los seminarios menores en españa

Los últimos 918 chiquillos de Dios: así es ser menor y seminarista en tiempos de Tinder

Los seminarios menores acogen este curso a 918 alumnos, 143 menos que el pasado año. De ellos, 394 viven internos. A pesar del descenso, sigue habiendo adolescentes que deciden ingresar

Foto: Foto: Pixabay.
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La tendencia es clara: los seminaristas se reducen en España. Su número, salvo algún pequeño repunte, cae año tras año desde 2002, como indican los datos que ofrece cada 19 de marzo –Día del Seminario– la Conferencia Episcopal Española. De los 1.736 aspirantes a sacerdotes registrados hace 17 años, a los 1.203 del curso 2018-2019.

Muchos apenas han entrado en la adultez y, 'llamados por Dios', ya han renunciado a practicar sexo, a casarse y a un "trabajo normal".

Ante la crisis de ordenaciones sacerdotales, la Iglesia española ha redoblado su esfuerzo para fomentar las vocaciones, aunque quizá no sea suficiente para reactivar la 'plantilla' católica, compuesta en nuestro país por 53.918 religiosos –monjas y clérigos que viven en comunidades– y 18.164 sacerdotes.

"Dios me llamó"

Antonio tiene 13 años aunque lo tiene claro: desde los siete quiere ser sacerdote, como explica por teléfono desde Aldeanueva del Camino, donde el Seminario Diocesano de Coria-Cáceres –del que es alumno– celebra la Convivencia Vocacional de Verano, un campamento religioso en el que los jóvenes celebran eucaristías, realizan actividades manuales, participan en ejercicios espirituales, practican senderismo o se bañan en las piscinas naturales de la zona.

"Yendo a misa, participando en la eucaristía y confensándome me siento mejor", explica. Reconoce –eso sí– que a veces echa de menos a su familia, a la que ve en torno a una vez por semana; y que otros jóvenes de su edad, ajenos al ámbito religioso, le llaman "pringado" por "no pasar tanto tiempo en la calle como ellos", a lo que Antonio les suele responder, "mitad en broma, mitad en serio", que "ellos van a ser los pringados en el Reino de los Cielos".

Seminario Diocesano Coria-Cáceres. (unseminarioabierto.org)
Seminario Diocesano Coria-Cáceres. (unseminarioabierto.org)

Manu duda un poco más que Antonio. Tiene 17 años y el que acaba de finalizar ha sido su quinto curso en el seminario cacereño, en el que ingresó cuando una monja de su parroquia, que notaba en él "cierta curiosidad religiosa", recomendó a sus padres que el chaval visitase el centro. "Al observar cómo vivían los formadores allí", le sedujo la idea. "Aún me estoy planteando ser sacerdote", comenta, "aunque no lo descarto".

Ambos jóvenes son conscientes de la paulatina reducción de las vocaciones. Y saben que su modo de vida no es el habitual entre la gente de su edad. "Que haya cada vez menos seminaristas es preocupante", apunta Manu, aunque confía en que las vocaciones tardías –ingresos en el seminario a edades más avanzadas– ayuden a apuntalar una 'cantera' religiosa cada vez más menguante en España.

"Los jóvenes no quieren ser sacerdotes. Pero para mí, la felicidad está en Dios"

"El celibato puede echar para atrás a los jóvenes –yo mismo lo he pensado en ocasiones–, especialmente en las edades en las que descubrimos nuestros cuerpos; pero también es cierto que damos demasiada importancia a lo corporal", explica. La solución, según asegura, pasa por "un poco de fuerza de voluntad".

Fachada exterior del Seminario Diocesano de Coria-Cáceres. (tusemanasanta.com)
Fachada exterior del Seminario Diocesano de Coria-Cáceres. (tusemanasanta.com)

"Los jóvenes no quieren ser sacerdotes porque creen que han encontrado cosas mejores en otros ámbitos", sentencia Antonio. "Pero para mí, la felicidad no está ahí; está en Dios", remata.

'Mayores' y 'menores'

En el Seminario Diocesano de Coria-Cáceres hay seis seminaristas 'mayores' –internos que cursan Teología y Filosofía–, seis 'menores' –alumnos, como Antonio o Manu, con "inquietudes religiosas" que estudian Secundaria y Bachillerato– y seis 'seminaristas en familia', jóvenes que pasan varios fines de semana en el recinto para aproximarse a la vida en comunidad.

Joaquín es nicaragüense y le falta "poco más de un año para poder celebrar misa". Casi triplica la edad de Antonio –tiene 38 años– aunque también reside en el seminario cacereño. Se formó en su país entre 2005 y 2012.

Antes de ordenarse, solicitó pasar un tiempo con su familia; "era una decisión importante que había que tomar con responsabilidad", explica, pero poco después fue invitado por un sacerdote a venir a España, donde se ha instalado definitivamente "debido a la necesidad de vocaciones".

Un colgante con una cruz cristiana. (Pixabay)
Un colgante con una cruz cristiana. (Pixabay)

Gran parte de los créditos cursados en Nicaragua no son convalidables en nuestro país, por lo que sigue aún terminando sus estudios religiosos. "También me ha venido muy bien conocer al clero de aquí antes de ordenarme", explica.

Su familia era evangélica, a excepción de su abuela materna, católica, a la que Joaquín acompañaba a misa frecuentemente. Una de las eucaristías que presenció despertó su vocación a los 14 años.

"Cuando yo entré, en 1984, éramos 50 seminaristas en el primer curso de BUP. Ahora, en el año equivalente, hay uno o dos"

Preguntado por el descenso en la cantera eclesiástica, este seminarista 'mayor' explica que "siempre ha habido etapas de vacas flacas " y asegura que "la calidad importa más que los números". No cree que el celibato sea el principal motivo de rechazo de la vida religiosa por parte de los jóvenes. "Al conversar con ellos, me suelen preguntar que cuánto cobra un cura, antes incluso de hablar sobre sexo".

El día a día en el seminario

"Hay quien piensa que vivir en un seminario es como hacer una 'mili cristiana', cuando no es así", asegura Manu. Según explica, cada mañana, los internos se levantan, se asean y son reunidos por los formadores del centro para participar en una breve oración matinal.

Tras ello, asisten a las clases, comen juntos, disfrutan de un rato libre (que muchos aprovechan para "echar la siesta y jugar al ping-pong"), estudian un poco por la tarde, practican deporte, toman la merienda, se duchan, rezan el rosario en comunidad, participan en una misa diaria, cenan y disfrutan de algo de tiempo libre "para charlar, ver la televisión o mirar un rato el móvil".

Un rosario y una Biblia. (Pixabay)
Un rosario y una Biblia. (Pixabay)

En España, los seminarios menores acogen este curso a 918 alumnos, 143 menos que el pasado. De ellos, 394 viven internos.

'Discernimientos vocacionales'

Pero no todas las "inclinaciones" por la vida consagrada de estos jóvenes se convierten en designaciones sacerdotales, como explica Miguel Ángel Morán, rector del Seminario Diocesano de Coria-Cáceres desde hace casi una década. En la última promoción, solo dos de los 'menores' –cuyos estudios, que incluyen formación espiritual, cumplen los estándares académicos oficiales– se han convertido en 'mayores', mientras que estos últimos "sí llegan, en una gran proporción, a ordenarse".

Los seminaristas 'mayores' –los postulantes más avanzados, como Joaquín– que residen en el centro cacereño tienen entre 24 y 44 años. Allí estudian dos años de Filosofía y cuatro de Teología, que acompañan con "actividades pastorales" en alguna parroquia o misión.

Celebración de una eucaristía. (Pixabay)
Celebración de una eucaristía. (Pixabay)

Durante su formación, el Claustro de Profesores realiza "discernimientos vocacionales", cuyo objetivo es el de "evaluar las cualidades que tiene el formado y aprobarles o no en su seguimiento", según explica el rector. Un candidato óptimo debe ser "orante, tener habilidades de relación con los demás y capacidades de estudio, ser sensible a las necesidades de los más necesitados y capaz de vivir en comunidad", añade.

Además de ser capaz de mantener el celibato de por vida, el aspirante a sacerdote debe ser un "verdadero varón" –es decir, "que le gusten las chicas", explica Morán–. "Como dice San Pablo, aquel que no pueda ser célibe, que se case", apunta el rector citando, al otro lado del teléfono, la Primera Carta a los Corintios. "A los que no puedan serlo, se les recomienda que sean padres de familia, que también hacen falta", añade.

"Un seminarista debe ser un 'verdadero varón' –"que le gusten las chicas"– y ser capaz de mantener el celibato de por vida"

El vicario Ángel Maya es formador de los aspirantes 'menores' en el seminario de Cáceres. "Trabajamos, con actividades como la Convivencia de Verano, para que la cantidad de vocaciones suba. Que haya pocas nos preocupa; la Iglesia se juega mucho con el número de los que se dedican a ella. Cuando yo entré, en 1984, éramos 50 seminaristas en el primer curso de BUP; ahora, en el año equivalente, hay uno o dos".

Un sacerdote junto a un confesionario. (Pexels)
Un sacerdote junto a un confesionario. (Pexels)

El sacerdocio, como comenta Maya, presenta exigencias, "pero como todos los trabajos". "Tienes que renunciar a la familia y hacer lo que la Iglesia necesite", indica. Y la vocación, frecuentemente, colisiona "con ciertos valores imperantes en la sociedad", aunque, según dice, algunos dogmas católicos "se malinterpretan".

"El celibato puede echar para atrás a los jóvenes en una sociedad en la que impera el placer", reconoce. "Pero convertirse en sacerdotes es una buena manera de trabajar por la transformación a mejor del mundo, del que, a veces, tanto nos quejamos", indica.

¿Crisis vocacional?

A pesar de la tendencia general, hay algunos datos positivos: los 135 nombramientos celebrados en 2018 en España superan en 26 a las ordenaciones de 2017. Los abandonos, además, también se redujeron en este periodo: de 152 (2017-2018) a 123 (2018-2019), lo que supone cerca del 20% menos.

Pero los nuevos ingresos bajan y al comparar las cifras más recientes con las de principios de siglo, la reducción de aspirantes al sacerdocio es evidente: en 2001 había 1.736 –92 más que en 2018–, lo que hace improbable –o, al menos, complicado– un relevo generacional en la 'cantera' de la Iglesia. Para muestra, un botón: el Seminari Diocesa de Lleida acoge solo a un seminarista.

Misa en la Basílica de la Virgen de los Desamparados, en Valencia. (Pixabay)
Misa en la Basílica de la Virgen de los Desamparados, en Valencia. (Pixabay)

La asociación barcelonesa e-Cristians fue fundada en 2001 "como respuesta a la constatación de una debilidad: la mínima presencia y aportación cristiana a la vida pública", según afirman en su página web.

"Sin este marco de referencia, el vínculo entre las personas y la idea de compromiso se degradan y solo queda el 'si me conviene'; solo existen derechos sin contrapartidas", explica Josep Miró i Ardèvol, presidente de la organización conservadora.

"En una sociedad en la que impera el placer, la idea del celibato puede echar para atrás a los jóvenes"

Preguntado por las posibles vías de reactivación de las ordenaciones, Miró propone "crear estructuras y significantes" y pone como ejemplos a Effetá –unos retiros espirituales de un fin de semana de duración destinados a jóvenes de ambos sexos– y los Scouts de Europa, que "son, sin pretenderlo, un vivero natural de vocaciones". No obstante, asegura Josep, "nos alegra observar la fuerza de los jóvenes seminaristas, y el crecimiento de las conversiones de adultos".

Ser seminarista y ser joven

"Por lo que respecta a España y Europa, esta reducción tiene que ver con la crisis demográfica, la secularización de Occidente, el retraso en la toma de decisiones importantes en la vida por parte de los jóvenes, así como con la cultura materialista y de lo provisional que deja para más adelante el planteamiento de cuestiones de fondo y sobre el sentido de la vida", explica Joan-Enric Vives, arzobispo de Urgell y presidente de la Comisión de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española.

La juventud, asegura el prelado, "no es insensible a la causa de la justicia y de la paz". "Pero si somos cuerpo y alma, el bienestar no se alcanza mejorando solo las condiciones materiales de vida. ¿Quién querrá atender a las necesidades de sentido y a la respuesta a Dios?", se pregunta.

"Los sindicatos, la mayoría de las ONG o los partidos políticos, a pesar de sus ventajas, también tienen problemas de recambio generacional", indica Josep Miró. "Es la sociedad desvinculada la que dificulta el compromiso fuerte –el que sea– de los jóvenes", remata el responsable de e-Cristians.

El papa Francisco conversa con sacerdotes durante la audiencia general semanal en el Vaticano. (EFE)
El papa Francisco conversa con sacerdotes durante la audiencia general semanal en el Vaticano. (EFE)

Sobre los sacrificios inherentes a la formación religiosa, monseñor Vives responde: "Si se presenta y se vive desde el servicio y el amor a todos, el celibato voluntario, asumido con madurez, y la vida en comunidad se ven de forma distinta".

España y el mundo

Los aspirantes a sacerdote en todo el globo también disminuyen ligeramente y pasan de 116.160 en 2016 a 115.328 en 2017, un 0,7% menos, según datos del Anuario Pontificio del Vaticano, que cifra en 1.313 millones de personas –el 17,7% de la población de la Tierra– los bautizados por la Iglesia católica.

El progresivo decaimiento del número de 'mayores' y 'menores' en España "es un fenómeno europeo aunque no mundial", explica Joan Enric, "pues las estadísticas también reflejan un incremento de recién ordenados y de seminaristas en otras partes del planeta".

"Que haya pocas vocaciones nos preocupa; la Iglesia se juega mucho con el número de los que se dedican a ella"

La reducción afecta, principalmente, al Viejo Continente, que aporta un 14,9% al cómputo global, y a América, con un 27,3%. Asia contribuye con un 29,8% y África, con el 27,1%. España ocupa el puesto número 73 en la lista de ordenaciones sacerdotales, con 0,9 nombramientos por cada 100.000 creyentes, una comunidad de la que los jóvenes, cada vez más, se 'dan de baja'.

Celebración de una eucaristía. (Pexels)
Celebración de una eucaristía. (Pexels)

Casi el 49% de los españoles entre 18 y 24 años no se identifica con ninguna religión, mientras que 9 de cada 10 mayores de 65 sí lo hacen, de acuerdo con los datos del informe 'Laicidad en cifras 2018', presentado por la Fundación Ferrer i Guàrdia.

Si le preguntas a Antonio que, a sus 13 años, imagine su vida dentro de dos décadas, duda unos instantes, aunque no tarda en explicar que le gustaría viajar y ejercer de sacerdote "en un país lejano, como la India".

Con las cifras actuales en la mano, el descenso en el número de vocaciones en España parece una tendencia imparable, aunque, como apunta el joven, "dentro de 20 años nadie sabe dónde estaremos cada uno ni qué pasará". "Eso –dice– solo Dios lo sabe".

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