LA DOBLE VIDA DE UN HÉROE SIN NOMBRE

El hombre que cazó a Ternera: "Temo más las lágrimas de mi hija que al peor terrorista"

El guardia civil que está detrás de la detención de los últimos jefes de ETA —como Txeroki, Ata o Thierry— muestra su lado más humano. "De joven era duro, me veía capaz de acabar con ellos"

Foto: El guardia civil antiterrorista, durante la entrevista.
El guardia civil antiterrorista, durante la entrevista.

El padre de la familia —guardia civil e hijo de militar— sometía a sus cinco hijos a una dura disciplina doméstica. Cual capitán Von Trapp en 'Sonrisas y lágrimas', no permitía salidas de tono ni faltas de respeto y hacía de su casa un pequeño cuartel. Iván, nombre ficticio del segundo vástago, se rebotó y optó por la 'mala vida', la calle y las compañías delicadas. Se convirtió en una de las principales preocupaciones de su progenitor. Sin embargo, en el fondo del corazón del chaval latía un sentido de la justicia y un amor a la Guardia Civil que pesaba más. "No está mal haber visto el lado malo de las cosas para valorar adecuadamente el bueno", reflexiona hoy.

"Veía por televisión las imágenes de cuarteles derruidos, de agentes y niños ensangrentados, y pensaba en que cualquiera de ellos podía ser yo", recuerda hoy desde su puesto de trabajo, el de jefe de uno de los grupos antiterroristas más activos de los Servicios de Información del instituto armado. "Si mis profesores y mis vecinos vieran en qué me he convertido, probablemente no se lo creerían", asegura con una sonrisa el cabo de la benemérita. Sin embargo, ninguno de ellos sabrá nunca que aquel niño conflictivo forma parte del equipo de agentes que mantienen a raya la mayor amenaza que afronta el Estado, el terrorismo. Su identidad debe permanecer en secreto por seguridad mientras se encuentre en activo. Por ahora, la conocen muy pocos y ninguno de ellos la desvelará jamás. Todos saben que le va la vida en ello.

A sus 34 años, Iván ha puesto los grilletes a decenas de sanguinarios terroristas y a históricos jefes de la banda. Nada menos que Josu Ternera, Txeroki, Ata o Thierry fueron encerrados gracias al trabajo del equipo que dirige. Por eso, el cabo pasa la mayor parte del año bajo otra identidad. "Cobertura", lo llama el joven, que admite que la calle le ayudó en su trabajo, pero también que no todo lo aprendió en esa 'universidad'. "Valdemoro —dice en referencial al centro de formación de la Guardia Civil— me cambió la vida". "Vi muchos valores allí: sacrificio, honor, responsabilidad, esfuerzo por lo que quieres y otras cosas que ni siquiera sabría explicar", admite. "Nadie los nombraba, solo los veía en los demás", afirma.

"Conocí a gente con vidas parecidas a la mía; a todos nos encauzaron para ser útiles y servir", añade Iván, que al terminar la escuela de Valdemoro tardó poco en recalar en Información, el departamento antiterrorista del cuerpo. "Sabía que quería luchar contra ETA, tenía la autoestima alta, creía mucho en mis posibilidades, desde pequeño era duro y un punto prepotente; me veía capaz de acabar con ellos", rememora Iván, que con apenas 20 años comenzó a llevar esa doble vida mencionada con el fin de ocultar su verdadera identidad. "Solo mis tres amigos de la infancia y mi familia más cercana sabían que yo era guardia civil", asegura. A los demás, les contaba que era comercial de un concesionario de Peugeot. "Me preparé toda una historia vital alrededor de ese vendedor ficticio; yo sabía un poco de coches, por lo que la cosa encajaba conmigo", reconoce al tiempo que admite que no siempre era sencillo.

"Un día tenía la despedida de soltero de uno de mis mejores amigos, lo preparamos todo por un grupo de WhatsApp; sin embargo, en el último momento, tuve que decir que yo no podía ir: teníamos una operación importante, íbamos a detener a Ata y no podíamos perder la oportunidad; la mayoría de colegas no lo entendían, era un acontecimiento que llevábamos meses esperando y no comprendían cómo no podía prever un viaje con Peugeot un domingo; algunos se enfadaron. Solo los tres que lo sabían me animaban; eran amigos de la infancia y hay cosas que no puedes esconder a quien te conoce desde siempre", explica el agente operativo, que no solo ha tenido que renunciar a fiestas.

"Una vez me dieron un cachorro, porque sabían que me gustan mucho los perros; al principio se lo dejaba a mis padres, pero se cansaron y tuve que llevármelo conmigo de viaje; lo usábamos como cobertura muchas veces, pero en otras ocasiones era un problema porque te impedía hacer otras cosas; al final se lo regalé a mi hermano", recuerda. "Ni los perros quieren vivir como nosotros", bromea Iván, que reconoce que lo más complicado fueron las mujeres. "Si quería iniciar una relación con una chica, por ejemplo, no podía contar que era guardia civil; yo sabía que si lo hacía, ligaba fijo, pero debía ser discreto; no sabes por dónde puede discurrir la información y volverse en tu contra", explica el joven, que comenzó ya entonces a ser consciente de que tendría dificultades para mantener una relación larga. "Contaba que era guardia civil solo cuando estaba seguro de que la cosa iba en serio", descubre el cabo, que recuerda que una vez en su gimnasio se fijó en una chica.

Días más tarde, se fue con su grupo de compañeros a Francia para llevar a cabo una operación contra ETA. "Cuando todos los guardias vestidos de paisano estábamos en la sala del aeropuerto a punto de embarcar, me percaté de que ella estaba en la puerta de embarque pidiendo los billetes", refiere. "Era azafata", cuenta aún sorprendido. "¿Le digo algo? No, paso; no es el contexto adecuado", pensó el joven con las hormonas propias de alguien de su edad. "Cuando llegué a su altura, sin embargo, ella se dio cuenta: 'Perdona, tú eres del gimnasio tal'. 'Sí', contesté. 'Qué, ¿dónde vas?', me preguntó. Estuvo muy simpática y cuando entramos al avión me pidió que me sentara con ella. 'Sí, claro', respondí", relata el jefe del grupo, que se acomodó junto a la amiga mientras sus compañeros pasaban a su lado y le hacían comentarios jocosos. "Cada uno me hacía una broma", afirma.

"¿Qué vas a hacer en Francia?", le interrogó la chica. "Pues voy a una reunión que tenemos en Peugeot", contestó casi con el piloto automático. "Íbamos a vigilar un zulo", apunta ahora Iván, que admite que la conversación se desarrolló por cauces correctos y que al final se intercambiaron los teléfonos. De hecho, ella le llamó al día siguiente. "Yo estaba en plena vigilancia, con nieve hasta las rodillas, porque era invierno, preparado para detener a los terroristas Iñaki Iribarren y Eider Uruburu en cuanto se diera el momento adecuado; de repente, me sonó el móvil", describe. "Claro, tuve que colgar", confiesa. "Empezamos bien, pensé; por la tarde, volvió a llamarme; colgué de nuevo... Le devolví la llamada tres días después, cuando pude", rememora.

Iván quedó con ella ya de vuelta a Madrid. Estuvieron juntos un tiempo. Él llegó a contarle que era miembro del instituto armado, pero solo que se dedicaba a ejercer como escolta, luego lo dejaron. "Más tarde me enteré de que ella dejó la compañía aérea y se hizo policía", puntualiza con cierto orgullo. "Apenas le he contado a tres chicas que soy guardia civil, y solo a una que trabajo en Información", revela el cabo, que con satisfacción afirma que esta última es aún su pareja. "La conocí a través de mi entorno de amigos hace siete años; para entonces ya había perfeccionado mucho mi técnica de ligar y mantener una relación con una vida inventada; aunque en todo momento era consciente de que empezar mintiendo no era comenzar con buen pie", admite.

"Bastante aguantó autoconvenciéndose"

El agente se 'desnudó' ante su mujer solo cuando ambos llevaban un año juntos. "Estábamos trabajando en un tema de Txeroki —recuerda—, al que acabamos deteniendo años después, por lo que yo tenía que pasar mucho tiempo fuera; ella me decía que dudaba de que lo que yo le contaba, que viajaba con Peugeot, fuera verdad; yo aguanté como pude el chaparrón, pero llegó un momento en que me bloqueé y se lo dije: te he mentido y este es el motivo", confiesa el funcionario. "Yo soy guardia civil, sigo a terroristas, es un tema delicado", le reveló el joven, que entiende perfectamente cómo se sentía ella. "Bastante aguantó autoconvenciéndose a sí misma", afirma. "Cuando se lo conté todo, entró en 'shock', no se lo creía del todo", añade.

"Entonces me fui de viaje para seguir trabajando; a la vuelta volvimos a hablar; yo había recopilado todas las noticias de los periódicos que contaban cosas sobre las operaciones que habíamos realizado en los meses anteriores; le fui señalando una por una cómo coincidían con los viajes que yo había hecho; incluso hablé con mi capitán para que se lo confirmara; él estaba dispuesto a verla para contárselo, aunque al final no fue necesario, ella me creyó", relata. "Ya llevamos siete años juntos", cuenta el día antes de bautizar a su hija. "Es este fin de semana, he venido solo para eso; el domingo vuelvo a viajar", anuncia el guardia, que desvela con rotundidad que su mujer "ya no tiene ninguna duda".

"Celebramos la patrona u otras fiestas con los compañeros y ella se junta con sus parejas, hablan, se entienden... Yo aconsejo a los guardias civiles que cuiden siempre su vida personal, porque si esta no es estable, al final termina afectando a su trabajo; yo estoy de viaje durante más de la mitad del año; no todas las parejas aguantan eso; el 90% de las llamadas que recibo las cuelgo, porque estoy trabajando; detrás de cada agente operativo hay una mujer o un hombre muy especial, capaz de soportar muchas cosas", sentencia Iván, que reconoce que desde el primer momento vio en su pareja a alguien que podía darle paz.

"En mi trabajo tengo que controlar el estrés, para tomar decisiones sin que se me acelere el pulso cuando de repente me encuentro con un terrorista, por ejemplo, y esa tensión se acumula y a veces sale por donde menos te lo esperas; ella me daba mucha tranquilidad en ese sentido", asegura el joven cabo, que prácticamente cada día ha vivido anécdotas que ejemplifican esa mezcla entre vida personal y profesional. "Hace poco, justo cuando andábamos detrás de Ternera, mi mujer y yo estábamos mirando una casa para comprarnos. El día que había que elegir el piso, yo había tenido que subir a Francia. Quedamos en que cuando ella estuviera en la oficina de la inmobiliaria me llamaría para elegir juntos. Lo hizo, pero no pude cogerlo: ella acabó eligiendo sola. Por supuesto, eligió lo que yo hubiera elegido", sonríe.

No es de extrañar, con esta vida, que Iván considere la Guardia Civil como su otra familia. "He dormido más con mis compañeros que con mi mujer", apuntilla. "Mi último compañero de viaje tiene una niña como la mía; una noche estábamos los dos a la vez haciendo Facetime con nuestras pequeñas; esto es duro a veces y entre nosotros nos apoyamos", cuenta Iván, que no siempre está plenamente convencido de que está haciendo lo correcto.

"Un día fui a casa de mis suegros, porque estaban allí mi mujer y mi hija; fui a coger a la niña, ella me miró, me sonrió y apartó la mirada", recuerda emocionado. "Eres gilipollas, qué haces soportando esto, pensé; todos los agentes operativos tenemos fecha de caducidad; algo en tu ámbito personal te hacer decir 'hasta aquí' en un momento dado", reflexiona. "A mí lo que más me preocupa es mi hija; no sé cómo llevaré el momento en el que ella me mire y me pida que no me vaya de viaje; me da más miedo esa escena que la peor situación imaginable ante el peor de los terroristas", afirma con los ojos húmedos.

"Quedaremos en el olvido"

"Desde hace tiempo, cuando detenemos a alguien, guardo todos los recortes de prensa en un album; se los enseñaré cuando sea mayor, para que valore, porque a lo mejor ya no sabe quiénes fueron esos hijos de puta", asegura Iván, que sin embargo tiene claro que dentro de los muros del cuartel también se generan vínculos cercanos a los que tienen los hermanos. "Tenemos que ser totalmente transparentes entre nosotros; la verdad aquí dentro en tan importante como la vida; si yo me callo algo para no quedar en evidencia, porque he dejado de vigilar un momento y no estoy seguro de qué ha pasado, por ejemplo, puedo estar poniendo en riesgo la vida del compañero que viene después; aquí perdonamos todo menos la mentira; asumimos que a veces las cosas pueden no salir bien", sentencia.

Una de esas ocasiones tuvo lugar en Capbretón. "Ata asesinó en 2007 a mis compañeros Fernando Trapero y Raúl Centeno; yo conocía a Fernando porque era de mi promoción en Valdemoro, íbamos juntos a veces en metro a clase, se sentaba detrás de mí; por aquella época estábamos todos por la zona de Capbretón en una operación; yo estaba en una localidad cercana; el entorno era bueno para trabajar, porque era un sitio donde había mucho surf, gente joven... podíamos pasar desapercibidos. Pero aquí cualquier mínimo descuido es clave, puedes encontrarte que te asesinan por la espalda, como pasó", recuerda el cabo, que se marcó como principal objetivo detener a aquellos asesinos. Tras varias diligencias, cuenta, llegó el momento. La citada despedida de soltero, afirma, "coincidía" con el día en que su grupo iba a detener a Ata.

Iván es plenamente consciente de que su trabajo ha salvado cientos, quizá miles, de vidas. "Estás haciendo operaciones de las que está pendiente el presidente del Gobierno; de que tú lo hagas bien depende que maten a una persona o no, de que pongan una bomba o no; pero nadie repara en que al final quien soporta todo esto es un chaval como yo, no una gran infraestructura del Estado, alguien que tiene problemas personales, una boda un día, que se tiene que comprar una casa...", afirma Iván, el nombre ficticio de alguien real que nadie conocerá nunca más que sus allegados. "Aquí nadie quiere reconocimientos, somos todos gente con nombre y apellidos que quedaremos en el olvido", zanja.

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