ESTE LUNES, REUNIÓN DE LA EJECUTIVA FEDERAL

Sánchez prefiere ir a una investidura fallida antes que depender de los separatistas

En la dirección señalan que, por ahora, es mejor salida esperar a un segundo debate antes que el líder salga reelegido con la abstención de ERC. La presión del PSOE se volcará con PP y Cs

Foto: Pedro Sánchez, durante la carrera contra la violencia de género, este 9 de junio en Madrid. (EFE)
Pedro Sánchez, durante la carrera contra la violencia de género, este 9 de junio en Madrid. (EFE)

Que se celebre el debate de investidura en la primera quincena de julio, antes de que llegue "el estío más profundo", no quiere decir que Pedro Sánchez salga para entonces reelegido como presidente del Gobierno. Puede que los números no cuadren. Porque el PSOE, dicen en la cúpula, no quieren martillearlos para que casen. El jefe del Ejecutivo, ahora mismo, prefiere pasar el mal trago de sufrir una segunda investidura fallida —la primera ocurrió en marzo de 2016— antes que conseguirla con el apoyo o la abstención de las fuerzas independentistas. Los socialistas buscarían desbaratar los reproches que insistentemente le llegan por la derecha de que se alía con los soberanistas, pero también perseguirían, con esta estrategia, aumentar la presión sobre PP y Ciudadanos, para que, aunque sea 'in extremis', se abstengan y dejen gobernar a Sánchez, puesto que "no hay una mayoría alternativa posible", según él mismo afirmó el pasado jueves.

En la dirección del PSOE recomiendan ser muy cautos con los pronósticos, porque el suelo sobre el que se mueven es muy inestable. Su suelo y el de todos los partidos. Quedan semanas de negociaciones y de pactos cruzados y a varios niveles, y en función de cómo se vaya perfilando el reparto de poder, primero en ayuntamientos, este 15 de junio, y después en los gobiernos autonómicos, se irá despejando, señalan en el núcleo duro de Sánchez, el escenario nacional, que siempre será la última partida de esta larga y complicada batalla. En particular, la reelección del líder socialista, descartadas las abstenciones de ERC y Junts per Catalunya (JxCAT), pende del futuro de Navarra y, en menor medida, porque habría menos margen de maniobra, de Canarias.

Este lunes se reúne a mediodía la ejecutiva federal del PSOE en Ferraz. Con dos propósitos: trazar la estrategia del partido en la recta final de las conversaciones para la constitución de los consistorios de toda España y para nombrar al comité que negociará con las demás fuerzas la investidura de Sánchez. Comité que integrarán Carmen Calvo, José Luis Ábalos y Adriana Lastra. Los tres pesos pesados de Gobierno, partido y grupo parlamentario. Tras la cita, se producirá la primera comparecencia en la sede federal a 24 horas de la cita del presidente con Pablo Iglesias, Albert Rivera y Pablo Casado y después del giro operado respecto a Navarra: hace una semana fue la cúpula la que se desmarcó abiertamente de los movimientos anunciados por su secretaria general, María Chivite, para intentar lograr la presidencia foral con los votos de Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra —23 escaños en total—, y que necesitarían, al menos, la abstención de EH Bildu. La dirección deberá aclarar qué quiere hacer en Navarra y también cómo pretende lograr que Sánchez repita en la Moncloa.

La dirección designará al comité negociador de la investidura (Calvo, Ábalos y Lastra) y definirá la estrategia del PSOE en una semana clave


Y es que ambas cuestiones están relacionadas. La fuerza ganadora en las elecciones autonómicas fue Navarra Suma (Na+), la coalición de derechas integrada por Unión del Pueblo Navarro (UPN), PP y Ciudadanos y liderada por el regionalista Javier Esparza. Este ya ofertó la semana pasada explorar acuerdos con el PSOE a cambio de que su federación le permita a él gobernar la comunidad. Sánchez, pues, tendría al alcance dos abstenciones fundamentales. El PSN, sin embargo, ha seguido adelante con sus planes: completó la ronda de reuniones con GBai, Podemos e I-E y ya ha advertido de que si cierra un acuerdo con las tres formaciones, Chivite se presentará a la investidura, porque se siente avalada por Ferraz.

Más abierto para Sánchez

Calvo sí subrayó que el PSOE priorizará el Gobierno central sobre los deseos del PSN de gobernar Navarra, y que los órganos federales tendrán la última palabra. Pero, horas después, y tras recibir el encargo del Rey, Sánchez dejó todo abierto. No quiso cerrarse ninguna puerta.

El problema es que los 173 escaños que podrían servirle para ser reelegido, los números que maneja la Moncloa, no están amarrados. Y, sobre todo, no está claro si recibiría 171 en contra y dos abstenciones de UPN —en cuyo caso la investidura estaría resuelta, por mayoría simple— o bien tendría otros 173 negativos, y entonces no conquistaría el poder de nuevo. Con un empate a 173, la propuesta decaería. Investidura fallida.

La 'operación Navarra', que permitiría disponer de 173 síes, 171 noes y dos abstenciones, tropieza con el rechazo del PSN y los avisos del PNV

La 'operación Navarra' no está exenta de dificultades y riesgos. Ferraz se expone a que, si fuerza la máquina, el PSN se rompa o salte por los aires. El recuerdo de lo que ocurrió en 2007, el 'agostazo', está más vivo que nunca: hace 12 años la cúpula de José Luis Rodríguez Zapatero hizo romper una entente con Nafarroa Bai —la marca antecesora de GBai— e Izquierda Unida. Aquello provocó un doloroso trauma que hundió al PSN.

Sánchez prefiere ir a una investidura fallida antes que depender de los separatistas

En 2014, el golpe de autoridad de Ferraz se repitió: la dirección, ya con Alfredo Pérez Rubalcaba, impidió que se presentara una moción de censura contra la presidenta foral, Yolanda Barcina, de UPN. Para el PSN sería muy duro aceptar otra llamada al orden de Madrid, cuando empezaba a tomar oxígeno desde 2007: el 26-M recuperó su condición de segunda fuerza y logró 11 escaños, uno menos que 12 años atrás. Ferraz y la Moncloa son conscientes del mensaje que llega del norte: Chivite ha de intentarlo si suma 23 apoyos, aunque ello suponga aceptar la abstención de Bildu.

Un dirigente tan poco sospechoso como el exministro Ramón Jáuregui, uno de los referentes históricos del socialismo vasco, escribía el pasado 7 de junio en 'El Correo' que la líder del PSN "debe presentar su candidatura" a la presidencia foral, "haciendo del eje progresista su coordenada de pacto con las izquierdas navarras y con Geroa Bai". La opinión de las bases del partido es, además, fundamental, ya que la consulta para los pactos de gobierno o para facilitar la investidura de un candidato de otra formación es obligatoria y vinculante. Es cierto que Ferraz tiene la potestad de reformular el referéndum y la pregunta a la militancia, pero es consciente de que ese paso no lo puede soslayar, y así lo reconoció Sánchez el jueves: está "tasado y reglado" y así será.

Sin fisuras en el PSN

Además, dar el Gobierno a Na+ podría dificultar decisivamente el respaldo del PNV a Sánchez. La ejecutiva de los nacionalistas en Navarra ya advirtió la pasada semana de que si finalmente el PSOE hace presidente a Esparza, entonces el partido "tomaría nota". El PNV tiene garantizada la estabilidad de las instituciones vascas con el PSE, pero sí está "preocupado" por lo que ocurra en Navarra, indican fuentes del aparato socialista vasco, que conocen bien a sus socios. En la Moncloa, sin embargo, creen que el PNV prestará apoyo a Sánchez, y que por tanto la decisión sobre lo que ocurra finalmente en la comunidad puede estar más influida por la presión que ejerza el PSN.

Ferraz no quiere anticipar lo que ocurra en la comunidad foral: la salida menos gravosa sería que Bildu mantuviera su palabra y bloquease a Chivite

"Habrá que ver... Puede que María [Chivite] se dé cuenta por sí misma. Que vea que puede querer ser presidenta pero que va a necesitar permanentemente a Bildu —indican fuentes de la cúpula socialista—. O puede que Bildu se niegue a abstenerse porque no nos sentamos con ellos a negociar. Lo que seguimos creyendo es que la sociedad, en el resto de España, no está aún preparada para una investidura en Navarra que dependa de la izquierda 'abertzale', heredera de Batasuna. Sabemos que allí el PSN quiere y que no hay fisuras. Pero también sabemos que para nosotros sería un dolor de cabeza perpetuo, porque la derecha nos atizaría como un martillo pilón". Esa reflexión es la que se comparte en las alturas del PSOE. Sánchez, de hecho, "nunca" vio la investidura de Chivite porque la gobernabilidad de Navarra dependerían de Bildu. Fue él quien ordenó hace una semana lanzar el mensaje de que Ferraz se desmarcaba de los movimientos de la candidata y jefa del PSN.

Sánchez prefiere ir a una investidura fallida antes que depender de los separatistas

La salida más cómoda para todas las partes sería que la formación de Arnaldo Otegi cumpliera su palabra y se negara a una abstención si no hay diálogo. Ello no dejaría más camino a los socialistas que facilitar la elección de Esparza, pudiendo justificar ante las bases que el pacto de progreso que perseguía Chivite no pudo ser. A su vez, UPN cedería sus dos escaños en la investidura de Sánchez.

Esta solución produciría posiblemente, en el mejor de los casos, el resultado de 173 síes (PSOE, Unidas Podemos, PNV, Compromís y Partido Regionalista de Cantabria), 171 noes (PP, Cs, Vox, ERC, Bildu, JxCAT y Coalición Canaria) y dos abstenciones (UPN). Pero a día de hoy la cúpula del PSOE sabe que esa combinación no está nada atada y puede saltar por varias partes. La alternativa de buscar el respaldo indirecto de CC es más complicado porque los socialistas están en disposición de arrebatarle el Gobierno de las islas, en sus manos desde hace 26 años. Los nacionalistas canarios han anticipado que no se apoyarán ni se abstendrán si hay acuerdo programático o Ejecutivo de coalición con Podemos. No obstante, en el PSOE no dan por totalmente perdida a CC, y enmarcan sus palabras en la "contundencia" que se espera cuando las negociaciones no han arrancado de manera formal aún.

No al Ejecutivo de coalición

Para prevenir el empate a 173 o bien que haya más noes —cosa que podría suceder si el republicano Oriol Junqueras renuncia a su acta para ser eurodiputado, para lo que tendría que ser autorizado por el Supremo—, Sánchez podría buscar la abstención de los independentistas. Pero no la quiere, según subrayan en la cúpula. El presidente, confirman fuentes de la dirección a este diario, prefiere ir a una investidura fallida antes que depender de los separatistas. "No queremos ni verlos. Son gente que no son de fiar", subrayan en el entorno del líder. Un veto a ERC y JxCAT reforzaría además el mensaje de que el PSOE no pacta nada con los soberanistas.

"Hay que demostrar la actitud irresponsable de Ciudadanos, aunque eso obligue a un segundo debate de investidura", señala una dirigente

La consecuencia directa sería que, a partir de la primera votación —que se produciría en la primera quincena de julio, según aseguró el viernes la portavoz en funciones del Gobierno, Isabel Celaá—, se abriría un plazo de dos meses para lograr la elección de un jefe del Ejecutivo. Si al cabo de ese tiempo no se produjera una investidura, el Rey disolvería las Cámaras y habría nuevas elecciones 47 días después (no 54 en este caso). Hacia finales de octubre o noviembre.

Sánchez prefiere ir a una investidura fallida antes que depender de los separatistas

Los socialistas confían en que ese lapso incremente la presión, sobre todo, hacia PP y Cs, igual que el cerco ambiental contra el PSOE aumentó en el otoño de 2016. En aquel momento, los movimientos a favor de la abstención a Mariano Rajoy, como única vía para evitar unos terceros comicios, reventaron al partido por dentro. Ahora, Sánchez quiere que esa presión la sufran populares y naranjas, que sientan el "ejercicio de responsabilidad" para que el Gobierno no dependa de los soberanistas. De hecho, ese es el propósito de su cita con Casado y Rivera de este martes. "Hay que demostrar la actitud irresponsable de Ciudadanos, aunque eso obligue a un segundo debate de investidura", indica una dirigente de la ejecutiva socialista. "Está claro que todo tiene pros y contras —prosigue esta fuente—, pero a Cs hay que hacerle que se retrate". El sábado, en 'La Sexta noche', la expresidenta madrileña Esperanza Aguirre defendió, como opción personal, una abstención del PP.

Un "cubo de Rubik gigante"

La estrategia actual del PSOE pasa, pues, por la máxima presión a PP y Cs. Y también a Unidas Podemos, que amenaza con no apoyar a Sánchez si no les integra en el Ejecutivo. El presidente no tiene "voluntad ninguna" de incorporar a los morados en su Gabinete, ni como ministros ni en los segundo escalones. A lo único a lo que se abre ahora la dirección es a sumar a perfiles que puedan ser "aceptados" (que no "designados", como dijo "por error" Celaá) por Pablo Iglesias. Ferraz cree que Unidas Podemos no se puede arriesgar al divorcio con el PSOE, porque unas nuevas urnas podrían hundirle más tras el batacazo del 26-M, con el peligro añadido, dice, de que Íñigo Errejón extienda su proyecto político a toda España y supere a la marca original, como ocurrió en Madrid. La voluntad doble de arrojar presión sobre populares y naranjas y de frenar las ansias de un Ejecutivo de coalición por parte de Iglesias explican que el número tres definiera a Unidas Podemos como un "socio programático prioritario" para el PSOE, aunque a continuación añadió que hay que tener "flexibilidad" para "encajar la pluralidad que existe en el Parlamento". "Abrir el abanico", que dijo Celaá.

Sánchez tiene otro elemento para ejercer presión: la amenaza de ir a segundas elecciones, que enseñó Ábalos el viernes, y que "reforzaría" al PSOE

Sánchez juega con una baza que cree a su favor: unas segundas elecciones servirían para "reforzar" al PSOE. Agitar esa amenaza podría servir para subir la presión —de eso se trata— sobre las demás fuerzas. De hecho, el viernes pasado, Ábalos reconoció en un encuentro empresarial en Lleida que la "posibilidad" de ir a nuevos comicios está ahí si persiste el bloqueo. La idea que el presidente quiere instalar es que "o gobierna el PSOE o gobierna el PSOE", y por tanto todos los partidos han de asumirlo. "Es cierto que los discursos no serían los mismos que el 28-A porque la foto de Colón quizá quede lejana, pero nosotros podríamos demostrar que no tenemos la investidura por no ir con los independentistas, mientras ellos no han hecho ascos a pactar con Vox. Ellos no van a tener mejor defensa", reflexionan en Ferraz.

Sánchez prefiere ir a una investidura fallida antes que depender de los separatistas

No obstante, en la dirección piden calma. "Esto es un cubo de Rubik gigante, hay que esperar. El sábado, con la constitución de los ayuntamientos, se clarifican algunas piezas, y luego vendrán los gobiernos autonómicos", indican. Del encaje de todo el rompecabezas dependerá la gobernabilidad del Estado. Por ejemplo, influirá en el ánimo del PSOE si Cs le facilita Aragón o Castilla y León, porque ayudaría a que gobernara Esparza. Cosa distinta es si los naranjas cierran acuerdos en la mayoría de plazas con conservadores y Vox. De ahí que las respuestas no sean nítidas. Lo único más claro, al menos por ahora, es que Sánchez está dispuesto a rehuir de una investidura que no sea 'limpia'. Quiere mostrar su ruptura con los independentistas. Aunque le cueste sufrir más ser reelegido presidente. Pero una investidura fallida también tiene costes.

Cerca de cerrar Cantabria y los deseos en Murcia y Castilla y León

Es solo un diputado el que tiene el Partido Regionalista de Cantabria (PRC) en el Congreso, pero es una pieza clave. Este martes, José Luis Ábalos tiene previsto cerrar el acuerdo con la formación del presidente Miguel Ángel Revilla. Según informa EFE, el secretario de Organización socialista tiene previsto reunirse con el parlamentario nacional del PRC, José María Mazón, para firmar un documento que recoja los compromisos que el PRC ha exigido a Pedro Sánchez, tanto para reeditar el pacto de gobierno autonómico PRC-PSOE, como para que Mazón apoye la reelección del líder socialista en Madrid. Entre las exigencias del PRC a Sánchez, el tren de alta velocidad a la capital y el estudio informativo del ferrocarril a Bilbao, el polígono del Llano de La Pasiega y el pago de la deuda del hospital de Valdecilla. 

Mientras, el PSOE sigue pendiente de Ciudadanos en Castilla y León y Murcia. En la primera, el candidato naranja, Paco Igea, muestra cada vez más señales de querer pactar con los socialistas, al resistirse el PP a adoptar las medidas de regeneración que los naranjas piden. Pero todo dependerá de lo que permita hacer Albert Rivera

En Murcia, el líder regional del PSOE, Diego Conesa, ha ofrecido a Cs la alcaldía de la capital autonómica a cambio de que los naranjas le invistan a él como presidente. Cs prevé reunirse con el PSOE el jueves y hoy lunes mantiene una reunión interna para analizar las propuestas de pacto lanzadas por socialistas y populares. En Murcia y Castilla y León ganó el PSOE los comicios del 26-M. La diferencia radica en que en la primera socialistas y naranjas suman mayoría absoluta, mientras que la derecha necesitaría a Vox. En la segunda, Cs suma tanto con el PSOE como con el PP. La ultraderecha no hace falta. 

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