EN EL JUICIO DEL 'PROCÉS'

Jordi Sànchez: "Habrá urnas y votaremos con un acuerdo con el Estado español"

"El 1-O no fue una jornada de violencia, lo podrán decir mil veces, pero no podrán convencer a la gente que lo vivió", aseguró el expresidente de la Asamblea Nacional Catalana

Foto: l presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (d), y el diputado electo en prisión preventiva de JuntsxCat Jordi Sánchez. (EFE)
l presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (d), y el diputado electo en prisión preventiva de JuntsxCat Jordi Sánchez. (EFE)

Jordi Sànchez se sentó frente al tribunal con las gafas en la mano y el lazo amarillo en la solapa. "Es injusto que ustedes tengan que resolver un problema de naturaleza política", lanzó a los magistrados nada más comenzar su intervención. El expresidente de la Asamblea Nacional Catalana, ahora convertido en peso pesado de JxCAT, siguió los pasos de Junqueras y aprovechó su última palabra para defender que el 'procés' nunca debió llegar a los juzgados, una situación que tachó de "injusta". "De su sentencia se va a derivar la lectura del límite de derechos fundamentales de reunión, de expresión, de disidencia", avisó. "Tienen la responsabilidad de no agravar una crisis política, no me gustaría estar en su piel". Tras sus advertencias a los jueces, su análisis terminó entonces con una promesa: "En Cataluña habrá urnas y votaremos. Y lo haremos con un acuerdo con el Estado español, porque es el único civilizado que nos permite mirar hacia el futuro. El acuerdo político".

A la hora de asumir responsabilidades, Sànchez evitó poner el foco en el bloque independentista: "En Cataluña hay mayor capital social que hace unos años, mayor confianza interpersonal". Palabras amables que se repitieron al hablar de sí mismo: "Yo nunca he sido un político profesional, pero desde que tengo uso de razón me he considerado una persona con una gran vocación política, a través de ONGs, asociaciones y movimientos sociales. Me encontraba cómodo en el activismo social, comprometido con valores democráticos". Palabras amables que llegaron a su fin al hablar de la Fiscalía: "Estoy convencido de que las acusaciones, cuando de noche apagan la luz, son conscientes de que no han hecho lo que tocaba".

Al igual que el resto de acusados, redujo la acusación contra él a haber promovido una votación. Una idea que se reflejó en una sucesión de frases con el mismo mensaje de fondo: "Nunca una urna es un instrumento de un golpe de Estado". "El 1-O no fue una jornada de violencia, lo podrán decir mil veces, pero no podrán convencer a la gente que lo vivió, salvo que queramos transmutar el concepto de violencia en un concepto etéreo". "Fue el mayor acto de desobediencia política de Europa, un acto de afirmación y dignidad, de disidencia". "La no violencia no es indiferencia, no es pasividad, no es quedarse escondido ante el temor y la amenaza de un Estado represivo. La no violencia es asumir las consecuencias. Y asumirlas a pesar de que esas consecuencias sean injustas y causen dolor". Llegados a ese punto, su abogado, Jordi Pina, se frotaba los ojos emocionado.

Sànchez arrancó su turno citando a Sócrates: "Es mejor sufrir una injusticia que cometerla". Y dedicó gran parte de su última palabra a ese sufrimiento: "He estado 604 días encerrado en una prisión. La prisión causa dolor. A la persona que la sufre, pero sobre todo a tus familiares. A mis padres, A Oriol, a Abril, a Clara y a Susana. Y es un dolor mayor que el que sufres al estar encerrado en prisión. Y en Cataluña ese dolor también ha sido socializado". Su gran frase, sin embargo, no llegó hasta el final de su intervención, cuando lanzó una promesa: votarán otra vez. Una promesa en la que sorprendió la letra pequeña: votarán otra vez tras llegar a un acuerdo con España.

Cuixart: "Lo volveremos a hacer pacíficamente"

El líder de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, cogió el testigo de Sànchez e insistió en su promesa: "Lo volveremos a hacer pacíficamente, serenamente". Pero antes de que llegara esta frase, abrió fuego contra toda una serie de instituciones: "El señor fiscal decía que el Rey tuvo que pronunciar un discurso de enorme calado. También de enorme decepción para muchos españoles y catalanes demócratas". "No van a lograr que nos enfrenten entre los distintos pueblos de España por muchas firmas que recoja el PP o por muchas policías que nos envíen. Consideramos a los pueblos de España pueblos hermanos, como los pueblos de Europa". "Las imágenes de la brutalidad policial son muy potentes. Van a durar años en la mente de la sociedad catalana".

Cuixart usó el juicio como altavoz político y pidió a los catalanes seguir movilizándose de forma "pacífica" y "permanente". Por momentos, dejó atrás Cataluña y se convirtió en un activista de talla mundial: "El problema no es la desobediencia civil, es la obediencia civil que permite que los océanos se ahoguen en plásticos o que permite que los inmigrantes mueran en el mar sin ser rescatados o que se haga un rescate a la banca de 60.000 millones y se produzcan 600.000 desahucios". También se enfundó la toga y valoró la acusación que pesa contra ellos: "No soy experto en Derecho Constitucional. Es más, no he ido a la universidad. Pero cuando una población ejerce la desobediencia civil, está mostrando su compromiso con la sociedad".

Al igual que el resto de acusados, insistió en que la sentencia no resolverá lo que considera que es un problema político. "En este juicio no hemos solucionado la raíz de fondo, es que seguimos obsesionados en buscar un enemigo", argumentó. Una situación que, sin embargo, él mismo reconoció que les ha valido para extender su mensaje: "La cárcel nos ha permitido denunciar aún más en alta voz lo que estaba pasando en España con los presos políticos".

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