ENTREVISTA CON EL EXDIRECTOR DE LA ONCE

Miguel Durán: “Antes de liderar Libertas con Cs, se ofreció a Abascal y a Suárez Illana”

Su salto a la política fue tan breve como fallido, y supuso un contratiempo en la historia de Ciudadanos que todavía persigue a Albert Rivera

Foto: Miguel Durán acompaña como abogado a Pablo Crespo (i), antes de una declaración en el juicio por el caso Gürtel. (EFE)
Miguel Durán acompaña como abogado a Pablo Crespo (i), antes de una declaración en el juicio por el caso Gürtel. (EFE)

Las memorías de Miguel Durán son un repaso en primera persona de la historia del poder en España durante las últimas décadas, de las luchas con las que se reproducía en las instituciones, las empresas o los medios de comunicación, con sus conspiraciones, presiones y hasta chantajes, y de cómo un niño ciego de Azuaga (Badajoz) acabó convirtiéndose en icono de una época a pesar de nacer en una España en la que se esperaba poco de los invidentes. Tras asaltar el poder en la ONCE, torció el brazo al Gobierno de Felipe González para conseguir libertad inversora y convertirse en una especie de 'holding', con acciones en medios de comunicación y tomando parte de Telecinco, cadena que presidiría, al igual que Onda Cero. En 'Lo que hay que ver. Memorias de un ciego que se impuso a todas las adversidades' (Península), escrito junto a la periodista Esther Jaén, narra con acidez y gran profusión de detalles unas vivencias que rememora ahora desde el madrileño bufete de abogados del que es socio junto a su sobrino, donde nos recibe para una entrevista.

Su salto a la política fue tan breve como fallido, y supuso un episodio que todavía persigue a Albert Rivera, quien se presentó en coalición con Libertas, la candidatura encabezada por Miguel Durán en las europeas de 2009. Además de quedarse sin representación, logrando solamente 22.903 votos, se asoció con posiciones populistas y ultracatólicas. "El programa de Libertas no era de partido populista. Nosotros sí éramos provida, pero con libertad de conciencia para cada quien. Esa plataforma en la que yo estaba no era eurófoba ni antieuropea, era una plataforma que sí ponía el dedo en la llaga de la hiperburocracia, y eso fue lo que compré ideológicamente", se defiende Durán. Achaca a Declan Ganley, un empresario irlandés que financiaba el proyecto, el instrumentalizarla y agitar el fantasma del populismo para luego "vender al gran capital europeo que tiraba la toalla a cambio de pingües beneficios en África".

"Nos dejó tirados", concluye Duran, para quien Albert Rivera ha cerrado en falso este episodio. Ambos habrían sido engañados y arremete contra aquellos que "quieran utlizarlo contra Rivera porque ni es ultra ni eurófobo, es un animal político que tiene olfato y quizás optó por aquella fórmula en aquel momento porque necesitaba un revulsivo para su propio partido. "Creo que Rivera hizo lo que le pareció que era necesario para salvar a Ciudadanos. El partido de entonces, Ciutadans, sin proyección fuera de Cataluña, ni casi fuera de Barcelona, estaba partido en tres. Tenía tres diputados y los tres estaban a leches entre ellos, por lo que vio la oportunidad de cohesionarlo".

El programa de Libertas no era de partido populista. Nosotros sí éramos provida, pero con libertad de conciencia para cada quien

El asunto generó una fuerte crisis interna en Ciudadanos y Rivera, tras poner su cargo a disposición y plantear una moción de confianza, acabó saliendo reforzado. "Quienes discutieron el liderazgo de Rivera entonces fueron derrotados en un consejo general de Ciudadanos en abril de 2009, donde yo me batí el cobre con sus detractores". Ahora reconoce que tiene un trato cordial con el candidato de Ciudadanos a la presidencia del Gobierno, pero no asiduo: "En pocas ocasiones nos hemos encontrado. Personalmente, yo creo que le sueno a fracaso y que ha querido correr un tupido velo con aquello y que cualquier relación conmigo considera que le puede ser lesiva". La historia hubiese sido muy diferente si fuesen otros quienes hubiesen dado el paso en su lugar para liderar Libertas, pues, según afirma Durán, "antes de que finalmente fuera yo quien encabezase Libertas se lo ofrecieron a Abascal y a Adolfo Suárez hijo también".

La entrada y huida de Durán en la política se producía 13 años después de que dejase la presidencia de Telecinco tras la adquisición del 25% del accionariado por parte del Grupo Correo. Preguntado por su interés en el negocio mediático, dice Durán que "fue una apuesta personal y que la gente más próxima de mi equipo la compartió. La participación en medios para una institución como la nuestra era un reto. Primero, porque queríamos conquistar nuestra libertad inversora, porque teníamos que pasar por la autorización del Gobierno para cualquier cosa. Fue una forma de mostrar que ya éramos adultos para decidir las inversiones. Lo primero fue la autorización para invertir en el 'Diario de Barcelona', que se consiguió aprovechando que Maragall —el por entonces alcalde— quería que hiciésemos aquella inversión". ¿El motivo? Porque Pujol tenía su periódico, que era el 'Avui', y él [Maragall] quería tener el suyo".

Tras el bautizo de la mano de Maragall, que consiguió la autorización del Gobierno, se hizo una apuesta por el mundo mediático con especial incidencia en el audiovisual. "Fue culpa de Pilar Miró —como directora general de RTVE—, a quien se le había propuesto un convenio y nos dijo que ella no hacía convenios con instituciones privadas. Pensé que la televisión pública no quería conciliar conmigo y era el momento en que se abría el mercado de las televisiones privadas. Me dejé querer y todos nos quisieron. Al final, opté por la televisión que encabezaba Anaya con Sánchez Ruipérez (Gestevisión Telecinco), porque me pareció el caballo ganador y estaba más en la órbita ideológica nuestra".

Lo primero fue la autorización para invertir en el 'Diario de Barcelona', que se consiguió aprovechando el interés de Maragall

Durán niega que la licencia fuese concedida, "como muchos decían, por influencia del vicepresidente Guerrra. Puedo asegurar que a mí nadie me dijo que soltase un duro para eso". Recién obtenida la concesión, recuerda haber recibido presiones desde miembros del Gobierno para que vendiese "el 10% de las acciones valoradas en 1.500 millones de pesetas a 250 millones". En sus memorias, prosigue el relato: "Aquella operación me la hicieron Txiki Banegas y Javier de la Rosa para que vendiera a ese señor [Álvaro Álvarez Alonso], que después supe que era muy amigo de Enrique Sarasola. Es decir, era una operación en la que pretendían que la ONCE fuese pagana del regalete de aquel 10% que se quería hacer a alguien".

El caso Telecinco, sobre el pago del IVA, llegaría casi una década después. "Me presionó entonces el juez Baltasar Garzón", asegura, en referencia a que "le habría ofrecido ayuda a cambio de implicar a otras personas en el caso". En las páginas del libro evita los rodeos a modo de ajuste de cuentas: "El conchabe que descubrí con el tiempo consistía en que el juez Garzón, muy a su estilo, había provechado, para reclamar la investigación del caso Telecinco, una denuncia sobre el pago del IVA de 600 empresas. Me refiero a la famosa cuestión de la luego inexistente operación de la amnistía fiscal que el Gobierno Aznar denunció imputándosela al PSOE. Cuando Garzón hizo uso de aquella información, la causa ya estaba archivada, por lo que con aquella triquiñuela el juez se apropió indebidamente del caso Telecinco, y lo hizo con la connivencia de los fiscales Castresana y Jiménez Villarejo. Es el sistema que Garzón siempre ha empleado. Lo hizo también con el caso Gürtel, en el que este juez se acabó quedando con la instrucción".

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