EL GOBIERNO PIDE A LOS MORADOS QUE RECULEN

PSOE y Podemos llegan a la investidura con la relación rota y camino de otras elecciones

A horas de la segunda votación en el Congreso, hay pocas opciones de recomponer una negociación que ha acabado de manera violenta, y, si los dos socios no lo logran, habrá urnas el 10-N

Foto: Pablo Iglesias vs. Pedro Sánchez, durante el debate de investidura de esta semana en el Congreso. (EC)
Pablo Iglesias vs. Pedro Sánchez, durante el debate de investidura de esta semana en el Congreso. (EC)

Al final, todo reventó. Todo saltó por los aires de la manera más violenta posible. Con filtraciones de movimientos y de textos, con acusaciones gruesas contra el otro, con una despiadada pugna por el relato, con una catarata de palabras de los negociadores llenas de indignación y frustración. Porque el resultado de la atropellada jornada de este miércoles, la que estaba llamada a desbloquear las conversaciones de PSOE y Unidas Podemos, y quizá alumbrar el primer Ejecutivo de coalición de España en 40 años, no era otro que la imagen de la guerra fratricida de la izquierda y su incapacidad para negociar. Una espiral de desconfianza que no dejó de crecer y crecer hasta engullir a sus protagonistas. El fruto de ese fracaso, si nada se endereza, será la investidura fallida de Pedro Sánchez. La segunda de su carrera política. Aún habría 58 días para recomponer relaciones, pero las heridas del naufragio son tan salvajes que por ahora cuesta pensar que España no se conduzca a nuevas elecciones el 10 de noviembre.

La izquierda española quizá tenga difícil olvidar el torbellino de este 24 de julio. Amanecía con "optimismo", buenas expectativas. Y concluyó con una reyerta abrupta entre socialistas y morados, en tiempo real. Con los papeles de la negociación a la vista de todos, las cartas boca arriba.

El escaso hilo de vida que le quedaba al diálogo se rompió cerca de las siete y media de la tarde, después de una mañana de reunión infructuosa entre los respectivos capitanes, Carmen Calvo y Pablo Echenique. Unidas Podemos, que en los últimos días había llevado la iniciativa en la comunicación —ofrecía algunos detalles de las conversaciones, mientras que el PSOE optaba, salvo contados casos, por el silencio—, revelaba que Pedro Sánchez había llamado a Pablo Iglesias y le había confirmado que no estaba dispuesto a ofrecer "competencias ni en Trabajo, ni en Hacienda, ni en Transición Ecológica, ni en Igualdad". Y que esa era "su última palabra". Era el primer paso para la ruptura. Media hora después, Ferraz admitía esa llamada y defendía que su última oferta era "buena". Pero no daba detalles de ella. No contrarrestaba el mensaje de los morados. Iba a hacerlo el propio presidente en una entrevista en 'Informativos Telecinco', que luego pospuso para este jueves.

El día fue un auténtico torbellino. Del "optimismo" inicial se pasó a la ruptura, con guerra de versiones y filtración de los papeles de la negociación


Cancelada su aparición en la tele, el PSOE intentó tomar las riendas de una situación cuyo control había perdido hace una semana, cuando Sánchez, en otra entrevista, en 'Al rojo vivo', señaló a Iglesias como el "principal escollo" para el acuerdo. Ferraz entonces se movió rápido y trasladó a la prensa tanto el documento de exigencias de Unidas Podemos, del que asegura que no se movió "nunca", como el de propuestas de reparto de poder hechas en los últimos días.

La bandera icónica de Igualdad

La última oferta, la lanzada ayer, comprendía, primero, una Vicepresidencia de Asuntos Sociales que conduciría Irene Montero, y que llevaría aparejada la presidencia de la comisión delegada para coordinar "todas las políticas sociales del Gobierno, con los contenidos de todas las áreas de bienestar social y dependencia. Vicepresidencia que incluía la actual Secretaría de Estado de Servicios Sociales y el Alto Comisionado de Lucha contra la Pobreza Infantil. Y segundo elemento: la titularidad de tres ministerios.

Sánchez ofreció una vicepresidencia para Montero y tres ministerios: Vivienda y Economía Social; Sanidad, Asuntos Sociales y Consumo, e Igualdad

Sánchez, en su llamada a Iglesias, planteó que los morados condujeran Vivienda y Economía Social; Sanidad, Asuntos Sociales y Consumo y, por último (y muy importante), Igualdad. Esta última, Igualdad, es el área que en este último año ha recaído en la vicepresidenta del Ejecutivo, Carmen Calvo, y es una de las banderas tradicionales y más icónicas para el PSOE. Cederla no era fácil para Ferraz. La dirección también reconoció que en el proceso negociador habían ofrecido a UP dirigir otros ministerios como Ciencia y Universidades; Agricultura, Pesca y Alimentación; Turismo y Deporte, y Cultura, y además ofreció las competencias de Cooperación Internacional y Agenda 2030 y de Asuntos Migratorios [consulte el documento íntegro aquí en PDF].

PSOE y Podemos llegan a la investidura con la relación rota y camino de otras elecciones

Para Unidas Podemos, el PSOE planteaba "una caja de herramientas, pero vacía", porque había hecho en estos días "diferentes propuestas de ministerios inexistentes o vacíos, pero nunca todos juntos, siempre por separado" y "nunca" hubo una oferta, seguían, que les permitiese "desarrollar las políticas" que estaban demandando, como "subir el SMI, acabar con la temporalidad, escuelas gratuitas de 0 a 3 años, bajar la factura de la luz o medidas para combatir la emergencia climática". Trabajo les estaría vedado, decían, porque para los socialistas los morados son "incómodos para la CEOE".

Podemos quería una vicepresidencia para Montero y cinco ministerios: Trabajo, Transición Energética, Ciencia, Justicia Fiscal y Derechos Sociales

Para poner en valor su propuesta, Ferraz también dio a conocer el documento de exigencias de UP [aquí en PDF]. Mucho más ambicioso. Los de Iglesias demandaban una Vicepresidencia de Derechos Sociales y Medioambientales que tuviera bajo su mando la coordinación de cinco ministerios, dos de nueva creación (Derechos Sociales, Igualdad y Economía de los Cuidados y Justicia Fiscal y Lucha contra el Fraude) y tres ya existentes (Trabajo, Seguridad Social y Lucha contra la Precariedad; Transición Energética, Medio Ambiente y Derechos de los Animales, y Ciencia, Innovación, Universidades y Economía Digital). Los negociadores insistían en que UP, representada en la mesa de diálogo por su diputado y secretario de Acción de Gobierno, Pablo Echenique, acababa siempre "volviendo al punto de partida", a ese texto con esas competencias detalladas que les hicieron llegar el sábado. Los morados aseguraban que esa era una propuesta "a debate", no cerrada.

Es el PSOE quien "rompe los puentes"

En el círculo del presidente se resistían a dar por completamente rotas las negociaciones, aunque sí insistían en que es Podemos quien "debe rectificar" y aceptar la última oferta. Desde la formación de Iglesias, sin embargo, incidían en su voluntad de armar un Gobierno de coalición y acusaban al PSOE de querer "romper todos los puentes". "Unidas Podemos no quiere entrar en el Gobierno a cualquier precio, queremos competencias para desarrollar políticas sociales en Igualdad, Trabajo, Hacienda y Transición Ecológica. Y con las ofertas que nos están haciendo no es posible", argumentaban.

"Pablo quiere gobernar", "un Gobierno para ellos, dos gobiernos en uno", "no respetaban nuestra mayoría", se dolían con rabia en el Ejecutivo

"Pablo quiere cogobernar", "quiere ser el colíder, y eso no lo podemos asumir", se dolían fuentes del Ejecutivo de primer nivel. Esa es la queja más escuchada dentro del PSOE, que ve cómo la investidura de su jefe se estrellará este jueves contra el muro del Congreso, con el peligro que ello conlleva de repetición electoral, riesgo que no obstante el presidente no ha rehuido. Para quienes han estado en primera línea del frente, las negociaciones fueron "deprimentes", porque "terminaron como empezaron", porque los morados no se han movido "un milímetro". "Nos hicieron llegar su texto de exigencias el sábado, pero nos dijeron que no se sentarían si no se garantizaba la vicepresidencia para Irene Montero. Al final les logramos convencer de que se sentaran y accedimos a esa vicepresidencia. Pero ellos fueron muy exigentes desde el principio", subrayaba una responsable del núcleo duro de Sánchez.

"No se han movido nunca de ese papel —proseguía esta misma fuente—. Lo que querían era un Gobierno para ellos. Dos gobiernos en uno. ¡Pedían todo el Gobierno! Son ellos los que no respetaban nuestra mayoría. No podíamos ceder a todo eso que nos pedían".

En el Gobierno y en el PSOE se percibía una especie de profunda liberación. Todos aquellos dirigentes al corriente de los movimientos de estos días y que no abrían la boca se desahogaban anoche en privado con pesar y mucha, mucha rabia. "Hemos estado callados cuando ellos decían que eran migajas lo que les ofrecíamos, cuando nosotros hemos hecho muchas propuestas. Pedro no quiso contestar siquiera en el pleno cuando Pablo le dijo que nunca sería presidente si no se avenía a una coalición. ¿Y ahora salen con esta? Nunca han querido el acuerdo. Nunca. Nuestra última oferta no la podían rechazar si realmente querían un pacto". En el Ejecutivo han concluido que Iglesias "no tiene otra forma de entender la política" y que ha arriesgado mucho porque en realidad "es su liderazgo lo que estaba en juego".

Hacienda es "ministerio de Estado"

Varios han sido los puntos de choque en este puñado de jornadas. Desde luego, Hacienda, que el PSOE no estaba dispuesto a ceder bajo ningún concepto, porque lo consideraba un "ministerio de Estado", al ser el dueño de la caja, el que elabora los Presupuestos, el que controla el dinero. Pero también Trabajo fue otro foco de conflicto, porque los socialistas no querían hacer descansar la reforma de la legislación laboral y la interlocución con patronal y sindicatos en los morados. Y finalmente Igualdad, "la niña bonita" del PSOE, el escaparate más lucido para Calvo, el santo y seña del partido. Sánchez se abrió a ceder ese ministerio, pero Iglesias al final subió la apuesta.

En el Gobierno duele que Ios morados denunciasen que se les planteaban "elementos decorativos", cuando en realidad se les proponía, dicen, políticas "no menores". También es cierto que Sánchez dejó ver en el pleno del lunes que a la coalición iba prácticamente con ronzal, arrastrado, porque no le convencía la fórmula: él mismo propuso como alternativas un acuerdo de investidura o de legislatura, y daba por hecho que podría ser el candidato que por dos veces, en 2016 y 2019, no recibía la confianza de la Cámara.

La segunda votación de investidura llegará este jueves no antes de las 14:25. A ella socialistas y UP llegan exhaustos, con sus relaciones rotas, con la pesada mochila de la frustración a la espalda. Sánchez puede llevarse otro varapalo del Congreso y su candidatura decaería, abriendo un periodo de incertidumbre hasta que el 23 de septiembre, si no hay nuevo presidente, se disuelvan las Cortes.

¿Quién tiene la culpa?

Pero todo puede cambiar en un instante en la política, como se comprobó en las últimas horas, en los últimos días. El PSOE pide a Podemos que recapacite, y puede encontrar un potente aliado en Izquierda Unida. La federación de Alberto Garzón ha sido históricamente refractaria a las coaliciones porque siempre ha preferido anteponer el acuerdo programático. Ahora se plantea si sus seis diputados votan de manera diferente, y lo decidirá hoy a mediodía su comisión colegiada. El roto no sería importante cuantitativamente, pero para Iglesias sería un hachazo que su socio electoral se separase del camino que ha marcado con mano de hierro.

Si se consuma el divorcio, puede ser difícil andar el camino hacia septiembre, con Cataluña de fondo. El voto de IU puede ser también un agente clave

Pero, entretanto, la batalla por el relato se ha retomado y ni PSOE ni Podemos están dispuestos a perderla. Las dos formaciones se desplegarán en los medios este jueves y vomitarán probablemente desde la tribuna en el pequeño debate que preceda a la votación en el Congreso. La sima de desconfianza tan grande que se ha abierto entre Sánchez e Iglesias será difícil de achicar. Podrán seguir intentándolo en agosto, o hasta el 23 de septiembre. Pero cuanto más se demore el acuerdo, más complicaciones emergerán. Sobre todo por la convulsión que vivirá Cataluña con la Diada y la inminente sentencia del 'procés', que podrían alejar la necesaria abstención de ERC.

PSOE y Podemos podrán abonar su relato, pero tal vez el precipicio esté ya tan cercano que su electorado no lo entienda y lo penalice en las urnas. Ir a elecciones siempre es lanzar los dados de nuevo, y puede que esta vez no haya forma de dar la vuelta a una jugada adversa.

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