EL SECRETARIO DE LOS ATESTADOS FLOJEA

Punto para las defensas: ganan el 'round' de los informes policiales clave

Las certezas que el testimonio parecía arrojar en las respuestas de la Fiscalía quedaron en sospechas poco fundadas durante el turno de las defensas

Foto: El expresidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) Jordi Sànchez (i) y el exconsejero de Interior Joaquim Forn (2d), durante la sesión. (EFE)
El expresidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) Jordi Sànchez (i) y el exconsejero de Interior Joaquim Forn (2d), durante la sesión. (EFE)

Media España está de vacaciones, pero el juicio del 'procés' no se detiene. La Semana Santa se notó en la sala en la que se juzga a los políticos independentistas acusados de rebelión. Menos público, aunque más visible. La simbología amarilla se multiplicó. Bufandas de punto tejidas a mano, camisetas de 'llibertad presos politics', lazos tamaño 'king size'. Y un viacrucis para el testigo estrella de la jornada: el secretario de la Guardia Civil firmante de los atestados policiales que han dado sustento a gran parte de las investigaciones abiertas sobre la estrategia independentista: del Juzgado 13 al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, pasando por el Tribunal Supremo.

El comandante del Instituto Armado venia días después que su superior, el teniente coronel de la Guardia Civil Daniel Baena, jefe de la policía judicial en Cataluña. El jefe traía a la sala el 'sambenito' de un supuesto perfil anónimo en Twitter crítico con el 'mundo indepe'. Quizás eso despistó entonces a las defensas, que no trabajaron tanto como este lunes para desmontar el fondo de su testimonio. Con su segundo sí lo hicieron. Y lo lograron. Desmontaron el suflé de los atestados. Las certezas que el testimonio parecía arrojar en las respuestas de la Fiscalía quedaron en sospechas poco fundadas durante el turno de las defensas.

Los letrados de los 12 procesados le estaban esperando y no le dieron respiro. Desde minutos después del inicio del interrogatorio del Ministerio Público atacaron contra el tono de sus respuestas, más propias, decían, de una pericial científica que de un interrogatorio. El comandante estuvo, en inicio, muy contundente. Puso, por primera vez, sobre la mesa una reunión de vinculación entre la rama política y la sociedad civil de la supuesta trama 'procesista'. Situó a los Jordis en un encuentro de 2016 que sirvió para definir un reparto de 'consellerias' y la línea del Ejecutivo regional que acabó liderando Carles Puigdemont. Y soltó la frase que más molestó a los letrados: "Eran reuniones de líderes que se juntan y toman decisiones". "De catalanes que hacen cosas...", otra vez la frase que popularizó Mariano.

La supuesta reunión clave celebrada el 7 de enero de 2016 en la propia sede de ANC y bautizada con el atractivo apelativo de 'último intento', a la que acudieron supuestamente líderes independentistas como el presidente de ERC, Oriol Junqueras, y distintos acusados, quedó, al rato, en un bluf. No comprobaron los participantes y se basaron en el cruce de 'Enfocats' con la agenda Moleskine incautada en el domicilio de Josep Maria Jové y en los datos de agendas electrónicas también incautadas. La abogada Ana Bernaola acabó dejando en evidencia que Junqueras ni siquiera había estado. En cuando a la deducción sobre el carácter finalista de lo tratado en la cita, el comandante lo desvió muy en ese tono que emplean los padres con sus hijos: un 'porque yo lo digo'. En este caso, se encerró en un 'acabó sucediendo' que no logró ocultar sus dudas sobre si el acuerdo se cerró ese día o en alguno posterior.

Punto para las defensas: ganan el 'round' de los informes policiales clave

Los sucesivos interrogatorios fueron tensos. Tanto, que Marchena tuvo que avisar al guardia civil varias veces. "No interrogue usted al letrado". Ironía va ironía viene, hubo cruces ácidos. "Es que usted lo ha conocido todo...", "si me puede refrescar un poco la temática...", "¿solo trataron eso? ¿seguro?"... Tras la estela de posibles nulidades, los abogados no se arredraron. Y en respuesta llegó una sucesión de "no recuerdo" y "no sé". E inconsistencias. "¿Sucedió lo que allí se describe?", preguntaban, por ejemplo. "Lo que sucedió fue un referéndum y una declaración de independencia", respondía él.

En el juego del gato y el ratón, acabó cazado. También se le vio el cartón en sus precisiones sobre las reuniones a las que asistió la expresidenta del Parlament Carme Forcadell. De una especie de contubernio para engrasar las leyes adecuadas se pasó en el turno de contrarréplica a encuentros para tratar sobre los presupuestos. El pimpampum siguió hasta el final. La declaración se cerró con otro sarcasmo. "Muchas gracias, a la orden", espetó al último letrado del viacrucis.

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La vía de agua del testimonio ya estaba abierta pero, pese a ello, el comandante logró salvar los muebles en lo relacionado con Trapero. Era, dijo, un elemento "imprescindible en la estrategia independentista" y transmitía información puntual a la cúpula de la Generalitat sobre las sucesivas instrucciones judiciales. Para sortearlas. El mayor fue dando puntual cuenta de cada pase de los tribunales tanto al exconsejero de Interior Joaquim Forn como al ex secretario general de Interior César Puig y al exjefe político de los Mossos Pere Soler.

En resumen, del postulado inicial en el que el comandante describía un Fuenteovejuna independentista, un todos a una —"no hemos encontrado ningún documento donde alguien esté por encima de otro", indicó—, la declaración derivó más bien en la sensación de un Ejército de Pancho Villa.

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