SoLO SE HA ARREGLADO TRAS SALIR EN LA RADIO

La odisea de Angélica para traer a su bebé de vuelta a España: "Llevo tres meses sin verle"

Le dijeron que podía viajar con su hijo de dos meses aunque no tuviese todavía la tarjeta de residencia, pero tras visitar a su padre enfermo en su país, tuvo que volver sin el menor

Foto: Angélica con un juguete de su hijo que se trajo cuando tuvo que dejarle en su país de origen (M. Z.)
Angélica con un juguete de su hijo que se trajo cuando tuvo que dejarle en su país de origen (M. Z.)

Angélica no ve a su bebé desde el pasado mes de abril. Con tan solo dos meses, ha tenido que dejarlo en Bolivia, su país de origen y donde había pasado unas semanas visitando a su padre enfermo. “En el aeropuerto me dijeron que no podía volver a España, que mis dos hijos mayores y yo sí, pero que el bebé no tenía los papeles que hacían falta, aunque no había tenido ningún problema en el viaje de ida”, cuenta en un parque de Madrid mientras repasa la pesadilla burocrática que vino después.

La historia de Ángelica -que lleva 15 años viviendo en España, desde que llegó de adolescente junto a su madre-, es una serie de catastróficas desdichas. Cuando hacía solo semanas que acababa de dar a luz, su padre se puso enfermo y en poco más de tres días tuvo que organizar el viaje de toda la familia para despedirse de él, que estaba en estado crítico debido a su avanzada edad. “Todavía no había pedido el permiso de residencia para mi hijo, que es un trámite que dura meses, pero me dijeron que no hacía falta, que con su pasaporte (boliviano) y el libro de familia era suficiente”.

Me dijeron que no hacía falta, que con su pasaporte y el libro de familia era suficiente

Antes de partir, preguntó a la aerolínea, a la comisaría de Policía de la T4 del aeropuerto de Barajas y al cónsul de Bolivia en España. Todos le confirmaron que podía volar aunque el pequeño Lucas no tuviese todavía la tarjeta de residencia. “Pero no fue así, cuando íbamos a volver, de muy malas maneras, nos dijeron que el bebé no podía venir con nosotros. Que decidiésemos si le dejábamos o si nos quedábamos todos, y que nos apartásemos de la cola”, cuenta indignada. “Pregunté qué ocurría si nadie podía hacerse cargo de él, y me dijeron que llamarían a los servicios sociales y le llevarían a un internado mientras se arreglase la situación. Allí no valía de nada el libro de familia español, era papel mojado”.

Angélica cambió sus billetes para tres semanas más tarde. En ese momento dio por perdidas las oposiciones a personal sanitario a las que iba a presentarse unos días después en Madrid y que se convocan cada 10 años. “Pensaba que en ese tiempo conseguiríamos arreglar la situación y volver todos”. Pero, de nuevo, no fue así.

El consulado no le concedió el visado de turista, el único trámite que podía hacer desde Bolivia, porque le dijeron que era válido solo durante tres meses y que el menor volvería a España a quedarse definitivamente y eso era ilegal. Contrató abogados, procuradores y hasta un seguro médico en España para el bebé para que le diesen el visado de turista, pero lo rechazaron. Algunos países sudamericanos, como Paraguay, Colombia o Ecuador no necesitan un visado para viajar a España, pero no es el caso de Bolivia, que no tiene acuerdo con nuestro país.

Llegó la nueva fecha del vuelo y nadie le había dado una solución: “Tuvimos que volver porque mis hijos iban a repetir el curso si seguían faltando, y Lucas se quedó con mi hermana. Cuando subimos al avión de vuelta estaba como ida. Fueron 10 horas que para mí fueron una eternidad. De hecho, los primeros días me despertaba por las noches cuando tocaba biberón o cambiarle el pañal, hasta que me daba cuenta de que no estaba aquí…”.

"Los primeros días me despertaba por las noches cuando tocaba biberón o cambiarle el pañal, hasta que me daba cuenta de que no estaba aquí…"

Ya de vuelta, Angélica continuó su lucha a 9.000 kilómetros de distancia de su hijo. “Yo seguía de baja maternal, pero sin bebé, así que me pasé los días yendo de un lado a otro, aunque cada noche con la sensación de no haber conseguido nada”. Cuando se reincorporó a su puesto de auxiliar de enfermería en un hospital público madrileño, se le hizo cuesta arriba: “Cuando me tocaba atender a niños de 4 o 5 meses, no podía evitar pensar en mi hijo”. Uno de esos días, un compañero le animó a hacer una campaña de Change.org para denunciar su situación, y en poco más de una semana ha conseguido casi 100.000 firmas.

En la oficina de Extranjería le dijeron que la única opción que tenía era solicitar la reagrupación familiar: un trámite que aunque oficialmente dura tres meses, con los retrasos que sufre esta administración desde hace tiempo, se alargan a entre seis y nueve. “Un año entero, cuando me lo dijeron se me cayó el alma a los pies”. Desde entonces, ella y su abogada han estado intentando acelerar el proceso todo lo posible, pero la suerte se les resiste: “Un día llamamos a la oficina de Extranjería y nos dicen que la que lleva nuestro expediente está enferma, y que no se puede encargar otra persona”, se queja Angélica.

María Milagros Baena, la abogada que lleva el caso, explica que a la mala suerte de Angélica se suma la insostenible situación de la burocracia en Extranjería, que acumula los peores retrasos que recuerdan los abogados especializados en esta área: “La reagrupación familiar, que normalmente duraba entre 20 y 30 días hace unos años, ahora se alarga hasta ocho o nueve meses porque no hay personal. Y para el trámite de la residencia, que es como ir a renovar el DNI, tardan en darte la cita entre cinco o seis meses, a no ser que tengas algún enchufe”. La propia Angélica lleva esperando desde 2017 para que le den la nacionalidad española, una gestión que debería durar un año. De hecho, aunque le hubiesen dicho que necesitaba el permiso de residencia, habría tenido que esperar meses para volar, algo que no podía permitirse con la situación de su padre. “Ahora está estable, pero entonces pensaba que era mi última oportunidad de despedirme de él. Y tampoco tenía con quién dejar a Lucas”.

Su situación solo ha conseguido desbloquearse después de hablar en la Cadena Ser en la mañana de este miércoles. “Al rato me ha llamado el jefe de Extranjería y me ha dicho que me aprobaban la reagrupación. Solo tengo que esperar a que me llegue la carta y ya coger los billetes”. Aunque se ha planteado volver ella a Bolivia, le han recomendado que después de tres meses separados, lo mejor es que ahora lleven a cabo un periodo de readaptación: “Cuando lo dejé allí todavía no reconocía a nadie, pero ahora no se deja coger por cualquiera. Para él mi hermana y su marido son sus padres y en este tiempo nos hemos perdido muchas cosas: he tenido que interrumpir la lactancia, nos hemos perdido su primera papilla, la primera vez que se sienta…”.

En estas semanas de pesadilla, sus hijos mayores de seis y 10 años no han dejado de preguntar por su hermano: "Cada pocos días me decían cuándo iba a volver Lucas. El otro día uno de ellos me dijo que esperaba que estuviera aquí para su cumpleaños, que es el 22 de agosto. Y mira, parece que al final sí va a estar".

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