HAN PASADO DEL 36% AL 44% EN 6 AÑOS

Cuando las víctimas tienen ocho años: el acoso escolar se ceba en Primaria

Las ganas por crecer demasiado rápido y la irrupción de nuevas tecnologías hacen que los casos de acoso escolar se den a edades cada vez más tempranas

Foto: La media del acoso está en los 10,9 años, según Fundación ANAR (iStock)
La media del acoso está en los 10,9 años, según Fundación ANAR (iStock)

Cada tarde, cuando el hijo de Lola llega a casa, trae en la mochila una agresión diferente: “Un día son insultos, otro patadas, otro que no le ha dejado hacer un examen, otro que le ha dicho que huele mal… Todo lo que te puedas imaginar”. Ahora tiene once años, pero lleva sufriendo acoso por parte de otro compañero desde los ocho, cuando entró en su colegio actual.

El primer síntoma fue la bajada de notas. Pasó un tiempo hasta que le contó a su madre por qué se estaba cerrando poco a poco en sí mismo: “Me decía que había un niño en su clase que tenía muchas quejas, que le mandaban siempre a dirección, pero nunca me dijo que la razón era que la tomaba con él. Hasta que un día se echó a llorar en clase y me llamaron del colegio”, cuenta. “Una noche me la tiré entera sentada en la puerta de su habitación porque me dijo que le gustaría dejar de existir. Me puse en lo peor”.

De 2012 a 2018, el porcentaje de niños entre 6 y 13 años que sufrieron acoso ha pasado del 36% al 44%

A pesar de su temprana edad, el hijo de Lola ya sabe lo que es el miedo a ir a clase, evitar salir al recreo a jugar o querer abandonar sus hobbies porque le llamen “maricón”. No es el único, el bullying se concentra cada vez más en las primeras etapas educativas. Los niños, apuntan los expertos, quieren hacerse los mayores antes, también en la violencia. Las cifras del ministerio de Interior lo confirman: mientras en 2012 el porcentaje de niños entre 6 y 13 años que sufrieron acoso estaba en el 36%, en 2018 llegó al 44%.

“Hemos notado un repunte de casos en 3º y 4º de primaria, es decir cuando tienen entre 8 y 9 años. Los niños se fijan más en los modelos de los adultos y falla la educación en valores en casa. Mucha gente sigue viendo normal que dos niños se peguen para solucionar sus problemas y todavía hay padres que les dicen ‘no te dejes pegar por nadie: si te pegan, pegas’”, explica María José Fernández, presidenta de la Asociación Madrileña Contra el Acoso Escolar (AMACAE).

También Javier Rouco, profesor en el colegio Rosalía de Casto, en A Coruña, ha notado cómo los comportamientos de los alumnos en el patio se saltan etapas. “Cada vez encontramos más actitudes de adolescentes en los niños. Desde vestirse como adultos a la preocupación por las relaciones amorosas o el sexo, la hipersexualización de las niñas… Se establecen otro tipo de relaciones, en las que se reflejan estereotipos como la violencia y la competitividad, que es lo que deriva en acoso”.

Lo ocultan por “no preocupar”

La reacción ante el bullying cuando se da en edades tan tempranas, apunta Fernández, es diferente a la de otras etapas madurativas: “Tienen menos herramientas para salir del agujero, muchas veces no saben explicar lo que les pasa. Hace poco tuvimos el caso de una niña de ocho años que era un cielo, y se metían con ella por ser rumana. Solo sabía decir que estaba triste porque los niños le trataban mal. Le preguntamos con un muñeco por qué sentía tristeza y empezó una conversación con él: le dijo todo lo que le llamaban, que era mentirosa, que no le invitaban a las cosas porque hablaba rumano… Al final se lo regalamos para que le contase todo como a un amigo, se convirtió en un refugio seguro. A la semana ya era como otra niña, pero para eso tienes que saber actuar”.

En el colegio el acoso se dirige al que es físicamente diferente. En la secundaria entra más la personalidad y el carácter

Los más pequeños suelen tener miedo a contar a sus padres lo que les pasa por “no preocuparles”, apreciación en la que coinciden todos los expertos, mientras que los adolescentes se lo guardan más por vergüenza. Sin embargo, es fundamental la comunicación y confianza previa que tenga la familia para que el menor se abra.

Pero no sólo la manera de recibir el acoso es distinta con la edad, también la actitud del acosador varía. La psicopedagoga Ana Roa, ha detectado diferencias cuando el acoso se produce entre niños en etapa escolar, y los que lo hacen en la secundaria: “Mientras están en el colegio, el acoso se dirige al que es físicamente diferente: el que lleva gafas, el que es más gordito… En la secundaria entra en juego más la personalidad y el carácter, por ejemplo, si es gay o más tímido…, porque es cuando se van definiendo más”.

Uno de los testimonios que recoge Amnistía Internacional en el informe ‘El Acoso Escolar en España’, presentado esta semana es clarificador sobre ese rechazo al que es “diferente”. La madre de Dawa, un niño adoptado nacido en Etiopía, relata lo siguiente: “Un día, cuando era pequeño, se cayó y se hizo un arañazo. Se dio cuenta de que por debajo su piel era más clara. ‘¡Borra el color, mamá!’ […] Trataba todo el tiempo de que el grupo lo aceptara. La batería, la guitarra, correr, el judo, escuchar música… Disfruta de todo eso. Pero en el colegio fingía que le encantaba el fútbol”.

Del patio de recreo al ciberbullying

El recreo es por excelencia el lugar más temido por los niños que sufren bullying. “Las víctimas de acoso se quejan de que el patio y el comedor son momentos complicados. En las clases están más controlados, aunque con una mirada también te puedan acosar, pero los picos suelen darse ahí”, explica el profesor Rouco. Las dinámicas de recreo tampoco ayudan. Según el docente la onmipresencia del futbol desplaza y margina a los que no disfrutan persiguiendo un balón, como le pasaba a Dawa.

El problema que explica en parte la bajada de edad del acoso, es que ya no se queda sólo de puertas para adentro. El uso extendido de las nuevas tecnologías en edades cada vez más tempranas traslada el bullying a casa. Por eso, desde el área de Participación Ciudadana de Policía Nacional, explican que han tenido que bajar las edades de algunas charlas de prevención de acoso que imparten en los centros. “El regalo estrella a los diez años son los móviles. Ese ha sido el punto de inflexión en el acoso, y que ha hecho que intentemos prevenir su aparición más pronto”, explica la subinspectora Cortez.

El regalo estrella a los diez años son los móviles. Ese ha sido el punto de inflexión

La Fundación Anar lleva 25 años atendiendo un teléfono de ayuda a la infancia y adolescencia, y desde el pasado octubre también el teléfono contra el acoso, al que pueden llamar víctimas y familiares. Según sus informes, la media de acoso presencial se sitúa en los 10,9 años, aunque baja a los 9,8 en el caso de la primera agresión. Una de cada cuatro llamadas que reciben se relaciona con el ciberbullying, donde los insultos y ofensas acaparan el 67,9% de las agresiones, mientras que en el acoso presencial, el 78% de las veces se producen agresiones físicas, motivadas sobre todo por “el ser percibido diferente”.

“El 90% de los casos presentan consecuencias psicológicas graves, por eso es importante prevenir cuanto antes. Lo más grave es que se cronifique la situación, que lleven tres años así y no se solucione. Eso tiene mal pronóstico”, explica Diana Díaz, directora del teléfono de ANAR. Si el acoso se produce cuando son pequeños, lo más normal es que sean los padres los que recurren a este recurso. Para identificarlo les dan varias claves, como observar si bajan sus notas, si cambia su comportamiento, si le falta habitualmente material escolar, ropa o comida o si somatiza dolores y síntomas los domingos, antes de empezar la semana.

“Si no lo tratas a tiempo, se van a llevar el trauma a la vida adulta. Aprehenden la indefensión y se convierten en adultos inseguros, con problemas, depresiones... Al principio no sabes por qué, pero cuando escarbas ven que es derivado de los problemas del colegio, aunque hayan pasado ya 15 o 20 años”, explica María José Fernández de AMACAE. “Pero tampoco hay que olvidarse de la parte agresora, que puede convertirse con el tiempo en un delincuente o el que maltrata a su novia o te acosa en el trabajo”.

Fallan los protocolos

En el colegio de Lola, la madre que encabezaba este reportaje, todos los padres están de su parte. También el equipo docente, que ha solicitado que se cambie al niño de centro, ante la imposibilidad de reeducarle tras expulsiones y todo tipo de intervenciones. Sin embargo, la Comunidad de Madrid, donde viven, dice que al tratarse del único colegio del pueblo no es posible el traslado, aunque sí se haya hecho en otras ocasiones. “A mi hijo no le voy a cambiar, porque es la víctima. El acosador va diciendo que es el puto amo, porque nadie le regaña y lo único que le hacen es expulsarle para que se vaya a casa a jugar a la Play. Así que cada vez que vuelve sigue igual”, se queja Lola.

El 96% de las llamadas no pasan a Inspección Educativa, según Amnistía Internacional

En todas las comunidades se han desarrollado distintos protocolos para atender los casos de acoso. Sin embargo, en la mayoría es el propio centro el que se audita a sí mismo y el que decide si, efectivamente, suma un caso de bullying a su reputación, o no. “No sirven de nada, están pensados de manera reactiva, no preventiva”, se queja Fernández.

Para Amnistía Internacional, estos protocolos también son inútiles cuando no hay violencia física, porque no se activan. Según sus datos, el 96% de los acosos no son reportados a la Inspección Educativa, a pesar de que de las 25.000 llamadas que se recibieron en 2017 al teléfono contra el acoso, 7.500 eran posibles casos de acoso escolar. En 2018, hasta noviembre se recibieron 15.500, de las cuales 5.500 eran casos posibles.

De hecho, los porcentajes que dan las instituciones tampoco coinciden con la mayoría de los estudios. “No es posible decir cuántos niños sufren acoso escolar a día de hoy. Según inspección educativa lo sufren un 0,03% de los alumnos, frente al 4, 5 o 6% que dicen los estudios más serios”, denunció esta semana Koldo Casla autor del informe de Amnistía. Según la organización, el bullying es un problema “de derechos humanos” en el que el gobierno de España se está fallando en su detección y actuación.

En algunos centros de secundaria se han puesto en marcha programas de mediación entre iguales en los que son los menores los que intervienen entre sus compañeros para solucionar situaciones de acoso. Sin embargo, esta medida es más complicada de implantar cuando se baja de edad. “En nuestro colegio lo que estamos haciendo son diálogos grupales, preguntando al alumnado posibles soluciones. Y ellos lo tienen claro: avisar de lo que ocurre cuanto antes, y hablar y conocer al otro”.

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