TENÍA 25 AÑOS

La última pista del crimen de Meco: ¿confundió el asesino a Mimi con otra chica?

Salió de su casa, un chalé de Villanueva de la Torre, a las 20.40. La hora es sumamente relevante porque diez minutos después dos jóvenes la encontraron cosida a puñaladas

Foto: La Guardia Civil en la zona donde se encontró a la joven de 25 años. (EFE)
La Guardia Civil en la zona donde se encontró a la joven de 25 años. (EFE)

La noche en la que Mimi fue apuñalada la luna estaba en fase creciente, casi llena, salvo por un leve mordisco que le impedía ser completamente redonda. En el cielo surcaban algunas nubes dispersas, tipo altocúmulus, que aleatoriamente dejaban pasar algo de claridad y la temperatura se había desplomado desde la puesta de sol. En ese contexto climático, trascendental para la investigación, la joven salió de su casa. Estaba bien. Animada. Según fuentes cercanas a Miriam, aquella tarde noche, justo antes de sacar a los perros a pasear, estuvo conversando por teléfono con normalidad con un amigo durante unos minutos. Al colgar, juntó a los cuatro animales y les puso un collar a cada uno. Eran una reciente adquisición. De los que se iluminan por la noche. La selección de los colores recordaba a la serie de los Power Rangers: rojo, amarillo, azul y verde.

Si tomamos como referencia la llamada, Mimi salió de su casa, un chalé de Villanueva de la Torre pegado al campo a las 20.40. La hora también es sumamente relevante porque aproximadamente diez minutos después, a las 20.50, dos jóvenes la encontraron cosida a puñaladas (hasta 24 recibió), tirada en el suelo, en mitad de un camino de tierra. Las cuchilladas fueron asestadas con saña en espalda y cráneo. El nivel de violencia alcanzó tal grado que al llevar a cabo la última el asaltante partió la punta del machete y la dejó dentro de ella. La encontraron los forenses. Una prueba más para cercar al asesino, porque ahora los investigadores saben con exactitud qué tipo de cuchillo utilizó.

Zona donde se encontró el cuerpo de la joven
Zona donde se encontró el cuerpo de la joven

Pero ¿qué ocurrió en los diez últimos minutos de vida de Miriam? El Confidencial ha logrado reconstruir ese periodo crucial gracias al testimonio anónimo de unos y de otros. Ella salió de casa y caminó junto a sus perros dejando a un lado la urbanización y a otro el campo (véase el gráfico). En aquel lugar se reúnen habitualmente los dueños de canes. Mientras que los animales corren, ellos charlan, caminan y gritan el nombre de sus perros cuando se alejan demasiado o cometen alguna travesura. A Mimi la conocían del barrio. No tanto de pasear a sus animales, porque lo habitual era que se encargara su compañera de chalé: tres de los canes le pertenecen a ella.

La conversación fue intrascendente. Nada hizo prever la tragedia. Hablaron del frío, de los destellos de los collares de los perros… pero siempre amparados por la luz de las farolas que marcan el límite de la urbanización. Más allá las tinieblas nadie suele alejarse porque significa adentrarse en la oscuridad y en los miedos que esconden las sombras, pero Mimi quería disfrutar de las luces de colores que iluminaban el cuello de los perros. Eso hizo que se separase del grupo y se adentrase en la negrura. Allí los collares brillaban con más fuerza porque encendían la incertidumbre de la noche sin competir con ninguna otra luz.

Hacía tanto frío que la joven justo antes de apartarse y quedarse sola, se subió la bufanda hasta los ojos y se caló con fuerza el gorro

Hacía tanto frío que la joven justo antes de apartarse y quedarse sola, se subió la bufanda hasta los ojos y se caló con fuerza el gorro para que le cubriese bien las orejas. Los otros dueños de perros vieron cómo se alejaba. Enseguida a Mimi se la tragó la noche. Los testigos dicen que siguieron su pista desde la distancia a través de los collares de los perros que eran como farolillos, pero que estos también desaparecieron de repente. Una curva y los arbustos fueron los culpables.

Justo en ese giro alguien asaltó a Mimi. Iba tan tapada, la oscuridad era tan abundante, y su complexión física tan similar a la de su compañera de chalé, que una de las principales líneas de investigación es que la confundieran con ella. No hubo agresión sexual, ni le robaron nada. Por ejemplo, el móvil lo llevaba en el bolsillo. Nada. Si la muerte no fue como consecuencia de un intento de violación ni porque la quisieran desplumar, el campo de sospechosos se acorta.

Dos jóvenes, un chico de 20 años y una menor de 17 se toparon con Mimi, tirada en mitad del sendero, todavía agonizante, a las 20.50 de la noche. Se sabe la hora porque llamaron inmediatamente al 112 y la hora quedó registrada. La joven no pronunció palabra y ellos tampoco oyeron el asalto. Venían caminando en dirección contraria a Mimi escuchando música con un altavoz portátil. Ellos no lo sabían, pero no presenciaron la escena del asalto por segundos y cuando la localizaron tirada en el suelo, el asesino todavía andaba muy cerca.

La otra chica con la que pudieron confundir a Mimi estaba trabajando a la hora del crimen y su novio, que también compartía chalé con las dos jóvenes, jugando a la Playstation con el chat abierto, lo que indica que estuvo permanentemente conectado y por eso ha sido descartado como sospechoso.

Ahora, la pregunta es: ¿quién podía odiar tanto a la compañera de piso de Mimi? Es una de las pocas líneas de investigación que se mantienen abiertas y que quizá lleve a la resolución del caso… O no.

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