RIVERA E IGLESIAS, MISMA ESTRATEGIA

La pinza de Ciudadanos y Podemos contra Sánchez: el PSOE, único culpable del 10-N

La estrategia de ambos coincidirá plenamente al señalar a Sánchez como el responsable de la repetición electoral pese a tener dos ofertas: una a la derecha y otra a la izquierda

Foto: La imagen de Albert Rivera y Pablo Iglesias en la cafetería de diputados del Congreso difundida por dirigente del PSOE.
La imagen de Albert Rivera y Pablo Iglesias en la cafetería de diputados del Congreso difundida por dirigente del PSOE.

La imagen de Albert Rivera y Pablo Iglesias charlando en una cafetería del Congreso el pasado martes —mientras se confirmaba lo que parecía evidente desde hace semanas, que Pedro Sánchez no había reunido los apoyos suficientes como para que el rey lo designara candidato a la presidencia— se convirtió en la nueva arma electoral de muchos dirigentes del PSOE. El alcalde de Valladolid, Óscar Puente, se erigió como representante del movimiento: "Les va a ir bien a estos dos". Las críticas de todo el arco parlamentario (de izquierda a derecha pasando por independentistas) no dio sus frutos con el portavoz socialista, que aún los tachó de "farsantes", negándose a pedir perdón por haber difundido una imagen de dos parlamentarios tomando un café, que además atenta de lleno contra el Reglamento del Congreso.

Más allá de la anécdota —para algunos desagradable, para otros "patética" (según Iglesias)— la imagen de los líderes de los dos nuevos partidos que irrumpieron en las elecciones de 2015 y que no tienen ninguna intención de ceder su espacio electoral, representa bien uno de los fenómenos que aparecerá en el camino hacia el 10 de noviembre y que puede ser clave.

Tanto Iglesias como Rivera están decididos a hacer una campaña contra Pedro Sánchez. En el caso del primero, está claro por qué. En cinco meses de intentos de negociación —porque negociar, negociaron poco— las formaciones de la izquierda no fueron capaces de llegar a un acuerdo. La construcción del relato acaparó gran parte de los esfuerzos, sobre todo en lo que respectaba al reparto de culpas. Ninguno quería aparecer ante la opinión pública como el culpable de la repetición electoral.

La investidura fallida de julio fue probablemente el máximo exponente del desacuerdo. Ambos dirigentes rompían las conversaciones en directo desde la tribuna del Congreso. Podemos rechazó la oferta de un Gobierno de coalición por considerar insuficientes sus competencias dentro del gabinete. Acusó al PSOE de otorgarle "carteras vacías" a pesar de haber cumplido con la mayor exigencia de Sánchez: que Iglesias se apartara.

La formación morada insistió el resto del verano, también en el mes de septiembre, en retomar la negociación tal y donde se quedó para poder avanzar. Los socialistas se negaron. Consideraban la oferta caducada y ya no había opción de una coalición para gobernar. Ninguna. Iglesias insistió hasta el último momento e incluso —después de haber sugerido que el rey debía mediar para evitar elecciones— trasladó al monarca la imposibilidad de su grupo de dar una investidura gratis a Sánchez. "La forma natural de gobiernos cuando no hay mayorías absolutas es la coalición", reiteraba Iglesias.

El presidente en funciones en la Moncloa tras verse con el Rey. (EFE)
El presidente en funciones en la Moncloa tras verse con el Rey. (EFE)

En Podemos tienen claro que el reparto de culpas está cada vez más decidido. Y están convencidos de que Sánchez se ha retratado. Un argumento que esgrimirán en campaña y que coincide de lleno con el que empleará Ciudadanos: el presidente en funciones es el que "bloquea" España y "ni siquiera se sienta a negociar con sus socios". El partido de Rivera hará una campaña centrada contra Sánchez, insistiendo en que el responsable de esta situación es el presidente en funciones y "lo seguirá siendo" tras el 10-N. También lo señalarán como único culpable.

Al argumentario sumarán la maniobra final de su líder hacia la abstención, un gesto que descolocó a derecha e izquierda después de haber defendido toda la campaña y hasta este mismo lunes el implacable "no es no" a Sánchez. Frente a las reiteradas acusaciones de que se trató de un movimiento a la desesperada para evitar las elecciones por la caída que sufrirán según todas las encuestas, el núcleo duro de Ciudadanos asegura que sopesó los riesgos de proponer la abstención 'in extremis' a cambio de tres condiciones de mínimos constitucionalistas. También estudiaron los que enfrentaban si se mantenían en la inacción total por la que apostó el PP. Fuentes del partido aseguran a este diario que les penalizaba más no moverse.

Entienden que cuando pasen unas semanas y la ciudadanía asuma el marco de nuevas elecciones, premiarán haber intentado algo para frenar la repetición. "Vamos a explicarlo muy bien en estas semanas", insisten focalizando una vez más en Sánchez: "Tenía una oferta a su izquierda, la natural, y no la quiso. Tampoco optó por aceptar nuestras condiciones y ser presidente con un Gobierno en minoría", zanjan.

Una estrategia que coincidirá de lleno —la famosa pinza— con la que emplee Podemos, señalando al líder socialista como incapaz de asumir el fin de las mayorías absolutas. En el caso de Iglesias, alertarán a los votantes de la izquierda de su acercamiento con Ciudadanos, "siempre miró a la derecha". El partido naranja se centrará en la "incapacidad" del líder socialista y consideran que Sánchez ha podido errar en sus cálculos en una nueva convocatoria. Están convencidos de que la mayor parte del votante de izquierda culpará al PSOE y no a Podemos.

El otro 'handicap' para Ciudadanos será lidiar con la pérdida de credibilidad de su mensaje contra Sánchez después de haber ofrecido la abstención, aunque fuera en el último momento. De ahí, la insistencia inmediata de Rivera tendiéndole la mano a Casado "la misma noche electoral si sumamos un escaño más y podemos gobernar". El partido naranja vuelve a su casilla inicial e inaugura la precampaña señalando al PP como socio preferente (ya lo hizo en una entrevista con El Confidencial la semana pasada) para volver a su hoja de ruta del 28-A. "A la gente tienes que decirle lo que vas a hacer", insistía Rivera en su conversación con este diario antes de proponer la abstención.

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