HABLA EL OBJETIVO DEL TRIPLE ASESINO DE USERA

"Agarró el teléfono y me amenazó: 'Estoy preparado para matar y voy a ir a buscarte"

El dueño del despacho de abogados donde tuvo lugar el triple crimen de Usera cuenta por primera vez cómo el asesino acabó con la vida de sus dos empleadas y de un cliente

Foto: Víctor Joel Salas, junto a los juzgados de plaza de Castilla, donde se encontraba cuando sucedieron los hechos. (EC)
Víctor Joel Salas, junto a los juzgados de plaza de Castilla, donde se encontraba cuando sucedieron los hechos. (EC)

El abogado Víctor Joel Salas (Lima, Perú, 1980) dirigía un despacho en la madrileña calle Marcelo Usera de Madrid cuando el 22 de junio de 2016 apareció un hombre en sus instalaciones y preguntó por él. El letrado no estaba en ese momento en el bufete. Se encontraba en unas declaraciones en un juzgado de plaza de Castilla. Cuando salía del edificio, le llamó una de sus empleadas, Elisa, para informarle de que alguien le reclamaba. "Pasaban pocos minutos de las dos y media de la tarde cuando sonó mi teléfono", recuerda Salas en su primera entrevista ante un medio de comunicación desde que ocurrieron los hechos.

"Era Elisa, que me dijo que había venido un cliente a verme y que este estaba diciendo que se trataba de un caso de un millón de euros", recuerda el abogado, que se sorprendió en ese momento. "¿Un caso de un millón de euros?", le preguntó a su empleada. "¿Es acaso alguno de los artistas que llevamos?", insistió en referencia a clientes del mundo del espectáculo que tenía el despacho. "No, no, no, es sobre un asunto que solo quiere hablar contigo", respondía la chica, una joven abogada que había sido jueza en Cuba y que trataba de abrirse camino en España.

Víctor quiso entonces hablar con él, pero el hombre se había metido en el baño. "Se ve raro este tipo", le confesó Elisa. "Voy para allá", le respondió el dueño del bufete. "No, no, no, mejor le digo que venga a las cinco", zanjó la chica. "Te vuelvo a llamar en un par de minutos para que me confirmes que habéis quedado en eso", contestó el abogado, que se fue hacia su moto, se puso el casco y volvió a agarrar el móvil antes de arrancar. "¿Ya le has comentado?", le preguntó. "No, aún sigue en el baño, pero no te preocupes que le toco la puerta ahora mismo y le digo que venga luego", insistió ella. "¿Seguro que no quieres que vaya?", reiteró el letrado. "Seguro, además, mira las horas que son", subrayó Elisa, que no volvió a hablar más con su jefe, quien se fue a su casa a comer y a descansar antes de regresar al despacho.

Nada más colgar, el visitante salió del baño con un cuchillo de grandes dimensiones y acuchilló a la joven. Maritza, la secretaria del despacho, se levantó entonces de su sitio, agarró un bastón de hierro que tenían de otro asunto judicial y se abalanzó contra el agresor para golpearle. Este levantó la mano y el utensilio impactó contra la muñeca del hombre, que comenzó a forcejear con la mujer hasta que terminó con su vida. Luego esperó a que llegara el propietario del local para asesinarle, pero en su lugar, pocos minutos después de las cinco, llegó un cliente, Pepe, al que el asesino confundió con su objetivo y destrozó la cabeza nada más entrar en el despacho.

"Se golpeaba a sí mismo y luego decía que le habían robado, que necesitaba que viniera ella a socorrerle; se autolesionaba para darle pena"

Víctor prefiere hoy no hablar de los detalles de aquel episodio que ya narró El Confidencial. "¿Es necesario volver a contarlo? Estoy muy tocado", asegura tras 30 largos segundos de silencio. Decide entonces abordar cómo comenzó todo. "En una reunión social, conocí a una chica que venía de Alemania; nos intercambiamos los teléfonos y empezamos a vernos; semanas después, nos vimos en Palma de Mallorca, primero, y en Barcelona, después; ella me dijo que no tenía ninguna relación con nadie y era verdad, porque la que tuvo se había roto seis meses antes; él, sin embargo, seguía acosándola y chantajeándola emocionalmente", relata el abogado, que hoy puede concretar en qué consistían aquellas extorsiones sentimentales.

"Se golpeaba a sí mismo y luego decía que le habían robado, que se encontraba en estado crítico y que necesitaba que viniera ella a socorrerle; se autolesionaba para darle pena, pero lo que realmente quería era seguir sin hacer nada y que ella le siguiera manteniendo", cuenta Salas, al que también le cuesta narrar su primer encuentro con el presunto asesino. "Un día, ella iba por la calle mientras hablaba por teléfono conmigo cuando Dahud llegó por detrás y le arrebató el teléfono", asegura en referencia a un episodio que tuvo lugar un mes exacto antes del triple crimen.

La Policía y los servicios de emergencias, en la puerta del despacho el 22 de junio de 2016. (EFE)
La Policía y los servicios de emergencias, en la puerta del despacho el 22 de junio de 2016. (EFE)

"Él la estaba siguiendo y cuando se dio cuenta de que hablaba conmigo, le quitó el móvil. 'Yo sé quién eres', me dijo en ese momento. 'Yo soy el marido de I., me han preparado para matar, te voy a encontrar y te voy a matar', añadió", subraya el abogado, que aún recuerda con pavor la escena. Por aquel entonces, añade, "él ya había sido expulsado de los marines de Estados Unidos por un proceso interno que tuvo por falsedad documental; falsificó documentos para subir su rango de soldado a capitán". "Dos días después, me volvió a llamar; consiguió mi número tras 'hackear' el móvil de ella y me telefoneó; me pidió disculpas, me dijo que no hablaba en serio, que estaba drogado cuando me amenazó por las pastillas que tomaba y que le perdonara; me confesó también que ya no era marido de I., que la relación había terminado hacía mucho, que era cierto que él trataba de regresar con ella y que yo era un impedimento para esa reconciliación que él pretendía", describió Dahud Hanid Ortiz, hoy amparado por el Tribunal Supremo de Venezuela, que ha rechazado extraditarle a España al entender que aún mantiene la nacionalidad bolivariana.

"Fue en ese momento también cuando me pidió que la dejara, que la llamara y que la insultara, que le dijera zorra, perra y que yo estaba con otras mujeres; yo, por supuesto, me negué a hacer eso, le dije que desconocía su existencia, pero que en ningún caso haría lo que me pedía, que si él tenía algo que resolver con ella que lo hiciera, pero que no me mezclara", revela Salas, que hoy prepara un recurso contra la decisión del alto tribunal venezolano para revocarla y que el detenido sea extraditado a España, donde ha sido reclamado por el Juzgado 41 de Madrid.

Tras este segundo violento incidente telefónico, el abogado vuelve a hablar con su novia. "Me llamó y me dijo que este hombre había perdido la cabeza, que después de la primera conversación que había tenido conmigo se quiso suicidar con un cuchillo y golpeándose la cabeza contra la pared, que de hecho le llevaron a urgencias y le pusieron varios puntos, pero que luego le había prometido que no interferiría en su vida", asegura Salas, que se salta en su relato cómo se produce el crimen porque no puede soportarlo a pesar de los tres años que han pasado desde que tuvo lugar.

Aquel 22 de junio, Dahud —presuntamente— se desplazó desde Alemania hasta Madrid en un coche, fue al despacho de Víctor y mató a Elisa, Maritza y Pepe. El abogado llegó por la tarde y se encontró que varios clientes esperaban en la puerta de abajo porque nadie les abría. "Los agentes del Grupo V de Homicidios que se hicieron cargo del caso me preguntaron sobre mi relación con el cártel de Juárez; yo me quedé sorprendido porque no tenía ninguna relación con ningún tipo de mafia; entonces me confesaron que habían encontrado tarjetas de presentación de este cártel en mi despacho; luego descubrimos que las había puesto ahí Dahud para despistar a la Policía", asegura. "Era absurdo, además, que un cártel asesine y luego deje su tarjeta", apuntilla Víctor, que entregó todos sus elementos informáticos, todas sus agendas y todo lo que podía ser útil para la investigación a los responsables de las pesquisas.

"El asesino se quiso suicidar con un cuchillo y golpeándose la cabeza contra la pared, le llevaron a urgencias y le pusieron varios puntos"

El letrado comenzó a contar toda su vida "personal y laboral". "Comenté un problema que tuve en Perú cuando trabajé en el poder judicial, porque los medios hablaban de un ajuste de cuentas, pero dudaba de que tuviera algo que ver; en ningún caso me podía imaginar que fuera Dahud; hasta que los policías me preguntaron si yo tenía algún tipo de acelerante en el despacho; les contesté que no, que no tenía ni gasolina ni diésel ni nada, que solo había productos para fregar; entonces me comentaron que habían encontrado los restos de una botella con acelerante y un tapón de la marca Volvic; ahí caí en que era una firma que se fabricaba en Francia pero que se comercializaba en la zona de Alemania donde vivía I., que además solía beber esa agua; comencé entonces a empezar a relacionar las llamadas que me había hecho un mes antes; jamás pude imaginar hasta qué punto ese hombre estaba completamente loco", confiesa el abogado, que califica el trabajo policial como "impecable".

"Las pruebas que hay contra él hoy por hoy son más que suficientes; el tapón, la confesión del amigo que le ayudó a trazar el plan y a cubrirle allí en Alemania mientras él viajaba a Madrid, el coche en el que se trasladó, las antenas telefónicas que sitúan su móvil aquel día junto a mi casa, primero, y en el despacho, después, conforman un cúmulo de elementos probatorios que no dejan lugar a duda; de hecho, el Juzgado 41 le ha procesado y reclamado a Venezuela con el fin de que sea juzgado en España", explica Salas, que admite que le costó salir adelante después de lo ocurrido.

"Lo que me ha mantenido en pie ha sido el deseo de justicia, de que las muertes de Elisa, Maritza y Pepe no queden en el olvido ni en la impunidad", asegura visiblemente molesto con la decisión del Tribunal Supremo bolivariano de no entregar a Dahud. "Venezuela no tiene estabilidad suficiente ni seguridad jurídica para determinar si él es el asesino", valora. "El Juzgado 41 podría no enviarle el expediente que Venezuela reclama, estaría en su derecho, con lo que podría quedar libre el asesino de tres personas", afirma el abogado, que tiene la intención de recurrir la resolución judicial al entender que es "completamente antijurídica". "No respeta la Constitución venezolana de 1961, que es la que estaba vigente cuando Dahud obtuvo la nacionalidad norteamericana en 1997 y que establecía que cualquier ciudadano venezolano que adquiriera la nacionalidad de otro país perdería automáticamente la bolivariana", sostiene en línea con el recurso que interpondrá, donde subrayará además que el presunto asesino "jamás inició trámite alguno para recuperar su nacionalidad inicial".

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