Escrito mientras se encuentra en prisión

Testigos independentistas usan el juicio como escaparate para un libro de Romeva

Al menos dos testigos han declarado ante el Tribunal Supremo situando el libro del 'exconseller' de Exteriores en la mesa contigua

Foto: Foto: EFE.
Foto: EFE.

En el juicio del 'procés' cada gesto importa. Las sesiones se retransmiten en directo y la sala se llena de periodistas todos los días, por lo que hasta el más mínimo detalle se somete a escrutinio. Para evitar que el Supremo se convierta en un escaparate de discursos políticos, el tribunal interrumpe a los testigos cuando entran en valoraciones, pero en ocasiones los mensajes van más allá de las palabras. Prueba de ello es la parafernalia independentista con la que miembros del público acuden a la sala desde el arranque del juicio, lazos y prendas amarillas que muestran su apoyo a los acusados. Pero en la última semana, a este listado de símbolos se ha sumado uno nuevo: 'Esperanza y libertad', el libro que Raül Romeva ha escrito en prisión y que al menos dos testigos han situado junto a ellos en las declaraciones.

El primero en llevarlo bajo el brazo fue el cantautor y exdiputado de Junts pel Sí Lluís Llach. Citado como testigo por la acusación popular que ejerce Vox, acudió este lunes al Supremo con todos los distintivos posibles: lazo amarillo, gafas amarillas y reloj amarillo. La puesta en escena, sin embargo, incluía un sutil detalle que en principio pasó desapercibido. Tras sentarse en la silla desde la que declaran los testigos, Llach dejó en la mesa contigua el libro de Romeva, lo que hizo que el ejemplar apareciera en pantalla una y otra vez. La imagen podría parecer casual si no fuera porque se repitió este martes, cuando llegó el turno de Jordi Rubinat, un hombre que el 1-O votó en un colegio de Sant Esteve Sesrovires. Al igual que el cantautor, Rubinat puso el libro en la mesa de al lado.

El libro del 'exconseller' de Exteriores, para el que la Fiscalía pide 16 años de prisión por un delito de rebelión como mando subalterno y otro delito de distracción ilegal de fondos públicos, se viene presentando en diferentes ámbitos desde hace semanas. "Escribo sobre esperanza y libertad, sin pociones mágicas ni mapas del tesoro, pero con la cabeza alta, la mirada larga, el verbo sereno y la mano tendida, con paso decidido hacia la república. La cárcel es como un castillo: infranqueable e impenetrable", explica el propio autor en la solapa del mismo. "Este es un libro sobre nuestra cautividad, con reflexiones y propuestas, muchas dudas y, también, algunas certezas. Con miradas caleidoscópicas a realidades concretas y sugerencias precisas a necesidades complejas".

Con Romeva entre rejas, sus conocidos se encargan de la promoción y, sobre todo, su mujer Diana Riba, candidata por ERC en las elecciones europeas. Entre las acciones que ha llevado a cabo para dar a conocer el libro, destaca otra llevada a cabo la pasada semana, cuando no dudó en entregar un ejemplar a Inés Arrimadas mientras esta paseba por Barcelona por Sant Jordi. Como era de esperar, el 'regalo' no fue causal y las cámaras de los periodistas captaron el momento, lo que hizo que la noticia llegara a los medios de comunicación. Ahora, sus allegados han encontrado una nueva forma de promocionarlo: que los testigos del 'procés' lo sitúen junto a ellos durante sus declaraciones.

Límites a la parafernalia independentista

El pasado 13 de febrero, la primera intervención de Vox en el juicio provocó un pequeño terremoto a cuenta del lazo amarillo que lucía el acusado Jordi Sànchez en la solapa. El partido de Santiago Abascal pidió al alto tribunal que se pronunciase sobre si el acusado podía llevar este símbolo, alegando en este sentido "que tiene una carga política indudable". Pese a ello, el presidente del tribunal, Manuel Marchena, argumentó que "el lazo es un símbolo ideólogico y la sala no va a poner obstáculos a que lo usen los procesados", para lo que se apoyó en dos condenas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos a Bélgica y Bosnia por impedir la presencia de símbolos religiosos en los juicios.

Desde entonces, son varios los miembros del público y testigos que han acudido con lazos o prendas amarillas en apoyo a los acusados, parafernalia a la que el tribunal no ha puesto impedimentos. Los magistrados, sin embargo, sí han puesto un límite en las últimas semanas: no se permiten las camisetas con leyendas a favor de la libertad de los "presos políticos". La postura quedó clara la pasada semana, cuando Albert Boada, de la CUP, fue expulsado del alto tribunal por lucir este mensaje en su camiseta. El político accedió al Supremo con la correspondiente prenda oculta bajo otra, pero en un momento dado aprovechó una visita al baño para despojarse de la primera y entró en el salón de plenos con el mensaje en el pecho. La policía le avisó en varias ocasiones de que debía abandonar la sala y, según indican fuentes jurídicas, él se resistió, tras lo que se marchó por los pasillos puño en alto.

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