondar los 1.500 millones de euros anuales de exportaciones alegales a Marruecos, es el principal motor económico de Ceuta y Melilla y la principal fuente de ingresos para sus arcas públicas.

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