En el caso Villarejo

Citan a declarar al presidente del Grupo Zeta por el robo de datos a Pablo Iglesias

La memoria del aparato guardaba abundante documentación sobre el funcionamiento ordinario de Podemos, pero también conversaciones privadas con otros dirigentes del partido

Foto: El ministro de Cultura, José Guirao (d), y el presidente del Grupo Zeta, Antonio Asensio. (EFE)
El ministro de Cultura, José Guirao (d), y el presidente del Grupo Zeta, Antonio Asensio. (EFE)

El juez del caso Villarejo ha citado a declarar este martes como testigo al presidente del Grupo Zeta, Antonio Asensio, en el marco de la investigación sobre el supuesto espionaje a Pablo Iglesias, confirman a El Confidencial fuentes jurídicas. Iglesias ya se ha personado como perjudicado directo en la causa, que parte del robo de un teléfono móvil perteneciente a una persona de su gabinete con información sensible.

El juez espera que la comparecencia de Asensio sirva para aclarar el supuesto robo del dispositivo, pues este llegó a manos del presidente del Grupo Zeta y, ante las implicaciones que podía tener publicarlo, optó por meterlo en un cajón. En la misma línea, el magistrado trata de averiguar ahora cómo la información acabó en posesión del comisario y quién se encargó de facilitársela desde la empresa periodística.

Como adelantó este diario, los responsables del caso hallaron durante el registro de la vivienda del comisario jubilado, en noviembre de 2017, un soporte de memoria con información de un móvil de Dina Bousselham, actual dirigente de Podemos en la Comunidad de Madrid. Los archivos habrían sido extraídos del teléfono a lo largo de 2016, cuando Dina ejercía como asesora de Iglesias y mantenía con él una estrecha relación de trabajo.

Movida probablemente por un ánimo de venganza, una persona muy cercana a la dirigente de Podemos le sustrajo la tarjeta de memoria de su móvil en 2016 —según ha podido saber este diario— y contactó con el Grupo Zeta para ofrecer el contenido que almacenaba en su interior. La memoria del aparato guardaba abundante documentación sobre el funcionamiento ordinario de Podemos, pero también conversaciones privadas con otros dirigentes del partido y fotografías comprometedoras de índole personal.

El Grupo Zeta optó por no publicar esta información ante las implicaciones que podía conllevar, pero no pasó mucho tiempo escondida. Desde la redacción, alguien se puso en contacto con la esfera del comisario Villarejo, conocido ya entonces por su afán de tener acceso a todo tipo de información sensible. Le hizo llegar los archivos que permanecían hasta entonces olvidados en un cajón de la revista. A partir de ese momento, el comisario se adueñó de los datos y se encargó de difundirlos.

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