En septiembre

El juez escuchará de nuevo al Gordo para apuntalar el espionaje a Bárcenas

La cita ante el juez se considera de especial trascendencia para apuntalar la investigación que sitúa en el centro al departamento de Interior en la etapa de Fernández Díaz

Foto: El chófer Sergio Javier Ríos Esgueva, el comisario Villarejo y Luis Bárcenas. (EC)
El chófer Sergio Javier Ríos Esgueva, el comisario Villarejo y Luis Bárcenas. (EC)

El juez del caso Villarejo tendrá un septiembre intenso. A la vuelta de vacaciones, el magistrado Manuel García-Castellón prevé impulsar varias de las piezas abiertas sobre las actividades del comisario jubilado ahora en prisión. Una de ellas es la que investiga el espionaje policial a Luis Bárcenas, en la que se citará, de nuevo, al comisario Enrique García Castaño, alias ‘el Gordo’.

La nueva cita ante el juez se considera de especial trascendencia y está dirigida a apuntalar los flecos de una investigación que sitúa en el centro al departamento de Interior en la etapa de Jorge Fernández Díaz. El comisario ya ha acudido a la Audiencia Nacional en varias ocasiones y, de forma voluntaria, ha ido ofreciendo detalles del operativo dirigido a acceder a documentación en posesión del enemigo número uno del PP durante la presidencia de Mariano Rajoy.

Se espera que esta nueva comparecencia acabe por limitar las responsabilidades de los seguimientos para acceder a copias de material personal del extesorero popular, a cargo de miembros de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO) que entonces dirigía García Castaño. Para ello, emplearon los servicios del chófer de Bárcenas, Sergio Ríos, que estuvo cobrando de fondos reservados al menos durante dos años a razón de 2.000 euros al mes, extremo que habría certificado el Ministerio del Interior mediante los recibís y las notas de seguimiento de aquella operación que, a petición del juez, puso a disposición de los investigadores.

Además, la Audiencia Nacional investiga una segunda compensación tras detectar irregularidades en el acceso a la Policía del que fuera chófer del extesorero del PP. Los investigadores barajan la hipótesis de que su inusual entrada en el cuerpo pudo responder a una compensación por los servicios prestados, complementaria a los pagos en efectivo que percibió.

A lo largo de sus anteriores declaraciones, el comisario ha ido ofreciendo detalles del control policial a la familia Bárcenas. Admitió, por ejemplo, que sus agentes registraron el estudio de restauración de obras de arte que tenía alquilado su mujer, Rosalía Iglesias, en Madrid. También reconoció que los policías de la operación Kitchen aprovecharon los sucesivos traslados de pruebas ordenados por Bárcenas para pedirle a Ríos que se desviara de su camino y reunirse con él en un punto discreto. Una vez allí, los agentes fotocopiaban o fotografiaban los documentos y los volvían a colocar tal y como se los habían encontrado. Clonaron teléfonos antiguos de Bárcenas con mensajes como el ya famoso remitido al expresidente del Gobierno Mariano Rajoy.

Al margen de la Kitchen, la Fiscalía Anticorrupción quiere impulsar una reactivación de otras dos piezas —las bautizadas como Pintor y Marbella— en las que ya se han reclamado nuevas declaraciones que se distribuirán a lo largo del mes de septiembre.

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