HACIA EL FINAL DE LA LEGISLATURA

El PSOE avisa de que el miedo a la derecha no calará el 10-N y se centrará en la "estabilidad"

La cúpula socialista afronta con cierto ánimo la campaña que, salvo giro imprevisto, arrancará casi de inmediato. Sánchez hará de la gobernabilidad y la llamada al voto útil el eje de su mensaje

Foto: María Jesús Montero, Carmen Calvo y Adriana Lastra, este 10 de septiembre a su llegada a la reunión con Unidas Podemos en el Congreso. (Eva Ercolanese | PSOE)
María Jesús Montero, Carmen Calvo y Adriana Lastra, este 10 de septiembre a su llegada a la reunión con Unidas Podemos en el Congreso. (Eva Ercolanese | PSOE)

—Me da mucha pena, pero no ha sido posible. No ha habido manera. Y ya no esperamos ningún movimiento nuevo. Ya está.

La sentencia, de una dirigente del núcleo duro del presidente del Gobierno, venía a condensar, dicha así, en pasado, una jornada previsible, calentada por las pésimas expectativas y un cruce de declaraciones PSOE-Unidas Podemos hostil e incesante. Sancionaba el fin (casi) definitivo del psicodrama colectivo de la investidura de Pedro Sánchez. La larga negociación que no fue y que ya alumbraría un desenlace conocido: una repetición de las elecciones generales. Serán el 10 de noviembre. El motor ya está en marcha salvo que se produzca un giro en los minutos de la basura. Y una primera orientación de cómo el PSOE enfocará su precampaña, en mente de Ferraz. El 10-N no será como el 28-A. Tampoco fueron simétricos los comicios de 2015 y 2016. En abril los socialistas aprovecharon el miedo a las derechas y el viento de cola por su gestión reciente y corta en el Ejecutivo. Ahora, ondearán la bandera de la "estabilidad", pintarán a Sánchez como el único que puede gobernar y conferir "tranquilidad" al país tras cuatro años de incertidumbres y volatilidad de la política española. Pero el camino también se presenta trufado de obstáculos.

Los socialistas no se llaman a engaño, aunque también se sentían, en las primeras horas que seguían a la ruptura con Unidas Podemos, cierta 'liberación' en las alturas del partido y del Gobierno, porque se ponía punto final a un agónico proceso de cuatro meses y medio sin avances y que solo ha servido para deteriorar las relaciones y quebrar gravemente la confianza entre las dos formaciones progresistas, distanciar kilómetros a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias y demostrar que, al menos por ahora, un Ejecutivo de coalición es inviable en España.

La conversación de cuatro horas giró sobre coalición sí o no, hasta que las negociadoras del PSOE creyeron mejor "no alimentar expectativas"


Los dos equipos negociadores se volvían a reencontrar este martes a las 11 de la mañana en el Congreso. A partir de entonces siguió un nuevo combate dialéctico. Cuatro horas, a sumar a las casi cinco del primer encuentro, el jueves pasado. La conversación giró, según expresaban los interlocutores del PSOE, sobre el mismo punto: cogobierno sí o no. Carmen Calvo, Adriana Lastra y María Jesús Montero intentaron reconducir el diálogo hacia la propuesta que presentó Sánchez hace una semana —acuerdo programático, garantías "rigurosas" de su cumplimiento y cargos en instituciones y organismos públicos—, pero la comisión morada, encabezada por Pablo Echenique, retornaba hacia la exigencia de la coalición.

"Cordialidad", pero poco más

Las responsables del PSOE, como en la cita anterior, reiteraron que no iban de farol, que el presidente jamás aceptaría en ningún caso un cogobierno, ni ahora ni en el último minuto. Esa puerta se cerró en julio, y no volvería a reabrirse. Los dirigentes de UP señalaron que no iban a propiciar una investidura gratis, como se había especulado en la última semana (sería una "opción enormemente irresponsable", por el peligro de inestabilidad), y las negociadoras socialistas remacharon que no la querían, porque sería un regalo envenenado: no devolvería la quietud al país. No hubo ocasión de desgranar qué puestos podía ocupar UP, porque la charla no siguió por esos derroteros. A la vista de que la conversación se enquistaba, Calvo, Lastra y Montero apuntaron que no tenía sentido una tercera reunión que basculara sobre la pregunta coalición sí o no. Argumentaron, según fuentes de la cúpula, que ya no valía "alimentar falsas expectativas" de acuerdo si este no iba a llegar. Las negociaciones se quebraban en ese momento.

España está a un paso de nuevas elecciones, y las palabras de Lastra y Echenique fueron elocuentes: no hay "salida" y el PSOE "no se mueve" del no

Entre las cuatro paredes de la sala —el mismo comedor de gala de la zona de Gobierno de la tercera ampliación del Congreso que sirvió de escenario la semana pasada—, se ahogaban las expectativas de una investidura en un ambiente de "cordialidad" y "buen tono". Pero poco más. A partir de ahí, lo conocido. Echenique y Lastra solemnizaron la ruptura. El dirigente morado acusó a los socialistas de emperrarse en el Ejecutivo en solitario, "un error que aboca definitivamente al país a elecciones anticipadas". "No hay una vía para alcanzar un acuerdo. Unidas Podemos se ha negado en todo momento a alcanzar un acuerdo programático y de gobernanza. Hoy por hoy, no vemos una salida precisamente por esa negación a lo que nosotros les proponíamos", indicó por su parte la vicesecretaria general del PSOE. Naufragadas las opciones de un entendimiento, se desvanece la posibilidad de una conversación entre los dos líderes, que para Ferraz solo era concebible, dijo Lastra, para rubricar el pacto.

El PSOE avisa de que el miedo a la derecha no calará el 10-N y se centrará en la "estabilidad"

Todas las señales de los últimos días, de las últimas semanas, incluso de los últimos meses, conducían a este fracaso. Los socialistas nunca perdonaron que Iglesias hiciera morder al polvo a su jefe en la investidura fallida de julio. Habían alegado que no habría septiembre, y lo cumplieron. Los morados gestionaron mal sus expectativas, había asegurado Lastra el lunes en TVE: pensaron que Sánchez cedería al final, porque se jugaba su permanencia en la Moncloa. Pero el presidente, que aceptó a regañadientes aceptar una coalición que nunca le convenció, no estaba dispuesto a transigir. Unidas Podemos culpa al PSOE de no ser flexible, de no querer compartir el poder, cuando no recibió una mayoría absoluta de las urnas del 28 de abril.

Pero serán los electores quienes tendrán que repartir las responsabilidades de esta negociación frustrada. Porque lo que ya es indudable es que España está a un paso de unas nuevas generales el 10-N por el desacuerdo de las izquierdas. En las alturas del PSOE y del Gobierno, insisten en que no habrá cesiones por parte del presidente. Las posiciones están "definidas": Sánchez no tolerará una coalición. Punto. De modo que el único factor sorpresa que podría emerger hasta la ronda de consultas del Rey, subrayan, provendrá del lado de los morados, si decidieran "reflexionar" y dar marcha atrás. Pero las negociadoras del PSOE creen que no ocurrirá.

Prudencia en los territorios

La precampaña, a falta del pistoletazo de salida oficial, ya está casi en marcha. Sin sobresalto de última hora, el 23 de septiembre, en apenas 12 días, concluirá el plazo constitucional para una investidura y el 24 el jefe del Estado procederá a la disolución de las Cámaras y la convocatoria de las segundas generales, las cuartas en cuatro años.

Ferraz no ha activado la maquinaria electoral, pero nadie duda de que el engranaje está preparado. Sánchez ha ido asfaltando el camino, ayudado por su equipo en la Moncloa —con la pieza esencial de Iván Redondo, mucho más que su director de Gabinete—, y por sus lugartenientes en el Ejecutivo y en el partido. Un estrecho núcleo integrado por Calvo, Lastra, Montero y el secretario de Organización y titular de Fomento en funciones, José Luis Ábalos. Ahora todos transitan ya hacia el 'modo campaña', pese a que en los territorios los cargos medios temen la falta de movilización de los votantes y la dificultad de penetración de un relato que, asumen, es menos limpio y emocional que el del 28-A.

Sánchez demandará "mayorías amplias". "La partida no se jugará en el eje izquierda-derecha, sino en el de la estabilidad", apunta una ministra

La narrativa del PSOE de cara al casi seguro 10-N no será, en efecto, calcada al de las anteriores generales. La dirección asume que no puede serlo. El temor a una suma de PP, Ciudadanos y Vox ya no es visto como un agente movilizador. En primer lugar, porque las encuestas últimas no aventuran que el bloque de la derecha alcance una mayoría, y apuntan también que la formación de Santiago Abascal puede hundirse, y la de Albert Rivera, sufrir un importante mordisco. "El miedo a la derecha ya no funciona", subrayan con contundencia fuentes de Ferraz.

El PSOE avisa de que el miedo a la derecha no calará el 10-N y se centrará en la "estabilidad"

Sánchez, por tanto, se reivindicará como "la estabilidad frente al caos", y demandará "mayorías amplias" que hagan posible el alumbramiento de un nuevo Ejecutivo. Es decir, pedirá a los españoles que voten en clave de Gobierno. Un argumento, reconocen en la cúpula, más racional que emocional, que puede arrastrar menos votos, que puede ser menos ilusionante, un elemento nada menor en un contexto de previsible desafección del electorado progresista. "La partida no se va a jugar por nuestra parte en el eje izquierda-derecha, sino sobre la base del llamamiento al voto útil y a la estabilidad. Pedro es el único con opciones de gobernar", afirmaba por su parte una ministra en conversación con este diario.

Fuentes de la ejecutiva socialista decían no tener miedo a un 10-N. "El relato cambiará porque habrá otros temas de conversación en una segunda campaña. El reparto de culpas ocupará una semana, pero luego habrá que hablar de Cataluña, del Brexit salvaje, de la economía... Serán otras cuestiones las que centren el debate", indicaba un miembro de la dirección.

Todo estaba en el discurso del 3-S

En realidad, todos esos elementos ya estaban indiciariamente apuntados en el acto que protagonizó el pasado 3 de septiembre el propio Sánchez, cuando presentó el 'Programa común progresista' con el que buscaba seducir a Unidas Podemos. La atención aquel día se centró en la oferta a los morados (el sistema de garantías y los puestos ofrecidos a los de Iglesias), pero previamente el presidente había expuesto su relato: por qué no podía admitir ya la coalición, por qué se quebró la confianza... y por qué en el nuevo tiempo se necesita un Ejecutivo sólido. Podemos quería "un Gobierno compartimentado y dividido en un momento crítico para España". "Un momento en el que enfrentamos grandes retos y oportunidades —alegó—, pero un momento también de serios riesgos: el enfriamiento de la economía, la gestión de un Brexit sin acuerdo, las tensiones comerciales mundiales, o el pulso secesionista en Cataluña. Oportunidades y riesgos que exigen un Gobierno fuerte. Que garantice la necesaria estabilidad para dar una respuesta eficaz y equitativa a los mismos. Conocen mi postura al respecto: no estoy dispuesto a presidir un Gobierno si en su acción y desempeño, no es útil al interés general".

Los temas que quiere introducir en la campaña Sánchez son economía, Cataluña, posible Brexit salvaje o la guerra comercial: orden frente a caos

No solo eso: el documento incluía el rechazo explícito al referéndum de autodeterminación en Cataluña. Una cláusula que el PSOE no había sentido la necesidad de incorporar en anteriores programas electorales y que sin embargo sí lo hizo en ese texto. Lo hacía por si la ruptura llegaba. Porque Sánchez buscará no solo absorber voto útil de Podemos, sino también crecer por el caladero del centro, que considera abandonado por un Ciudadanos que, a juicio de los socialistas, se ha derechizado y alineado con el PP y Vox. También Ferraz habrá de definir su relación con Iglesias en la trayectoria hacia el 10-N. Ya no será de guante blanco, como para el 28-A, pero los colaboradores del presidente advierten de que hay que encontrar un equilibrio: "Sin que se nos vaya la mano".

El PSOE avisa de que el miedo a la derecha no calará el 10-N y se centrará en la "estabilidad"

"Nos puede beneficiar el hartazgo de la gente con la inestabilidad y la incertidumbre, nos ayuda que sea una campaña más corta, que no hayamos pactado con Podemos a cualquier precio y que hayamos pedido la abstención a la derecha sin buscar su apoyo. Tenemos ciertas bazas, sí", indican en Ferraz. "No hay estabilidad social sin justicia social. No vamos a renunciar a nuestra orientación programática. Estamos seguros de que una parte muy amplia de la sociedad española quiere medidas progresistas", complementaba una responsable de la ejecutiva.

Ronda ya a la vuelta de la esquina

En la cúpula y en el Ejecutivo se palpaba cierto ánimo por haber acabado con el "mareo" y la cierta impostura de los últimos meses y por afrontar una campaña que, no obstante, no se presenta sencilla. Porque ninguna encuesta apunta hacia una mayoría absoluta del PSOE y nada garantiza que, tras una 'segunda vuelta', sea posible el acuerdo con Unidas Podemos. Iglesias ya ha dicho que seguirá reclamando la coalición. Y, si ambas formaciones sumaran 176 escaños con ayuda del PNV y sin los independentistas, Sánchez se quedaría sin argumentos para rechazar un cogobierno. Sin embargo, en el círculo del líder se señala que a su favor tiene que España no irá a unos terceros comicios —no fue a ellos en 2016— y que el PP podría esta vez abstenerse, como hizo el PSOE hace tres años, con la disconformidad absoluta de Sánchez. También calculan que la participación, aunque no igualará la extraordinaria del 28-A (75,75%, sin voto CERA), pero no se hundirá (la del 26-J de 2016 fue del 69,83%, por el 73,2% de 2015).

Aunque el PSOE no espera movimientos importantes de última hora (y Sánchez no se moverá, dice), quedan 12 días hasta la disolución

En el fondo, la campaña del PSOE para el 10-N, cuando se confirmen los comicios, no distará mucho de la de Mariano Rajoy en 2016. Entonces él se reforzó apelando a la estabilidad. Ahora el garante de ese valor quiere ser Sánchez, cuya aspiración sería escalar desde los 123 diputados de hoy a los 140 o 150 escaños, con los que algunos de sus compañeros sueñan.

Los ministros José Luis Ábalos y Fernando Grande-Marlaska conversan con un Pablo Iglesias sentado en su escaño, este 10 de septiembre en el Congreso. (EFE)
Los ministros José Luis Ábalos y Fernando Grande-Marlaska conversan con un Pablo Iglesias sentado en su escaño, este 10 de septiembre en el Congreso. (EFE)

Antes de certificar la muerte de la legislatura, quedan unos días por delante. Este miércoles, Sánchez e Iglesias se miden en un largo pleno con sesión de control que servirá para calibrar la temperatura ambiental entre ambos. Puede que aún haya fuegos de artificio. Pero la obra concluirá, si no hay cambios, cuando el Rey llame a la Zarzuela a los representantes políticos. La ronda, por una lógica de plazos, ya es inminente.

Reunión con los barones el sábado y posible comité federal pronto

Tras el primer acto con aroma electoral del pasado fin de semana en Toledo, con alcaldes, Pedro Sánchez transitará hacia otro acto más enfocado a la precampaña este sábado. Será en Logroño, cuando reúna a todos los barones y presidentes autonómicos del PSOE. Allí recibirá el respaldo de los jefes territoriales, clave para apuntalar su mensaje, apoyar su estrategia y cerrar filas ante la previsible campaña.

Aún queda por confirmar la fecha del comité federal, máximo órgano de dirección del partido. Se ha barajado el sábado 21 de septiembre, pero no se ha ratificado por si al final hubiera sesión de investidura. Ahora no parece que la habrá, pero la dirección no quiere oficialmente dar todo por perdido. Además, ese día tiene la 'complicación' de que coincide con el pleno de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), en la que el socialista Abel Caballero, alcalde de Vigo, será reelegido como presidente. El comité federal tiene que proclamar las listas electorales (aunque con excepciones, se repetirán las del 28-A) y aprobar el programa (que podrá ser el presentado la pasada semana). 

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