ORDENÓ EL ATENTADO DEL CUARTEL DE ZARAGOZA

Las víctimas de Ternera: "Le pudieron coger cuando estaba en el Parlamento vasco"

José María Pino perdió a su padre, a su madre y a su hermana en el atentado que la Guardia Civil atribuye a Ternera; hoy sigue en tratamiento psicológico y habla por primera vez a los medios

Foto: Bomberos y voluntarios, trabajando en las tareas de búsqueda de víctimas entre los escombros de la casa cuartel. (EFE)
Bomberos y voluntarios, trabajando en las tareas de búsqueda de víctimas entre los escombros de la casa cuartel. (EFE)

La detención del que fuera jefe de ETA José Antonio Urruticoechea Bengoechea, alias 'Josu Ternera', ayer, ha servido de bálsamo a las víctimas del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza el 11 de diciembre de 1987, el más sangriento que ordenó ejecutar el dirigente terrorista. Estas últimas saben que nada les devolverá a sus seres queridos ni serán capaces de eliminar de sus recuerdos completamente las imágenes más horrendas que jamás vivirán, pero ser testigos de que el Estado de derecho funciona, al menos les permite ganar en paz interior.

Las víctimas de Ternera: "Le pudieron coger cuando estaba en el Parlamento vasco"

"Es una grandísima noticia", valora Lucía Ruiz, delegada de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) en Aragón. Lucía tenía 10 años cuando ETA introdujo el vehículo en la casa cuartel cargado con 250 kilos de explosivos e hizo estallar la carga. Vivía allí con sus padres y su hermana y jugaba a diario con los cinco menores que perdieron la vida aquel día. "Más vale tarde que nunca", afirma. "Podía haber sido antes, pero no por eso es peor noticia", añade la mujer, que felicita con alegría a la Guardia Civil y a la Inteligencia francesa por la detención.

Más dura con las autoridades es Beatriz Sánchez, que cumplía cinco años aquel 11 de diciembre. "Si sabían dónde estaba desde hace tiempo, por qué no le han detenido antes", se pregunta incrédula. "Está detenido y al menos pasará unos años en la cárcel en Francia, pero esto suena a una mera satisfacción de 'somos los mejores' en plena campaña electoral", subraya Beatriz, que ya ha pedido a los servicios jurídicos de la AVT que estudien si es posible reabrir la causa que llevó a una sentencia insatisfactoria para las víctimas, que no pudieron cobrar toda la indemnización establecida por ley.

Josu Ternera, antes de la detención. (EC)
Josu Ternera, antes de la detención. (EC)

También reprocha lo tarde que llega la detención José María Pino, que habla por primera vez ante los medios en El Confidencial. "Se le pudo coger en el Parlamento vasco", recrimina Pino, que admite sentir "una alegría muy grande" aunque el arresto llegue 17 años después de que Ternera huyera de la Justicia en enero de 2002, justo después de que el Tribunal Supremo ordenara dejarlo en libertad tras entender que sus delitos ya habían sido juzgados en Francia. Pino perdió a su madre, a su padre y a su hermana en el atentado.

José María Pino perdió a su madre, a su padre y a su hermana en el atentado. (EC)
José María Pino perdió a su madre, a su padre y a su hermana en el atentado. (EC)

A las seis de la mañana, la explosión le hizo abrir los ojos. "El piso de arriba se había derrumbado entero y a mí me cayeron cascotes en la cabeza y en la pierna; la cama se había partido y la habitación de mis padres había desaparecido; yo estaba seguro de que habían muerto", recuerda hoy José María, que tenía 13 años cuando sufrió el atentado y aún hoy —32 años después— no ha levantado cabeza. "Sigo en tratamiento psiquiátrico y psicológico", admite. "Tengo estrés postraumático crónico; estoy leyendo y de repente me vienen 'flashes' de lo que pasó, me agobio con las aglomeraciones, llevo años sin ir al cine, desconfío de todo el mundo y no tengo hijos porque los chillidos de los niños aquel día aún resuenan en mi cabeza; tengo que irme cuando oigo a un niño llorar", confiesa.

José María luego se hizo guardia civil, pero tuvo que dejarlo a los 13 años porque no podía aguantar el peso de los recuerdos, que todavía hoy se esfuerza por estructurar. "Cuando abrí los ojos, me caía la intensa lluvia sobre la cara; ni mi hermano ni yo veíamos por el polvo que se había levantado en suspensión tras la explosión; todavía huelo el olor a explosivo", rememora. "Escuché a mi madre que nos decía que no nos moviéramos, pero no podía ser porque estaba bajo los escombros; yo aún discuto con mi hermano porque sé que la oí", añade Pino, que todavía no ha podido agradecer a los bomberos que le salvaron lo que hicieron por él.

"Tengo ganas de ir a Zaragoza a presentarme en el parque de bomberos para conocerles", reconoce. "Llegaron dos de ellos, nos cogieron y nos bajaron a la calle", afirma José María, que sostiene que el edificio estaba desprendiéndose por momentos. "El cuartel se rompía, tenían que sacar a la gente, de hecho mientras nos trasladaban ellos mismos iban diciendo 'rápido, que se cae todo", asegura. "Ya no se saca a nadie más por aquí que esto se va a caer", decían los bomberos que esperaban abajo mientras sus compañeros llegaban con los dos hermanos, que inmediatamente fueron trasladados al hospital.

Las víctimas de Ternera: "Le pudieron coger cuando estaba en el Parlamento vasco"

"En la habitación perdí el conocimiento, porque me había caído algo en la cabeza", cuenta Pino, que fue ubicado junto a su hermano y a otro herido en el mismo cuarto del centro sanitario. "Se oían las noticias desde la tele de al lado y nuestro compañero de habitación se levantó para apagarla y protegernos, porque estaban dando los nombres de los fallecidos", subraya José María, que todavía recuerda que cuando despertó vio a su abuelo, que se llevó a los nietos hasta Talavera de la Reina (Toledo) unos días. Los dos hermanos ingresaron luego en el Colegio de Huérfanos de la Guardia Civil, una temporada también difícil para Pino, que considera que le "dejaron tirado" entre aquellas paredes sobre las que también tiene pesadillas.

La casa cuartel de Zaragoza estaba repleta de niños que jugaban a diario en uno de los dos patios que tenía la instalación. "El otro era para los vehículos", rememora Lucía Ruiz, que perdió a una de sus amigas, Rocío. "Nací allí y me fui de allí aquel día", afirma con tristeza. "Fallecieron cinco niños y un adolescente, yo jugaba cada tarde con todos ellos; llegaba del colegio, dejaba la mochila y me iba a la calle", recuerda. "Pusieron el coche en la zona central", concluye.

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