Un año de diferencia

De la censura a la investidura: Sánchez repite la jugada pero Iglesias no es Rajoy

Hace un año, Sánchez dejó en manos de Rajoy la moción de censura pero el entonces presidente no aceptó. Repitió la jugada con Iglesias pero el resultado fue el contrario

Foto: Pablo Iglesias y Mariano Rajoy en Moncloa en 2015. (EFE)
Pablo Iglesias y Mariano Rajoy en Moncloa en 2015. (EFE)

No hay que remontarse tanto. Hace poco más de un año, en plena moción de censura, Pedro Sánchez lo dejó todo en manos de Mariano Rajoy. "Quien activa la moción de censura es hoy el presidente del Gobierno de España. Usted es quien nos ha traído hasta aquí. Este escenario puede cambiar en este momento, puede llegar a su fin. ¿Está usted dispuesto a dimitir? ¿Hoy, aquí y ahora? Dimita, señor Rajoy, dimita ahora y todo terminará. Podrá salir de la presidencia del Gobierno por decisión propia. ¿Va a dimitir o va a continuar aferrado a su cargo?", le preguntó Sánchez en el debate.

Sánchez ponía todo el destino del Gobierno, de España, sobre los hombros de Rajoy. Si él se retiraba, el PP podría conservar Moncloa. El entonces presidente no se dio por aludido. Fue previsible. Rajoy hizo de Rajoy y se fue al matadero en forma de reservado en un restaurante. Sánchez había hecho como si no quisiera ser presidente. Si hubo moción de censura y llegó a la Moncloa fue porque Rajoy no quiso dar un paso al lado.

Hace justo una semana, Sánchez hizo un movimiento parecido. Después de dejar que la oposición se cociera a fuego lento durante casi tres meses -con la imprescindible connivencia de la presidenta del Congreso, Meritxell Batet-, Sánchez se acercaba a la investidura sin más apoyo que el del diputado del PRC. En una entrevista en La Sexta desveló al fin públicamente que Pablo Iglesias era el problema. "Le he dicho al señor Iglesias en privado, porque efectivamente ese es el principal escollo para poder formar un Gobierno de coalición entre el Partido Socialista y Unidas Podemos. Y es que no se dan las condiciones para que el señor Iglesias sea miembro de ese Gobierno".

Según Sánchez, sin Iglesias todo el viento soplaría a favor del acuerdo. "El principal escollo para que haya un acuerdo entre Unidas Podemos y el Partido Socialista es la participación del señor Iglesias en el Gobierno". Daba igual que Irene Montero hubiera expresado en público posturas similares sobre "los presos políticos" y que, según Sánchez, invalidaban a Iglesias para el gabinete.

Como en la moción de investidura, Sánchez vinculaba su futuro a lo que decidiera quien estaba sentado al otro lado de la mesa. Al contrario que en 2018, Iglesias aceptó el envite. Un día después, comunicó su renuncia. "El PSOE dice que el único escollo soy yo. He estado reflexionando en estas horas y yo no puedo ser la excusa a la que se aferre el PSOE para impedir ese Gobierno. Estoy dispuesto a no formar parte del Ejecutivo siempre y cuando no haya más vetos y la presencia de Unidas Podemos en el Gobierno sea proporcional a los votos".

De alguna forma, con esa entrevista, Sánchez quedaba atado al Gobierno de coalición si renunciaba Iglesias. Si hay acuerdo no será proporcional a los votos y habrá sido con vetos, en contra de lo que votaron las bases de Podemos en la consulta. Pero si Sánchez esperaba que señalando a Iglesias como escollo estaba llevando el país a unas terceras elecciones en las que el líder de Podemos sería el principal señalado, se equivocaba.

Si con Rajoy le salió bien y siempre pudo recordar que le había dejado la puerta abierta para que evitara la moción de censura, Iglesias optó por un gambito. El PSOE ha aceptado un Gobierno de coalición y ha ofrecido ministerios menores, pero ministerios, y una vicepresidencia casi vacía, pero vicepresidencia. Después de la abstención de Unidas Podemos en la primera investidura, los socialistas han dado otro paso anunciando una nueva oferta.

¿Llegarán a encontrarse pasito a pasito o seguimos en la escenificación y en el relato pensando en septiembre? El martes por la noche, tras la bronca entre Iglesias y Sánchez en el Congreso, socialistas y podemitas estaban pesimistas. Al día siguiente, tras los movimientos, reinaba el optimismo. Así que es probable que de aquí al jueves a las dos suban y bajen esa montaña rusa un par de veces y se den cuenta de que tienen más incentivos para el acuerdo que para ir a nuevas elecciones.

Queda y quedará la duda de qué habría pasado si Rajoy hubiese hecho como Iglesias y dado el paso al lado que le pedía Sánchez. Y si Sánchez pensaba repetir la jugada y solo quería repetir la presidencia pero por accidente, por culpa de la oposición, porque le habían dibujado así. Pero quien ha crecido leyendo los libros de 'Elige tu propia aventura' sabe que decisiones parecidas te acaban conduciendo inevitablemente a escenarios diferentes. Iglesias no es Rajoy. La sesión de investidura no es la moción de censura. Ha pasado un año. Todo un mundo en política.

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