DE LOS PACTOS A LA PÉRDIDA DE LAS ESENCIAS

Desde sus orígenes, todas las crisis de Ciudadanos son siempre la misma crisis

Pactos con la ultraderecha, renuncia a los principios fundacionales o incremento del personalismo del líder. ¿Una nueva crisis de Cs o un día más del partido en su camino hacia la Moncloa?

Foto: Albert Rivera, en el último Consejo General de la formación, celebrado el viernes. (EFE)
Albert Rivera, en el último Consejo General de la formación, celebrado el viernes. (EFE)

Albert Rivera es un triunfador y si todavía no es el presidente del Gobierno que España merece es por vuestra culpa. Lo justificáis anteponiendo vuestras propias ideas sobre lo que debía ser el partido o poniendo por delante el bien del país, pero lo cierto es que no le escuchasteis, no le creísteis. Y ahora estáis fuera.

El Confidencial ha hablado con varias personas que formaron parte de Ciudadanos desde su fundación hasta esta última legislatura. Por supuesto, ellos no tienen la culpa de tildar, de forma claramente ventajista, de errores a esas decisiones que se cometieron entonces y hoy vuelven a cometerse, o de valorar negativamente la traición a los ideales fundacionales a cambio del éxito electoral.

Él sabrá perdonar a estas voces, movidas sin duda alguna por algún tipo de revanchismo, porque directamente no tenían toda la información y observaron la función desde los asientos más baratos del teatro. Solo el tenor tiene toda la información, él es el único que contempla a Ciudadanos desde la atalaya, por cierto levantada con sus propias manos en tiempos donde hasta la hemeroteca se envuelve en un manto brumoso. No digamos ya la memoria.

Él, que siempre ha estado allí, sabe que todo lo que está pasando ahora no es una crisis, sino otra fase, que no hay un giro a la derecha, sino un mero momento pendular dentro de una espiral ascendente que llevará a Ciudadanos hacia la realización 'hegeliana' del conocimiento absoluto.

Algunas de estas voces trazan paralelismos con otros partidos personalistas (¿es capaz España de producir otra cosa?) como el UPyD precolapso, el Podemos más reciente o incluso el CDS de Suárez, pero en definitiva, la crisis de Cs, como pasa con los gritos a través del cielo, "ha ocurrido otras veces, pero ahora no hay nada con lo que compararla".

2007: "¡Es el fin de Ciudadanos!"

La primera crisis de Ciudadanos se produjo un año después de fundarse, en el primer Consejo General. Hoy en día se habla mucho de los intelectuales fundadores, pero lo cierto es que la mayoría de esos quince nunca tuvieron demasiado interés en implicarse orgánicamente en el partido, salvo un par de ellos. Arcadi Espada, por ejemplo, nunca tuvo la pretensión de un cargo pero sí quiso participar en la tutela intelectual de la formación.

Año 2014, Albert Rivera y Arcadi Espada en un acto de la plataforma Libres e Iguales. (EFE)
Año 2014, Albert Rivera y Arcadi Espada en un acto de la plataforma Libres e Iguales. (EFE)

Muchos de esos intelectuales fundadores ni siquiera acudieron al aquel congreso, celebrado en Bellvitge en 2007, en un hotel con restaurante de Santi Santamaría, un Tres Estrellas Michelin, que poco tenía que ver con el funcional hotel de Bellaterra que un año antes había albergado el congreso fundacional.

"Aquello estaba lleno de gente que había fracasado en otros lugares, pero eran todos de izquierda", recuerda un viejo afiliado a aquel embrión. "Algunos eran izquierda tipo PSOE y otros de otra izquierda más moderna, inspirada en la tercera vía británica o el liberalismo más anglosajón". Aquel mismo día de 2006, se afiliaron a Ciutadans como 300 personas, principalmente procedentes del socialismo catalán y entre las que destacaba Antonio Robles, que poco antes había fundado un partido llamado Iniciativa No Nacionalista. Los llegados desde otros puntos de España "no sabíamos qué era Ciudadanos ni sabíamos nada de intríngulis ni de guerras entre facciones", pero en los dos días que duró el congreso fundacional hicieron un máster acelerado.

En el lado de los izquierdistas 'anglófilos' del entorno de Espada, destacaba también Teresa Giménez Barbat, una de las pocas firmantes del manifiesto que se decidió a meterse en política.

La parte más conocida de la historia es que, para salir de aquel atolladero primigenio, se decidió al candidato por orden alfabético —y tomando en cuenta el nombre, no el apellido— y de ahí salió Albert Rivera, ese abogado de 26 años que, bueno, se convirtió en La Persona de este partido tan personalista.

"Siempre he sospechado que hubo una negociación", explica uno de los 75 componentes de aquel primer Consejo General, hoy ya fuera del partido. "En el fondo, todos pensaban que podían manejarlo".

Pero un año más tarde, Rivera demostró que no. Una parte del partido, que apostaba por una convergencia con la plataforma que habría de convertise en UPyD, se le rebeló... pero perdió. Este sector se hallaba liderado por el profesor Luis Bouza-Brey, de hecho, el candidato a disputar a Rivera la presidencia del partido, Teresa Giménez Barba y Ginés Górriz, el empresario que tuvo la idea de desnudar a Rivera en los carteles. Ese mismo año, Giménez Barbat se incorporó a UPyD, y varios de los fundadores se desentendieron del partido, anunciando el fin. Fue un punto y aparte en Ciudadanos, pero Rivera salvó su primera bola de partido y siguió adelante, más reforzado.

Año 2014. La líder de UPyD, Rosa Díez, junto a sus candidatos a las europeas, con Giménez Barbat a la derecha de la imagen. (EFE)
Año 2014. La líder de UPyD, Rosa Díez, junto a sus candidatos a las europeas, con Giménez Barbat a la derecha de la imagen. (EFE)

Pocos meses después de su fundación el partido empezó a crecer, principalmente fuera de Cataluña. Por aquel entonces, el partido, bautizado como Ciutadans-Partido de la Ciudadanía, aspiraba a tener una implantación nacional.

Muchos profesionales liberales urbanitas vieron en el nuevo partido una opción que les hablaba directamente a ellos, y esto se hizo especialmente patente en las grandes ciudades. En pocos meses más de 500 personas se afiliaron a la agrupación de Madrid, que llegó a tener un 10% de los afiliados totales de un partido que solo tenía representación en Cataluña. Mucha gente llamaba a la puerta del partido en la capital o desde Málaga, otro polo pujante para la formación en aquellos momentos, pero desde Barcelona, sin embargo, se negaron a proporcionarles recursos.

Desde Madrid llamaron a Albert Rivera para pedir explicaciones por ello. Cinco o seis personas se reunieron con él en un restaurante cercano al Congreso de los Diputados. Uno de los asistentes a aquella reunión recuerda que "llegó como un autista, estábamos entre compañeros y él nos soltaba el mismo rollo que soltaría delante de un montón de micrófonos".

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, Ignacio Aguado y Begoña Villacís durante el acto previo a la reunión del Consejo General. (EFE)
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, Ignacio Aguado y Begoña Villacís durante el acto previo a la reunión del Consejo General. (EFE)

La anécdota se antoja casi como un 'flashback' de lo sucedido hace unos días que citaba 'El País'. En otro debate a puerta cerrada entre miembros de la ejecutiva, Luis Garicano dijo a Arrimadas que no le repitiera el argumentario: "No estamos en un plató de televisión, Inés".

La estrategia de Rivera entonces tenía una explicación. En el partido existía cierto temor a que cualquier "indeseable", introduciendo a veinte o treinta personas de fuera, pudiera hacerse con una agrupación y, en base a los propios estamentos del partido, se presentara a las municipales bajo la marca de Ciudadanos. La forma de contener esto fue cerrar el grifo hacia las agrupaciones y, después, prohibirles que se presentaran a las próximas elecciones de mayo de 2007.

Pero muchas de estas agrupaciones ya estaban compuestas, fueron fundadoras del partido y quisieron dar un paso adelante presentándose bajo la marca Ciudadanos. Esta fue la primera fricción entre el aparato nacional (por entonces, Barcelona) y las agrupaciones provinciales y marcó un 'modus operandi' que se ha repetido en años siguientes.

En el partido existía cierto temor a que cualquier "indeseable", introduciendo a 20 o 30 personas de fuera, pudiera hacerse con una agrupación

La estrategia oficial a seguir fue pedir el voto en blanco en aquellos sitios donde no se presentaban.

El coordinador de la agrupación en Madrid por entonces, el abogado Juan José Areta, tampoco era partidario de presentarse a las municipales, pero otros en su agrupación sí, y que en cualquier caso había que someterlo a una asamblea. Robles, por entonces secretario general, les comunicó que la Ejecutiva había decidido que no se presentaran. Sus motivos podían ser legítimos —no querían que se presentaran indeseables que no pudieran controlar y, además, un fracaso en Madrid podría afectar al partido a nivel nacional— pero no respondía a lo que decían los estatutos del partido.

"Este asunto es, para mí, la culminación de un estilo de dirigir el Partido", escribió Areta en su carta de renuncia. "Los que ejercemos un cargo somos, para nuestro secretario general, una simple correa de transmisión de las decisiones que toma. Nuestra opinión no le interesa. Cuando discrepas o le criticas te coloca en la línea del adversario".

2009: "Se han cargado el partido"

El citado Robles se apeó de Ciudadanos poco después, también con rumbo a UPyD. En el Consejo General del partido del año 2009 se decidió con 36 votos a favor, 24 en contra y dos abstenciones que el partido iría a las europeas en coalición con el partido irlandés Libertas: euroescéptico, antitratado de Lisboa, que quería negar el acceso de trabajadores de la UE a Irlanda y, más importante, que se disolvió como partido siete meses después de su creación, en noviembre de 2009.

Ante quienes hoy le acusan de pactar con Vox, Rivera podría muy bien decir que su partido no pacta con la extrema derecha, sino que directamente la disuelve y en cuestión de meses, como un KH7 de los populismos.

Pero antes de que todo esto sucediera, dos de los tres diputados en el Parlament (todos menos Rivera, básicamente) habían dejado el partido ante aquella decisión del líder, apoyada por José Manuel Villegas, por entonces número 2 de la lista europea tras Miguel Durán y hoy subalterno de Rivera. De hecho, Villegas, muñidor de aquella coalición, presentó entonces su dimisión y Rivera no la aceptó.

En su despedida, Robles dijo algo que entonces era inédito pero hoy también suena a chicle mascado: "En el espacio de tiempo que me queda en la cámara lucharé para defender el proyecto original de Ciutadans, pero no seguiré porque se han cargado el partido", expuso a El Mundo, dado que los valores de ultraderecha de Libertas eran "contrarios a las ideas que ha venido defendiendo Ciudadanos desde su creación".

No era la primera vez, evidentemente, que Rivera escuchaba esas palabras en los tres años de vida del partido. Ni sería la última en los diez años siguientes. Desde Carolina Punset y otros nombres menos mediáticos en su momento a los actuales Toni Roldán o Juan Vázquez, todos dicen lo mismo tras dar el portazo. Esto ya no es como antes, pero un momento... ¿y si Ciudadanos siempre ha sido igual?

Todos dicen lo mismo tras dar el portazo. Esto ya no es como antes, pero un momento... ¿y si Ciudadanos siempre ha sido igual?

Tras Robles, muchos otros dirigentes se encaminaron hacia UPyD, por entonces un partido ideológicamente afín pero en plena efervescencia tras alcanzar en 2011 cinco escaños en las generales y convertirse en la cuarta fuerza política en el Congreso. Pero observemos la jugada de nuevo y a cámara lenta. En lo que entonces pareció un fracaso para Rivera, o más concretamente una desbandada hacia UPyD, se tradujo entonces en un mayor control.

"Muchos se piraron a UPyD y los que se quedaron pasaron a ser controlados por Rivera", explica un antiguo miembro del partido.

Coincidiendo con aquel éxodo desembarcaron en la formación naranja algunos de los nombres que hoy forman la columna vertebral de Cs, como Inés Arrimadas o Juan Carlos Girauta. En uno de los libros más completos sobre el desarrollo del partido, 'Alternativa Naranja: Ciudadanos a la conquista de España' (Debate, 2015) los periodistas Iñaki Ellakuria y José María Albert de Paco rememoran esta reveladora escena:

En diciembre de 2012, Girauta inquiere "¿tú sabes que algún día serás el presidente del Gobierno?" y Rivera le responde "sí"

En diciembre de 2012, Rivera y Girauta van en un taxi nocturno que atraviesa Madrid. El escritor le inquiere: "¿Tú sabes que algún día serás el presidente del Gobierno?" y Rivera responde, "sí".

"Esa conversación se produce, además, en un momento en que Ciudadanos estaba remontando una crisis importante, cuando la plataforma Movimiento Ciudadano, el instrumento promovido por Rivera y Girauta para extender Ciudadanos al resto de España, daba sus primeros pasos", cuenta De Paco a El Confidencial.

Todo estaba, cada vez más, bajo control, pero algo ocurrió. En su asalto a la política nacional, el partido padecía de una importante falta de personal. “La diferencia entre UPyD y Ciudadanos es que a los primeros los ahogaba una sobreorganización y en Cs pasa al revés, la estructura es muy frágil”, explica un antiguo cargo de la formación naranja, hoy alejado de la política.

2019: "Ciudadanos ha cambiado"

De cara al gran objetivo, las elecciones de diciembre de 2015, Ciudadanos incorpora talento independiente de la sociedad civil, personas comprometidas con un proyecto cuyas principales banderas eran la justicia, la regeneración y la lucha contra la corrupción.

Algunos como Ignacio Prendes, Francisco Igea, Toni Cantó o Marta Martín llegaron desde el partido magenta, un partido que llegó desfondado al final de la legislatura tras múltiples luchas internas y una estrategia anticorrupción que les supuso un alto coste económico. En cuanto Díez se negó a estudiar la fusión con Cs, sucedió lo inevitable.

Otros como Manuel Conthe o Luis Garicano aterrizaron como cabezas de cartel independientes para el área económica. Roldán, doctorando de Garicano en la London School of Economics donde realizaba una tesis sobre las cajas de ahorro españolas, entraría meses más tarde para reforzar el área programática del partido.

La irrupción de Ciudadanos en el Parlamento fue un éxito que permitió al partido aspirar a negociar con el PSOE para desbancar a Rajoy de La Moncloa, el célebre 'pacto del abrazo' de febrero de 2016. Pero la jugada no salió bien y, en las segundas elecciones de junio, Cs perdió un 0,9% de voto —según algunas estimaciones, debido al voto rural que volvió a apoyar a Rajoy ante el temor de un sorpaso de Podemos al PSOE— que se tradujo en ocho escaños menos por obra y gracia del sistema D’Hondt.

Ahí, justo ahí, comenzó el giro según las fuentes consultadas. "En la cúpula del partido cundió la idea de que el veto a Rajoy les había hecho perder diputados", explica una de ellas.

Detalle de las manos de Rajoy y el líder de Ciudadanos en mayo de 2018. (EFE)
Detalle de las manos de Rajoy y el líder de Ciudadanos en mayo de 2018. (EFE)

Estas mismas fuentes apuntan también a que otras personas del círculo de Rivera, ajenas al organigrama del partido, comenzaron a introducir en la cabeza del líder naranja la idea de convertirse en la referencia del centroderecha español. Aprovechando el —reconocido por muchos— principal talón de Aquiles del político, su vanidad, estos 'spin doctors' le mostraron, por ejemplo, análisis demoscópicos que mostraban que solo uno de cada dos votantes del PP en 2011 votaría a Rajoy en unas nuevas elecciones.

Esta no es la única causa por la que Rivera lanzó aquel cordón sanitario al PSOE dos años más tarde. Se apunta también a una animadversión personal entre Rivera y Pedro Sánchez.

Otra de las personas que ha formado parte del partido en los últimos tiempos señala cómo, cada vez con más intensidad, fuera del periodo electoral pesaban los programas, pero en cuanto se entraba en época de elecciones comenzaba a pesar cada vez más la parte de comunicación.

El Cs del presente no se ha construido de la noche a la mañana, pero Rivera ha obrado con gran habilidad para hacerlo. En la Asamblea General de 2017 (donde se eliminaron las referencias al socialismo y se abrazó el liberalismo progresista) no se registró una gran fricción, básicamente porque Rivera amplió el cupo mínimo de la Ejecutiva de 12 a 20 miembros. En lugar de sustituir a aquellos miembros más díscolos, los mantuvo y engrosó el número de personas alineadas con sus posiciones.

"Cuando la ruptura se manifiesta es con las primarias de Castilla y León y antes de eso, con la formación de Gobierno en Andalucía", explica un antiguo parlamentario de Cs.

Cuando la ruptura se manifiesta es con las primarias de Castilla y León

Ahí aflora la tensión entre los que llegaron a Cs en 2015 con la idea de regenerar y los compromisos adquiridos por la dirección o las divisiones regionales. De ahí que en Andalucía se formara un equipo de Gobierno en cuya composición Marín no tuvo demasiado peso y donde se juntaban perfiles más tecnócratas, como el de Manuel Hidalgo, profesor universitario devenido en secretario general de Economía, con el de Javier Imbroda, apuesta personal de Rivera, nombrado consejero de Educación.

En Castilla y León, Villegas le encargó a su persona de confianza, Pablo Yáñez, que buscara a alguien con capacidad de penetración en el entorno rural y éste presenta a Silvia Clemente. Tras el 'pucherazo' cuya demostración gráfica publicó El Confidencial el 12 de marzo y la posterior victoria de Francisco Igea en las primarias, Yáñez anunció que renunciaba a todos sus cargos, aunque en realidad mantuvo el puesto de asistente técnico (máxima categoría de asesor) hasta el 20 de mayo, cuando el BOE publica su cese.

Días más tarde, 'El Norte de Castilla’ publicaba que el joven político se hallaba ahora empleado en Patatas Meléndez, la empresa del marido de Clemente.

En Madrid, los choques entre el Cs regeneracionista de 2015 y el pragmático de 2019 alcanzaron los mayores niveles de paroxismo

En Madrid, los choques entre el Cs regeneracionista de 2015 y el pragmático de 2019 alcanzaron los mayores niveles de paroxismo. Garrido, que durante la legislatura anterior trató de bloquear la comisión de investigación de la corrupción liderada por Ciudadanos, a la que tildaba de "juicios de la señorita Pepis" pasó a ser presentado como fichaje estrella de los naranjas.

Otros, como el de Marcos de Quinto, fueron conocidos por muchos de los miembros del partido a través de la prensa.

José Ramón Bauzá, Sara Jiménez, Edmundo Bal y Marcos De Quinto celebran los resultados de la formación naranja. (EFE)
José Ramón Bauzá, Sara Jiménez, Edmundo Bal y Marcos De Quinto celebran los resultados de la formación naranja. (EFE)

Una característica de Rivera, según De Paco, es que "se siente incómodo ante personajes de la esfera, digamos, intelectual, con los que se sabe en inferioridad, y eso le ha llevado a rodearse de acólitos, de individuos de perfil profesional, u oficinesco, que se van a limitar a reproducir sus consignas casi al modo de retuits, y que nunca le van a contrariar. Ese fue el criterio con el que empezó a fichar gente y es también el único criterio con el que se progresa dentro de Ciudadanos".

La lealtad no es algo negativo, por supuesto, "pero Rivera la entiende de una forma acrítica, como un mero asentimiento. Cualquiera que le formule la menor objeción acaba despeñándose", explica el coautor de 'Alternativa Naranja'.

¿Crisis, qué crisis?

Frente a quienes hablan de giro a la derecha, los antiguos integrantes del partido tienen una visión diferente, la de un Ciudadanos donde la ideología siempre ha sido algo secundario, desde sus comienzos. "Realmente no había una guerra ideológica, eso se usó para enmascarar", dice un miembro del partido que se dio de baja hace ya una década. "Lo ideológico siempre ha sido algo nebuloso en Cs", dice otra fuente cuya participación en el partido es mucho más reciente.

"Lo ideológico siempre ha sido algo nebuloso en Cs"

Y nostálgicos aparte, con los números en la mano, sus 57 escaños en el Congreso de los Diputados, 37 en el Parlament, siete en la Eurocámara y una amplia representación en ayuntamientos donde nunca antes había estado, ¿quién puede hoy cuestionar el éxito de la estrategia de Ciudadanos?

Lo que las fuentes consultadas tienen claro es que, tras cada una de estas crisis —con o sin comillas— lo único que cambia de verdad en el partido es el liderazgo de Rivera, que se vuelve más apabullante. Hace diez años, casi la mitad de la ejecutiva se negó a apoyar el acuerdo con Libertas mientras el pasado lunes los partidarios de cerrar las puertas a Sánchez superaban a los críticos por 24 personas a cuatro.

"A lo largo de todos estos años, ha habido momentos en los que el partido ha estado en riesgo, pero el liderazgo de Rivera nunca", resume De Paco, que hace 13 años recorría las calles de Barcelona presentando Ciudadanos junto al músico Sabino Méndez y un joven abogado de La Caixa, por todos hoy conocido. "Él cuando gana arrasa con todo, no trata de tender puentes con los críticos ni favorece la integración del adversario", dice el periodista, "ahora tocará el prietas las filas y luego les abrirá la puerta a los díscolos, y el partido se convertirá, todavía más, en un soliloquio de Rivera con aún menos voces discrepantes".

El verdadero giro en Ciudadanos no ha sido hacia la derecha, sino hacia la fontanería.

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