JORNADA CLAVE DE REUNIONES

Sánchez e Iglesias llegan a su cita clave en plena tirantez y desconfianza mutuas

Los dos líderes se ven de nuevo y arrancan la negociación de cara a la investidura, pero las posiciones son distantes por la voluntad, no compartida por el PSOE, de que los morados entren en el Gobierno

Foto: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, antes de su última reunión en la Moncloa, el pasado 7 de mayo. (Reuters)
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, antes de su última reunión en la Moncloa, el pasado 7 de mayo. (Reuters)

Pablo Iglesias ha perdido, a ojos de Pedro Sánchez, galones por el camino. Ya no es un socio "preferente" y casi exclusivo, como venía rotulando el PSOE a Unidas Podemos en los últimos meses. Ahora es socio, a secas, un aliado con el que quiere entenderse para seguir desplegando políticas progresistas, pero al que no quiere dar entrada en su nuevo Gobierno. Porque el presidente rechaza un Ejecutivo "condicionado o vigilado" por los morados. Desea libertad de movimientos y no atarse a un Iglesias más debilitado y con el que además no suma mayoría absoluta en el Congreso.

Ese es el telón de fondo con el que arranca este martes, a las 10 de la mañana, la reunión de los líderes de PSOE y Unidas Podemos. Una reunión en la Cámara Baja otra vez envuelta en un ambiente enrarecido, tirante, presidida por la desconfianza mutua. Y los órdagos de cada cual. Sánchez, porque persevera en su intención de montar un Gobierno en solitario, e Iglesias, porque no está dispuesto a firmar ningún acuerdo con él que solo sea programático, ya que está convencido de que solo dentro de la estructura de poder se pueden llevar a cabo las políticas sociales que quiere que salgan adelante. Los dos pisan el acelerador sin voluntad de frenar. No al menos por ahora. Cada uno desea aguantar el pulso hasta el final.

Claro que el peligro obvio se llama urnas. Nuevas generales en el otoño. El PSOE quiso advertir este lunes de que ese es el riesgo real en caso de que los demás partidos no actúen con "responsabilidad". "La alternativa a una investidura viable es la repetición de elecciones", apuntó expresivamente el número tres del PSOE, José Luis Ábalos, después de la reunión de la ejecutiva de su partido. "La alternativa a un Gobierno socialista es obligar a que los españoles vuelvan a votar, y no les quepa ninguna duda de que las urnas también tienen memoria. Los españoles no perdonarán a quienes pongan en solfa la viabilidad de la legislatura en un momento en el que conviene desactivar, sin titubeos ni demoras oportunistas, las tensiones evidentes, en el resto de Europa y en nuestro propio país. Los populismos, los extremismos y los movimientos rupturistas encuentran en el caos y en la falta de consenso su razón de ser y su oportunidad".

El PSOE azuza el miedo a las urnas: la "alternativa a una investidura viable es la repetición de elecciones". El aviso va también por Podemos


El secretario de Organización había dejado bien claro el aviso sobre la mesa. Agitó ese miedo a las nuevas elecciones. Un temor azuzado por la certeza de que el próximo mes se activará el temporizador hacia las segundas generales. Sánchez tiene previsto acudir al debate de investidura en el Congreso aun sin tener los apoyos amarrados. Se expone a una primera votación fallida que, sin embargo, tendrá la virtud de poner en marcha la cuenta atrás de dos meses, el periodo máximo que concede la Constitución para que se elija presidente del Gobierno. Y si se consume sin éxito, se convocarán los comicios para 47 días después —y no 54, por la reforma acordada tras meses de bloqueo en 2016—.

Sin moverse hasta ahora

La advertencia que verbalizó Ábalos también iba para Unidas Podemos. Desde luego, la relación entre Sánchez e Iglesias no pasa por su mejor momento. En los últimos meses, fue más fluida. Había recuperado tono, especialmente tras la moción de censura en la que este fue un actor clave. En los debates, no se agredieron. Los socialistas directamente obviaron a los morados en campaña, centrados como estaban en recordar la foto de Colón y en combatir a "la derecha de tres siglas". Ambos líderes parecían haber dejado atrás el tormentoso 2016, cuando Sánchez intentó atraerse a Podemos a un acuerdo firmado con Ciudadanos. No pudo. Iglesias asumió el coste de ir a nuevas elecciones porque ambicionaba el sorpaso al PSOE. No se produjo.

El líder morado afea al presidente que presente su oferta como un trágala, mientras que el PSOE habla de falta de "empatía" y "confianza" con Podemos

En las últimas semanas, la interlocución de los dos dirigentes se ha enfriado. El propio jefe de la formación morada se ha quejado de que no ha conversado con el presidente desde los comicios del 26 de mayo ni han avanzado en ningún acuerdo. Sánchez prefirió agazaparse, no moverse hasta recibir el encargo del Rey de formar gobierno, para asistir con delectación a las pugnas de sus rivales y ver en directo la mala digestión de Unidas Podemos de sus resultados en las autonómicas, municipales y europeas y sus batallas internas. El tiempo parecía correr a favor del jefe del Ejecutivo. Pero ahora llega la hora de la verdad.

Sánchez e Iglesias llegan a su cita clave en plena tirantez y desconfianza mutuas

La cita de este martes en la Cámara Baja llega precedida de un cruce de declaraciones y reproches que dan cuenta de la tensión entre los dos partidos. Iglesias se quejaba en 'Los desayunos de TVE' que el PSOE le plantara prácticamente un plato cocinado, un trágala. "Uno no puede poner sobre la mesa o Gobierno del PSOE o Gobierno del PSOE", como dijo Sánchez el pasado jueves. Incluso le afeó que pretenda, aunque sea como "hipótesis" acudir a la investidura sin un acuerdo de gobierno. "Entre viaje a Japón y viaje a Japón [por el G-20], no estaría mal que negocie sus apoyos", le dijo. "No voy a negociarle la mayoría absoluta a Pedro dos veces", siguió, en referencia a su contribución activa en el éxito de la moción de censura, hace un año. Mientras, el líder de Unidas Podemos siguió demandando el billete para entrar en el Ejecutivo y hacerse cargo de carteras sociales.

Las palabras de vuelta las enlazó el propio Ábalos desde Ferraz, al rechazar la fórmula de colaboración a la valenciana que propone Iglesias, porque a diferencia de lo que ocurre en la comunidad, en la que PSPV, Unidas Podemos y Compromís alcanzan la mayoría absoluta, en el Congreso las dos fuerzas se quedan en 165 escaños, a 11 del umbral necesario. Que gobernasen juntas no ayudaría a atraer más apoyos, señaló el secretario de Organización, sino que más bien los espantaría, de modo que lo que "concita más aceptación" es un "Gobierno del PSOE" en solitario. Incluso lanzó un misil a los morados: la composición del Ejecutivo "debe regirse por la confianza y empatía que generen sus miembros al presidente", que es quien designa a sus ministros. El PSOE no quiere, abundó, "un Gobierno vigilado y condicionado". Los socialistas persiguen, pues, el mismo grado de colaboración que hasta ahora, acordar las políticas y desplegar programa. Y agradecer su ayuda, como agradece lo construido juntos en estos meses, pues "buena parte de la acción de gobierno es también obra de Podemos".

Las "urgencias" son de los morados

En la cúpula del PSOE ven menos necesario y oportuno que nunca un Ejecutivo bipartito, y más tras los resultados del 26-M, que creen que han fortalecido a Sánchez y debilitado a Iglesias. "Urgencias extremas las tienen ellos. En un contexto de nuevas elecciones saldrían trasquilados. Y la estrategia de Pablo está discutida por algunos de ellos mismos, que no la ven. ¿Que quiere forzar nuevas elecciones? Pues nada, si se quiere jubilar antes de tiempo, estupendo", señalan en Ferraz, sin esconder ese tono de desafío. En la sede entienden que no es posible un cogobierno con miembros de la formación morada cuando, por ejemplo, cuestiones mollares, como la concepción del Estado, son muy distintas entre los dos partidos, lo que anticiparía un choque constante. En la dirección no quieren aún pintar cuáles serán las líneas rojas del presidente a la hora de negociar. Igual que hay rechazo abierto a un Gobierno con ministros de la formación morada, no hay tanta reticencia a que Sánchez pueda dejarles hueco a los de Iglesias en el llamado 'sottogoverno' (secretarios de Estado y altos cargos).

Ante unas nuevas generales, la dirección del PSOE cree que quien más tiene que perder es Podemos (y el resto de partidos), y Sánchez, bastante menos

Iglesias, en todo caso, no quiere rebajar por ahora la presión. Este lunes por la noche, en 'El intermedio' (La Sexta), insistía en que no se apeará de su exigencia de entrar en el Ejecutivo con un peso proporcional a sus votos. Si no hubiera ningún acuerdo con el PSOE, Unidas Podemos preguntará a sus inscritos para ver qué deciden, pero advirtió de que ni sus bases ni los votantes querrán "un cheque en blanco", porque "en política no hay regalos".

Sánchez e Iglesias llegan a su cita clave en plena tirantez y desconfianza mutuas

Lo cierto es que el PSOE, ni aun contando con los apoyos de los morados, tiene la investidura amarrada. La dirección quiere que se retraten PP y Cs, además de Iglesias, porque la elección de Sánchez "depende" de los cuatro grandes partidos, y no de Navarra, según insistió Ábalos. Los socialistas meten así en el congelador la operación que les habría reportado dos abstenciones de los dos diputados de Unión del Pueblo Navarro en el Congreso. El secretario de Organización insistió en que una complicidad de los regionalistas, posible si los socialistas se abstienen en la comunidad y dejan gobernar a Navarra Suma (Na+) y a su candidato, Javier Esparza, podía restar los votos del PNV.

Esperar en Navarra

La salida que ha buscado Ferraz es esperar. Como indicaban a este periódico fuentes de la cúpula, se ha optado por no meter más presión a la líder del PSN, María Chivite, con la esperanza de que el escenario se vaya aclarando en los próximos días. El PSOE cree que Bildu puede endurecer su posición el próximo sábado, a la vista de que pierde alcaldías importantes como las de Pamplona, Estella o Tafalla. Pasarán a la derecha (a la coalición de Na+, integrada por UPN, PP y Cs) porque los socialistas no pactarán con la izquierda 'abertzale'. Esta, en represalia, podría anunciar que ni con su abstención facilita Navarra a Chivite, con lo que el PSOE se encontraría con la papeleta resuelta y un relato salvable de cara a sus bases y su electorado: intentó construir un Gobierno de izquierdas, pero no pudo. Entonces se ahorraría la hostilidad del PNV. Sin embargo, ese escenario no será tan probable, porque la formación de Arnaldo Otegi puede ayudar a que los socialistas consigan el Ejecutivo foral gratis y sin negociación de por medio.

En Ferraz, indican que lo que se pretende es meter menos presión al PSN, aunque ahora no se renuncia a liderar Navarra, aunque se darán alcaldías a Na+

Esa es la línea roja que pone Ferraz y que el PSN respeta: no habrá diálogo alguno con la izquierda 'abertzale'. De forma que si esta se abstiene, lo aceptará porque no puede hacerse responsable de lo que voten otros partidos. En suma, que el PSOE no renuncia a Navarra. En la cúpula, no obstante, precisan que la posición no ha cambiado respecto a la mantenida la semana pasada: la diferencia, explican, es que se ha considerado mejor no meter más presión a su federación —que teme ser desahuciada y enterrada de manera definitiva si entrega la comunidad a la derecha otra vez— sin saber cómo responderán el resto de agentes, y singularmente Bildu. No obstante, en esta ocasión la defensa de Chivite ha sido mucho más explícita y rotunda. La vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, llegó a decir que el partido priorizaría el Gobierno central a la legítima ambición del PSN de pilotar la comunidad.

Sánchez e Iglesias llegan a su cita clave en plena tirantez y desconfianza mutuas

De cualquier modo, la dirección de Sánchez cree fundamental aguardar al cierre del mapa municipal y autonómico. Pero también tiene la decisión tomada de fijar la investidura del candidato para el próximo mes, tenga o no los apoyos atados. Así al menos se activará la cuenta atrás. "No vamos a conseguir nada esperando a septiembre. Hasta que no haya presión real del calendario nadie se moverá. Es absurdo alargar", dicen en Ferraz. Así que, si el presidente no sale reelegido en un mes, lo conseguirá, creen, antes de dos meses. Pero ya nadie descarta ir a segundas elecciones, aunque sea un riesgo para todos. Para el PSOE también, aunque el núcleo duro sigue convencido de que quien menos se la juega con otras urnas es Sánchez. Por eso presionará hasta el final.

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Iglesias, Rivera y Casado: las tres citas en el Congreso de este 11-J

El PSOE agitó el fantasma de la repetición electoral a menos de 24 horas de que Pedro Sánchez emprenda los primeros contactos formales para conseguir apoyos a su investidura

La ronda comenzará a las 10 de la mañana de este 11 de junio con Pablo Iglesias. Tras la comida, a las 16:30, el presidente en funciones se verá con el jefe de Ciudadanos, Albert Rivera. Y cerrará la jornada, a las 17:45, Pablo Casado, líder del PP

Todas las reuniones se celebrarán en el número 36 de la carrera de San Jerónimo, en la sala A3-1.3, una estancia institucional de la tercera ampliación del Congreso de los Diputados. 

Después, serán José Luis Ábalos y Adriana Lastra, secretario de Organización y portavoz parlamentaria del PSOE, quienes prosigan en los días siguientes los contactos con el resto de fuerzas, de los que probablemente quedarán excluidos Vox y las formaciones separatistas, además de EH Bildu. 

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