Los expertos creen que la abstención crecerá

La abstención amenaza los cálculos de Sánchez: "Es la última vez que me engañan"

La nueva convocatoria para repetir las elecciones generales el próximo 10 de noviembre ha caído como un jarro de agua fría en la sociedad. La abstención activa empieza a sobrevolar el país

Foto: Una ciudadana escoge su papeleta en el colegio electoral. EFE
Una ciudadana escoge su papeleta en el colegio electoral. EFE

Juan Galván tiene 70 años y siempre ha sido un acérrimo socialista. Desde bien entrada la Transición, apostó por el partido que ahora le tiene decepcionado. Tanto, que ha decidido no acudir a la repetición de las Elecciones Generales convocada –a falta de que se publique en el Boletín Oficial del Estado (BOE)– para el próximo 10 de noviembre. Va a ser su primera abstención desde que España recuperó la democracia.

“No han hecho lo prioritario, que era llegar a un acuerdo. Es la segunda vez consecutiva”, lamenta, refiriéndose al anterior intento de acuerdo de gobierno en marzo de 2016 para la investidura de Sánchez, que consiguió el apoyo de Ciudadanos pero no el de Podemos. Ahí decidió no votar más, pero se arrepintió y el pasado 28 de abril depositó, como otros tantos, su voto en la urna: “Les di una segunda oportunidad porque no quería que gobernara la derecha y han vuelto a quedarse en el bloqueo. Pero es la última vez que me engañan”.

Ahora no encuentra una razón de peso para desplazarse de nuevo a su colegio electoral. Juan votaba porque sentía que era una responsabilidad. Algunas veces más convencido que otras, pero siempre al PSOE. Ya no lo siente así, según dice, a pesar de que cree que en noviembre ganará la derecha. "Pero yo no voy a ser responsable, los responsables son los que son”, sentencia.

En muy pocas palabras, Juan resume el hartazgo generalizado que se ha venido gestando entre los ciudadanos españoles desde el 28 de abril y que ha explotado esta semana después de que el rey Felipe VI no propusiera candidato el pasado 17 de septiembre y, automáticamente, se convocara la repetición de las elecciones generales para el 10 de noviembre. Se sienten engañados, ignorados y, en resumidas cuentas, en un ‘Día de la Marmota’ del que no quieren ser partícipes.

"Va a ser rizar el rizo sobre unas elecciones que sabemos que no van a llegar a ningún lado. El 28-A no voté por el mismo motivo: si el PSOE ha decidido no buscar ningún tipo de acuerdo con los partidos de izquierda, es lo que hay", sentencia Miguel Novel, un técnico de estaciones eléctricas que también va a quedarse en casa en los próximos comicios. "No quiere pactar con Podemos porque la CEOE le mete presión para que no entren en ningún ministerio que pueda poner problemas a los empresarios, y de ahí no pasan".

Los españoles están cansados de la política. En junio de este año, según las encuestas del CIS, más de la mitad (54%) creía que la situación política era mala o muy mala y las perspectivas de futuro no se muestran mucho más optimistas. Cuatro elecciones en cuatro años no parecen mejorar la situación. En octubre de 2016, tras la repetición electoral y con el gobierno de Mariano Rajoy en funciones durante casi un año, casi nueve de cada diez (88%) creía que la situación era mala o muy mala. Fue el punto más alto desde la vuelta de la democracia, aunque disminuyó cuando el gobierno comenzó a funcionar.

Y eso también se refleja en las razones para no ir a votar. En la repetición electoral de 2016 el estar "harto de la política" como motivo para no ir a las urnas se disparó diez puntos entre los mayores de 35 años respecto a las elecciones de 2015, y entre los menores de 34 primó el "da lo mismo votar o no votar", aumentando doce puntos. En cuanto a los líderes, los datos son aún más negativos: en una escala del 1 al 10, ninguno sale bien parado. Desde septiembre de 2018, solo Pedro Sánchez superó por una décima los cinco puntos. El resto no llega al cuatro.

Esta gente necesita bajar de la nube y que les digamos: "Ahora vais a escarmentar"

Fina Sangiao es otro ejemplo más de ese hartazgo, aunque volverá a votar. En los últimos comicios se decantó por Unidas Podemos y el PSOE en el Senado. "Por eso del voto útil", apunta, pero aún no se puede creer que no hayan llegado a un acuerdo. "Me da igual el partido, de lo que estamos seguros es que nos han robado la mayoría absoluta. Vamos a votar para nada porque va a salir lo mismo", augura y añade que los que se van a quedar en la casa en noviembre serán "los progresistas".

Su principal motivación para volver a las urnas el 10 de noviembre es que no gobierne la derecha. "A la izquierda nos pasa que somos reivindicativos, nos enfadamos y queremos quedarnos en casa como ‘castigo’. El problema es que la derecha, con tal de gobernar, les da lo mismo y llegan con los pactos que sea", señala.

La izquierda que se queda en casa

El "castigo" del que habla Fina, según los politólogos, se verá acentuado por la investidura fallida. "Los votantes de izquierda se plantean participar en función de las expectativas de los partidos que los representan y se han visto totalmente defraudados", explica a El Confidencial la politóloga y presidenta de la Asociación de Comunicación Política, Verónica Fumanal.

Desde Cámara Cívica, plataforma de análisis y consultoría política, tienen una visión similar. En abril, según dicen, hubo una transferencia de votos desde Unidas Podemos al PSOE por el miedo al auge de Vox y en busca de conseguir un gobierno progresista. Pedirle de nuevo el voto a esa gente que ya modificó su decisión para formar un gobierno que no pudieron formar en julio no parece una tarea sencilla, agregan. "Esto va a llevar a una desmovilización de la izquierda que va a beneficiar a la derecha, que puede acabar gobernando, aunque todavía es muy pronto para decirlo".

Fumanal va un poco más allá y asegura que el votante del PSOE y Unidas Podemos todavía no logra entender cómo no se llegó a un acuerdo. Según la politóloga, el electorado progresista creyó que iba a llegar a un acuerdo con rapidez porque la experiencia así lo dictaba. “La convocatoria electoral no fue por un divorcio entre PSOE y Podemos", agrega en referencia al acuerdo presupuestario al que habían llegado a principios de 2019 que no se aprobó por el rechazo de los independentistas catalanes. Que el bloque de izquierda se esté jugando la posibilidad de ocupar el gobierno es la gran diferencia con la repetición electoral del 2016 cuando el PP salió favorecido.

Pero no es tan fácil saber qué partido saldrá más perjudicado dentro de ese bloque. Mientras que Fumanal cree que Unidas Podemos ya llegó a su tope electoral y el votante de abril seguirá votándole en noviembre por fidelidad, desde Cámara Cívica creen que la formación morada va a sufrir más el desgaste de las negociaciones y aseguran que, aunque la formación morada tenga más descrédito, según sus propios datos, la gran mayoría de la población responsabiliza a Sánchez del fracaso en la investidura.

El enfado con los líderes políticos es generalizado. Para Encarna, quien votó por "la defensa de la sanidad pública y la cultura", meter su papeleta en la urna es un derecho que no va a ignorar. No obstante, tiene palabras para ambos líderes políticos: Iglesias le cae "fatal" y Sánchez es "un terco" y "un egocentrista". "Me parece que esta gente necesita bajar de la nube y que les digamos: 'ahora vais a escarmentar todos por vuestra metedura de pata'".

La España monocolor

"Yo veo que en Europa cada vez hay más gobiernos de coalición y que nosotros aquí seguimos, erre que erre con lo mismo. Una mayoría absoluta ya no va a ser posible en España. Si todos los españoles nos pusiéramos de acuerdo en no ir a votar, yo tampoco iría: hay que darles un toque de atención ya", puntualiza Fina cuando se le plantea la palabra 'bipartidismo'. "Parece que van a seguir haciendo elecciones hasta que salga lo que ellos quieran".

Fue el mismo Pedro Sánchez quien, en una ocasión, argumentó en ‘Al rojo vivo’ el mes de julio que en el continente europeo no existían gobiernos de coalición. Sin embargo, las coaliciones han dejado de ser una excepción para convertirse en la norma: de los 28 países de la Unión Europea, 18 tienen gobiernos de coalición, cuatro de ellos en minoría. España, junto con el Reino Unido e Irlanda tienen, en cambio, un gobierno monocolor sin mayoría.

La repetición electoral, dice Fumanal, favorece al bipartidismo porque tanto PP como PSOE captan a los votantes más ideologizados mientras que quienes se quedan en casa son las personas críticas con el sistema, que votan de forma más estratégica. Sin embargo, esta forma de gobierno parece separar cada vez más a los votantes de los votados: los quemados con la repetición electoral sienten que el bipartidismo está muerto.

Y es que el multipartidismo parece haber llegado para quedarse. Los líderes de los partidos tradicionales tendrán que aprender a convivir con la fragmentación parlamentaria a pesar de que "no la hayan terminado de asumir", según dicen desde Cámara Cívica. La repetición electoral de 2016 y la moción de censura parecían haber actuado como "aleccionador" pero no ha sido así. "Los españoles quieren que se pongan de acuerdo y los políticos no lo hacen. La repetición electoral es un síntoma de que todavía no se ha asumido el multipartidismo", agregan desde la plataforma.

La repetición electoral es un síntoma de que todavía no se ha asumido el multipartidismo


Ciudadanos, una de esas formaciones que llegó precisamente para romper con ello, es la que saldrá en peor posición. Todas las encuestas señalan que la formación naranja perderá muchos votos y los expertos lo atribuyen al desconcierto que generaron los movimientos de su líder, Albert Rivera. Percibido como un partido bisagra, que podía pactar tanto con el Partido Popular como con los socialistas, la estrategia de negarse a negociar con Sánchez no le favorece, explica Fumanal. "Se vinculó a gobiernos de la derecha donde participa Vox. El electorado centrista vio eso de forma negativa", explica.

¿La abstención será histórica?

Aunque el enfado entre los votantes crece por momentos, no todos están de acuerdo en que, justo ahora, sea el momento de mostrar el hastío hacia la clase política. Guillem Clua, un dramaturgo y director de teatro, decidió ponerse en campaña desde sus redes sociales esgrimiendo los motivos por los que abstenerse o votar en blanco o nulo no aporta nada. "Necesitamos redirigir el hartazgo hacia la participación", cuenta a este diario.

Pero nadie se pone de acuerdo. Desde el partido político Tercera Edad insisten en que la solución nunca es abstenerse, sino que los partidos den su brazo a torcer. "Estamos francamente preocupados por la situación y siempre nos hemos ofrecido como mediadores para que llegasen a un acuerdo", explica Carlos Sánchez, portavoz. "El problema no es el resultado de las elecciones, sino el sistema político que viene después".

En las antípodas se encuentra YoNoVoto, una iniciativa adherida al Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional (MCRC), que insiste en que la única forma de cambiar la dirección política es quedarse en casa. Su objetivo es promulgar la abstención activa "para deslegitimar al gobierno, alcanzando por lo menos un 80% de abstención que llevara a replantear todo el sistema", explica uno de sus portavoces. "No existe libertad política en España, nunca sabemos quiénes son los líderes y tampoco los elegimos como tal, a diferencia de los sistemas que tienen en Estados Unidos e Inglaterra", añade.

Sea como sea, la sombra de la abstención ya lleva un tiempo sobrevolando las urnas. Se observó con claridad en las elecciones de 2016 cuando alcanzó el 33,5%, la cifra más elevada desde la Transición. Justo después, la posibilidad del gobierno progresista movilizó al votante de la izquierda en abril y provocó que la abstención cayera en cinco puntos porcentuales, siendo la menor desde 2008. ¿Qué puede ocurrir el próximo noviembre? Los expertos se lanzan con una previsión: la ausencia en las urnas aumentará hasta siete puntos y la derecha se verá beneficiada.

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