DATOS DE LA FUNDACIÓN ALCOHOL Y SOCIEDAD

Toque de atención a las familias: el 48% de los menores bebe alcohol sabiéndolo los padres

El dato tiene mucho que ver con la institucionalización que la sociedad española hace del alcohol. Los padres juegan un papel fundamental en el consumo de alcohol de los menores

Foto: Estudiantes de Bachillerato en un examen. (EFE)
Estudiantes de Bachillerato en un examen. (EFE)

Es un dato preocupante sobre el que las familias deben reflexionar. El 48,3% de los menores que consumen bebidas alcohólicas, lo hacen con conocimiento de sus familias. Y, en parte, tiene mucho que ver con la institucionalización que la sociedad española hace del alcohol, introduciéndolo como una costumbre más sin ser consciente, en muchos casos, del riesgo que puede producir en adolescentes. La Fundación Alcohol y Sociedad (FAS) —entidad sin ánimo de lucro dedicada a la prevención del consumo de alcohol a través de la educación— pone el acento en el triángulo de influencia que tanto afecta a los adolescentes en sus conductas: la familia, los profesores del colegio y su grupo de amigos.

Su programa “Menores ni una gota”, puesto en marcha en 2001, arroja cifras esperanzadoras. En los 20 años que está a punto de cumplir ha formado a 2,5 millones de menores de edad, lo que supone anualmente una formación que llega a 130.000 estudiantes entre 12 y 18 años. En total, 37.000 familias y 16.000 centros escolares están implicados en el programa que tiene dos objetivos: retrasar la edad de inicio al consumo de estas bebidas y reducir la cantidad que ingieren.

La fundación actúa ya en cinco comunidades autónomas (Madrid, Andalucía, Cataluña, Cantabria y Extremadura), aunque urgen a las administraciones a sumarse cuanto antes a los programas de prevención especifica de consumo de alcohol de menores. Para dotar de rigor científico los resultados, FAS cuenta con un comité científico compuesto por cinco catedráticos de distintos ámbitos y se somete a una auditoría anual por parte del Instituto de Drogodependencias de Deusto. Los centros escolares participantes también evalúan las intervenciones de los monitores de la fundación.

Desde 2012 la tendencia de consumo de alcohol en menores sigue a la baja. (EFE)
Desde 2012 la tendencia de consumo de alcohol en menores sigue a la baja. (EFE)

Y los datos hablan por sí solos: siete de cada diez menores que han recibido el programa de FAS declara su intención de reducir la cantidad de alcohol que consumen o incluso de dejar de hacerlo hasta la mayoría de edad. El 97% de los colegios que participan optan por seguir formando parte del programa año tras año.

Con respecto al consumo de alcohol de los adolescentes, las cifras recientes son las mejores registradas, aunque todavía queda mucho por hacer. Desde 2012 hay una clara tendencia a la baja. En ese año un 63% de menores aseguraba haber probado el alcohol alguna vez y hasta un 84% reconocía haberse emborrachado. Solo el 36% se declaraba abstemio. Dos años después, en 2014 (último año del que FAS tiene datos actualizados en su memoria), un 44% aseguraba haber probado este tipo de bebidas, aunque solo un 55,7% afirmó haberse emborrachado, descendiendo notablemente el porcentaje de 2012. La cifra más positiva: un 52,3% aseguraba no ingerir alcohol nunca.

Por edades, como es lógico, los menores de 17 años o que cumplen justo 18 registran los porcentajes más elevados de consumo. En torno al 85% asegura haber probado el alcohol y las borracheras afectan a cerca del 80%.

José Antonio Marina, miembro del comité científico de FAS y rector de la Universidad de Padres, explicó este miércoles en un desayuno informativo en Madrid el problema que existe con las familias en ese sentido. “Muchas de ellas no saben cómo actuar. Si deben imponerse, regañar a sus hijos….Están tan sumamente desorientados que, al final, miran para otro lado. A muchas familias les preocupan estas costumbres que se han extendido y que no saben cómo tratar. La clave no es demonizar el alcohol, sino introducir la premisa de que el consumo de alcohol en menores no es negociable. Con eso, les damos un argumento clave y sólido. Como adultos, ya habrán aprendido que el consumo no está prohibido ni es negativo si se hace de manera responsable”, insistió.

En realidad, la finalidad que persigue la fundación es que los menores no consuman nada de alcohol. En sus programas recuerdan que la adolescencia es la edad en la que realmente puede haber un ejercicio de prevención y, al tiempo, insiste en que el consumo de este tipo de bebidas sí altera el desarrollo neurológico de los niños. Por eso, Marina insistió en que ese consumo tiene que estar socialmente penalizado.

Las familias juegan un papel clave en este caso. Entre otras cosas, porque además del perjuicio que supone para los adolescentes, los padres son los responsables civiles de cualquier accidente, pelea o problema que ocurra con sus hijos si han consumido alcohol. Además, el rector de la Universidad de Padres pone el foco también en las autoridades políticas. Primero, por la necesaria implicación de las administraciones en las campañas de prevención, igual que la vigilancia policial de cara a la venta ilegal de bebidas alcohólicas a menores o de los negocios en la hostelería que permiten el consumo.

Pero no solo. También hace hincapié en el “lío jurídico” que existe en la franja final de la adolescencia (de los 16 a los 18 años). Una edad complicada que para ciertas cosas supone la plenitud de derechos: se puede trabajar o reconocer a un hijo, pero no se puede beber alcohol. “Un desbarajuste que dificulta enormemente la labor de los padres y los profesores en ese sentido”, asegura.

Las campañas de la fundación, además de destinadas a los propios menores, se dirigen a profesores (también pieza clave en el día a día de los adolescentes), las familias y a lo que se denomina el bebedor pasivo. Igual que las campañas de tabaco empezaron a funcionar más cuando las personas no fumadoras se implicaron en la cultura de que el que tenían al lado no podía fumar con ellos, FAS entiende que es igual de importante la influencia que un grupo de amigos que no bebe ejercen sobre el bebedor: el consumo es igual de peligroso para quien lo experimenta que para que el se sube al coche con el que ha bebido. “Hay que fomentar la cultura de la precaución y del uso responsable del alcohol”, zanjó Marina.

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