Tras más de 10.000 hectáreas calcinadas

"Canarias está de luto": el fuego remite pero los vecinos ya han perdido su medio de vida

En la madrugada de este martes las terribles previsiones cambiaron. Las temperaturas bajaron, la humedad subió y el viento paró. No obstante, el incendio aún no está controlado

Foto: Dos personas observan las llamas sobre el pueblo de Valleseco, en Gran Canaria. (Reuters)
Dos personas observan las llamas sobre el pueblo de Valleseco, en Gran Canaria. (Reuters)

"Salimos a la ventana y solo vemos humo negro", señala compungida Lucía Martín Vega, vecina de Santa Lucía, al sur de la isla de Gran Canaria. Aunque está a menos de 30 km del incendio, admite que temían lo peor cuando este lunes, sobre las 22:00 horas, los servicios de emergencia avisaban de que el incendio comenzaba a extenderse hacia el sur. "Tenemos una finca justa en la zona a la que iba direccionado el incendio. No es tanto por la pérdida material, sino porque en cuestión de horas podríamos haber perdido el reflejo de nuestro esfuerzo y trabajo de todos estos años", recalca. El incendio que asola la isla de Gran Canaria desde el sábado y que ya ha calcinado 12.000 hectáreas parece que está remitiendo gracias a que el viento ha perdido intensidad.

Tras el desalojo de alrededor de 10.000 vecinos de un total de nueve municipios, el director técnico de Emergencias del Cabildo de Gran Canaria, Federico Grillo, ha anunciado que confía en que los trabajos que se desarrollen desde el aire y por tierra durante el día de hoy permitan dejarlo "en fase de estabilización, o casi". "Estamos venciendo al fuego", señala Onalia Bueno, alcaldesa del Ayuntamiento de Mogán, una de las zonas en prealerta desde anoche. La ministra de Defensa en funciones, Margarita Robles, ha avanzado que el fuego se podría "estabilizar" en dos días, según le han trasladado los técnicos.

Según cuenta Bueno, sobre las 22:00 las noticias eran muy malas para su municipio: las llamas tenían un perímetro de 75 kilómetros y estaban a las puertas de la población. No obstante, sobre las 2 o 3 de la madrugada todo cambió. "Bajaron bastante las temperaturas, creció la humedad y eso hizo que el viento amainara", señala y cuenta que permanecen cerradas dos carreteras de acceso porque Mogán es una zona muy turística y no se permite la entrada por el momento.

No obstante, aunque no procedieron con los desalojos, llevaban días con labores preventivas. "Comenzamos a retirar el cáñamo que crece en las cuencas de los ríos secos porque es el combustible perfecto para un incendio", declara la alcaldesa y admite que como canaria ha sido desolador ver las llamas que no se han podido abatir hasta que la fuerza del viento no ha comenzado a descender.

Tras el incendio que asoló la isla en 2007, no cambiamos nada. Tras el de 2017, lo mismo. Y ahora de nuevo no aprendemos nada

"Estamos en alerta, aunque más tranquilos. Esta zona es muy seca, con clima casi tropical, y en cuestión de horas todo puede cambiar", continúa Bueno y alienta al resto de Ayuntamientos a desarrollar un plan de prevención. "Tras el incendio que asoló la isla en 2007, no cambiamos nada. Tras el de 2017, lo mismo. Y ahora de nuevo no aprendemos nada", recalca y sostiene que si estuvieran organizados las consecuencias serían menores.

Uno de los mayores temores de este incendio era la destrucción del Parque Natural de Tamadaba, situado al noroeste de la isla y con una extensión de más de 7.500 hectáreas. Sin embargo, tras las imágenes grabadas con un dron que ha sobrevolado la zona este martes, el presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, ha confirmado que la afección es menor de lo esperado.

"Parece que solo está quemando la copa de los pinos y eso puede suponer un tiempo de regeneración relativamente pequeño, de unos 3 o 4 años", afirma Alida Monzón, concejala de Servicios Sociales del Ayuntamiento de la Vega de San Mateo, uno de los municipios más afectados por las llamas, aunque con casi todos los focos ya controlados. La alcaldesa de Mongón recuerda que el pino canario es una especie muy fuerte y que por mucho que se queme, el tronco vuelve a regenerarse. "Lo más preocupante ahora es la fauna autóctona de la zona", recalca.

Los vecinos, en cambio, no lo ven con tanto pragmatismo sino que dicen sentirse "de luto". "Los canarios crecemos conectados con el entorno, la naturaleza, la tierra... Ver quemado el monte duele mucho", confiesa Martín Vega y señala Tamadaba era la referencia de todos, el pulmón de Canarias. "Al menos no ha sido tan grave", concluye sin un tono muy alentador.

Cuando me desalojaron, tuve que abrir la puerta a mis gallinas para que huyeran si el fuego les alcanzaba

La peor parte se la llevan los trabajadores de la zona que se dedican principalmente al sector primario, es decir, ganadería y agricultura. "Muchos lo han perdido todo. Era su medio de vida", declara Alida Monzón y narra como desde el Ayuntamiento y el 112 organizaron expediciones para que algunos vecinos pudieran subir a sus casas para alimentar al ganado y ordeñar a las vacas ya que al ser desalojados tuvieran que dejar todo atrás. "Solo les daban 10 minutos por el riesgo", señala Soraya, una vecina desalojada de la Vega de San Mateo.

Soraya cuenta como hace tres día se personaron Guardia Civil y Policía Local en la puerta de su casa para evacuarla a ella y su familia. Cogió lo imprescindible, lo que más valor personal tiene y a su gato y a su perro. "Algunos vecinos han dejado a sus cabras, su ganado... Yo solo tenía gallinas y solo les pude abrir la puerta para que volaran y huyeran en el caso en el que llegaran las llamas", narra compungida desde el polideportivo donde lleva alojada todos estos días.

Según Monzón, en total hay unas 500 personas en dependencias públicas del Ayuntamiento, aunque algunos han preferido marcharse a casas de familiares y amigos. También recuerda cómo han vivido momentos de mucha tensión, de llanto, porque el fuego era muy virulento. No obstante, alaba el espíritu del pueblo canario que se ha volcado con los más afectados enviando comida, toallas, miles de botellas de agua o se han ofrecido para dar de comer, limpiar los albergues de acogida o "lo que hiciera falta".

Desde la Policía Local de Agaete, pueblo pesquero al que ayer llegaron las llamas, cuentan que llevan tres días sin dormir. "Hemos desalojado entre 1.000 a 1.300 vecinos, de una población total de 5.000", señalan y confiesan que "la cosa pintaba muy mal" hasta esta madrugada cuando el viento ha cambiado por fin. De momento los vecinos no pueden volver a sus casas, hay que tener precaución y evaluar los daños pero, según cuenta la Policía, el Ayuntamiento ha cedido camiones municipales para el traslado del ganado que quedaba vivo.

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