El juez al padre: "¡Siéntese o le echo!"

El Chicle no se atreve a pronunciar el nombre de Diana Quer

El juez ofreció la posibilidad a Enrique Abuín de usar el turno de última palabra. El acusado dijo que quería hablar. Y entonces, Juan Carlos Quer se desplegó de la silla y en pie quiso hablar

Foto: Imagen de la pantalla de la señal oficial de José Enrique Abuín Gey, alias el Chicle. (EFE)
Imagen de la pantalla de la señal oficial de José Enrique Abuín Gey, alias el Chicle. (EFE)

El juicio discurría con normalidad y sosiego. Cada uno en su papel. La fiscal pidiendo la máxima condena “por los delitos de detención ilegal, tentativa de agresión sexual, de robo, amenazas y lesiones” y el abogado de la defensa rebajando el asalto hasta el punto de considerarlo casi un episodio normal: “Si acaso podrían condenarlo por una tentativa de robo, nada más”. Entonces se desató la tormenta. El juez ofreció la posibilidad a Enrique Abuín, alias el Chicle, de usar el turno de última palabra. El acusado dijo que quería hablar. Y entonces, Juan Carlos Quer, padre de Diana, se desplegó de la silla y en pie quiso hablar.

El presidente de la sala enseguida lo abroncó: “No he dicho que el juicio haya terminado ni que se pueda poner en pie. Haga el favor de sentarse”. Sin embargo, Juan Carlos Quer no desistió y permaneció en pie: “Con todo el respeto”, comenzó a decir. Al magistrado le dio igual que fuese el padre de Diana o el sursuncorda y le interrumpió: “No hay respeto de ningún tipo, esta es la sala de vistas y usted es público y debe estar sentado como están sentadas todas las personas de la sala”.

El Chicle no se atreve a pronunciar el nombre de Diana Quer

Juan Carlos no pensaba rendirse y erguido como un junco insistió: “Con todo el respeto…”, pero el presidente le volvió a cortar más tajante aún: “No, no hay respeto. Se lo estoy diciendo, no quiero hablar con el público. Le he dicho que se siente o le echo de la sala”. Preocupada, Eli, la madre de la joven que fue asaltada por el Chicle en Boiro, le cogió de la mano y tiró de él hacia abajo, invitándole a sentarse. Él obedeció al tiempo que decía con claridad: “Me siento. Mis disculpas señoría”.

El que tomó entonces la palabra fue el Chicle. Daba la sensación de que había estado siesteando toda la mañana, despatarrado sin decoro sobre su asiento, con las piernas estiradas y la mirada fija en el vacío. Como si no le fuese nada en ello. Sin embargo, cuando su señoría le ofreció la posibilidad de usar el turno de última palabra se agarró a ello casi con desesperación.

Fue más un mitin de cara a la opinión pública que una defensa de su inocencia: “Quiero decir que la Guardia Civil y varios agentes han mentido. Uno me dijo que yo no estaba siendo investigado por el desgraciado tema de la chica de Madrid. Eso es mentira. De primeras. Además aquí han dicho que yo tenía un botón dentro del coche para abrir el maletero. Y sí existe, pero no funcionó nunca. Había que sacar la llave del contacto y meterla en la cerradura del maletero para poder abrirlo. El maletero mío, que intentan hacer creer aquí que se puede meter a una persona empujando, es totalmente imposible. ¿Por qué? Porque tiene una apertura de 70 centímetros, no hay persona humana que pueda caber, pero si llega a entrar en el coche, como ella dice, no tiene la capacidad de salir. Imposible. Si ella llega a entrar en el coche, no sale. De eso estoy segurísimo. Además yo nunca he tenido el pelo rubio, si acaso más claro que el suyo”, dice refiriéndose al juez, que lo tiene completamente cano.

“En esas fechas lo tenía blanco con las puntas color ceniza. Cuando me detuvieron nunca me informaron de que era por el tema de la chica de Boiro, sino por el tema de la chica de Madrid, el nombre me dijo. Una cosa más, si pudiera dar marcha atrás más de dos años lo haría, pero no puedo. Y ojalá algún día se sepa toda la verdad. Pero toda. Y si no ya me encargaré de que se sepa, pero cuando esté fuera de prisión, no antes. Y quiero decir que siento lo ocurrido y también decirle a la familia de la chica de Madrid que no ponga en duda muchas cosas”.

Parecía que le daba miedo pronunciar el nombre de Diana Quer, como si verbalizarlo le pudiera otorgar vida. Detrás, entre el público, su padre se retorcía inquieto en la silla. El magistrado presidente se dio cuenta e interrumpió al Chicle. "¿Le queda algo que decir en relación con este juicio?". “No”, respondió el acusado. “Pues queda visto para sentencia”, concluyó el magistrado.

¿Pero qué es lo que quería haber dicho Juan Carlos Quer? ¿Cuál fue la frase que el juez le impidió pronunciar en la sala? Se lo desveló a El Confidencial minutos después: “Solo quería testimoniar que mi hija estaba en esta sala. Nada más”. Mañana viernes es el cumpleaños de Diana. Lo seguirá siendo cada 12 de abril, aunque a ella le robaran la posibilidad de envejecer.

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