EN EL JUICIO DEL 'PROCÉS'

Los policías del 1-O: "Algún mosso fue de un colegio a otro entorpeciendo nuestra labor"

"Detectamos muchísimas actuaciones [de los mossos] que solo puedo concluir que eran para facilitar el referéndum: estaban permitiendo el recuento, diciendo que se podían llevar las urnas a casa..."

Foto: Unidades especiales antidisturbios y mossos durante la celebración del referendum del 1-O. (EFE)
Unidades especiales antidisturbios y mossos durante la celebración del referendum del 1-O. (EFE)

"No contamos nunca con el apoyo de los Mossos". El comisario de la Policía Nacional que estuvo al frente del área de Información en la Operación Copérnico, encaminada a impedir el referéndum del 1 de octubre, arremetió este martes en el Tribunal Supremo contra el cuerpo autonómico. La comparecencia dejó decenas de críticas a su actuación y el mando policial llegó a asegurar que "algún mosso fue de un colegio a otro entorpeciendo nuestra labor". A lo largo de más de dos horas de declaración, cargó también contra los líderes independentistas y relató cómo el 1-O tuvieron que hacer frente a la entonces consellera de Educación, Clara Ponsatí, hoy huida al Reino Unido: "Opuso una gran resistencia. Poco menos que se erigió en mediadora del colegio y un mosso que le prestaba escolta se identificó como tal".

Frente a la versión de que los concentrados mostraron una actitud pacífica, el comisario se mostró tajante: "La resistencia pasiva siempre acaba en resistencia activa". El mando policial habló así de una "resistencia de carácter subversivo", una situación ante la que los mossos se mantuvieron en un segundo plano salvo en contadas excepciones. "Con los grandísimos profesionales que tienen los Mossos, no quiero hablar del mal diseño del dispositivo. Por ejemplo, en los incidentes terribles del Ramon Llull, un inspector nuestro se quedó en un corte y se quedó solo y un coche de Mossos lo sacó de allí. Si no se lo comen...", explicó.

Pero su intento de no hablar mal del dispositivo no duró mucho. "Los denominados binomios de los Mossos estaban en actitud expectante y contemplativa", aseguró. Según dijo, la policía autonómica no les facilitó su plan de actuación para el 1-O antes de la celebración del referéndum. "Detectamos muchísimas actuaciones que solo puedo concluir que eran para facilitar el referéndum: estaban permitiendo el recuento, diciendo que se podían llevar las urnas a casa... Pero realmente lo que fue terrible es que algunas actuaciones solo podían responder al diseño del propio dispositivo, los seguimientos, cuando fuimos a un determinado punto a pedir refuerzos, equipos camuflados de Mossos nos siguieron". La idea que trasladó al tribunal no dejó lugar a dudas: los mossos fueron una pieza fundamental en la maquinaria independentista.

Las críticas a los mossos se convirtieron entonces en halagos a la hora de hablar de la Policía Nacional: "La intervención de las unidades de orden público fue más que medida, fue quirúrgica". Por mucho que el comisario pintara a sus compañeros como 'cirujanos', las defensas pusieron una vez más el foco en el uso de la fuerza durante sus intervenciones. Andreu Van den Eynde, defensor de Oriol Junqueras y Raül Romeva, preguntó por los criterios de actuación el 1-O, ante lo que el testigo argumentó que "no cargaron", pues "si hubieran cargado el resultado hubiera sido otro". A continuación, Àlex Solà, abogado de Jordi Cuixart, consiguió que reconociera un hecho que perjudica a las fuerzas del Estado que salieron a la calle el 1-O: no solo actuaron en centros de titularidad pública, también lo hicieron en otros que eran privados. "El listado venía viciado", defendió el comisario en este sentido.

Tras el receso para comer, la sesión se reanudó con un inspector de la Policía Nacional que intervino el 1-O en diversos centros de votación. El titular llegó a los pocos minutos de comenzar la declaración: aseguró que en la Escuela Mediterrània y en el centro Pau Claris había un mosso que trataba de entorpecer sus operaciones. En la misma línea que su compañero, el inspector describió además un clima hostil: "Nos llovieron conos, piedras, vallas de obra", explicó al hablar de lo ocurrido en la Escola Pía Sant Antoni, de los Escolapios. También en este último centro sus hombres tuvieron que lidiar con la policía autonómica: "Un funcionario que viene conmigo me manifiesta que uno de los mossos que había en la puerta se pone con los brazos en cruz entre la masa y nostros y defiende que tienen derecho a votar". La situación llegó a tal punto que optaron por fotagrofiar al agente de la policía autonómica.

Con los siguientes testigos de la Policía Nacional, las críticas a los mossos continuaron: "A la entrada había unos tres mossos con una actitud pasiva, no actuaban, solo estaban presentes"; "al acercarme al vehículo me encontré con un mosso que impedía el pasoy nos decía que qué estábamos haciendo"; "los mossos estuvieron hablando con ellos y luego al salir les aplaudieron, les hicieron un pasillo"... El 1-O todos tenían la misma orden —impedir el referéndum—, pero los policías nacionales dejaron claro que sus compañeros catalanes se pusieron de perfil.

El "miedo" de los guardias civiles

Un dedo roto, un esguince en la muñeca, arañazos en la cara... La mañana del martes arrancó con los guardias civiles que sufrieron lesiones durante el 1-O. Uno tras otro, los agentes fueron relatando las agresiones que vivieron durante sus actuaciones, declaraciones en las que no ocultaron el miedo que experimentaron aquella jornada. "Salí corriendo porque temí por mi integridad física. El sentimiento de miedo lo tenía bastante presente al haber recibido la agresión", explicó un cabo. "Salimos retrocediendo sin dar la espalda a la masa. Teníamos miedo", afirmó otro. La sesión comenzó así con comparecencias de apenas diez minutos en las que el mensaje fue siempre el mismo: los manifestantes nos atacaron.

El primero en declarar fue un cabo primero que actuó en un pabellón municipal de Sant Carles de la Rapita, en Tarragona. Su superior le ordenó custodiar los vehículos mientras intentaban entrar en el centro de votación, pero esta distancia con el centro de votación no le libró de los manifestantes más radicales. "La masa se abalanza sobre nosotros y recibí un impacto de una moneda en la cara, cerca del ojo derecho", aseguró. La salida del municipio tampoco fue sencilla: el convoy sufrió "una lluvia de piedras" y "quedó cortado" durante unos minutos. "Algunas de esas piedras no caben la mano. Alcanzaron a compañeros y vehículos", relató.

El segundo guardia civil pintó una escena similar en la escuela pública Manuel de Castellví y Feliú de Vilabella, también en Tarragona. "Había gente atrincherada con vallas de obra. Era imposible entrar, la masa de gente tenía los brazos entrelazados", aseguró. El agente, que no llevaba material antidisturbios, comenzó entonces a abrirse paso entre los manifestantes, pero uno de ellos le agarró el dedo y se lo retorció. "Me diagnosticaron una fractura en el quinto de dedo de la mano derecha", explicó. Tras aquella jornada, el agente estuvo cuatro semanas con la férula en la mano y cinco meses de baja.

La declaración siguió el mismo derrotero hasta que el tercer guardia civil añadió un nuevo componente: la pasividad de los mossos (aspecto que después se repitiría con los policías nacionales). "Al llegar vimos a dos mossos. No nos ofrecieron ninguna ayuda, no sé si a otros compañeros. No vi ninguna actuación", explicó el agente, que intervino en el Instituto Antoni Ballester de Mont-Roig del Camp, en Tarragona. Mientras la policía autonómica se mantenía en segundo plano, ellos se enfrentaron a los manifestantes: "Usamos las defensas dando puntazos en la cadera y parte baja del cuerpo, y se usó un espray de defensa personal de dotación". Los concentrados respondieron entonces con patadas, ante lo que el guardia civil sufrió una contusión en el quinto dedo de la mano derecha y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente. "Perdí la movilidad del dedo. Estuve 152 días de baja".

El agente no fue el único que sufrió una lesión en aquella intervención. El cuarto testigo de la jornada también participó en la operación y acabó protagonizando un forcejeo con uno de los manifestantes: "En un momento decido hacer uso de mi defensa reglamentaria para intentar rectificar el comportamiento de la persona que se encontraba en frente de mí. No tenía más intención que intimidarlo pero sorpresivamente él intenta arrebatármela y la mano se me queda entre la valla y la defensa", explicó. Tras acudir al hospital, el guardia civil estuvo tres meses de baja por un esguince en la muñeca.

La mañana continuó con más partes de lesiones: "Un hombre corpulento me dio un puñetazo con un llavero", "montando el pasillo de seguridad recibo un golpe en la tibia", "sufrí un rasguño pero no fui al médico"... Las defensas centraron entonces sus preguntas en si los guardias civiles habían presenciado personalmente los episodios que relataban, así como en la fuerza que utilizaron en los centros, para lo que quisieron profundizar en el uso de un espray en Mont-Roig del Camp. Pese a las críticas a la actuación de los Mossos, los abogados prefirieron no incidir en ello y apenas hubo intervenciones dedicadas a la policía autonómica. Sobre el Supremo planeaba la noticia de que el mayor de los Mossos d'Esquadra Josep Lluís Trapero presentó esta martes un escrito en la Audiencia Nacional desmarcándose de los acusados del 1-O, una estrategia defensiva que culmina su ruptura con los políticos que se sientan en el banquillo.

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