comenzó en 2017

La periodista Marta Fernández, acosada: "Es como estar prisionera en tu propia casa"

Más allá de las luces de plató, cuando los focos se apagan, existe una vida privada. La de Marta ha sido cuanto menos incómoda durante dos años, Marta ha sido acosada

Foto: La periodista Marta Fernández.
La periodista Marta Fernández.

Marta Fernández es una extraordinaria periodista de este país. Comenzó a vivir entre platós y cámaras de televisión en Telemadrid. Le siguieron Televisión Española, CNN +, pero donde verdaderamente se popularizó su rostro fue cuando comenzó a presentar los informativos de Telecinco y después de Noticias Cuatro. Incisiva, rápida, creíble, enseguida destacó entre los grandes prescriptores de información de este país. Tenía tanto potencial y tantos registros que los directivos de Mediaset le propusieron un salto complicado, de las noticias a presentar un programa magazine: las mañanas de Cuatro. Aceptó el reto y logró notable éxito. Luego regresó a informativos y finalmente acabó abandonando la televisión y fichando por el diario 'El País' y la Cadena SER.

Más allá de las luces de plató, cuando los focos se apagan, existe una vida privada. La de Marta ha sido cuanto menos incómoda durante dos años, Marta ha sido acosada. Tuvo que acudir hasta en dos ocasiones a la Policía a pedir ayuda y finalmente un juez le ha concedido una orden de alejamiento de su acosador. Quinientos metros. Esta es la historia que contó a la Policía: “El acoso comienza de una manera en que es imposible de detectar”, explica Marta con voz suave. “Un individuo comienza a escribirme a través de las redes sociales. Eran mensajes raros, pero no preocupantes. Más inquietante si acaso la insistencia, porque eran bastante frecuentes”.

Este es solo el comienzo, pero algo cambió. “De repente me asusté cuando un día me envía una carta a mi domicilio particular con número de portal, piso y letra. A mí me han mandado cartas en la tele, pero ¿a mi domicilio personal?”. Pasado el primer trago, se fija en un detalle: “Lo más alucinante es que mi acosador se identificaba. Había plasmado de su puño y letra su nombre y su dirección en el remite. No entendía nada”.

Marta no identificó inmediatamente a su acosador, pero al siguiente mensaje que escribió en la red social, supo de quién se trataba.

“Las cartas tenían un contenido delirante. En una de ellas decía que me había visto en una terraza de mi barrio y que yo le había mirado y que su corazón había empezado a palpitar. A partir de ahí, se había construido una historia de amor, absolutamente caballeresca y enloquecida”, recuerda la escritora y periodista. De hecho, lo que dice la carta es: “En aquella mañana en una plaza pintoresca de Madrid se cruzó ante mí una luna. Y ella me miró. Que te mire una luna no es muy habitual, y sentí aquella mirada que no puedo olvidar”.

Las misivas continuaron y en ellas mismas confesaba el acoso al que sometía a Marta: “Es eso lo que quiero, conquistar tu corazón. El mío ya lo tienes y te lo entrego. Ha vuelto a latir tan fuerte que no puedo controlarlo. Late cada vez que me acerco a ti, a tu guarida, a tu sitio, a tu hogar”; “Son muchos los días en los que paso y aunque no consiga verte asomada a tu balcón, noto tu presencia, pues mi corazón late cuando estás ahí. No te veo, pero te siento”.

Un individuo comienza a escribirme a través de las redes sociales. Eran mensajes raros, pero no preocupantes

El acoso, que comenzó en 2017, se fue tornando diferente. “Un día, en una carta, me envió un pequeño regalo, una llave. Y luego comenzó a mandarme mensajes a través de la red social con cosas de candados como que debía ir a buscar uno. Fue más preocupante cuando una noche de Reyes llego a mi casa y me encuentro una caja en el balcón. Está alto. Hay que hacer fuerza para lanzarlo y que llegue a mi balcón. El desasosiego era tremendo porque tengo varios balcones y justo cayó en el de mi dormitorio. Yo intentaba darle una explicación, miré hacía arriba y enfrente, pero mi piso es el más alto. Concluí que lo habían lanzado desde la calle. Cogí la caja y la guardé y al día siguiente veo un mensaje en la red social que dice: 'Cajitas voladoras, ¿has cogido mi regalo?'. Comprendí que no solo me escribía cartas a casa, sino que había estado allí, en mi puerta y podía incluso haber roto el cristal del balcón. Esa fue la primera vez que fui a comisaría”, explica Marta.

Quizá fue casualidad, pero coincidiendo con su visita a la comisaría de Centro, el acosador desapareció durante unos meses.

“Pensé que se había borrado de mi vida. ¡Qué alegría! Una preocupación menos. Pero me equivoqué. Comenzó a acercarse a mí físicamente. La primera vez fue en la Feria del Libro. Vino a que le firmara un ejemplar, pero había tanta gente que no le reconocí. Sin embargo, un día presentando un acto en Telefónica, a principios de 2018, lo vi entre el público. Lo identifiqué. Me entraron los mil males. Aguanté el tipo durante la presentación, pero al final los de Telefónica, que son muy majos, me tuvieron que sacar por la puerta de atrás. Cuando ellos salieron, comprobaron que estaba esperándome en la puerta de la calle Fuencarral”.

Pensé que se había borrado de mi vida. ¡Qué alegría! Una preocupación menos. Pero me equivoqué

El acoso arreció. “Volvieron cartas. En una me mandaba sus carnés, el DNI, el de conducir, y se presentaba como candidato. Pero lo peor es en abril de este año: comenzó a presentarse debajo de mi domicilio. Si llegaba a casa y le veía sentado, corría a mi portal. Un día volvía con la compra, se me acerca y me dice: 'Te ayudo, te subo las bolsas a casa'. Yo le respondo: 'No, no. No hace falta'. Salí corriendo y cerré de golpe la puerta tras de mí. A partir de ese día, se plantaba en mi puerta todos los días. A eso de las siete y media, ocho de la mañana, se ponía debajo de mi balcón a jugar con una pelota o a cantar, o hacía que hablaba con el móvil. Yo le veía desde arriba".

"Es como estar prisionera en tu propia casa, porque no puedes bajar. Pasados unos días, vi cómo entraba en animada conversación con los repartidores, los obreros, y luego me enteré de que los de las terrazas de alrededor de mi casa también le conocían y estaban hartos de él. Un día bajo a un bar de al lado y me lo encuentro. Me suelta: '¡Que no me haces caso! ¡Las mujeres cómo sois! ¡Las guapas cómo sois!'. Y luego, mirando a la gente que había en local, seguía: '¡Esta que no me hace caso! ¡Mira las guapas! ¡Con ese vestido bonito que no me hace caso!'. La gente no quitaba ojo".

Marta tuvo que echarle valor y enfrentarse a él, con carácter y determinación: "Estoy harta. Como continúes siguiéndome te voy a denunciar a la Policía. Esto no tiene sentido". La amenaza produjo en el acosador una reacción nerviosa. “Empezó a gritar: '¡Las mujeres que solo queréis a los hombres por el dinero!', '¡que no me hace caso!'. Cogió el café y se fue. Desapareció. Pensé que enfrentarme a él había surtido efecto y que no regresaría. Pero una vez más, me confundí. En julio y en agosto de este año, volvió y ya tuve que acudir de nuevo a denunciar a la Policía. Los agentes, espectaculares, conmigo han tenido una especial sensibilidad de género. Estoy muy agradecida. Le detuvieron en su casa y un juez le ha puesto una orden de alejamiento de 500 metros. No ha vuelto. Ahora me da la impresión de que ha empezado a escribir a otra mujer conocida”.

Este es el ejemplo de un texto alternativo

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