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'Desnudando' a Trapero: un comisario de policía retrata a los Mossos

El testigo describe actuaciones puntuales de agentes y remata su testimonio descriptivo con datos

Foto: Josep Lluís Trapero.
Josep Lluís Trapero.

Y en la octava semana de juicio, volvieron los Mossos. Volvió Josep Lluís Trapero. El comisario jefe de la Brigada Provincial de Información desnudó, durante una declaración de más de cuatro horas, la versión que ofreció al tribunal el mayor caído en desgracia sobre la actuación del cuerpo que dirigía y su desempeño el 1-O. Y lo hizo mediante 'flashes', imágenes que fue trayendo a la sala y que fueron reflejando la actitud de algunos de los agentes. Tras dibujar la escena, remató con datos.

El testigo, que servirá de aperitivo a la comparecencia de Ferran López, el hombre que obtuvo la confianza de su jefe y también de Soraya Sáenz de Santamaría (curioso 'binomio'), trajo a la mente de cualquiera que le escuchara retazos de aquel 1 de octubre. Escuelas Pías de Barcelona. Un 'mosso' se planta delante de los agentes de los cuerpos gemelos pero enemigos aquel día, abre los brazos y grita: "¡Dejadles votar!". Sant Feliú de Llobregat, un IES. Un intendente, un jefe, impide que sus hombres, que levantaban a personas sentadas ante la puerta, continúen haciéndolo. Cuando le obedecen, se gira y se cuadra ante los concentrados.

Otra escena más. Un agente de los Mossos localiza un vehículo en el que se detectan cuatro urnas. Le da el alto. Comienza a observar cómo se arracima gente. Primero son 10 personas que le rodean. Pide ayuda. No viene nadie. Ahora ya son 20. Pide apoyo de nuevo. No le contestan. Son 100 ya. Abandona el coche, las urnas, la masa y sale de allí. Nadie de lo suyos respondió nunca.

'Desnudando' a Trapero: un comisario de policía retrata a los Mossos

Las escenas, más que descriptivas, se fueron solapando con datos. Tanto fue así que ni siquiera Xavier Melero, el abogado de Forn curtido en estas lides y especialista en desmontar testimonios inflados, pudo con él en esta ocasión. El comisario usaba el término castellano para referirse a los agentes de la policía autonómica. No se fiaban de los 'mozos'. "Había un clima de desconfianza", dijo poco después de que en la sala se oyera el ruido de una cadena, empujada por accidente por el pie de una persona del público.

Ni siquiera Xavier Melero, el abogado de Forn curtido en estas lides y especialista en desmontar testimonios inflados, pudo con él en esta ocasión

La desconfianza estaba fundada. Comenzó el momento de los datos. Hubo seguimientos al milímetro de todos los movimientos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Se hicieron, en concreto, 214 consultas sobre los vehículos camuflados que empleaban. Un 52% de los desplazamientos fueron chequeados. "No es normal", resumió. El intercambio pregunta-respuesta con Melero fue exquisito. Vaselina con ironía. "Muy loable", le ponderó el abogado cuando se refería a una 'mossa' legal que ayudó lo que pudo a sus unidades. "Las novedades son siempre bienvenidas", le dijo el letrado algo más tarde, agradeciéndole un dato.

Desde el máximo decoro, las defensas no consiguieron pillarle en renuncios. Salió la conocida como 'clave 21', el sistema que utilizaron los agentes para que sus avisos para alertar de la llegada de la 'policía ajena', la que no era la 'nostra policia', no pillara desprevenidos a los que aguantaban a las puertas de los colegios. Los mismos que los habían ocupado horas antes con fiestas de pijamas y chocolatadas de madrugada.

El comisario siguió con su plas, plas, plas. "Inacción, inadecuación e ineficacia". Plas, plas, plas. De aquello que declaró Trapero sobre la ponderación de la intervención y el respeto a la convivencia, de aquello que destacó sobre la responsabilidad compartida por todos los cuerpos en el fracaso policial al cubrir el referéndum, nada. Ni rastro. El testigo hasta se disculpó. "Lamento mucho tener que hacer estas declaraciones". "Creo que en el cuerpo de Mossos había muchos compañeros que hubieran deseado colaborar con nosotros, hay excelentes profesionales, pero la verdad es esta", dijo.

Por el camino, dejó un par de regalos envenenados para Clara Ponsatí y Joaquim Forn. La primera enardeció a las masas acompañada de un escolta armado y del segundo no se fiaba ni el mando de los Mossos Manel Castellví, que estaba visiblemente preocupado y al que el policía recomendó que le dijeran, muy clarito, lo que había que hacer. Sin mucho éxito, parece. El viacrucis de Trapero solo acaba de empezar.

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