"HAY QUE SACAR UNA CANDIDATURA SÍ O SÍ"

El triángulo navarro donde nadie quiere ser alcalde: "Es un marrón de cojones"

Los 31 municipios que no presentaron candidatura para las elecciones municipales tienen seis meses para presentar una lista para que sus ayuntamientos no estén en manos de una gestora

Foto: Jose Ignacio Valencia, alcalde en funciones de Muruzabal. (J. M. A.)
Jose Ignacio Valencia, alcalde en funciones de Muruzabal. (J. M. A.)

La pregunta, replica (y no sin razón), se ha formulado mal. Debe ir en sentido contrario. “La cuestión no es por qué no se presenta ninguna candidatura a las elecciones municipales, sino por qué razón se debería concurrir a los comicios”. El interpelado cambia los papeles y se convierte en periodista. “Dame una sola razón para que alguien se deba presentar a alcalde”, interroga. En esta tesitura, uno puede intuir alguna razón de peso para que nadie quiera ponerse al frente del ayuntamiento, pero a quien le corresponde dar la respuesta lo explica de forma resumida y gráfica: “Ser alcalde es un marrón de cojones”. Y hay varios factores que pueden estar detrás de este "engorro": se trata de pueblos pequeños, son habituales los roces con los vecinos (en ocasiones, familiares), es difícil compaginar la labor municipal con el trabajo, la administración local exige cada vez mayor dedicación a costa del tiempo de descanso personal, los sueldos (cuando los hay) dan lo que dan…

Municipio de Eneriz. Son las 10:30. El ayuntamiento de esta localidad situada a 24 kilómetros de Pamplona está cerrado a cal y canto. Falta algo más de una hora larga para que llegue la secretaria. Pasan más de 20 minutos y en la plaza no hay rastro de presencia humana. “Pues no vengas en invierno”, bromea el primer vecino en hacer acto de presencia ante esta falta de movimiento. Son 300 los habitantes que integran el padrón de esta localidad de Navarra, la comunidad española con mayor número de municipios que no presentaron candidaturas en las elecciones municipales del 26-M —31 en total—, y nadie ha dado el paso, ya no solo para llevar las riendas del consistorio durante los próximos cuatro años sino para formar parte de la corporación municipal.

Navarra es la comunidad española con mayor cifra de municipios que no presentaron candidaturas en las elecciones municipales del 26-M (31 en total)

“La gente no quiere. Así de sencillo”, asevera el hoy concejal en funciones de Festejos, Fernando Pérez, que rechaza cualquier otra interpretación ante esta ausencia de lista local. Eneriz simboliza más que nadie eso de que uno es alcalde porque sí. Hace cuatro años, y ante la amenaza de que una gestora rigiera los designios del municipio por la ausencia de una candidatura local, los siete vecinos salidos de una votación popular para conformar la plancha electoral eligieron como primer edil a David Villarroya por la simple razón de que en esos momentos se encontraba en paro. Alcalde por remedio. Hoy compagina la labor de regidor municipal con la de maestro en otra población navarra, en Mendigorría, situada a 15 minutos de distancia. Pero en medio año volverá a una situación de uniempleo.

Pase el cursor para conocer los 31 pueblos donde no se ha presentado nadie:

Eneriz es uno de esos 31 municipios navarros que ahora tienen por delante seis meses para presentar una candidatura municipal. Sus habitantes están llamados por ley nuevamente a las urnas en noviembre, en la que va a ser la segunda y última oportunidad de elegir a sus representantes. En estas elecciones, solo hay dos 'papeletas': o candidatura municipal o gestora designada por el Gobierno de Navarra, se supone que tras escuchar al pueblo.

“Aquí, las verdaderas elecciones son en noviembre”, espeta Pérez. Lo dice desde la experiencia. La amenaza de la gestora es suficiente acicate para que algunos vecinos den finalmente el paso y se agrupen en una candidatura. De hecho, es unánime el sentir de que, al final, habrá fumata blanca. “Vamos a intentar que no haya gestora”, subraya. No obstante, él, como el resto de la actual corporación, no va a estar en la futura lista. “Hemos cumplido un ciclo y ya está”, defiende. En su caso, también pesan las circunstancias personales, la condición de transportista autónomo. Son cuatro años de compaginar maratonianas jornadas al volante con visitas al ayuntamiento nada más aparcar el camión. Sin contar, además, las actividades sociales que el consistorio organiza los fines de semana. Pero, pese a todo, el no lo dice con la boca pequeña. Le delatan sus gestos, su sonrisa pícara ante la pregunta de “¿y si el municipio le necesita?”. No hay un no rotundo y sí un “no creo”. Incluso, surge un “ya veremos”. “Pero para alcalde no le dejo yo, que soy su mujer”, surge la voz de su parienta. Debate cerrado entre risas.

El Ayuntamiento del municipio navarro de Eneriz, cerrado. (J. M. A.)
El Ayuntamiento del municipio navarro de Eneriz, cerrado. (J. M. A.)

El número de municipios que se expone a la gestora alcanza el 11,3% de los ayuntamientos de Navarra. Pero esta no es una realidad nueva surgida del 26-M. Ni mucho menos. Se puede decir que es innata a la Comunidad Foral. “En Navarra, siempre ha habido un déficit de participación en los ayuntamientos”, afirma el portavoz de la Federación Navarra de Municipios y Concejos, Juan Jesús Echaide.

Esta desafección es, en buena parte, consecuencia de la fotografía de Navarra. El 70% de los municipios tiene menos de 1.000 habitantes. Más en concreto, hay 42 pueblos con menos de 100 personas censadas y otros 65 cuentan con entre 101 y 250 vecinos. Esto es, el 40% de las 272 localidades navarras no llega a un cuarto de millar de personas. Además, como detalla Echaide, por norma general son pueblos “bastante envejecidos”. Por ello, la propia demografía limita ya de por sí la lista de candidatos a incorporarse a la Administración local, que, además, a día de hoy “exige mucho trabajo”, ya que se ha vuelto “más compleja”.

El 40% de los 272 ayuntamientos de Navarra tiene una población menor a 250 habitantes: se trata, por norma general, de pueblos "bastante envejecidos"

La ausencia de jóvenes no es el caso de Eneriz, donde hay varias cuadrillas de veinteañeros y treintañeros. Es “falta de ganas” o “escasez de interés” entre la juventud. “Hay mucha juventud, pero no quiere involucrase”, lamenta un vecino en una charla en el único bar del pueblo. “No se quieren meter en política”, surge una voz. “Perdona —le corrigen—, no hablamos de política sino de ayudar al pueblo”. Todos asienten en torno a una mesa donde los votos que valen son los huevos fritos, el jamón asado, el queso o el vino. Es la fiesta de la democracia del estómago.

La falta de candidaturas locales no se debe a que se trate de municipios “conflictivos” o “politizados”. En esto se coincide de forma unánime. La ausencia de listas locales es “de siempre”. Históricamente, ha habido en torno a una treintena de municipios y más de 100 de los 346 concejos que no presentaban candidaturas en primera instancia. Incluso, como explica Echaide, hubo un tiempo en el que la ausencia de listas locales en Navarra afectaba a más poblaciones. Ante esta preocupante y peligrosa realidad, el Parlamento foral aprobó hace “unos 15-20 años” que una parte del Fondo de Haciendas Locales se destinara a los ayuntamientos a sufragar nóminas de alcaldes y concejales porque, en muchos casos, el trabajo ha sido a sueldo cero.

En Eneriz sí se paga un “sueldico”. No es el caso de la cercana localidad de Muruzabal, donde todo se hace por amor al arte. A sus 74 años, a José Ignacio Valencia le queda mucho amor y mucho arte por el pueblo, pero no ganas para continuar al frente del Ayuntamiento. “Lo tengo decidido. Lo dejo. Hasta aquí hemos llegado”, asevera. El 'hasta aquí' son ocho años de concejal y una legislatura como alcalde, cargo que asumió hace cuatro años por respeto a la voluntad del pueblo, que le ‘ascendió’ a alcalde ante la amenaza de la gestora dentro de una candidatura que incluía a varios jóvenes. Ahí estaba la clave del sí, la presencia de jóvenes en la lista de consenso. "Acepte por ellos", asegura el regidor, que se deshace en elogios hacia los jóvenes concejales, que “se han metido de lleno en su labor” a pesar de trabajar en Pamplona y tener apenas tiempo para la labor municipal. Ahora, su decisión de no optar a la reelección ha arrastrado al resto de ediles a abandonar el consistorio.

Varios peregrinos, en Muruzabal, muy frecuentado por quienes realizan el Camino de Santiago. (J. M. A.)
Varios peregrinos, en Muruzabal, muy frecuentado por quienes realizan el Camino de Santiago. (J. M. A.)

Uno de estos jóvenes, el actual concejal de Fiestas, Josetxo Biurrun, confiesa que se retira por “falta de tiempo e ilusión”. “Creo que hace falta alguien con más ilusión y nuevas ideas”, expone, no sin dejar constancia de su “pena” por “no poder haber terminado algunas cosas” para el municipio. Pero el horizonte de otros cuatro años “nos pesaba un poco”. Otro gallo cantaría en caso de legislaturas más cortas. Achaca la ausencia de lista local a que “nadie se esperaba que no fuéramos a seguir” y descarta toda huella de “conflictividad”.

"Hay gente que reconoce lo que haces y otros que protestan. Es algo que se asume, pero no hay conflictos”, enfatiza al respecto el alcalde en funciones. Es jueves y el ayuntamiento está cerrado. A Valencia se le pilla en la cocina de su casa, con delantal y limpiando espárragos. Mañana acudirá al ayuntamiento para atender a cualquier vecino como lo viene haciendo todos los lunes, miércoles y viernes desde hace cuatro años. “Siempre viene alguien”, afirma. Pero, en medio año, una vez acabe el periodo de mandato en funciones, cerrará la puerta del despacho. En su caso, no hay vuelta atrás. “Es que no, no, no”, remarca.

Es mayoritario el sentir de que al final saldrá una candidatura local ante la amenaza de la gestora: es lo que viene a ser 'la llamada a la responsabilidad'

“Ya saldrán otros”, esgrime. Valencia se mueve entre la confianza y la preocupación. La amenaza de la gestora pesa mucho. En la calle, los vecinos tienen muy presentes los “desaguisados” provocados por administradores de fuera en otras localidades. Y el temor a sufrir en sus carnes esta situación deriva en ocasiones en una candidatura de auxilio. Es lo que viene a ser 'la llamada a la responsabilidad'. Hace cuatro años, 11 de los 24 municipios que no presentaron candidatura en primera instancia evitaron la constitución de comisiones gestoras sobre la bocina. “Sobre todo, es por responsabilidad”, se coincide en señalar en los municipios afectados. Ahora, puestos a aventurar, Echaide vaticina que serán más de una veintena de pueblos los que presentarán listas locales de cara a los comicios de dentro de seis meses.

Deben ser las únicas localidades que no están hartas de tanta cita electoral consecutiva. Por las consecuencias que puede tener, se aguarda a que llegue por ley la cita con las urnas de dentro de medio año, que es cuando la ‘fiesta de la democracia’ adquiere su mayor sentido. “Las elecciones buenas son en noviembre”, remarca Feli, convencida de que volverá a haber una candidatura local de cara a estos comicios. “Seguro”, remarca. Eso de “ya saldrán otros” gana por goleada en Muruzabal. Ahora, sus vecinos lo tendrán un poco más fácil, ya que solo hace falta convencer a cinco personas en lugar de los siete de hace cuatro años. La pérdida de población en esta legislatura, que ha situado el censo municipal por debajo de los 250 habitantes, ha reducido la composición de la corporación municipal.

El Ayuntamiento de Muruzabal, también cerrado. (J. M. A.)
El Ayuntamiento de Muruzabal, también cerrado. (J. M. A.)

De los 31 municipios que no vivieron elecciones locales el pasado domingo, Ituren es el más poblado, con algo más de 500 habitantes. En el lado opuesto se sitúa Aribe, con 36 vecinos. Son pueblos que integran la peculiar y llamativa fotografía electoral de Navarra, donde se presentó una única lista en 115 municipios y en 239 concejos de cara a las pasadas elecciones municipales. La mayoría de estos pueblos, muchos de los cuales comparten personal administrativo, están gobernados por agrupaciones independientes de vecinos, que se juntan para llevar las riendas del ayuntamiento. La ausencia de partidos políticos asentados en los pequeños pueblos dificulta la presencia de candidaturas, que, en muchas ocasiones, son de consenso entre los vecinos.

Pero lograr el consenso no siempre es fácil. “Hay que tener las espaldas muy anchas para presentarte a alcalde. Aquí nos conocemos todos y hagas lo que hagas no vas a contentar a la mayoría”, defiende una vecina de Ezkurra, un municipio de 150 habitantes situado en la zona media alta de Navarra que no ha vivido elecciones locales el 26-M. Varias localidades de este entorno se encuentran en la misma situación. Y el porqué de esta realidad se repite. “Siempre hay roces”, “no te acarrea más que problemas”, “cualquier pequeña cosa se magnifica”, “acabas creándote enemigos”… hablan las calles. “Es fácil tener roces y riñas con vecinos cuando eres alcalde de estos ayuntamientos”, constata el portavoz de la Federación Navarra de Municipios y Concejos.

"Hay que sacar una lista sí o sí para que no venga nadie de fuera a mandar en el municipio. En las próximas elecciones nos jugamos muchas cosas”

“No da más que disgustos”, sentencia Alfredo Oses, que fue alcalde de Muruzabal en dos época bien diferenciadas, a los 30 y a los 60 años, si bien su segunda etapa terminó de forma abrupta tras un conflicto con vecinos que le llevó a abandonar el ayuntamiento. Preguntes a quien preguntes, todos se autodescartan para ocupar la alcaldía. “¡Con lo tranquilo que se vive!”, se impone como respuesta. Pero esta cierta comodidad puede romperse conforme se acerque noviembre. “Hay que sacar una lista sí o sí. Con tal de que no venga nadie de fuera a mandar en el municipio…”, se abre a candidato un vecino “como última opción”. “En las próximas elecciones es donde nos jugamos muchas cosas”. Palabra más propia de la política. Palabra de la Navarra despoblada.

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