El protagonismo de las activistas históricas

El Orgullo de los pioneros: “Tenía que salir del armario costara lo que costara”

Kim Pérez es uno de los iconos de la lucha histórica del colectivo LGTBI para que se reconozcan sus derechos. La edición del Orgullo de este año está dedicada a gente como ella

Foto: Kim Joaquina Pérez Fernández-Fígares. (EFE)
Kim Joaquina Pérez Fernández-Fígares. (EFE)

“Empecé a vivir en otro mundo que ahora ya no existe. Ese otro mundo era en el que había completo silencio, completa soledad. A la vez, como siempre, buscaba una puerta abierta, aunque tardé mucho en encontrarla. Estamos hablando de los años cincuenta, sesenta, setenta.... Pasaban los decenios como si fuera algo inevitable”.

Así empieza su relato Kim Pérez, 78 años, profesora jubilada de Ética, activista y símbolo de la defensa de la transexualidad en España. Kim salió del armario a los 50 y desde ese momento, nunca volvió a ser la misma.

Después de encontrarse con “muchas dificultades y muchas cosas que le cortaban el paso”, y pensar que era imposible tener para sí misma una imagen de mujer, Kim decidió que había llegado un momento de salir del armario y demostrar quién era realmente, “costara lo que costara y aunque el mundo se hundiera”.

“Ya no podía esperar más, me moría si no seguía adelante. Así que, fue en 1991 cuando empecé a tener mi vida. Hasta ese momento no la había tenido”, explica a El Confidencial en una entrevista.

“Lo que había decidido era olvidarme de mis sentimientos. Pero eso es imposible. Tenía un pensamiento cada vez más obsesivo, angustiado, y entonces hubo un momento en el que me di cuenta de que tenía que salir del armario costara lo que costara, aunque el mundo se hundiera. Era mi vida la que estaba comprometida, me moría, me daba un ataque al corazón...”, recuerda emocionada.

¿Qué era lo que más miedo le daba en ese momento? “Hacer el ridículo. Me daba miedo una cosa muy real para muchas transexuales, el no ‘pasar’. Un sentimiento amarguísimo para las personas transexuales. Aunque yo no he ‘pasado’ nunca”, explica en referencia a vestir y conseguir parecerse a una mujer.

 Kim Pérez. (EFE)
Kim Pérez. (EFE)

Y se ríe pensando en que, a veces, la imagen que uno quiere ofrecer resulta “peor que mejor”. “Pero al menos, estás diciendo claramente: ‘soy quien soy’. Te das cuenta de que la gente que te rodea, que te comprende, prefiere que seas como eres,” reconoce.

Su historia es un ejemplo para las nuevas generaciones, que han podido vivir su identidad sexual y de género con mayores libertades gracias a la lucha de las pioneras, a la “resistencia trans” que llevó a que, en todo el mundo, “ellas, travestis y mujeres transexuales, racializadas y precarias, tiraran las primeras piedras ante un sistema corrupto, quebrado e injusto que nos violentaba y agredía día a día”.

A esa lucha por los derechos humanos y la justicia social quiere homenajear el Orgullo 2019, que en su manifiesto recoge su intención de “recordar a todas las personas que históricamente han sufrido agresiones, verbales o físicas, por su orientación sexual o su identidad y/o expresión de género” y mantener una memoria colectiva LGTBI.

Activismo

A pesar de sus años, Kim Pérez no se olvida del mundo. Nacida en 1941 en Granada, no se rindió hace casi 28 años ante una sociedad que no la entendía y tampoco ahora, donde sigue embarcada en proyectos para ayudar al colectivo LGTBI en su búsqueda de visibilidad e identidad tanto en España, como más allá de nuestras fronteras.

Su mayor preocupación ahora mismo es pedir que se conceda el premio Nobel de la Paz al colectivo trans en América Latina, donde mueren al año 900 transexuales por enfermedad, maltrato o asesinato, un asunto que no duda en tildarlo de “genocidio trans”. Pero también es la fundadora de la Academia de Identidad de Género, un proyecto que está poniéndose en marcha.

La lucha de Kim Joaquina Pérez Fernández-Fígares, la primera transexual mujer que integró en España una candidatura electoral al ocupar el número 17 de la lista que presentó entonces IU al Ayuntamiento de Granada, es y ha sido siempre pacífica. Primero, con ella misma; y después, con la sociedad y aquellos que no quieren comprender.

“Mi combate va a ser siempre pacífico, no va a ser un combate con odio como el que estamos recibiendo”, critica Kim cuando se le pregunta por la situación actual del colectivo LGTBI.

“Tenemos que saber que en este momento nos enfrentamos contra unas personas que, tristemente, hay que decir que nos odian”, añade.

La travesti Brenda, antes de clausurar la Jornada Cubana de Lucha contra la Homofobia. (EFE)
La travesti Brenda, antes de clausurar la Jornada Cubana de Lucha contra la Homofobia. (EFE)

“Ahora mismo estamos a punto, en todo Occidente, de ver la amenaza de una regresión. Es un hecho que va a seguir delante de nosotros y que nos va a amenazar en el futuro”, advierte.

Afortunadamente, según Kim, lo que está pasando surge en un momento en el que la población española “sabe que tiene que defenderlo”: “Y nosotras, al mismo tiempo, tenemos que saber defendernos e impedir cualquier intento de regresión que haya”.

Por eso, anima a reafirmarse en la idea de “que cualquier persona es un ser humano” y que, cualquiera de ellas, aunque te desee lo peor del mundo, no deja de serlo nunca. Este argumento, “por supuesto”, se lo diría a Vox.

"Estamos viviendo una época dura y difícil. Pero en esta época dura tenemos que manifestar que son nuestros derechos humanos los que estamos defendiendo, que hay que defender por encima de todo, siempre, en todo momento”, afirma.

Uno de los retos que menciona para el colectivo trans en España es conseguir trabajo por cuenta ajena, algo que ahora mismo “apenas existe”.

“Hay un poco el temor de decir que qué va a decir la gente”, explica Kim. En su opinión, tendría que ser algo espontáneo, no forzado, una iniciativa para contratar personas transexuales “por política de empresa” pero sin cuotas obligatorias.

Refugios de libertad

Durante la conversación, Kim recuerda los momentos y lugares en los que pudo ser libre y feliz durante los 50 años en los que guardó silencio con su familia y amigos. Y, sorprendentemente, el país donde pudo expresarse con libertad fue en Argelia, donde le habían ofrecido un trabajo como agregado de comunicación en la Embajada española.

“Fue en Argelia donde pude vivir casi en completo aislamiento psíquico, con mucha gente compartiendo vida, diciendo que yo era transexual, viviendo en casa vestida de mujer, siendo aceptada como una”, apunta.

En España, sin embargo, no fue tan fácil. “Cuando tú dices en una familia española normal que eres transexual, suena a que en realidad eres extraterrestre”, bromea recordando el momento en el que decidió salir del armario. En su opinión, el anuncio “es una cosa que no se puede digerir fácilmente, sobre todo si tienes ya años y has vivido de una manera convencional”. Sin embargo, aunque su madre “sufrió muchísimo”, acabó aceptándole.

Kim Pérez. (EFE)
Kim Pérez. (EFE)

Confiesa que para ella la enseñanza ha sido “vocacional”. La asocia a la estabilidad y a la satisfacción de poder ayudar a que los alumnos de 15 años “tuvieran nuevas perspectivas” vitales y aprendieran ética, antropología, psicología…

A pesar de las alegrías en este aspecto, siempre había una sombra que empañaba el conjunto: “Lo que pasa es que la enseñanza era la mitad de mi vida. La otra mitad de mi vida estaba callada”. Y esta historia tiene un final feliz: “Eso sí, los últimos 12 años de mi vida profesional he sido una profesora transexual y he vivido transexualmente, he dado la cara y he vivido una vida plena”, afirma orgullosa.

“Podemos gustarles más o menos a algunas personas, pero somos personas muy normales. Personas quizás más abiertas y más libres que otras muchas por el simple hecho de que la vida nos obliga a ser abiertos y libres”, afirma a modo de conclusión.

Kim presidió durante años la Asociación de Identidad de Género de Andalucía, organización gracias a la cual fue posible que en 1999 esta comunidad se convirtiera en la primera española en incluir en su catálogo de prestaciones sanitarias el proceso completo de tratamiento y cirugía genital de reasignación de sexo.

La diversidad es "intrínsecamente humana"

El vicepresidente de FELGTB, Mané Fernández, explica a El Confidencial que la perspectiva de celebrar el Orgullo desde el punto de vista de los mayores es reconocer que ha sido gracias a ellos que se ha llegado hasta aquí, a los “logros en cuanto a derechos humanos y reivindicaciones” del colectivo.

 Dos personas participan en una marcha del Orgullo LGTBI+ en San Salvador. (EFE)
Dos personas participan en una marcha del Orgullo LGTBI+ en San Salvador. (EFE)

“La no visibilidad se debe a la presión social”, y en un espacio rural o en ciudades pequeñas, el problema se multiplica exponencialmente, denuncia. Por eso argumenta que es tan importante luchar y reivindicar que “pueden amar y ser lo que ellos quieran” y reconocer frente a la sociedad que no solo pueden, sino que tienen el derecho de hacerlo.

Hablar de los mayores es también considerar la importancia de los referentes: “incluso nosotros hubiéramos vivido nuestra realidad y nuestra orientación de forma diferente si nos hubiéramos encontrado con un referente que nos hubiera hecho sentir que no éramos los únicos”, que no eran los raros.

En su opinión, lo más necesario sería un “referente sin estereotipos y sin estigmas”; aunque no le guste la palabra, lo más “normativo” posible. Y también sería importante reconocer la diversidad como algo normalizado. “Nosotros vivimos nuestra diversidad igual que el resto de la población. La diversidad es intrínsecamente humana y nadie es igual a nadie”, afirma.

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