ESCALADA DE AGRESIONES, ROBOS Y AMENAZAS

El pueblo que teme a sus temporeros: "Tienen padrón y no les podemos echar"

Morales de Toro (Zamora) es el último ejemplo de la tensión que generan los temporeros conflictivos en la España rural. La paradoja es que sin inmigrantes, estos pueblos se mueren

Foto: Pintadas contra la comunidad rumana en Morales de Toro en un incidente pasado. (La Opinión de Zamora)
Pintadas contra la comunidad rumana en Morales de Toro en un incidente pasado. (La Opinión de Zamora)

El coche cruzó la calle a toda pastilla, a punto estuvo de atropellar a una anciana. Un joven vio la escena y le pegó un chillido al conductor. Este frenó en seco, dio marcha atrás y los cuatro ocupantes del vehículo bajaron, le quitaron al joven las gafas y se cebaron a golpes con él. Poco más tarde la víctima acudió a casa del conductor, un vecino más que conocido en el pueblo, a recuperar sus lentes. Y ahí fue cuando le dieron una paliza de verdad. Solo pararon cuando dos vecinos se metieron para evitar una carnicería. Entretanto, una mujer, familiar del agresor, se metió por medio y se tiró al suelo para fingir que los 'defensores' la habían agredido cuando apareció la Guardia Civil. Ocurrió días atrás en Morales de Toro (Zamora) y es la gota que colma el vaso de la paciencia de este pueblo de 1.000 habitantes. O alguien pone fin a los excesos de la comunidad rumana en el pueblo, que asciende a 150 personas, casi todas de etnia gitana, o puede estallar una batalla campal a la próxima provocación.

Morales de Toro es el reflejo más agrio de un problema social en aumento: el encaje de cientos de temporeros originarios de Europa del Este en los pueblos agrícolas en los que trabajan. El choque cultural y generacional es enorme. Pueblos pequeños y tranquilos, en los que la mayoría de sus vecinos son jubilados, conviven con docenas de jóvenes temporeros que trabajan las tierras que los españoles ya no quieren trabajar. Muchos traen mujer e hijos. Los autóctonos los miran con recelo. Los recién llegados van a la suya y apenas se integran en la vida social. Y cuando un grupo de estos temporeros, o sus hijos, se dedica a actividades menos honrosas que trabajar la tierra, el conflicto étnico estalla. Casi nunca el asunto va más allá de una bronca. Pero algunas veces el fuego arde.

Lugar en el que ocurrió la última agresión de inmigrantes en Morales de Toro. (D. B.)
Lugar en el que ocurrió la última agresión de inmigrantes en Morales de Toro. (D. B.)

"Cada año tenemos seis o siente trifulcas. Amenazan a la gente si les recriminan algo, desde hace un tiempo hemos empezado a sufrir robos en las casas y en las naves, te pinchan la cisterna de gasoil, desaparece una batería, un motor… No puedes ni dejar la bicicleta en la calle porque te quedas sin sillín, ni el coche abierto un momento frente a la panadería porque te quitan lo que encuentren. Así tenemos que vivir", resume una vecina cerca de la plaza de la Iglesia. "¿Que si son ellos? Pues muchas veces no lo sabemos porque no les pillamos. Pero esto hace 10 años no pasaba. Es que ni un tendedero con ropa puedes dejar fuera", prosigue indignada.

En los bares, los jubilados juegan a las cartas. Boinas caladas, monedas de euro sobre el tapete verde y mucho recelo. Ninguno quiere salir en la foto ni dar su nombre. Tienen miedo a la comunidad de temporeros. "Hace un tiempo, apareció la foto de unos vecinos en un periódico quejándose de los rumanos. Durante varios días, les acosaron por la calle", explica un parroquiano.

Ningún vecino quiere dar la cara por miedo a represalias de la comunidad inmigrante

Pese al clima de desconfianza que vive Morales de Toro, los vecinos subrayan que "no todos los inmigrantes son iguales" y que muchas familias se dedican a trabajar y a llevar a sus hijos al colegio con normalidad. El conflicto, señalan, es con un grupo específico de personas que se creen los reyes del pueblo. Conducen por las estrechas calles a alta velocidad, dejan la basura allí donde les place, a veces incluso lanzándola por la ventana, y se dedican al robo y al trapicheo de drogas en Toro. Casi ningún vecino se atreve a toserles. En buena parte, porque la mayoría son ancianos.

En 2018, la Policía Nacional desarticuló en Morales de Toro una red criminal que se dedicaba a vender chicas jóvenes para casarlas. Hubo siete detenidos. Los vecinos, alertados por el tremendo operativo policial, comprendieron entonces que algo iba muy mal en el pueblo. Este municipio vitivinícola, sede de uno de los museos del vino más importantes de España, ostenta la renta bruta más baja de Zamora y una de las más exiguas de toda Castilla y León: 15.004 euros anuales.

Operación de la Policía Nacional en Morales de Toro en 2018. (Zamora24horas)
Operación de la Policía Nacional en Morales de Toro en 2018. (Zamora24horas)

Los temporeros son el único futuro

Morales de Toro es el síntoma de un fenómeno demográfico que lleva años moldeando los entornos rurales españoles: mientras los jóvenes de los pueblos se marchan a la gran ciudad para no volver, los temporeros extranjeros toman su lugar en la sociedad local. La España vacía se muere y estos nuevos vecinos, por mucho recelo que generen, son la única esperanza.

Luis Segovia, alcalde de Morales de Toro desde el año 2003 y empresario vitivinícola, lo tiene claro. "Tenemos una comunidad de 150 ciudadanos rumanos, es cierto que es mucho, pero yo como alcalde no puedo evitar que un señor alquile una casa legalmente y se ponga a trabajar aquí. Algunos vecinos dicen '¡que se vayan!', pero si se van nos quedamos 800 vecinos y automáticamente perdemos dos o tres maestros, porque de los 66 niños de la escuela, por lo menos 20 son rumanos. ¿Viviríamos más tranquilos? Pues quizá, pero nos moriríamos como pueblo. Ahora tenemos médico y enfermera todos los días. Sin extranjeros, vendrían dos o tres veces por semana. El alguacil que ahora está todo el día pasaría a hacer media jornada. Gracias a que están empadronados, el ayuntamiento cuenta con más ingresos y servicios públicos. Todas estas cosas la gente no las analiza cuando pide que se vayan. ‘Es que a mí eso me da igual’, te dice alguno que tiene 40 años. Muy bien, te dará igual a ti, pero tu padre enfermo del corazón y tu madre diabética tendrán que empezar a ir al médico a Toro".

Temporeros rumanos, en una plantación de ajos en Ciudad Real. (D. B.)
Temporeros rumanos, en una plantación de ajos en Ciudad Real. (D. B.)

"El desastre", prosigue el alcalde, "es que tengamos 3.000 apuntados al paro agrario en Zamora y ninguno quiera hacer la vendimia o recoger patatas y cebollas o podar. Ningún español viene al campo. A mí me encantaría tener a 20 españoles en la vendimia, pero quienes vienen son los rumanos, y tenemos que darles trabajo y ayudarles igual que haríamos con cualquier persona. Me revienta que agredan a la gente de mi pueblo, no lo puedo consentir, pero no podemos quejarnos de que nadie viene a la España vacía y luego pedir que echemos a todos los extranjeros que viven aquí. A la gente siempre le digo ‘¿Quién creéis que va a venir si es que viene, los futbolistas? ¿Los ministros y médicos y abogados? Aquí solo vendrá la gente que necesita trabajar".

"No podemos quejarnos de que nadie viene a la España vacía y luego pedir que echemos a todos los extranjeros que viven aquí", afirma el alcalde

El alcalde sostiene que la crispación social se debe a un solo vecino, que vive con su familia en la calle Unamuno y es popular por su carácter incendiario. Los vecinos lo niegan: son muchos más. Incluso los adolescentes meten miedo a los más pequeños en el parque, según relatan los padres. "El alcalde los empadrona a todos y el problema va a ser ahora echar a los que se dedican a robar y a pegar a la gente. Esto va a acabar muy mal, cualquier día habrá una desgracia", resopla uno de los vecinos jóvenes de Morales, que casualmente fue testigo de la última paliza.

En Morales de Toro se quejan del aumento de delincuencia en los últimos años. (D. B.)
En Morales de Toro se quejan del aumento de delincuencia en los últimos años. (D. B.)

Los vecinos ponen como ejemplo Peleagonzalo, otro de los pueblos satélite de Toro, donde los vecinos se alzaron en armas y se amotinaron contra los temporeros rumanos allí asentados hace unos años. La mayoría de los inmigrantes abandonaron el pueblo, en un episodio de conflicto étnico bochornoso que en Morales de Toro nadie quiere repetir. "En estos pueblos hay muchos jubilados, pero muchos de ellos son cazadores. Nos preocupa que a alguien se le pueda ir de las manos", advierten desde la barra de uno de los bares del pueblo.

El alcalde responde: "Es muy importante no calentar las cosas. Si hay un matón o un ladrón, la Guardia Civil tiene que ir a por él, pero es muy peligroso empezar a señalar a toda una etnia. La gente no comprende que yo no puedo sacar de la oreja fuera del pueblo a los que cometen delitos. Ya me gustaría a mí decir 'este la ha armado, este que se vaya a su país', pero la ley no es así. Me preocupa mucho que esto estalle. Si hay una bronca entre rumanos y españoles y la cortas pronto se puede convertir en una guerra".

Es época de vendimia y estas semanas la tensión racial alcanza sus cotas máximas en los pueblos que viven del viñedo. En Morales de Toro, las casas son subarrendadas a familias enteras de temporeros por semanas o meses por parte de los inquilinos que residen todo el año. Cada vez más ciudadanos extranjeros compran vivienda en el pueblo. Casa que se rehabilita, casa que es comprada por extranjeros para vivir o subarrendar. Los españoles hace años que dejaron de interesarse por vivir y criar a sus hijos en Morales y en toda la llamada España vacía.

El subdelegado de Gobierno en Zamora, Ángel Blanco, admitió tras la reciente agresión que el problema en Morales de Toro "no es nuevo" y dijo que se trata de "un problema de convivencia que hay que solucionar entre todos". La presencia de la Guardia Civil en el municipio se ha incrementado en estos últimos días. Los agresores han sido identificados y las partes están a la espera de juicio. Aunque como señala el alcalde, "la mayor injusticia es que este caso vaya a ser juzgado dentro de dos años por la saturación de la Justicia. Si queremos calmar los ánimos y castigar a los delincuentes, los delitos deben ser sancionados de inmediato".

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