LA NEGOCIACiÓN AUTONÓMICA, EN EL AIRE

La relación entre Cs y Vox estalla en Murcia y siembra la alarma en el PP por Madrid

El partido de Abascal tumba la investidura de López Miras como aviso ante la negociación en Madrid. Logra una reunión a tres de última hora y acusa a Rivera de frustrar el acuerdo

Foto: El candidato del PP, Fernando López Miras, en la Asamblea regional. (EFE)
El candidato del PP, Fernando López Miras, en la Asamblea regional. (EFE)

El invento funcionó en Andalucía y en multitud de ayuntamientos, donde Vox apoyó el acuerdo entre PP y Ciudadanos sin entrar en gobiernos ni exigir grandes contrapartidas. Pero en la Región de Murcia, el aperitivo antes de la gran negociación de Madrid, el acuerdo saltó por los aires y Vox votó en contra. Puede que solo sea un aviso y que los tres partidos retomen la negociación. Pero, de momento, el candidato popular, Fernando López Miras, no salió investido presidente. El partido de Santiago Abascal eleva la apuesta y pone en valor sus votos con la vista puesta en la comunidad madrileña, mientras comienzan los ataques de los populares.

La jornada finalizaba la noche del jueves con duras acusaciones del secretario general del PP, Teodoro García Egea, hacia Vox por "no haber cumplido" con su parte. "No tenemos nada que hablar con ellos, que nos llamen cuando elijan un interlocutor válido", aseguró el número dos de Pablo Casado, que no dudó en salir en defensa de Ciudadanos. El partido de Abascal, sin embargo, lo negó por completo. "No había un acuerdo cerrado", afirman.

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En realidad, Vox ha terminado por aprender rápido y a golpes. Hace solo seis meses, sus 12 diputados eran imprescindibles para desalojar al PSOE de Andalucía después de más de 30 años. Entonces se descolgó con un documento de máximos que incluía la expulsión de 52.000 inmigrantes ilegales o cambiar el día de esa comunidad del 28 de febrero al 2 de enero en conmemoración de la toma de Granada. Solo días después, Vox retiraba su propuesta y daba apoyo al Gobierno de PP y Ciudadanos sin entrar en el Ejecutivo y sin llegar a sentarse los tres. "La veleta naranja ha ganado al toro verde", ironizaba entonces un diputado de Ciudadanos.

Llegaron las elecciones del 26 de mayo. La ley electoral, que fija un plazo para la investidura de los alcaldes tras las municipales, propició que se repitiera la jugada en casi todos los ayuntamientos en los que la derecha sumaba. PP y Ciudadanos se llevaron los ayuntamientos de Madrid, Zaragoza, Murcia y otras capitales con apoyo de Vox sin que la derecha populista consiguiese entrar en concejalías ni pactar directamente con la formación naranja. Solo en Palencia hubo un documento firmado entre Ciudadanos y Vox. El partido de Rivera podía seguir manteniendo la ficción de que no trataba con Vox, aunque luego dependiera de ellos para aprobar normas y presupuestos año tras año.

Pero eso se acabó. Populares y naranjas están en manos de Vox en Murcia y en la Comunidad de Madrid, y en la primera Vox ha puesto pie en pared. Exigió una negociación simultánea que solo consiguió el jueves por la mañana, el mismo día de la investidura. Vox pedía escenificar la negociación. El murciano Teodoro García Egea, el señor Lobo de los pactos populares, logró sentarlos a la misma mesa. Todo iba bien —"teníamos una coincidencia programática del 99%", llegó a decir el portavoz de ultraderecha en la Asamblea regional durante el pleno—, hasta que desde Madrid el secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas, y el diputado Juan Carlos Girauta hicieron descarrilar el acuerdo con sus declaraciones. Para ellos, la reunión era solo "un café", no una negociación. "Lean mis labios", enfatizó Girauta en los pasillos del Congreso: "Ciudadanos no llega a acuerdos programáticos con Vox".

El portavoz de los socialistas en Murcia, Diego Conesa (i), y la portavoz de Cs, Isabel Franco. (EFE)
El portavoz de los socialistas en Murcia, Diego Conesa (i), y la portavoz de Cs, Isabel Franco. (EFE)

La cúpula naranja rebajaba las expectativas que se habían cocinado en Murcia por la mañana ante el temor de que prosperara la última exigencia de los de Abascal: o había un documento firmado a tres o la investidura de López Miras no salía. La reunión no era bastante y hacía falta rubricar el acuerdo. Ciudadanos tenía claro que no permitiría esa petición, la misma que se ha repetido en tantos puntos de España y a la que se han negado por imperativo de su ejecutiva nacional, que aprobó por unanimidad que no habría acuerdos de gobierno en los que estuviera Vox.

Al final, el doble juego —negociación en Murcia o café en Madrid— no salió bien. El enfado de Vox se volvió tajante y tumbó la investidura. Su portavoz en la Asamblea, Juan José Liarte, no se anduvo con rodeos. Ya en el turno de fijación de posiciones avanzó que votarían en contra del popular y culpó abiertamente a la dirección nacional de Ciudadanos. Dejó claro que las cinco horas de reunión fueron una negociación en toda regla y llegó a afirmar que existían discrepancias entre la visión de los naranjas en la Región y en Madrid. "Ha sido una reunión de trabajo centrada. Ciudadanos en Murcia ha demostrado que está muy por encima de las capacidades técnicas de la dirección nacional", zanjó. El voto en contra de los cuatro diputados de Vox hizo que López Miras no saliera investido por un voto: 22 a 23. La abstención era suficiente, como recordó acto seguido la plana mayor del partido naranja en las redes sociales. "No hacía falta el sí. Bastaba con abstenerse y se han alineado con PSOE y Podemos", repetían.

En Murcia, ahora se abre la cuenta atrás hacia la repetición electoral, pero es probable que la sangre no llegue al río. La suavidad en las formas entre Ciudadanos y Vox en sendas intervenciones —no mencionaron sus discrepancias programáticas— sugiere que hay margen para el acuerdo. "Estamos más cerca que nunca de la formación de Gobierno. El obstáculo está en la dirección nacional de Ciudadanos", señaló Vox, y su portavoz añadió: "Mi teléfono estará encendido hasta el último minuto y mi mano tendida". Poco después respondía Miguel Garaulet, negociador de Ciudadanos que apostó claramente por la vía del entendimiento con el PP: "Nos hemos sentado con todo el mundo porque queríamos llegar a ese acuerdo".

La cuestión es que Ciudadanos también podría pactar con el PSOE, que ganó las elecciones en la Región por primera vez desde 1995. Los dos suman mayoría absoluta sin necesitar a Podemos ni otros votos. Garaulet advirtió de que no habrá repetición electoral, pero los socialistas dudan de que Ciudadanos vaya a cambiar de socio vista su estrategia. De hecho, fuentes de la cúpula naranja reconocían en el Congreso la misma tarde del jueves que si la investidura fracasaba, la primera opción sería volver a intentar sacar adelante su acuerdo con los populares. "Es muy difícil empezar a entendernos ahora con el PSOE si tenemos ya un acuerdo cerrado con el PP en el que creemos", explicaban temiéndose el resultado que después se confirmó.

El candidato socialista, Diego Conesa, que quiere presentarse a la investidura, ha ido dando varios pasos para tratar de acercarse a Ciudadanos. Llegó a aceptar la firma de una de las peticiones de Ciudadanos —apoyar el 155 en Cataluña "en el caso de que el Govern de la Generalitat no acate el orden constitucional"— e incluso le ofreció la alcaldía de Murcia. El PSOE casi daría un cheque en blanco a los naranjas para recuperar uno de los bastiones del PP (en las generales de 2011, los populares obtuvieron ocho de los 10 escaños al Congreso que repartía Murcia).

Sin embargo, la candidata de Ciudadanos entrecerró esa puerta: "Nuestro socio preferente sigue siendo el PP, aunque es cierto que volvemos a la casilla de salida y todas las opciones están abiertas". Los escasos cuadros de Ciudadanos que en privado reconocían preferir tumbar al PP han perdido, como ocurrió en Castilla y León, donde el próximo martes saldrá adelante la investidura del popular Alfonso Fernández Mañueco.

López Miras (c) y el secretario general del PP, Teodoro García Egea (i). (EFE)
López Miras (c) y el secretario general del PP, Teodoro García Egea (i). (EFE)

El bloqueo en Murcia se explica como un aviso a navegantes en la próxima gran negociación. La Comunidad de Madrid, gobernada por el PP desde 1995 y con 22.000 millones de presupuesto —cinco veces más que el de Murcia—, es el premio gordo de la batalla autonómica. Con casi todo el panorama local y regional despejado, Ciudadanos se juega mucho y allí no tiene la opción de pactar con el PSOE en solitario, sino que necesitaría el voto de Más Madrid, el partido de Íñigo Errejón. Vox se siente ninguneado y maltratado por el partido de Rivera y este jueves dejó claro que no lo aceptará más.

Fuentes de la formación naranja aseguran a este diario que el modelo a seguir en Madrid era precisamente el murciano. Cerrar un acuerdo con el PP (aún no lo ha hecho) y, a partir de ahí, esperar a que los populares consiguieran el apoyo de Vox para hacer presidenta a Isabel Díaz Ayuso. Ciudadanos insiste en que no negociará un programa ni un Gobierno con el grupo de Rocío Monasterio. La cuestión es si el revés en la Región cambia las cosas a partir de ahora.

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