LA POLICÍA LO ENCONTRÓ EN UN HOTEL

El misterioso griego que salió corriendo de la casa de Raúl Bravo con 54.000 € en billetes

El sumario del caso Oikos revela que uno de los presuntos cerebros de la trama, el exjugador Raúl Bravo, trató de deshacerse de pruebas en plena operación policial con la ayuda de un amigo

Foto: Imagen del hotel Holiday Inn de Azca, en Madrid. (CC)
Imagen del hotel Holiday Inn de Azca, en Madrid. (CC)

El sumario del caso Oikos revela que uno de los presuntos cerebros de la trama de amaños, el exdefensa Raúl Bravo, trató de deshacerse de dinero en plena operación policial. Los agentes evitaron que un supuesto amigo suyo que se encontraba en su casa lograra escaparse con una bolsa de billetes. El individuo salió corriendo de la vivienda después de que la mujer de Bravo le telefoneara para avisarle de que la Policía estaba realizando detenciones, pero los investigadores consiguieron localizarlo solo unas horas después en un hotel cercano en el que se había escondido. Dentro de la habitación en la que se había refugiado encontraron una bolsa de El Corte Inglés con 54.400 euros en efectivo.

Dimitrios Sioungaris, en una imagen a la que ha tenido acceso El Confidencial.
Dimitrios Sioungaris, en una imagen a la que ha tenido acceso El Confidencial.

Los hechos se produjeron a las 9:30 del día en el que se desencadenó la operación Oikos, el pasado 28 de mayo, y aparecen reflejados en el sumario del caso, al que ha tenido acceso El Confidencial. Los agentes que estaban vigilando la puerta de entrada al edificio en el que vivía Bravo, en la calle Orense de Madrid, comprobaron que su hijo de 19 años estaba abandonando el inmueble. En ese momento, los policías decidieron interceptarlo, tomarle los datos y preguntarle por qué motivo salía de casa. Sus padres habían pasado la noche fuera del domicilio familiar pero, según explicó el joven, su progenitora acababa de llamarlo para pedirle que se marchara urgentemente de la vivienda.

La sorpresa llegó después. Los atestados policiales relatan que, “durante las gestiones de identificación del joven, los agentes actuantes” observaron que en las inmediaciones del lugar, “hablando por teléfono y en actitud vigilante”, había un varón de “unos 30 años de edad, pelo corto y oscuro, de tez morena, vistiendo camiseta de color negro, pantalón vaquero y zapatillas deportivas negras”. Con todo, a pesar de la extrañeza que despertó el individuo, los agentes lo dejaron marchar al no tener en ese momento ningún dato que lo relacionara con las pesquisas.

Raúl Bravo, a la izquierda, tras salir de la prisión de Zuera. (EFE)
Raúl Bravo, a la izquierda, tras salir de la prisión de Zuera. (EFE)

La conexión aparecería luego, ya avanzada la mañana de ese 28 de mayo. Durante el registro de la casa de Bravo, los investigadores localizaron un permiso de conducir cuya foto “correspondía sin ningún género de dudas con el varón” que había sido visto anteriormente en la calle “en actitud sospechosa”. Según el documento, se llamaba Dimitrios Sioungaris. Los policías siguieron inspeccionando la casa del exfutbolista pero, cuando terminaron esa tarea, se propusieron tomar declaración al hombre que les había estado observando. Dieron con él a las 14:10 horas de ese mismo día. Se había registrado con su nombre en un hotel que estaba a solo unos metros de distancia de la vivienda del exjugador.

El sospechoso resultó ser un ciudadano con pasaporte griego que había llegado a Madrid 24 horas antes y tenía billete para marcharse de nuevo ese mismo día. Aseguró que estaba en paro y que se había desplazado hasta la capital de España para hacerle una visita a Bravo, con el que supuestamente mantenía una relación de amistad. Los agentes le solicitaron permiso para registrar su habitación, a lo que el hombre accedió. Hallaron una mochila negra de la marca Superdry que tenía dentro una bolsa de plástico de El Corte Inglés. En su interior descubrieron 94 billetes de 500 euros, 30 de 100 y otros 88 de 50. En total, 54.400 euros en efectivo.

Los agentes no tuvieron que insistir mucho a Dimitrios para que confesara que había cogido la bolsa de casa de Bravo después de que la mujer de este llamara para alertar de que se estaba produciendo la operación Oikos. No obstante, el griego aseguró que se había llevado la bolsa de la vivienda sin saber qué había en su interior. A preguntas de los investigadores, aseguró que nunca había jugado al fútbol ni tampoco había realizado ningún tipo de apuesta deportiva.

No piensan lo mismo los expertos de la Sección de Control de Juegos de Azar de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Policía. Sospechan que, en realidad, Dimitrios es uno de los correos que habría utilizado la red de Bravo y Aranda para realizar apuestas de grandes sumas de dinero en casas asiáticas, las menos reguladas del mundo y, también, las que más dinero mueven. Organizaciones criminales de todo el planeta recurren a ellas para amañar resultados deportivos y blanquear capitales.

Como adelantó este diario, Bravo habría aprendido presuntamente el funcionamiento de estas redes durante su etapa como jugador en Grecia, uno de los países más corroídos por el virus de los amaños. Esa es una de las razones por las que el operativo fue bautizado con el nombre de Oikos, que significa 'casa' en griego. El exdefensa del Real Madrid militó en el Olympiacos FC de Atenas entre julio de 2007 y agosto de 2011, y volvió a suelo heleno en 2014 para terminar su carrera en el PS Veria y el Aris de Salónica, donde finalmente se retiró en el verano de 2017.

Raúl Bravo (d), en su época en el Olympiacos. (EFE)
Raúl Bravo (d), en su época en el Olympiacos. (EFE)

De esa última ciudad era precisamente el individuo que salió corriendo de su casa con una bolsa llena de billetes. Los correos se encargan de llevar y traer dinero en efectivo en persona para evitar que las transacciones dejen rastro en el sistema bancario y activen las alarmas de los organismos de supervisión. Recogen el dinero de las apuestas en mano y entregan las ganancias de la misma forma en el caso de que se hayan producido. Se trata de un sistema similar al que emplean las organizaciones del narcotráfico para pagar los envíos de sustancia estupefaciente y esconder los beneficios que obtienen.

La UDEV sitúa en la cúspide de la organización a Aranda y Bravo, pero las pesquisas habrían evidenciado que se comportaban de formas muy distintas. La Policía interceptó decenas de llamadas de Aranda y comprobó que usaba una red de contactos de su máxima confianza para realizar las apuestas en operaciones tradicionales asentados en España. Incluso disponía de dos locales de Luckia que también usaba para hacer sus pronósticos. Con esas mismas personas también se habría dedicado al traslado y venta de droga.

Bravo habría demostrado una actitud mucho más cautelosa. Los investigadores no lograron interceptar comunicaciones en las que el antiguo defensa del Real Madrid tratara asuntos relacionados con la manipulación de partidos. Solo comentaba esos temas a través de aplicaciones móviles, más difíciles de intervenir. Tampoco consta que realizara apuestas en establecimientos registrados en España. Sus pasos apuntarían en otra dirección.

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