SE CIERRA LA SEMANA CON TESTIGOS DE JUNQUERAS

Las defensas tratan de sembrar la paz en el juicio, pero cosechan la sedición

Acabó el reinado de 'la masa' y comenzó el de la paz. Paz a mansalva. Su uso reiterado en las siete horas que duró este jueves el juicio solo podía significar una cosa. Ha llegado el turno de las defensas

Foto: Imagen tomada de la señal institucional del Tribunal Supremo de los abogados Andreu Van Den Eyden (d) y Xavier Melero (c). (EFE)
Imagen tomada de la señal institucional del Tribunal Supremo de los abogados Andreu Van Den Eyden (d) y Xavier Melero (c). (EFE)

Acabó el reinado de 'la masa' y comenzó el de la paz. Paz a mansalva. 'Pau', paz, 'peace'. Paz, amor y no violencia. El uso reiterado durante las siete horas que duró este jueves la jornada 36 del juicio del 'procés' solo podía significar una cosa. Ha llegado el turno de las defensas. Es su momento. Conducen el interrogatorio a los testigos que ellos mismos solicitaron. Las testificales transcurrieron, sin embargo, por terrenos pantanosos. Caminos que partiendo de la paz y la desobediencia civil, acabaron conduciendo a la sedición.

Así lo apreciaron al menos las acusaciones. Uno de los testigos de la tarde trajo la contradicción de forma más clara. David Fernández, exdiputado de la CUP, describió profusamente lo que sucedió durante el 1-O. Desde su visión, aquello respondía a una resistencia pasiva generada por la percepción popular de que se les imponía una ley injusta. Dijo que la gente acudió a los centros de votación para "resistir" y que lo hizo mediante "muros" o "murallas humanas". Dijo que el objetivo era tratar de impedir que los que sí cumplían la ley ejecutaran un mandato judicial: intervenir las urnas y cerrar los locales.

Esta actuación, casi surgida por generación espontánea, no obedecía, sin embargo, a una "estrategia de planificación violenta". Pese a los "llamamientos permanentes a la acción pacífica" ('pau', paz, 'peace') hubo momentos marginales, infinitesimales casi, de tensión. "Es obvio que ocurrieron muchas cosas, pero eso es centrarse en lo accesorio", dijo. Porque lo que reinaba era la paz. O cualquier otra expresión que sirva como sinónimo: "ambiente festivo", "serena indignación", "cordialidad"... El problema de este postulado, que no fue exclusivo de Fernández y defendieron otros, como los miembros de ERC presentes el 20-S Jordi Orobig y Bernat Picornell, es que las acusaciones no lo interpretaron igual.

La descripción coincide, casi punto por punto, con la redacción de lo que en el Código Penal es un delito de sedición. "Son reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales". La Fiscalía lo vio. La Abogacía del Estado también. Y entraron al trapo. Rosa María Seoane llegó incluso a preguntarle al de la CUP por su concepción de la "fuerza". "¿No hubo violencia pero se empleó fuerza?", dijo. Y ahí quedó la duda.

Las defensas tratan de sembrar la paz en el juicio, pero cosechan la sedición

La 'pau', paz, 'peace' solo lo fue sobre el papel. La sesión provocó también que Manuel Marchena se empleara a fondo. Con unos y otros. Aviso a las defensas. Aviso a la Fiscalía. Como en un partido de ping-pong, casi había que girar la cabeza de lado a lado, de estrado a estrado. Hasta la fría Marina Roig salió de su ponderación habitual para espetarle al del Ministerio Público, que repreguntaba y repreguntaba sin fin a un testigo sobre el 'speech' de su cliente, Cuixart, sobre un coche de la Guardia Civil. "¡Le está diciendo que no se acuerda!", le soltó destemplada.

Para que no faltara de nada, hubo escenita con Vox. Fernández se enfrentó al abogado Pedro Fernández no sin antes "consultar" a Marchena si podía hacerlo. Se llevó otra de las frases para el recuerdo del magistrado: "Como usted comprenderá, el presidente de un tribunal no está para resolver consultas jurídicas sobre las consecuencias de los propios actos". Por "imperativo legal", acabó pasando por el aro.

Durante el jueves, hubo muchas de esas frases de Marchena. La más sonada, tras el intento de un catedrático que compareció de ahondar en el derecho a la autodeterminación y su encaje en España. El juez paró al abogado Benet Salellas y le indicó que las "lecciones" de Constitucional, mejor para las aulas u otros foros. "Lo que no podemos permitir, y usted lo sabe, es que el juicio se convierta en una lección de un constitucionalista a los magistrados del Tribunal Supremo sobre la dimensión externa e interna del derecho de autodeterminación". "Es un insulto". Hubo también continuas reconvenciones a los fiscales por desbordar los límites del interrogatorio, alguna de ellas muy poco bien acogida por el destinatario, Jaime Moreno.

Nos enteramos también de que Rufián no fue el único que merendó en la concentración del 20 de septiembre. También lo hizo una asesora de Junqueras. Nos enteramos de que algunos de los magistrados se han leído enterito el Libro Blanco, que ya es mérito, la verdad. De que Junqueras no consiguió votar porque se lo impidieron los Mossos. De que Jové le pidió en ese abrazo, cuando fue detenido, que tranquilizara a su familia. Y por encima, en la imponente moldura de la sala, un medallón proclama 'PAX'. Al lado se puede leer en otro: 'LEX'.

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