COMIENZAN LAS NEGOCIACIONES Y LA CUENTA ATRÁS

Sánchez no tiene prisa y 'esconde' la fecha de una investidura que sigue sin tener amarrada

El presidente quiere jugar bien sus cartas y no las enseña cuando empieza la partida de verdad. Arranca nueva ronda de contactos a la espera de la primera foto de los pactos: los ayuntamientos

Foto: Pedro Sánchez entra a su audiencia con el rey Felipe VI en la Zarzuela, este 6 de junio. (Reuters)
Pedro Sánchez entra a su audiencia con el rey Felipe VI en la Zarzuela, este 6 de junio. (Reuters)

Un año atrás, justo un año atrás, Pedro Sánchez estrenaba Ejecutivo. Anunciaba los nombres de 11 mujeres, seis hombres. El líder socialista había tumbado a Mariano Rajoy en la moción de censura y se disponía a deslumbrar con su Gabinete femenino y feminista, repleto de independientes, pretendidamente transversal. Otro 6 de junio, de 2019, el mismo Sánchez, ahora validado por las urnas, asumía el encargo del Rey como candidato a la presidencia del Gobierno. "Con honor", con "responsabilidad", con "enorme gratitud" a la confianza otorgada por los españoles. Y también con incertidumbre, porque su investidura no tiene los apoyos amarrados. Ni tiene una fecha fija de debate clara, más allá de que puede llegar en la primera o segunda semana de julio. Ni tiene una configuración definida. Todo está por resolverse. El presidente proclama que quiere montar su equipo "cuanto antes", porque España no puede quedarse "varada", pero él mismo ha calculado mucho cada uno de sus movimientos y quiere asumir las conversaciones con calma, primero retratando a PP y Ciudadanos y esperando a que se conforme la primera foto del reparto de poder emanado de las elecciones: la de los ayuntamientos.

Sánchez, en realidad, se quiere guardar todas las cartas. Para lo que pueda pasar. Ahora él, ya nominado por el Rey, asumirá todo el protagonismo, y es consciente de que tiene que aprovechar los errores de los contrarios, como hizo durante la campaña. Y ser cauto con sus declaraciones. De hecho, este jueves, compareció prácticamente a rastras. Desde el martes su equipo en la Moncloa insistía en que no atendería a los medios tras recibir el encargo del monarca, que no hacía falta. Al final lo hizo, pasadas las 21:30, durante diez minutos de reloj, esquivando las pocas preguntas que permitió a los periodistas y sin entrar en ninguna concreción. Quería ahorrarse tal vez la acusación de escapismo ante los medios justo después de ser propuesto por Felipe VI, pero evitó cerrarse puertas. No es el momento.

No lo es porque antes se tiene que resolver la gobernabilidad en comunidades y ayuntamientos. Lo había asegurado sin rodeos su número dos, Carmen Calvo, horas antes en La Sexta. La conformación del Gobierno central "irá después" de que se constituyan los consistorios y se dibuje el reparto de las CCAA. Eso explica que el primer movimiento sea una nueva ronda de contactos con los líderes de PP, Ciudadanos y Unidas Podemos para la semana próxima, justo antes del sábado 15 de junio, cuando las nuevas corporaciones locales verán la luz. Sánchez quiere de nuevo una foto con Pablo Casado y Albert Rivera aun a sabiendas de que ni apoyarán su investidura ni se abstendrán. Una imagen que le sirve para centrarse. A su vez, requiere de Pablo Iglesias, el líder que más ha acusado el desgaste en los comicios del 26-M y que ha empeorado su posición negociadora, que se comprometa a facilitar su reelección. Con los tres se verá el próximo martes 11 en el Congreso (y por el orden inverso, primero Iglesias, luego Rivera y luego Casado), según confirmó Ferraz este viernes.

Sánchez pide "altura de miras": "O gobierna el PSOE o gobierna el PSOE. No existe una mayoría alternativa posible". Quiere que le dejen gobernar


A los tres pidió ayer "altura de miras y enormes dosis de responsabilidad", objetivos que también se marcó él mismo. "O gobierna el PSOE o gobierna el PSOE. No existe una mayoría alternativa posible", les dijo. Quiere de ellos, pues, que le dejen gobernar, porque el mandato de las urnas es claro. La combinación menos gravosa para Sánchez, y a la que no ha renunciado al menos de cara a la galería, es un pacto con Unidas Podemos que recabe la abstención de Cs.

La dificultad de la 'vía Navarra'

Pero Rivera insistía ayer, tras entrevistarse con el Rey, en que no facilitará un Ejecutivo de Sánchez. Le encomendó incluso que arme una mayoría con Iglesias y con sus "socios de la moción de censura", en referencia a las fuerzas nacionalistas e independentistas. Pero la estrategia del PSOE esta vez es otra: el presidente no quiere que su investidura dependa del separatismo catalán. Es más, el hecho de que los parlamentarios soberanistas presos no renuncien a su escaño le facilita que no le haga falta ni el más mínimo contacto con ERC y Junts per Catalunya. Va a intentar prescindir de sus votos, aunque le suponga trabajarse otros apoyos. Presionará más a los naranjas, que también reciben por su lado el empuje del PP, que ha defendido que una abstención de Rivera sería conveniente.

La nueva ronda con Casado y Rivera (además de Iglesias) le permite centrarse, ganar tiempo antes del 15-J y retratarles si obstruyen la investidura

Con esta primera semana, Sánchez quiere ganar tiempo, pues. La verdadera negociación arrancará pasado el Rubicón del 15. Cerrada la puerta de Coalición Canaria, que aporta dos diputados, tiene que explorar la viabilidad de la operación Navarra. El miércoles, tras pasar por la Zarzuela, el líder de Unión del Pueblo Navarro (UPN), Javier Esparza, ofreció sus dos representantes en el Congreso a cambio de que los socialistas le hagan presidente en la comunidad foral. El objetivo, que "no mande" el independentismo.

Sánchez no tiene prisa y 'esconde' la fecha de una investidura que sigue sin tener amarrada

Esa operación entraña no pocos riesgos. En primer lugar, porque supone pedir al PSN de María Chivite que asuma un enorme sacrificio. Otro más, después de que Ferraz cortara de cuajo en 2007 y 2014 sus opciones de llegar al poder. La federación sigue lanzada, convencida de que debe explorar la opción de construir un Gobierno "de progreso" con Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra. 23 escaños frente a los 20 de Navarra Suma (Na+), la coalición que agrupa a UPN, Cs y PP. Pero esa alternativa solo prosperaría con la abstención de Bildu.

La cúpula socialista ha combinado los mensajes de palo y zanahoria. En los últimos días, José Luis Ábalos y Carmen Calvo habían confirmado lo que la dirección trasladó el domingo: que no quiere el concurso de Bildu, de ninguna manera, porque la estabilidad de toda la legislatura dependería de la izquierda 'abertzale'. Este jueves, la vicepresidenta dio un paso más al asegurar que el PSOE prioriza el Gobierno central a que el PSN dirija Navarra, y recordó que la política de alianzas no solo es una cuestión de las bases, sino que ha de ser acordada con Ferraz. Los órganos federales, insistió, tienen la última palabra sobre "cuestiones determinantes".

Sánchez no tiene prisa y 'esconde' la fecha de una investidura que sigue sin tener amarrada

"No vamos a pactar con Bildu"

Sánchez rehusó ser tan concluyente. "El PSN y el PSOE tenemos la misma posición. Con Bildu no se acuerda nada. A partir de ahí, ya he dicho que vamos a mantener conversaciones con los principales partidos, a los que yo me voy a dirigir, porque son los que pueden facilitar o bloquear una investidura. Con el resto de formaciones parlamentarias nos reuniremos, pero en otro formato, y entonces será el momento de saber exactamente qué opina Esparza en relación con la investidura del Gobierno de España". ¿Es aceptable para el PSOE la abstención de Bildu?, se le insistió. "Nosotros no vamos a pactar con Bildu".

UPN puede proporcionar dos abstenciones. Pero Sánchez deja abierto ese escenario y el de la gobernabilidad de Navarra y la situación del PSN

No estuvo nunca sobre la mesa "pactar" con Bildu, tampoco en la mente del PSN. La clave está en la abstención gratis, sin negociarla. Pero Sánchez prefirió dejar ese flanco abierto. No dar por sentado nada para utilizarlo como herramienta de negociación y no desatar hostilidades con el PSN. La cúpula rechaza dar una imagen de mercado persa. Ábalos, horas antes y desde Luxemburgo, había valorado la propuesta de UPN como "muy razonable y sensata", aunque entendía que no debía ser "a cambio de". Pero la idea del intercambio de votos sí está ahí. De hecho, Casado señaló que no pondría "ningún impedimento" a que UPN se abstenga en la elección de Sánchez, siempre que los socialistas faciliten el Ejecutivo de la comunidad foral a la coalición Na+. Las pegas sí vienen de Cs: Rivera defiende que el PSN ha de abstenerse gratis, porque es "de primero de España".

Sánchez no tiene prisa y 'esconde' la fecha de una investidura que sigue sin tener amarrada

Navarra se ha convertido en una pieza clave en un tablero ya de por sí extremadamente complejo, por los pactos a varias bandas. Los socialistas podrían reunir 173 votos en el Congreso a favor de su candidato, sumando sus 123 diputados a los 42 de Unidas Podemos, los seis del PNV y los dos que aportan Compromís y el Partido Regionalista de Cantabria. Enfrente, tendría los 171 noes asegurados de PP (66), Cs (57), Vox (24), ERC (14), JxCAT (4), EH Bildu (4) y Coalición Canaria (2). Las dos abstenciones que proporcionaría UPN serían suficientes para que Sánchez fuera elegido al primer intento, aunque en segunda votación, en la que se requieren mayoría simple, más síes que noes.

A que esta combinación sea posible ayuda la suspensión de cuatro diputados independentistas presos —Oriol Junqueras (ERC), Jordi Sànchez, Jordi Turull y Josep Rull (JxCAT)—, porque no pueden votar. Este jueves, Laura Borràs, portavoz de Junts, confirmó que sus tres parlamentarios encarcelados no renunciarán a su escaño. Si el jefe de los republicanos logra asumir su acta de eurodiputado, autorizado por el Tribunal Supremo, correría la lista y se incorporaría uno de sus compañeros, y entonces la investidura podría salir con 173 síes, 172 noes y las dos cotizadas abstenciones de UPN. En cualquiera de los dos casos, con o sin Junqueras, pero sin la participación de los tres presos de JxCAT, Sánchez podría obtener la reelección sin depender de los soberanistas, una alternativa que acaricia para desembarazarse de la acusación de las derechas de que está en la Moncloa gracias a sus votos.

La presión añadida de Iglesias

Pero la 'vía Navarra' también comporta varios riesgos. Uno evidente es el debilitamiento del PSN y la gestión del malestar de las bases. Sánchez asumió ayer jueves que habrá consulta porque está "tasado y reglado" en los estatutos del partido. Pero él sabe, porque también lo recordó Calvo en La Sexta, que todos los referendos pasan por la autorización y posible reformulación de Ferraz. Además, facilitar el Ejecutivo foral a Na+ pondría en peligro el apoyo del PNV a Sánchez. Aunque la ejecutiva del partido anticipó el pasado lunes que separaría los ámbitos de negociación de Navarra y Euskadi, este jueves su dirección en la comunidad foral, el Napar Buru Batzar (NBB) afirmó que si los socialistas se abstienen en la investidura de Esparza a cambio de que Na+ ayude al jefe del Ejecutivo central, el PNV "tomaría nota". Es un simple recado, pero los seis diputados 'jeltzales' pesan más que los dos de UPN. No obstante, el entorno del presidente en funciones siempre ha confiado en la responsabilidad de los nacionalistas, cuyo poder en las diputaciones y ayuntamientos vascos depende, precisamente, del PSE.

Los números están cogidos con pinzas. Facilitar Navarra a Na+ está causando malestar en el PNV, que dice que si ello cuaja, "tomaría nota"

Los números, por tanto, están cogidos con pinzas. Y a ello se añade la presión de Pablo Iglesias para entrar en un Ejecutivo de coalición. El PSOE no quiere, y hace valer su hegemonía el 28-A y el 26-M. Calvo incluso se permitió advertir al líder de Podemos de que le conviene "reflexionar" sobre lo ocurrido el 26-M, cuando su formación se descalabró. La apuesta del presidente es la misma, un Gabinete en solitario con independientes progresistas de prestigio. Incluso se abre a que puedan entrar personas cercanas a la órbita morada. Pero hasta ahí.

Sánchez no tiene prisa y 'esconde' la fecha de una investidura que sigue sin tener amarrada

De nuevo, Sánchez huyó de precisiones durante su comparecencia. Señaló que es "evidente" y "lógico" que cada fuerza fije posición antes del arranque de las conversaciones, que es normal que unos pidan entrar en el Gobierno o que otros anticipen su no radical. "Entiendo el planteamiento de todos los grupos, de todos. Es importante empezar las conversaciones y ser conscientes de que no hay mayoría alternativa a la que propone el PSOE, porque así lo han querido los españoles", apuntó. Es "responsabilidad de todos", y "singularmente" de Unidas Podemos, "sin duda", y de PP y Cs, además de los socialistas, el encontrar "puntos de equilibrio a partir de las posiciones de cada cual". Con el objetivo de conformar un nuevo Gobierno, indicó, y echar a andar la legislatura, que quiere que arranque "cuanto antes".

Los cuatro grandes ejes en los que se moverá el nuevo mandato son transición ecológica, impulso de la digitalización, desigualdad y fortalecimiento del proyecto europeo. Cuatro grandes pilares que deberán coger forma, sí. Todo está muy hilvanado por ahora, aunque en la Moncloa presuman de tener todos los escenarios más controlados de lo que se ve desde fuera. Pero no solo el Gobierno mueve sus fichas. También juegan los demás. Y esta partida, aunque tenga como protagonista a Sánchez por ser el único candidato viable a la investidura, solo acaba de empezar. Ahora, tras el encargo del Rey, ya sí arranca. A su ritmo, pero arranca.

¿Primer intento el 10 de julio? ¿Y habrá segundas elecciones?

Una vez que Pedro Sánchez cierre con la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, la fecha de la investidura, se conocerá cuándo comienza la cuenta atrás hacia nuevas elecciones. 

La Constitución, en su artículo 99.5, señala que "si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del presidente del Congreso". 

Teniendo en cuenta los precedentes de las dos anteriores legislaturas, lo lógico es que esta vez se planteen fechas que permitan prever una investidura fallida y que las nuevas elecciones generales, de haberlas, caigan en domingo. Para que el calendario cuadre, la primera votación de investidura ha de producirse un miércoles (así ocurrió el 2 de marzo y el 31 de agosto de 2016).

El Gobierno barajaba la opción del 10 de julio. A partir de ahí habría que contar 60 días hasta la disolución automática de las Cortes, y desde esos dos meses, añadir no 54 días, que es lo que dura todo el proceso electoral en condiciones normales. Hay que sumar 47 días: en 2016 se reformó la Ley Electoral para acortar los plazos y hacer también que la campaña dure una semana, y no dos. Se acordó esta modificación (en los supuestos de disolución automática por el 99 de la Constitución) justo antes de que España caminara a terceras elecciones. 

De esta forma, si la primera votación de investidura es el 10 de julio, tendría de margen dos meses para otra segunda sesión (hasta el 10 de septiembre), y si no se consigue, podría haber segundas elecciones el domingo 27 de octubre. Si Pedro Sánchez quiere hacer el debate una semana antes, el 3 de julio, los comicios serían el 20 de octubre. Y si se va una más tarde, al 17 de julio, las segundas generales se celebrarían el 3 de noviembre, en pleno puente de Todos los Santos.

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