EN EL JUICIO DEL 'PROCÉS'

El abogado de Cuixart choca con Marchena: "Está usted perdiendo el tiempo"

El presidente del tribunal se revolvió después de que el letrado pusiera el foco en si un antidisturbios se había preocupado por la evolución de los heridos

Foto: El abogado de Jordi Cuixart, Benet Salellas. (EFE)
El abogado de Jordi Cuixart, Benet Salellas. (EFE)

El desfile de policías nacionales continuó este miércoles en el Tribunal Supremo. Uno tras otro, fueron relatando sus actuaciones del 1-O e insistieron en el "acoso y hostigamiento", declaraciones que las defensas trataron de voltear poniendo el foco en el uso de la fuerza contra los manifestantes. La mañana transcurrió con calma hasta que uno de los abogados de Jordi Cuixart, Benet Salellas, quiso saber si un antidisturbios se interesó por los heridos. Antes de que el testigo respondiera, Manuel Marchena cortó el interrogatorio: "Preguntar por el sentimiento piadoso o no piadoso del sujeto que está actuando como fuerza de intervención pública no tiene ninguna trascendencia". En la décima semana del juicio del 'procés', el presidente del tribunal se ha cansado de que las defensas pongan a los policías en el punto de mira.

Al poco de comenzar la sesión, Salellas protagonizó otro rifirrafe con Marchena al preguntar por las lesiones que presentaban los manifestantes, pero todo quedó en una simple advertencia. El verdadero choque se produjo una hora después, cuando insistió en cómo había reaccionado el antidisturbios después de saber que sus intervenciones dejaron heridos. "No, mire, señor letrado... No", interrumpió el juez. El abogado de Cuixart se revolvió y aseguró que en su escrito de defensa hacen referencia a esa situación, protesta ante la que el magistrado elevó el tono. "No vamos a discutir usted y yo. Está usted perdiendo el tiempo y nos lo está haciendo perder a nosotros", zanjó molesto. Su orden fue clara: "Pregunte por hechos con trascendencia jurídica".

Destacó también la comparecencia del segundo testigo de la mañana, un subinspector que el 1-O actuó en cuatro colegios de Lleida y se encontró con un manifestante que "tenía espuma en la boca" y les decía "os tenemos que matar". En la misma línea, explicó que en uno de los centros "un señor sacó a un niño, y una señora a otros dos", ante lo que tuvieron que abrir un pasillo para que pudieran salir. No fue el único agente que habló de la presencia de menores o de personas "en silla de ruedas" el 1-O. El policía explicó además que en uno de los colegios le golpearon la mano y acabó yendo al hospital: "Notaba dolor porque se me hinchó tanto que no podía quitarme el anillo de casado". Pero mientras buscaba la entrada de Urgencias, se dio de bruces con un hombre que le resultaba familiar: le había visto "dos o tres veces" a lo largo del día. "Le pregunté si era 'mosso' y se quedó callado", explicó.

Las defensas le interrogaron por este encontronazo, pero él no pudo aclarar si se trataba de un policía autonómico. "Fue un error no identificarle". Las preguntas sobre este supuesto seguimiento se repetían y el magistrado Manuel Marchena optó por parar los pies a los abogados de los acusados: "Él ha dejado clara la duda". En la sala, se generó entonces un murmullo que no gustó al presidente del tribunal: la sesión acababa de empezar y algún miembro del público ya estaba jugando con fuego. "La agente judicial está legítimamente facultada para expulsar a alguien de la sala. Respeten la declaración de los testigos, las preguntas de los letrados y de la acusación. De lo contrario, no pueden estar aquí", advirtió el juez.

La mañana iba de bronca en bronca hasta que un policía entró en la sala y el abogado de Sànchez, Turull y Rull, Jordi Pina, se dio cuenta de que su cara le resultaba familiar. Tras explicar al tribunal su sospecha, el propio agente confirmó el error: ya había comparecido el jueves por la tarde. Marchena, con una sonrisa, no pudo más que pedir al policía que abandonara la sala: "¿Qué haríamos sin usted, señor Pina?", dijo el juez con ironía, provocando risas tanto en la bancada de las acusaciones como en la de las defensas. A lo largo de la sesión, el juez siguió haciendo bromas sobre el error y pidió la "colaboración" del abogado para que no volviera a ocurrir: "Siguiente testigo. Atento, señor Pina, por el 'non bis in idem' [prohibición de que un mismo hecho resulte sancionado más de una vez]".

No fue el único momento cómico de la mañana. Tras explicar un policía que en uno de los colegios tuvieron que lidiar con "personas mayores" y de "edad avanzada", Pina le preguntó a qué franja de edad se refería al usar este término. El agente respondió entonces que a "personas de 50 o 60 años", ante lo que la cara del abogado, que ronda esa edad, lo dijo todo. "Perdone si se ha sentido ofendido", dijo nervioso el testigo. Pina se limitó a dedicarle la mejor de sus sonrisas: "Siempre hay una primera vez", respondió con sorna.

Bromas aparte, los policías repasaron también la pasividad de los Mossos el 1-O. El séptimo en declarar, un agente de la Brigada de Información de Lleida que intervino en el centro de Cappont, aseguró que los policías autonómicos les manifestaron su negativa a prestar apoyo. "¿Verbalizaron que no participarían?", le preguntó la fiscal Consuelo Madrigal. Y el agente respondió que sí: "Cuando llegó el caporal dijeron que no, que lo sentían, pero que no iban a participar". Otros policías que actuaron en ese centro pintaron la misma escena: "Los 'mossos' llegaron, se apartaron a un lateral y no hicieron nada".

Un inspector describió una situación similar en el centro de formación de adultos Juan Carlos I, también de Lleida, donde se encontraron menores y personas de la tercera edad que "opusieron una resistencia muy proactiva". Mientras sus hombres se enfrentaban a los manifestantes, los 'mossos' se pusieron de perfil. "A todos se les presentaba el auto y se les preguntaba si iban a participar de forma positiva. Algunos nos dijeron que no iban a participar. Otros nos pidieron que esperáramos a algún mando suyo", explicó. Pero los mandos nunca llegaron.

La tarde continuó con un subinspector de la Policía Nacional que intervino en varios colegios, entre ellos el centro Caparella, donde alrededor de 150 personas les bloquearon el paso. “Me arrastran, me dan puñetazos, golpes, de todo”, aseguró. Pero la sorpresa llegó un día después, el 2 de octubre, cuando se encontraba en la comisaría de Lleida. Según relató, frente a ellos había un colegio y los profesores sacaron a los niños al patio para que les insultaran. Entre los improperios que les dedicaban, el policía destacó uno: "Nos llamaban asesinos".

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